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Toledo. El puente - Alcántara.

Puente de Alcántara en la ciudad de Toledo

Toledo cuenta con algunos de los mejores ejemplos de puente fortaleza. Aquí se situó uno de los pasos con mayor renombre de la península, siendo uno de los monumentos más significativos de la ciudad. Alcántara no es, sin embargo, el único modelo ya que habría que añadir el de San Martín, el más bello, y la Cava, siendo el único modelo aún en pie de este tipo. La formalista fábrica de sillares aparejados a soga y tizón impuesta por los omeyas de Córdoba y en puntos aislados de las Marcas Inferior y Media de Al-Ándalus no acabó de verse definida en Toledo, participando este puente con intensidad de esa arquitectura ambigua determinada por materiales bien labrados que no deja ver una línea constructiva continua y uniforme.

Alcántara significa la sucesión de épocas, de estilos arquitectónicos y de capacidades técnicas. Su fisonomía muestra la necesidad de comunicar la ciudad de Toledo con el exterior, defendiéndola a la vez de los enemigos. Es el resultado, por tanto, de una definición de paso vital y fortificación indispensable. Las referencias al puente son frecuentes, aunque la mayoría sean repeticiones. En el año 797, el emir Al-Hakén I -casi recién llegado al trono- reprimiría una sublevación en Toledo y los cronistas citan la puerta del Puente (en árabe القنطرة o al-qanţara), cerca de la cual el muladí Amrús levantó una fortaleza para sofocar la revuelta. 

En el año 808 fue empalado en su extremo Galib Ibn Tamman Ibn Alqama, por orden del segundo emir omeya independiente, Hixem I. Del año 858, Ibn Idari (escritor magrebí del siglo XIII) nos cuenta que el emir Muhammad I, ante una nueva revuelta de Toledo y una vez adueñado del puente, lo minó y, fingiendo la retirada, se hundirían al salir los del interior para ocuparlo llevándose por delante a los defensores toledanos. Del mismo hecho existe un poema que dice "Ha quedado Toledo despoblada, a merced de las aves de rapiña, ha quedado sin gente, desguarnecida, silenciosa como una tumba, no ha querido Allah que subsista un puente erigido para el paso de las tropas infieles".

En el año 930, se inicia un asedio a la ciudad que dura dos años, construyéndose Chalenca. Sabemos que las tropas acantonadas estaban bajo el visir y caid Said Ibn Al-Mundir Al-Qurasi. Y su hijo, Muhammad Ibn Said, estuvo apostado a la entrada de este puente. Una vez rendida la ciudad, el califa omeya Abd Al-Rahmán III ordenó reconstruir "el puente sobre el río que da a sus mismas puertas de entrada". Poco después, ya en el siglo X, Ibn Hawqal (geógrafo y cronista) visitó la península y en Toledo conoció y describió lo bello que era este puente.

vista del puente de Alcántara en Toledo

Al-Razí (siglos IX y X), siendo pionero en la medicina tradicional islámica y considerado por muchos como el padre de la pediatría, comentaría en distintos manuscritos que en esta ciudad existía "una puente rica e maravillosa e a tanto fue sotilmente labrada que nunca omne pudo asmar con verdat que otra tan buena avia fecha en toda España. E fue fecha quando reyno Mahomat Olme, e esto fue quando andava la era de los moros en dozientos e quarenta años". De igual manera harían las descripciones de la ciudad tanto Ibn Galib como Yaqut, Al-Himyari y Al-Maqqari.

Por su parte, Ibn Hayyan (historiador del siglo XI) tomó la descripción del cadí de la ciudad, Said Ibn Said, acerca del curso del río Tajo y dijo "Pasada esa agostura, se ensancha y su curso se hace más regular hasta llegar a la puerta de Toledo por la parte del oriente estival, y se desvía hacia el sur, metiéndose allí por debajo de su portentoso puente de un solo ojo para torcer totalmente del sur al poniente invernal casi dos tercios de círculo y luego tomar el oriente estival".

Al-Idrisi, geógrafo que visitó Al-Ándalus en el siglo XII, diría lo siguiente de la ciudad "Está situada sobre un cerro y hay pocas villas que se puedan comparar con ella por la solidