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Granada. Ibn Al-Jatib.

escultura de bronce en homenaje a Ibn Al-Jatib

Lisan al-Din ibn al-Jatib, en árabe لسان الدين بن الخطيب‎, nació, según el calendario islámico, el 25 del mes de rayab del año 713 de la hégira, es decir, el 16 de noviembre de 1313. También se le conoció con el nombre de Lisaneddín o "lengua de la religión", sin duda debido a su mucha elocuencia o elegancia de estilo. El linaje principal de su familia pertenecía a una estirpe de árabes sirios llamada los Banu Wazir, que después cambiaron su nombre en el de Banu Jatib o "descendientes del Predicador" y que, habiendo pasado a Al-Ándalus, se establecieron en la ciudad de Loja, donde nació Ibn Al-Jatib.

Desde Loja se trasladaron a Córdoba, después a Toledo, y por último su padre se instaló en la ciudad de Granada. La casa de los Banu Jatib alcanzó éxitos sociales, riquezas y grandes propiedades. Su abuelo Saíd fue caíd, general de caballería, y su padre Abdallah, literato y gobernador en la ciudad de Granada. Ibn Al-Jatib fue un joven aventajado y su educación fue dirigida por los doctores más sabios de su tiempo en teología y derecho, filosofía, matemáticas y medicina, sobresaliendo principalmente en los estudios históricos y en los políticos. 

Desde su primera juventud, probó graves contratiempos por haber caído su padre Abdallah en desgracia con el sultán de Granada, Muhammad IV, antecesor de su hermano menor, Yusuf I. En la batalla del Salado, en el año 1340, las tropas del ya sultán Yusuf I sufrieron una gran derrota y allí fallecieron el padre y el hermano mayor de Al-Jatib. Durante el gobierno de Yusuf I (años 1333-1354) pasó de aprendiz de la cancillería a secretario particular, acompañando al sultán en su viaje por territorios orientales como Almería, donde escribió la obra Aparición de la imagen soñada, viaje de invierno y de verano.

pintura en recuerdo de Ibn Al-Jatib en Loja

Como sabemos, el sultán nazarí era el legítimo representante de la hacienda pública en aquella época. A título privado, el sultán de Granada contaba con su propio patrimonio particular denominado mustajlas siendo las mujeres nazaríes las principales transmisoras de bienes al mustajlas. Cabe destacar que, aparte de las alquerías, existían también grandes propiedades, muchas de las cuales pertenecían también al mustajlas. Al-Jatib, en varias de sus obras, da cuenta de algunas de las propiedades pertenecientes al mustajlas del sultán y emite valoraciones de conjunto tan jugosas y excepcionales como las que siguen.

"Rodean la muralla de la ciudad vastos jardines y espesos bosques pertenecientes al mustajlas, de manera que, detrás de esa verde barrera, las blancas almenas brillan como las estrellas en medio de un cielo oscuro. No hay parte alguna de la muralla sin huertas, viñedos ni jardines. En la parte norte de la llanura hay unas almunias de majestuoso tamaño y extremado valor, que no pueden ser costeadas salvo por gente relacionada con el poder real, dado lo excesivo de su precio. Algunas de ellas producen unas cosechas al año por valor de quinientos dinares de oro, a pesar del bajo coste de las verduras en esta ciudad".

"Treinta de estas almunias pertenecen al mustajlas. Las ciñen y se unen con sus extremos unas magníficas fincas, nunca esquilmadas, siempre fecundas, cuyas rentas alcanzan en nuestro tiempo los veinticinco dinares de oro. La hacienda pública es incapaz de saber el valor que pueden alcanzar estas fincas, debido a su extensión, el lugar envidiable donde se encuentran y la disposición de la que gozan. Todas ellas tienen casas magníficas, torres elevadas, eras amplias, palomares y gallineros bien acondicionados".

pintura dedicada a Ibn Al-Jatib en Loja

"En los alrededores de la ciudad, bordeando la muralla, se encuentra más de una veintena de fincas del mustajlas. En estas fincas vive un gran número de hombres y sementales de buena raza que se emplean para arar la tierra, para la agricultura; en muchas de ellas hay fortificaciones, molinos y mezquitas. En esta fértil posesión, que es el alma del campo y lo más selecto de este buen país, se entremezclan alquerías y poblados que están en manos de propietarios particulares".

Por otra parte, durante una epidemia de peste que azotó a la península en el año 1348, enunció por primera vez la noción de contagio y recomendó aislar a los enfermos y destruir sus sábanas. El fallecimiento de su maestro Ibn al-Yayyab, en el año 1349, cuando esta epidemia de peste negra estaba en pleno apogeo y la caída en desgracia del primer ministro Ridwan hicieron que ascendiera en el escalafón político. Según el propio Al-Jatib, "cuando murió mi maestro, Yusuf I me ciñó con el cargo de visir, me dobló el sueldo, y me adjuntó también el desempeño de la jefatura general del ejército"

En 1354, Yusuf I fue asesinado y, aunque el poderoso Ridwan fue restaurado como primer ministro, Al-Jatib se mantuvo en todos sus cargos tras la proclamación de Muhammad V. En la Alhambra se conservan inscripciones de poemas de su autoría, realizados durante el mandato de ambos sultanes, algo que comparte con Ibn al-Zayab e Ibn Zamrak. A pesar de que amasó una gran fortuna por todos sus cargos, en el año 1359 se produjo un golpe de Estado por parte de Ismaíl II, tío del sultán, por lo que éste huyó a Guadix, siendo Al-Jatib encarcelado, confiscándosele todos sus bienes. Gracias a las gestiones de un amigo, secretario del sultán meriní, fue liberado y, en vez de compartir destierro con el depuesto sultán, se instaló en Salé.
 
pintura dedicada a la figura de Ibn Al-Jatib

Muhammad V consiguió recuperar el trono granadino en 1362 y, a pesar de los recelos entre el sultán y Al-Jatib por su regreso del exilio, decidió seguir confiando en él por sus grandes habilidades como político y diplomático. Sin ir más lejos, cuando el rey castellano Pedro I el Cruel triunfó de nuevo en la segunda batalla de Nájera, en el año 1367, y restableció su autoridad sobre la mayor parte del reino castellano, Ibn Al-Jatib tuvo el genio y la fortuna de lograr para Granada la benevolencia del vencedor y su alianza gracias a una embajada famosa en los anales de la diplomacia nazarí.

La amistad establecida entre el citado rey castellano, Pedro I el Cruel, y el sultán Muhammad V, quedó reflejado en la Crónica del rey cristiano incluso en la consideración de Ibn Al-Jatib como confidente de Pedro I e intérprete de profecías. "El rey don Pedro, después que la pelea de Nájera fue vencida por su parte, envió sus cartas a un moro de Granada de quien él fiaba, e era su amigo, e grand sabidor e grand filósofo, e consejero del rey de Granada, el qual avía por nombre Benahatín". En el año 1369, el mismo Ibn Al-Jatib interpretaba una profecía previendo la inmediata muerte del rey castellano.
 
Poco después, cansado de las intrigas palaciegas e incluso de las acusaciones de traición hacia su persona, incluso por su propio alumno Ibn Zamrak, Ibn Al-Jatib decidió abandonar el reino nazarí con la excusa de vigilar la frontera occidental y cruzó hacia el Magreb. Al-Jatib mandó una misiva al sultán Muhammad V explicándole los motivos por los que huía de Granada, algo que enfureció al sultán. Finalmente, debido a las cortes tanto granadina como meriní, Al-Jatib fue arrestado y encarcelado en una prisión de la ciudad de Fez. Allí había invertido gran parte de su fortuna al tiempo que acentuaba su actitud política promeriní.

tumba de Ibn Al-Jatib en la ciudad de Fez

En esta ciudad Ibn Al-Jatib fue torturado y asesinado, siendo finalmente estrangulado en otoño del año 1374 cuando tenía 61 años. Su fiel amigo Ibn Jaldún relata que, tras su asesinato, fue enterrado en el cementerio de la puerta del Quemado y, al día siguiente, había sido exhumado y su cadáver quemado, donde se expuso durante dos días hasta que volvió a ser inhumado. Por esta horrible muerte a Ibn Al-Jatib se le conoció también como du al-mitatayn, "el de las dos muertes".

En resumen, Ibn Al-Jatib fue, sobre todo, un historiador, aunque trató igualmente sobre lexicografía y gramática, ciencias jurídico-religiosas, matemáticas, filosofía y medicina. De las más de 60 obras que se le suponen sólo una veintena ha llegado hasta hoy, y las 3 más importantes son tratados históricos y descriptivos, propios del género llamado adab, uno referente al Oriente islámico, al Magreb y a Al-Ándalus hasta el siglo XIV, y otros dos al emirato granadino hasta la época de Muhammad V: Lamha al-badriya fi l-dawla al-nasriyya y, especialmente, su obra capital Ihata fi ta`rih Garnata.

Málaga. Ibn Gabirol.

escultura de Ibn Gabirol en Málaga

Selomoh ben Yehudah Ibn Gabirol, más conocido como Salomón Ibn Gabirol o Avicebrón -como era y sigue siendo conocido por los cristianos- fue un filósofo, rabino, escritor y poeta hispano-judío andalusí. Nació en la ciudad de Málaga hacia el año 1021 y probablemente haya sido el más grande neoplatónico de la tradición filosófica medieval árabe y posiblemente también el más grande poeta medieval hebreo.

Ibn Gabirol era hijo de una familia cordobesa que escapó hacia Málaga en el año 1013, a causa de las revueltas que dieron fin al califato de Córdoba tras la muerte de Almanzor, por lo que contemporáneos suyos como Moses Ibn Ezra e Ibn Zakkuto lo denominan Al-Qurtubi, es decir, El Cordobés, aunque él mismo se proclama en varios de sus poemas acrósticos Al-Malaqí o El Malagueño. Su estancia en la judería malacitana, por tanto, se limita a la niñez y pronto se traslada junto a sus padres a Zaragoza.

Allí, su precoz ingenio poético le valió la protección del mecenas Yekuti'el ben Isaac, visir judío del rey Mundir II de la taifa de Zaragoza. Esa inspiración precoz y melancólica, a causa de sus muchos dolores físicos y de las desventuras familiares, hizo que ya a los 16 años escribiera lamentándose de su vejez pero también celebrando y cantando a sus amigos. En esta ciudad mostró su ansia insaciable de saber y recibió educación judaica, pues allí se habían dado cita afamados estudiosos judíos, encontrando a menudo refugio en la casa de Ibn Ga'nach, un médico y gramático local de quien recibió enseñanzas judías.

Ibn Gabirol se refiere a su mecenas como "señor de los señores", y a él le dedica buena parte de sus más excelsos poemas. A la muerte de Yekuti'el ben Isaac, Ibn Gabirol le dedicó una elegía cuyo fragmento dice "Fíjate en el sol del ocaso, rojo, como revestido de un velo de púrpura: va desvelando los costados del norte y el sur, mientras cubre de escarlata el poniente; abandona la tierra desnuda buscando en la sombra de la noche cobijo; entonces el cielo se oscurece, como si se cubriera de luto por la muerte de Yekutiel".

Ibn Gabirol en Málaga

En el año 1039, tras los tumultos ocurridos durante el golpe de estado de Abd Allah Ibn Hakam contra Mundir II, que derrocó a la dinastía de los tuyibíes, Yekuti'el fue asesinado y, tras dedicarle la más hermosa de sus elegías, Ibn Gabirol dejó la ciudad de Zaragoza -donde también habían muerto sus padres- y marchó a Granada en busca de otro protector en la persona de uno de los más notables y poderosos personajes de su época, Semuel Ibn Nagrela, visir de Badis Ibn Habús, el entonces rey zirí de Granada.

La muerte de sus padres en Zaragoza fue una pérdida que fue profundamente sentida por él durante mucho tiempo, llegando incluso a lamentarse en su poesía "Estoy lleno de dolor, sin madre ni padre, podre, solitario y necesitado. Me he visto separado de mi hermano, sin más compañero que mis pensamientos". Puede decirse que muchos de los rasgos de carácter de su personalidad estuvieron marcados por este hecho y por su enfermedad en la piel, "aprisionan mis piernas unas llagas que en mi cuerpo producen exterminio y venganza".

Su enfermedad, dolorosa y deformante, estaba causada muy probablemente por una disposición de tipo nervioso. Las condiciones de su piel le causaron grandes dificultades a nivel social, así que todo lo que él podía hacer era esconderse y evitar la repugnancia que expresaban los rostros de la gente cuando le veían. A menudo escribió sobre el tormento de sus heridas carnales y acerca de las sensaciones de quemazón que se abatían sobre su alma.

Una vez en Granada, Ibn Gabirol fue el preceptor del hijo de su mecenas, Yusuf Ibn Nagrela y, a pesar del origen común de sus familias -ambas eran judías y emigradas a Málaga- sus relaciones fueron conflictivas, llegando incluso al enfrentamiento personal, debido, tanto a la rivalidad poética como al particular carácter de Ibn Gabirol, del que Moses Ibn Ezra dijo "Su genio indómito le llevó a injuriar a los grandes y a llenarlos de ofensas, sin excusarlos sus defectos". 

Ibn Gabirol cerca de la Alcazaba de Málaga

Tras residir unos años en Granada optó de nuevo por regresar a Zaragoza, no sin antes dejarnos una descripción casi exacta de la fuente que hoy vemos situada en el Patio de Los Leones en Alhambra, representando los animales a las doce tribus de Israel y dos de ellos teniendo un triángulo equilátero en la frente indicando las dos tribus elegidas: Judá y Leví. Los últimos estudios realizados dicen que los afamados leones del Patio nazarí proceden de la casa del mecenas de Ibn Gabirol, el visir y poeta judío Semuel Ibn Nagrela durante el siglo XI zirí. No se sabe si se construyó antes de su muerte, pero se le acusó ya en la época de querer realizar un palacio más grandioso que el del mismo rey zirí Badis.

La positiva opinión que de Ibn Gabirol tienen los cronistas posteriores no son reflejo de la estima de que gozó entre sus contemporáneos, pues una vez muerto Yekuti'el y sin la protección de Semuel Ibn Nagrela, el enfrentamiento con sus correligionarios concluyó con la promulgación de un herem o anatema y su expulsión de la comunidad hebrea de Zaragoza en el año 1045, desde donde volvió a partir para el exilio no sin antes escribir el poema Al salir de Zaragoza

Entonces era reclamado de ciudad en ciudad por su fama y alternaba la lírica, introduciendo en hebreo la variedad de metros árabes, con la producción gnómica y filosófica. No parece que se llegaran a cumplir sus deseos de marchar a Sion, y carecemos de testimonios fiables sobre el último período de su vida. Ibn Zakkuto nos transmite una leyenda de su muerte, en la ciudad de Valencia en el año 1058, a manos de un erudito musulmán celoso de sus poemas y explica cómo tras ser inhumado bajo una higuera, esta dio sus más dulces frutos. Al parecer hubo una investigación y su asesino fue ahorcado en la misma higuera.

Ibn Gabirol fue autor de numerosos panegíricos y elegías, pero también cultivó la sátira y el autoelogio, que eran géneros habituales entonces entre los poetas árabes, pero no entre los hebreos. Sus proverbios y máximas son citados de vez en cuando bajo su nombre latinizado de Avicebrón, como por ejemplo "La paciencia cosecha la paz y la prisa, la pierde". Como otros grandes poetas de su época, entre los que se encuentran grandes rabinos y eruditos líderes de la comunidad como Semuel Ibn Nagrela, Moses Ibn Ezra o Yehudah Halevi, él también cultivó la poesía homo-erótica, género que era habitual entre sus coetáneos musulmanes.

Ibn Gabirol en Cesarea, Israel

También escribió abundante poesía religiosa, entre la que destaca el Keter Malkut o Corona del reino, un largo poema de tendencias místicas que supone una síntesis entre las creencias tradicionales judías y la filosofía neoplatónica, todo ello adornado por un gran conocimiento de la astronomía árabe. Compuso, además, dos célebres tratados en lengua árabe; el primero de carácter filosófico y fue traducido al latín como Fons vitae, y el segundo se ocupa de la ética y la moral siendo de orientación ascética, Kitab islah al-ahlaq o La corrección de los caracteres, en el año 1045.

Por todo ello, existe un centro de interpretación dedicado a su persona en su ciudad natal, Málaga, además de una escultura en su honor en los alrededores de la Alcazaba de Málaga. Muchas de sus composiciones religiosas, de talante neoplatónico y místico, han pasado al ritual de los judíos sefardíes; sus poemas profanos, influidos por la poesía árabe, destacan por su pesimismo. Es autor de Fuente de la vida, sobre el origen y la constitución de los seres tomando la forma de un diálogo entre maestro y discípulo, y también de Selección de perlas, centón de máximas morales en árabe.

La materia universal es el sustrato de todo lo que existe y esta universalidad de la materia es la aportación más original de la filosofía de Ibn Gabirol. Por otra parte, en su obra Selección de perlas, dijo acerca del compañerismo "El mejor compañero de un hombre es su intelecto, su peor enemigo su deseo" y con respecto a la pobreza escribió "He probado la amargura de todas las cosas, pero no he encontrado nada tan amargo como el sabor de la mendicidad".

La tesis dominante de Ibn Gabirol es que todos los seres creados están constituidos de materia y de forma, no sólo las sustancias corpóreas sino también las simples o espirituales, que sirven de eslabón entre la sustancia primera -Dios- y la sustancia que se divide en las nueve categorías -el mundo físico-. La materia y la forma se encuentran siempre en la relación de quien sostiene y quien es sostenido, de calificado y cualidad, sustrato y atributo. La misma materia se da en todo el universo, desde las más altas formas de la espiritualidad a los más bajos límites del mundo físico, pero cuanto más se aleja la materia de su primer origen menos espiritual es. 

Ibn Gabirol en Málaga

En el desarrollo de la Kabbalah y en particular, de la línea de Toledo, Ibn Gabirol marca el período de transición de la intensa experiencia mística de la tradición de la Merkava a una que reconcilia razón y revelación, siendo una línea que fue llevada adelante por numerosos kabbalistas a lo largo del tiempo hasta hoy. Su contribución a la Kabbalah fue la consideración de que Dios es una unidad absoluta, en quien forma y sustancia son idénticas. Por tanto, no se pueden asignar atribuciones a Dios y el hombre puede captar a Dios sólo por medio de los seres que emanan de Él.

Córdoba. Ibn Zaydún & Wallada.

escultura en Córdoba a Ibn Zaydún y Wallada

Abu Al-Walid Ahmad Ibn Zaydún nació en la ciudad de Córdoba en el año 1003, tras la muerte de Almanzor y cuando el califato cordobés iba a iniciar su lento declinar. Por su parte, Wallada bint Al-Mustakfi nació en la ciudad de Córdoba en el año 994, nueve años antes. Él está considerado uno de los mejores poetas universales en lengua árabe y es estudiado como uno de los clásicos en las universidades y ella, tras su longeva vida, es conocida como la Safo andalusí. 

Tuvieron una relación amorosa entre ambos y en las antologías de Ahmad Ibn Zaydún se suelen recoger los pocos poemas de ella que nos han llegado. Parece ser que el poeta, al visitar el salón de Wallada, se enamoró de ella. En principio fue mutuo pero, como no podían airear su amor dada la vinculación del poeta con los Banu Yahwar, linaje rival de los Omeyas al que ella pertenecía, se escribían versos. "Cuando caiga la tarde espera mi visita, pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos; siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen no brillaría el sol, ni la luna saldría, y las estrellas no emprenderían su viaje nocturno".

Wallada era hija del califa cordobés Muhammad III (bisnieto de Abd Al-Rahmán III) y de la esclava cristiana Amin'am. Ella era conocida como Wallada bint Al-Mustakfi ya que su padre adoptó el título de Al-Mustakfi bi Allah o El que se satisface con Dios. Este califa inmediatamente mandó ejecutar a su predecesor y primo Abd Al-Rahmán V y después su pésimo gobierno, caracterizado por medidas arbitrarias y crueles, le hizo perder cualquier apoyo popular por lo que apenas se mantuvo un año en el poder. 

monumento a los enamorados en Córdoba

Wallada, aún así, vivía como princesa y la muerte de su padre en el año 1025 le dejó una fortuna en herencia que le permitió convertir su hogar en un lugar de paso para escritores. Al no tener hermanos varones, todos los derechos reales de su padre recayeron en ella, que no tuvo ningún reparo en venderlos para abrazar la vida que había elegido: ser independiente completamente y sin tener tutela de ningún hombre. Esta princesa omeya destacó sin duda por su gran talento, el cual dicen que superaba a todos los poetas de su época. 

Según las crónicas, la princesa Wallada se prendó de Muhya bint Al-Tayyani, hija de un vendedor de higos cordobés, y cuidó de su educación hasta convertirla en poetisa. En Wallada destacaban también sus atributos físicos con una belleza de cabello rubio-pelirrojo, piel clara y ojos azules, además de ser inteligente, culta y orgullosa. Su relación con Ahmad Ibn Zaydún dio como fruto los más hermosos versos de él, universalmente conocidos, algunos de los cuales llegaron a reproducirse en el cuento Las mil y una noches.

Entre ellos, al azar, "Podría haber entre nosotros, si quisieras, algo que no se pierde, un secreto jamás publicado aunque otros se divulguen. ¡Tú nada harías por lograr mi compañía! Mientras yo, si recibiera la vida misma a cambio de mi dicha contigo, no la cambiaría. Te bastará saber que, si cargaste mi corazón con lo que ningún otro podría soportar, yo puedo. Sé altiva, yo aguanto; esquiva, yo paciente; orgullosa, yo me humillo; aléjate, te sigo; habla, te escucho; manda, obedezco".

poemario Risalat de Ibn Zaydún

La popularidad alcanzada con su poesía le dio a Ahmad acceso también a la vida política, participando en la llegada al poder de Abu Al-Hazm Ibn Al-Yahwar, que dio paso del califato a la taifa de Córdoba, llegando a ser diplomático y visir de varios gobiernos, entre otros Córdoba y Sevilla. Ahmad Ibn Zaydún conoció a Wallada en el alcázar cordobés en una ocasión en que ella fue invitada a recitar en presencia del abbadí Al-Qasim, quien antes fue cadí o juez de Sevilla. 

Él trabajaba como alqatib del almojarife o administrador de cuentas del alcázar y presenció aquella actuación de Wallada con tan solo 20 años de su edad, mientras conciliaba su trabajo de escribano con el estudio de las leyes y con la creación de poemas de gran talento y métrica de ejecución impecable que hacían ya las delicias de Córdoba. Cuando la voz de ella se extinguió, el entusiasmo incontenible de toda la corte estalló en aplausos y vítores y muchos fueron los que intentaron estrechar su mano. 

Ella se mostró amable con todos y ofreció su diestra a los más entusiastas, entre los que estaba el alqatib Ibn Zaydún, pero Wallada nunca se casó ni negoció matrimonio. Parece ser que se negó a llevar velo y era popular por llevar bordados a ambos lados de su cuerpo, que algunos teóricos indican que pudieron ser tatuajes, con mensajes que proclamaban su rebeldía "Estoy hecha por Allah para la gloria y camino, orgullosa, por mi propio camino" en el lado derecho y "Doy poder a mi amante sobre mi mejilla y mis besos ofrezco a quien los desea" en el izquierdo.

poema de Wallada en Córdoba

Ella participaba en las tertulias poéticas junto con los intelectuales. Su gran obra, seguramente, fue abrir un salón literario donde enseñaba a leer, escribir y recitar a otras jóvenes pertenecientes a familias adineradas. Este salón se convirtió en un punto de encuentro de intelectuales y, mientras escuchaban debates sobre la actualidad del momento, no faltaban abundantes y sabrosos manjares. Él podría decirse que renovó la lírica amorosa al infundirle un tono de experiencia más propio y sensual y ello le supuso ser considerado el mejor de los poetas amorosos de Al-Ándalus y constituirse en modelo para toda la poesía árabe occidental posterior. 

La historia de amor entre ambos poetas tuvo mal final y, tras la ruptura, la correspondencia mantenida se convierte en una sucesión de sátiras feroces, donde aparece el nuevo rival que ha obtenido los favores de Wallada, Abu Amir Ibn Abdus, que también se convierte en destinatario de Ibn Zaydún. La nueva actitud se refleja claramente "Me censuráis que él me suceda en los afectos de aquella a la que amo; mas no hay en eso infamia: era un manjar apetitoso y la mejor parte me tocó a mí, el resto se lo dejé a esa rata".

Wallada parece ser que, aunque nunca dejó extinguir su fortuna, durante los posteriores reinos de taifas fue amparada por dos supuestos amantes, el escritor Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma, y el visir Ibn Abdus, el ya citado eterno enamorado suyo que, al parecer, permaneció a su lado y la protegió hasta su muerte cuando ya era octogenaria. Wallada murió en marzo del año 1091, el mismo día que el imperio almorávide entraba en Córdoba e Ibn Zaydún había muerto veinte años antes.

poema de Wallada en el monumento de Córdoba

Como recuerdo de este amor perdido entre ambos, pueden leerse en el mármol del llamado Monumento a los enamorados dos poemas de cada poeta y los versos aparecen en castellano y árabe. Por un lado, se escogió el poema de Wallada que dice "Tengo celos de mis ojos, de mí toda, de ti mismo, de tu tiempo y lugar. Aún grabado tú en mis pupilas, mis celos nunca cesarán..." Y por su parte, Ibn Zaydún "Tu amor me ha hecho célebre entre la gente. Por ti se preocupan mi corazón y pensamiento. Cuando tú te ausentas nadie puede consolarme. Y cuando llegas todo el mundo está presente".

La poesía en Al-Ándalus. Territorios taifas.

paraje de costa en El Algarve

No sólo el tan conocido rey Al-Mu'támid en la taifa de Sevilla se distinguió por su mecenazgo con los poetas de la época. Todos los reyes de taifas, sin excepción, favorecieron la producción poética y tan importante era para ellos extender su territorio en luchas como competir por albergar en su corte a los poetas más renombrados. 

Como sabemos, el occidente conlleva el nombre geográfico de Garb Al-Ándalus u oeste de Al-Ándalus, nombre que perdura aún hoy en el sur de Portugal como El Algarve. En esta zona sudoccidental, los poetas estuvieron bajo la influencia estelar de Sevilla, pues los pequeños reinos del Algarve fueron incorporados a esta taifa por el abbadí Al-Mu'tadid. Así, el mejor de sus poetas en esta época fue Ibn Ammar desde la localidad de Silves, la misma ciudad que acogía a su hijo y futuro sucesor, Al-Mu'támid. 

Las tierras centrales de lo que son hoy Portugal y Extremadura formaron el reino de taifas de Badajoz, que conservó su autonomía hasta la conquista de los almorávides con la dinastía de los Banu Aftas o aftasíes. Estos soberanos, de lejano origen bereber, se distinguieron de las otras dinastías de este origen étnico más o menos lejano como Granada o Toledo por gustar, cultivar y proteger la literatura.

Cuando accedieron al poder los Banu Sumadih en Almería, siendo una familia de origen árabe, tras el dominio de los fatas Jairán y Zuhayr, en el año 1041, alrededor del rey Al-Mu'tasim se produce una pequeña corte poética. De este modo, la taifa de Almería contó con el poeta y visir de Al-Mu'tasim, en la segunda mitad del siglo XI, llamado Ibn Al-Haddad, siendo de Guadix y conocido como poeta filosófico que se enamoró de una doncella cristiana y después marchó a Zaragoza. 

interior de la Puerta de la Justicia en Almería

Hay que mencionar también a los poetas satíricos Ibn Uht Ganim y Al-Sumaysir, natural de la localidad de Elvira. Este último fue uno de los pocos poetas andalusíes especializados en poemas de tipo ascético o zuhdiyyat. Bajo el gobierno del citado Al-Mu'tasim se logró reunir en Almería un amplio grupo de poetas en su corte entre los que también contaban su hijo Abu Yafar y su hija Umm Al-Quiram. Otra mujer poeta formaba parte de la corte del mismo rey y destacaba por su belleza, Al-Gassaniyya Al-Bayyaniyya, nacida en la ciudad-estado independiente de Pechina, en la costa almeriense, aunque por desgracia no se conservan poemas de esta mujer.

Curiosamente, la mayor parte de los poetas, exceptuados los príncipes de la familia en el poder, eran de origen granadino, huidos del ambiente poco favorable para la literatura árabe que ofrecía la corte de los bereberes ziríes de Granada, donde el único poeta que había podido sobrevivir fue Abu Ishaq de Elvira, el alfaquí de corazón de esparto.

El rey Al-Muzáffar, en la taifa de Badajoz, fue también el escritor de una enciclopedia literaria llamada Al-Muzaffariya. Fue protector del poeta de corriente modernista Ibn Sarah de Santarem, Portugal. Su sucesor en el reino pacense, Al-Mutawákkil fue protector de dos hermanos poetas epicúreos y melancólicos, los Al-Qabturnuh así como del gran elegíaco de la muerte del gran rey Al-Mutawákkil, que fue ejecutado por los almorávides, conocido como Ibn Abdun de Évora.

Por su parte, la corte taifa de Denia gozó de cierto esplendor literario gracias a la cantidad de gramáticos que reunió. Su soberano Muyahid, muy culto y militar de origen seguramente sardo, aunque educado en Córdoba, acogió a importantes intelectuales cordobeses tras la caída del califato. En esta taifa la poesía sería fruta madura ya que Muyahid no era proclive a los poetas y prefería a los filólogos, ulemas y prosistas, porque, filólogo él mismo, pensaba que los poetas no utilizaban las palabras con propiedad.

adarve de muralla y Torre de Espantaperros en Badajoz

A pesar de ello Muyahid, ante la figura de Ibn Darray Al-Qastalli -llegado desde la corte cordobesa- guardó un respetuoso silencio cuando el anciano poeta recitó ante él una solemne qasida en la que hizo referencia a Muyahid como marino, ya que con sus naves conquistó las Islas Baleares y Cerdeña. Podemos destacar también al excelente lexicógrafo Ibn Sidah, el filólogo coránico Ad-Dana o el visir y destacado prosista Abu Amir Ibn García. 

Cuando los poetas no tenían la categoría del citado Ibn Darray Al-Qastalli, eran objeto de la burla de Muyahid. Un día se le presentó Abu Alí Idris Ibn Al-Yamani de Ibiza, isla balear famosa entonces por sus sabinas y le recitó, mientras el emir se dedicaba a tirarse de unos pelillos que tenía en la mejilla ante el farragoso estilo del poeta balear, "Cuantas noches he viajado, preocupado porque conmigo no iba la estrella de la buena suerte, iba acompañado de un grupo de gentes altivas como leones del desierto o serpientes".

Todos ellos cultivaron la poesía, como era habitual en todos los hombres de letras andalusíes, pero el poeta árabe más destacado en la taifa de Denia fue Ibn Al-Labbana que, entre los siglos XI y XII, desarrolló su quehacer poético en alabanza de la corte hudí de la taifa de Zaragoza y lo mismo desempeñó en la taifa de Mallorca, perteneciendo a la tercera generación taifal. 

La conquista de Denia por los hudíes de Zaragoza le lleva a exiliarse de su patria y hacer florecer su poesía en otras tierras. De igual forma, el científico, filósofo, médico, botánico y musicólogo Abu Al-Salt, nacido en Denia y emigrado a Sevilla, sería poeta en las lejanas tierras de Egipto y Túnez. En cuanto a la taifa de Murcia, habría que esperar al siglo XII para encontrar excelentes poetas en estas tierras.

puerta en el llamado castillo de Denia

En la taifa de Granada se localiza el conocido Semuel ben Nagrella, visir de los reyes ziríes, que fue un importante lírico tanto en árabe como en hebreo. Contra él escribió una casida satírica el poeta Abu Ishaq de Elvira, que dio pie a un episodio de persecución hacia los judíos en el año 1066.

Ibn Jaldún era conocido tanto en Granada como en el resto de la península cristiana. Cuando fue a Sevilla como embajador del sultán de Granada en una misión diplomática, el rey Pedro I el Cruel hizo todo lo posible para que se quedara en su corte como consejero. Le ofreció devolverle la finca de su familia, ya que Jaldún era de origen sevillano, hacienda conocida en Dos Hermanas con el nombre de Torre de Doña María ya que el rey castellano se la había regalado a su amante, María de Padilla, ya fallecida cuando el poeta se presentó en Sevilla. Jaldún no aceptó y volvió a Granada donde entonces escribió su memorable Muqqadima.

En la corte de Said Ibn Hakam, en el siglo XIII de Menorca, se formó también una pequeña corte literaria de exiliados andalusíes de la península, donde los poetas continuaron componiendo. Uno de sus huéspedes fue Ibn Sahl de Sevilla. Nacido judío, Ibn Sahl se hizo musulmán, experiencia que describió mediante poemas homoeróticos. Así, amando a un efebo llamado Musa o Moisés, le abandona por otro llamado Muhammad o Mahoma. 

La taifa de Sevilla fue la que, de un modo más pujante, estimuló el cultivo de la poesía, patrocinada y practicada incluso por sus reyes, como Al-Mu'tádid y su sucesor Al-Mu'támid. La ciudad de Sevilla ejerció como centro de atracción para los poetas hispano-árabes del siglo XI y no tuvo rival en esta disciplina en su tiempo, tanto por la cantidad como por la calidad de su lírica. En la época inmediatamente posterior a la caída del califato de Córdoba, la lírica sevillana sigue produciendo nawriyyat, con descripción a las flores, así como panegíricos de adulación a los monarcas. Una antología de esta poesía encomiástica fue recopilada por Abu Al-Walid Ismail Ibn Amir Al-Habibi de Sevilla. 

entrada al Palacio de Dar Al-Horra en Granada

Durante el reinado de Al-Mu'tádid se establece en su corte el mejor poeta neoclásico de Al-Ándalus, Ibn Zaydún de Córdoba, cuyos poemas amorosos suponen la cumbre de la poesía árabe de todos los tiempos, aunque también escribió panegíricos aúlicos, autoelogios y sátiras dirigidas a sus rivales. Otro poeta destacado de la corte sevillana es Abul Walid Al-Himyari, quien cultivó una poesía de tipo hedonista y compiló una antología de un grupo de poetas que cantaron a los placeres como él, agrupándolo en su obra Kitab al-badi fi wasf ar-rabi o Libro del estilo maravilloso en la descripción de la primavera

Al-Mu'támid, sucesor de Al-Mu'tádid, fue además de protector de la poesía un excelente poeta de la época. Compuso qasidas neoclásicas, poesía modernista y moaxajas, destacando los desgarrados poemas que escribió en su exilio en el Magreb tras ser derrocado por los almorávides. Entre sus protegidos figuraron el panegirista Ibn Ammar (Abenámar para los cristianos), Ibn Al-Labbana de Denia e Ibn Hamdis de Zaragoza, que introdujo en las awsaf  (descripciones de hechos u objetos) el tema arquitectónico. El citado Ibn Al-Labbana le guardó fidelidad y lo acompañó en el exilio hasta su muerte.

Este rey sevillano mantuvo una academia poética que exigía unas duras pruebas de ingreso. Una vez que accedían al rango académico sevillano, entraban en contacto con los mejores poetas del occidente árabe. Más tarde, tras la llegada de los almorávides, muchos se dispersaron -en muchas ocasiones hacia el Levante- y siguieron difundiendo la mejor poesía andalusí por la península e incluso llegaron a influir en la lírica árabe de Oriente. En la corte de Sevilla recalaron grandes poetas sicilianos que huían de la invasión normanda, tales como el citado Ibn Hamdis o Abu Al-Arab. Otros autores sevillanos de menor renombre que los citados de la corte son Abd Al-Yalil, Ali Ibn Hisn o Ibn Al-Milh.

Desde bien joven, al que después fuera rey Al-Mu'támid le unió una amistad especial y apasionada con otro de los grandes poetas de la época y ya citado, Ibn Ammar, del que fue discípulo en Silves. Desterrado por Al-Mu'tádid a Zaragoza para evitar la perniciosa influencia sobre su hijo, Ibn Ammar escribió una qasida al rey pidiendo perdón, pero tal vez la mención de sus diversiones y sus noches de juventud con Al-Mu'támid en Silves provocó que la qasida no tuviera efecto.

vista de muralla integrada en la ciudad de Sevilla

Al final de las vidas de Al-Mu'támid e Ibn Ammar, rey y ministro, la relación se torció por un enfrentamiento de Ibn Ammar, a la sazón gobernador de Murcia, con el rey de Valencia. El rey sevillano entonces escribió una qasida satírica, en la que ridiculizaba los orígenes humildes de Ibn Ammar. En la qasida con que le respondió éste, se burlaba de los abbadíes, de la esposa e hijos de Al-Mu'támid y le acusaba de sodomía recordando los días de Silves.

Tras la salida de Córdoba de muchos literatos y poetas, los primeros nombres que suenan en tierras levantinas son los de los poetas Said de Bagdad o Ibn Darray Al-Qastalli. Una de las más perfectas qasidas neoclásicas de este último había sido compuesta en Valencia en honor de los dos fatas que compartían el poder en dicha ciudad. La presencia cultural cordobesa continúa en Valencia cuando se convierte en rey de la misma Abd Al-Aziz, nieto de Almanzor. 

En Balansiya, el nombre que recibió la Valencia musulmana, Ibn Hariq Al-Makhzum fue un poeta que nació a mediados del siglo XII, profundo conocedor de la cultura oriental, también era docto en cuestiones literarias y de lengua. Lo demuestra el hecho de que fuera el maestro de Ibn Al-Abbar, el historiador y poeta más significativo entre los valencianos de su época. Sus versos más conocidos son los dedicados a unas galeras y los dedicados a la ciudad de Valencia. "Balansiya es la apoteosis de la belleza, su reputación es buena tanto en el Este como en el Oeste, si alguien dijera que es un lugar caro y una ciudad en la que no cesan las luchas di tú que es un paraíso al que no se puede llegar sino pasando por el hambre y la guerra".

El gran poeta de la localidad de Alzira, Ibn Jafaÿa, además de poemas florales en género nawriyyat, también escribió sobre las inundaciones que se sufrían en la zona de Xarq Al-Ándalus en el siglo XII, siendo versos estremecedores "He vuelto a Alzira entre el trueno que retumba en mi oído y la lluvia que azota mis hombros, como un ave paralizada por las aguas cuyos polluelos están en el nido, atormentados, viendo cómo se derrumban los muros bajo el peso continuo de las nubes. El mar de la riada, oleadas de barro; el cielo, generoso en lágrimas; los edificios, resquebrajados, humillados como cautivos ante el tirano".

los llamados Baños del Almirante en Valencia

La taifa de Zaragoza no se caracterizó por la calidad de sus poetas autóctonos, pero acogió a importantes poetas andalusíes y también orientales en períodos de persecución, conflictos militares o integrismo. El primer rey independiente de Zaragoza, Mundir I, al elevarse al poder en el año 1017 se apresuró a atraer a algunos de los literatos más brillantes que huían desde el sur de las guerras derivadas de la crisis del califato, como los visires y poetas Ibn Burd Alakbar e Ibn Hazm, éste último durante corto tiempo.

Ya antes de los disturbios, a finales del siglo X, se había asentado en Saraqusta el célebre poeta Yusuf Ibn Harun Ar-Ramadi, panagirista de Almanzor, que difundió en esta ciudad las modas líricas cordobesas, dirigiendo elogios poéticos a los tuyibíes. Entre los que llegaron en plenas convulsiones del califato destacan el poeta y filólogo iraquí afincado en Córdoba, Said Al-Baggadi, maestro de Ibn Hayyan e Ibn Hazm, y el poeta Ahmad Ibn Muhammad Ibn Darray Al-Qastalli, que llegó en el año 1018, cultivador de una poesía manierista inspirada en el gran poeta neoclásico Al-Mutanabbi.

Ibn Darray puso su talento panegirista al servicio de Mundir I y de su hijo y sucesor, Yahaya Al-Muzaffar, hasta su marcha a Denia en el año 1028. Sin embargo, la eminencia de la cultura judía de la taifa de Zaragoza de este período corresponde a Ibn Gabirol, gran poeta y filósofo conocido en el mundo cristiano como Avicebrón, nacido en Málaga pero criado y educado en Zaragoza, donde estudió con Marwan Yonah ben Yanah hasta el año 1039, gracias al mecenazgo de Yequtiel ben Ishaq, secretario y visir de Mundir II.

Ibn Gabirol escribió sentidas elegías a la muerte de su maestro y marchó a Granada en busca de la protección de Yusuf ben Nagrella. Durante la época del dominio hudí la cultura saraqustí llegó a su máximo desarrollo, sobre todo en las disciplinas matemáticas y en el cultivo de la filosofía. Uno de los funcionarios de la corte del poderoso Al-Muqtádir, el muladí Abu Amir Ibn Gundisalb (o Gundisalvo), alcanzó el rango de gran visir y compuso poesía encomiástica y satírica. 

adarve de muralla en Alcazaba de Málaga

Otro de sus visires letrados fue el judío convertido al islam, Abu Al-Fadl Hasday Ibn Hasday, que mantuvo su cargo de gran visir con los sucesivos monarcas Al-Mu'taman y Al-Musta'in II. Nacido en Zaragoza hacia el año 1050 e hijo del poeta Yusef Ibn Hasday, fue un notable escritor y orador en árabe y hebreo, y poseía una extensa formación literaria, filosófica y científica. Por su parte, Abu Ul-Mutárrif Ibn Ad-Dabbag fue katib o secretario de Al-Muqtádir y destacó en el género epistolar.

En esta época también recalaron en la corte zaragozana literatos exiliados de sus taifas por diversas razones, frecuentemente políticas. Uno de los primeros fue Abu Umar Yusuf Ibn Yafar Al-Bayi, que se hizo célebre por sus elegantes epístolas en prosa rimada redactadas en nombre del rey y dirigidas a importantes personalidades de la época como el rey de Sevilla Al-Mu'tádid, o el de Toledo, Al-Mamún. A la muerte del gran rey Al-Muqtádir, Al-Bayi le dirigió una emocionada elegía.

El poeta Ibn Al-Haddad, que provenía de Almería, cultivó la poesía heroica y panegírica, celebrando las victorias de Al-Muqtádir sobre su hermano Yusuf Al-Muzáffar de Lérida (seguramente la que le costó el trono hacia el año 1080) y sobre Ibn Rudmir, es decir, Sancho Ramírez el rey de Aragón, a quien tomó varias fortalezas entre los años 1079 y 1080. Los sucesores de Al-Muqtádir mostraron una igual o incluso mayor vocación de mecenazgo de las letras y las ciencias.

Cabe mencionar la breve estancia de dos años en Zaragoza del muy famoso y ya citado Ibn Ammar, amigo apasionado, poeta áulico y panegirista de Al-Mu'támid en Sevilla. Pese a quejarse de su destino, pudo dedicar sus gazales, género que dominó con maestría, a los bellos efebos de la corte zaragozana de Ibn Hud Al-Mutamán. A la muerte de su padre, Al-Mu'támid mandó traer a Sevilla de nuevo a su antiguo amigo y amante y juntos gobernaron como rey y ministro durante un tiempo. Ibn Ammar, además de poeta era ajedrecista y viajaba retando a los mejores porque se consideraba invencible. Fue un personaje clave en la política entre el rey abbadí Al-Mu'támid y el rey Alfonso VI de León, que a su vez era gran aficionado al ajedrez. 

Torre de los Pozos en Cáceres

El cuarto monarca hudí, Al-Musta'in II contó con el poeta zaragozano más importante del siglo XI, Al-Yazzar As-Saraqusti, conocido por su oficio y apelativo Yazzar, es decir, el Carnicero. Este sería un ejemplo de ascenso social andalusí, pues Al-Yazzar llegó a poeta áulico y secretario-visir con Al-Mu'tamin y con su sucesor Al-Musta'in II. Escribió panegíricos a ambos reyes, pero destaca en el género burlesco como autor de conocidos epigramas. También le debemos una magnífica descripción lírica del Palacio de la Aljafería, siendo notables también sus diez moaxajas, casi todas en tono lírico y tema amoroso, dos de las cuales incluyen jarchas o estrofa final escrita en romance andalusí.

En Zaragoza, el segundo gobernador almorávide a comienzos del siglo XII, Ibn Tifilwit, volvió a rodearse de literatos y científicos y a instalarse en los salones de la Aljafería rodeado de lujo en una corte de poetas y filósofos, donde destacaron Ibn Jafaya de Alzira y Abu Bakr Muhammad Ibn Yahya Ibn Saig Ibn Bayyá, el gran filósofo y también músico y poeta conocido como Avempace, a quien se ha atribuido la invención del zéjel.

La poesía en Al-Ándalus. Composición y legado.

manuscrito Poema de Yusuf

En Al-Ándalus existió una gran sensibilidad hacia la poesía pues los musulmanes veían en ella una manera común de expresar sus sentimientos, su adulación, su obediencia o su fe, y se deleitaban escribiendo y oyendo poemas. La poesía fue un género literario que se desarrolló de manera significativa, yendo paralelo a otras disciplinas artísticas relevantes. Durante los diferentes períodos de Al-Ándalus en la península este arte experimentó épocas de gran florecimiento, pero también algunas de decadencia. 

La expansión musulmana por la península supuso la creación de una nueva cultura y los nuevos pobladores extendieron los conocimientos de Oriente, pero a su vez asumieron las peculiaridades locales haciéndolas suyas de una manera diferente y única en el mundo islámico. Fruto de ello es su legado artístico, único en el mundo árabe y donde destaca su producción literaria y, más concretamente, la poética. 

En los períodos anteriores al período califal la poesía fue más pobre y tuvo como tema principal el elogio al soberano. El primer poeta andalusí conocido fue Abu Al-Majsi quien, por enfrentarse a los poderosos con sus sátiras, fue castigado a que le arrancasen los ojos y la lengua. A pesar de ello, siguió componiendo acompañado por una joven que recitaba las poesías. Según cuentan, a Abu Al-Majsi ya siendo anciano le volvió a crecer la lengua y murió en el año 794 en Madinat Ilbira, cerca de Granada.

Los filólogos árabes de los siglos VIII y IX consideraban que la qasida, además de su rima y métrica, tenía una estructura temática fija. Así, la qasida tenía tres partes: nasib o elegía amorosa donde el poeta recordaba sus amores, siempre frustrados, ante los restos que había dejado la acampada de la tribu de la amada, rahíl, en la que el poeta describía su viaje o deambular por las zonas desérticas de Arabia, con descripción minuciosa de su montura, caballo o camello y, la tercera parte era el madih o elogio al personaje al que la qasida iba dedicada o, por el contrario, era una hicha o sátira contra enemigos del poeta.

La poesía pre-islámica reflejaba los sentimientos -siempre lírica- del árabe beduino, nómada, pastor de camellos, en un medio físico hostil, con los rígidos códigos tribales que le permiten sobrevivir al conservar equilibrio con su medio. El sentimiento amoroso se manifiesta natural, sin sofisticaciones, reflejando unas relaciones entre los sexos bastante libres, en comparación con la sociedad islámica posterior. Aunque la qasida conservará su forma, sufrirá también continuas evoluciones en su contenido. Como consecuencia, esta poesía pre-islámica llega a resonar en un Al-Ándalus conquistado por los musulmanes a principios del siglo VIII y los primeros poemas que se escuchan son aún el canto del camellero.

taqa en palacio nazarí, Alcazaba de Málaga

Podría decirse que la poesía comenzó realmente a florecer en la primera mitad del siglo IX, durante el reinado de Abd Al-Rahmán II, emir de Córdoba. Y ya en la época califal, y con el auge literario y multicultural cordobés, destacaron prolíferos poetas como el famosísimo Ibn Hazm con su obra "El collar de la paloma", una obra que ha sido traducida en numerosos idiomas. Desde época califal, la corte andalusí se rodeaba de funcionarios poetas que debían adular a sus mandatarios mediante la composición de madih o panegíricos y conmemorar los principales hechos cortesanos escribiendo rasail o misivas de la cancillería, escritas en prosa rimada intercalada de poemas.

Con la caída del califato de Córdoba en el siglo XI se produjo la descentralización de la cultura, que se extendió a todos los lugares de Al-Ándalus porque hasta entonces la poesía árabe era una manifestación cortesana y sólo en Córdoba y algunas otras cortes se encontraban los cenáculos en que un poeta se hacía, en las clases de poesía que se impartían en la mezquita, en los salones o en las tertulias. Los sabios, filólogos, literatos y los poetas de Córdoba emigraron de la ciudad destruida por los bereberes y llevaron sus conocimientos exquisitos a los más perdidos lugares de la península donde hallaron refugio.

Como consecuencia, hubo más poetas porque en época de taifas existían diferentes cortes. De este modo, algunas de ellas experimentaron una importante idolatría por la poesía, destacando la corte de Sevilla en época del abbadí Al-Mu'tádid y de su hijo y sucesor Al-Mu'támid a lo largo del siglo XI. Ambos fueron iniciados en este arte por el poeta Ibn Ammar y con ellos Sevilla se convirtió en un importante centro productor y de mecenazgo. En esta ciudad brilló especialmente el poeta cordobés Ibn Zaydún con sus famosos poemas de amor y desamor a la princesa y también poetisa cordobesa Wallada Bint Al-Mustakfi, la cual lo rechazó. 

Fue la época de máximo esplendor cultural y literario de Al-Ándalus y en el terreno poético se produjeron innovaciones autóctonas que llevarían a la creación de géneros típicamente hispanos de la poesía árabe que influyeron notablemente en la lírica de tradición oral en lenguas románicas. Cada una de las cortes de pequeños reinos de taifas intentó emular los cenáculos aúlicos de la Córdoba califal omeya e incluso de la Bagdad abasí y su núcleo importante se formaba con los llamados nostálgicos del califato. 

Podría decirse que la poesía que se cultivó en el siglo XI fue continuadora de la poesía del califato de Córdoba, incluyendo cambios ya realizados en el siglo IX por los llamados modernos, entre los que se encontraba el célebre músico y poeta Ziryab. La poesía llegó a tener tanta importancia en Al-Ándalus que la declamaban desde los más humildes hasta los príncipes, y se decía que en algunas regiones como Silves (al sur de Portugal donde se crió Al-Mu'támid que sería rey abbadí  en la taifa de Sevilla) "hasta los campesinos tras el arado iban improvisando versos sobre cualquier asunto". 

manuscrito de Ibn Jafaya, poeta de Alcira

Es necesario contextualizar la poesía en su período histórico y conocer el entorno que hizo posible su diversidad. Muchos de los poetas eran funcionarios del califato omeya, nacidos y criados en ciudades como Madinat Al-Zahra o Madinat Al-Zahira y que recibieron una esmerada educación, que escribían el árabe más depurado y que esperaban un futuro cómodo en la corte y, de repente, vieron derrumbarse su mundo aun siendo jóvenes. Todos sintieron nostalgia por su infancia y se refugiaron en la escritura, siendo algunos de ellos extraordinarios poetas.

Los subgéneros dominantes entonces fueron la rita o elegía, compuesta por dos secciones -reflexiones generales sobre la existencia humana y palabras de consuelo para la parentela del desaparecido- y la qasida ya antes descrita. La corriente o línea modernista amplía los temas y géneros y se basa en la poesía oriental anterior, aclimatándola al territorio andalusí. Destaca la introducción de las awsaf, descripciones de hechos y objetos, que incluyen la nawriyyat (descripción de flores), la taradiyya (de tipo cinegético), la hamriyya (o báquica, ligada al encomio del vino y muy abundante en la poesía andalusí pese a los preceptos del Corán) o la zuhdiyya (poesía de carácter ascético).

Dicho de otro modo, al tiempo que cambia la expresión del sentimiento amoroso, lo hace el escenario que rodea al poeta, que prefiere el jardín, ese oasis civilizado por la arquitectura árabe para vivirlo y describirlo. La descripción de los jardines, por tanto, aparece como género temático conocido como rawdiyyat o jardineras y los andalusíes serían maestros en este tema, tanto en la descripción del jardín con sus árboles y arbustos, estanques, surtidores, etc, como en el detalle de sus flores, con el ya citado subgénero de las nawriyyat o florales.

Tal vez el primer poema del género floral o nawriyyat es el verso del famoso precursor de la aeronáutica nacido en Ronda, el popularmente conocido en el siglo X como Abbás Ibn Firnás, donde ya aparece una muestra de la humanización de la naturaleza "Aparecen en el jardín las rosas con las margaritas como unos labios rojos de una boca que ríe". El poeta del siglo XI, Ibn Zaydún, considerado el mayor poeta neoclásico de Al-Ándalus, fue el creador de un tipo de elegía que tiene precedentes en el nasib con una sobriedad serena en el verso, siendo el tema de las elegías los amores y lugares perdidos o la juventud que se aleja. 

Del citado Zaydún se conserva una muy famosa elegía dedicada a la princesa Wallada en el marco nostálgico de las ruinas de la ciudad califal. "¡Qué hermosos días se fueron en el aljibe de la noria o en el palacio de Nasih, mientras el viento soplaba en los arroyos, rizando la superficie del agua en las acequias y el sol hacía brillar su lanza enrojecida! ¡Qué amable Al-Zahra, la de la bella vista, con su aura suave como suspiro, de diamantina pura. Basta un atisbo de su belleza para admirarla, jardín del Edén, río del paraíso, con sólo mirarla la vida se alarga". Ibn Faray de Jaén también escribió poemas en los géneros rawdiyyat nawriyyat, culminando el gran maestro Ibn Jafaya de la localidad valenciana de Alzira, a comienzos del siglo XII, para quien el jardín tiene rostro humano.

Alhambra desde el Palacio de Dar Al-Horra

Por otro lado, el prólogo amoroso de la casida o nasib se independiza para crear un género propio, el gazal o gacela, que admite dos temáticas: la gacela de amor udrí o casto y la de amor ibahi o libertino. Las aportaciones innovadoras propiamente hispánicas a la poesía islámica -si bien elaboradas a partir de formas orientales- consisten en la introducción y difusión de una lírica estrófica, frente a las largas series de versos monorrimos de las qasidas clásicas, y en la aparición del acento de intensidad en combinación con la tradicional métrica de cantidad de la sílaba en la poesía árabe. Así, aparecen dos nuevos géneros, la moaxaja o muwashaha y el zéjel o zayal.

La moaxaja es un poema dividido en estrofas de un limitado número de versos cortos con rimas variadas, una fija o qufl, que presenta la primera estrofa o matla y se repite en los versos de vuelta o estribillos o simt, y otras diversas para las distintas mudanzas o estrofas de rima independiente o gusn que alternan con los estribillos. Termina el poema con una estrofa que rima con la primera y los estribillos llamada markaz o harchah (salida), conocida en romance como jarcha. Esta estrofa final fue adquiriendo los rasgos de la lírica tradicional peninsular y su asunto es el del lamento amoroso femenino. La jarcha está escrita preferentemente en el dialecto árabe andalusí e incluso en un pidgin compuesto por rasgos del árabe hispánico coloquial y de la lengua romance de los cristianos. 

En ocasiones, la lengua de la jarcha en su totalidad -aunque incorpore a menudo algún término del léxico árabe- es alguna variedad de los dialectos romances existentes en los siglos X y XI al que se ha denominado mozárabe. En cuanto a la métrica, admite alguna innovación a la habitual prosodia cuantitativa de la lírica árabe por influjo del acento de intensidad de las lenguas romances. El zéjel, por su parte, está escrito íntegramente en dialecto hispano-árabe. Consta de un estribillo de un verso y estrofas de una media de tres a cinco versos cortos rimados.

Durante el período almorávide las circunstancias sociales y políticas no favorecieron el desarrollo literario y los poetas quedaron más al servicio de sus gobernantes y a su exaltación. El antes citado Ibn Jafaya, de Alzira, es uno de los más importantes poetas de esta época. Cultivó un estilo rawdiyyat con el que recreaba ambientes exquisitos, como en las descripciones de jardín que le valieron el apodo de Al-Yannan o El Jardinero. Tras la conquista cristiana se retiró a sus fincas levantinas, llevando una vida alejada de la política y se dedicó a cultivar sus huertas y a componer poesía. Su estilo ejerció tal influencia en los poetas andalusíes posteriores que fue el modelo de todos ellos hasta el final del reino nazarí de Granada

Habría que esperar a la llegada del período almohade para que la poesía viviera un nuevo auge y trajera el surgimiento de nuevas cortes literarias en los siglos XII y XIII. En el último período almohade hay que resaltar al poeta del amor udrí o amor casto, Ibri Mutarrifz y a su musa y amada, la también poetisa Hafsa Bint Al-Hajj o Al-Rakuniyya. La mayor autonomía femenina almohade hizo aparecer un mayor número de poetisas, algunas de las cuales escribieron también poemas que cantaban la belleza femenina. 

cancionero titulado Kunnas al-ha'ik

Las que más se relacionaron con el ambiente literario eran las cantoras o qiyan, que recibían una esmerada educación para satisfacer a los demás, aprendían centenares de versos e improvisaban composiciones propias. En cualquier caso, destaca el alto nivel de educación que tenían las mujeres en Al-Ándalus, superior al estándar que imperaba en el Oriente musulmán de aquella época. Como ejemplo, Hafsa bint Al-Hayy, en el siglo XII, que provenía de una familia noble de Granada y fue famosa y una de las poetas de las que más obras se conservan. La llaman la maestra de su tiempo ya que tenía una gran cultura y acabó educando a princesas almohades en Marrakech, lugar donde murió. 

De forma romántica, en uno de sus muchos versos sentencia "Preguntad a la nube palpitante si ha pasado la noche con mi amado, recordándome". Este poema se puede considerar dentro de la corriente udrí de la poesía. La también poeta Aixa bint Ahmad era de Córdoba y provenía de una familia rica y culta, destacando por sus grandes conocimientos y su capacidad para la poesía. No se casó, pero se conserva la respuesta que dio a un poeta que le pidió matrimonio "Una leona soy y nunca me agradaron los cubiles ajenos. Si tuviera que elegir alguno nunca contestaría a un perro, yo que tantas veces los oídos cerré a los leones".

La característica más destacada de la poesía hispano-musulmana es la dificultad que conlleva su contenido, siendo a veces ambiguo, con complicados juegos de palabras o lleno de metáforas, las cuales a lo largo de los siglos se fueron repitiendo de unos poemas a otros. También destaca la sutileza y belleza de su producción con temas muy variados, subrayando los relativos al amor y al desamor, a la naturaleza, a lo panegírico de adoración a los gobernantes, etc. 

Estos poemas fueron plasmados en diferentes formatos en su creación, tales como en papel, en tejidos, en piezas realizadas en mármol, en yeso, madera u objetos de la más variada forma y material constructivo, como bien puede apreciarse en las múltiples inscripciones epigráficas presentes en Alhambra de Granada y el Generalife, creando una decoración tan variada y única que iba desde textos coránicos, fundacionales u honoríficos a descripciones poéticas. La poesía se fundía con los materiales constructivos y se convertía en un elemento decorativo más. 

La Alhambra nazarí se decoró con bellos textos de tres importantes poetas, secretarios de la cancillería real y primeros ministros de la corte granadina como fueron Ibn Al-Yayyab, entre los siglos XIII y XIV, e Ibn Al-Jatib así como Ibn Zamrak durante el siglo XIV. Cada uno de ellos fue maestro del siguiente, aunque Ibn Zamrak es considerado el de mayor calidad poética de los tres. Los poemas en Alhambra y el Generalife fueron traducidos por primera vez por el morisco Alonso del Castillo durante el reinado de Felipe II y, posteriormente, por el padre Echeverría en el año 1764. A ellos les sucedieron numerosas traducciones de los viajeros románticos y otros estudiosos arabistas del siglo XX. 

fuente del Patio de Lindaraja en Alhambra de Granada

Uno de estos poemas monumentales lo encontramos en la fuente de Lindaraja, una obra del siglo XIV realizada en mármol con 2 m de diámetro, cuyo borde lo decora un poema de Ibn Zamrak a modo de banda. Este poema está compuesto por 19 versos, en metro ramal, rima en cuyo recorrido en círculo dificulta el discernimiento del inicio y fin del poema. En él se distinguen dos partes: una parte descriptiva de la fuente y otra aduladora de la dinastía nazarí. Dicho poema presenta algunas lagunas ya que la talla decorativa y epigráfica está inacabada, siendo esto todo un enigma. 

Ha tenido varias traducciones, pero la más aceptada y conocida data del año 1985 del arabista y traductor Emilio García Gómez y nos dice "Logro el grado más alto en hermosura y a los hombres de mundo mi ser pasma. Nadie espacio más grande vio que el mío, por igual en Oriente y Occidente, ni rey, cristiano o árabe, tuvo antes una fuente que a mí se pareciera. Soy como órbita de agua que a los hombres manifiesta, reluce y no se oculta; mar muy grande, cerrado por riberas de bellísimo mármol escogido. Mi agua es perlas fundidas, que por hielo ves correr (tenlo a grande maravilla), y, por diáfana el agua, a través suyo, ni un instante de ti desaparezco". 

"Se diría que yo y el agua pura que contengo y por mí se desparrama somos de hielo, que una parte se fundió y otra parte no se funde. Cuando flotan burbujas, me imaginas una esfera en que salen muchos astros, y cual concha de nácar por de fuera, junto dentro ese aljófar de burbujas....díjome: Que haya dicha eternamente para el bravo, de estirpe galibía, descendiente de régulos del Yemen (de excelencia luceros, cuna noble, los Jazray Banu Qayla, paladines de la fe, valedores del profeta). Te arrima su ventura lo lejano; su guía te esclarece lo sombrío, en un país que está siempre a buen seguro, con vasallos de vida acomodada, jefe al par mundanal y religioso, de un altísimo imperio en el sagrado..."

En definitiva, en Al-Ándalus se escribía poesía lírica cuando en el resto de la península no existía la lírica, ya que en los reinos de Castilla o de León se escribía poesía épica. Se puede decir que hasta el siglo XI, la península estuvo dividida literariamente entre el norte épico y el sur lírico. La lírica se funde con la poesía provenzal que cantaban los trovadores en el sur de Francia y ha llegado hasta nuestros días dentro de la corriente romántica.

La influencia de la poesía andalusí ha marcado la evolución de la poesía europea en general y ha llegado hasta nuestros días. El asesinado poeta granadino Federico García Lorca tituló el último de sus poemarios El diván del Tamarit, cuando precisamente diwán significa en árabe Colección de poemas. Y el mismo García Lorca divide su poemario en casídas y gacelas que son dos géneros clásicos de la poesía árabe. Todo el poemario está impregnado de la aparente sencillez de la poesía andalusí. 

patio del museo y casa de García Lorca en Fuente Vaqueros (Granada)

Los poemas de García Lorca están compuestos como canciones, en la más estricta tradición árabe y en su biblioteca tenía distintos volúmenes de poesía árabe. También formaba parte de su biblioteca un ejemplar de Poemas arabigoandaluces, traducidos por el mismo autor de la fuente de Lindaraja, Emilio García Gómez y publicado en el año 1930. Aunque el libro que más llama la atención es el de las Rubayat del autor persa Omar Jayyam, subrayado y con anotaciones al margen del propio García Lorca.

Resulta curioso que el afamado cantaor de flamenco José Monje el Camarón de la Isla de San Fernando, en Cádiz, decidió realizar un trabajo de flamenco-fusión que aparecería bajo del nombre La leyenda del tiempo y en él Camarón le pone voz a un poema que pertenece al inicio del tercer acto de Así que pasen cinco años, una extraña obra de teatro que Federico García Lorca escribió en 1931 pero que nunca conoció estrenada. De hecho, esta obra se estrenó primero en la ciudad de Nueva York en 1945 y fue estrenada en España en el año 1978. 

Camarón en esta Leyenda del tiempo también canta versos del mencionado Omar Jayyam de su poemario Rubayat en los cuales el autor -también matemático y astrónomo- nos dice "Viejo mundo, el caballo blanco y negro del día y de la noche atraviesa al galope. Eres el triste palacio donde cien príncipes soñaron con la gloria, donde cien reyes soñaron con el amor y se despertaron llorando. Un poco de pan y un poquito de agua fresca, la sombra de un árbol y tus ojos, no hay sultán más feliz que yo ni mendigo más probe. El mundo, un grano de polvo en el espacio. La ciencia de los hombres, palabras. Los pueblos, los animales y las flores de los siete climas son sombras de la nada. Quiero al amante que gime de felicidad y desprecio al hipócrita que reza una plegaria".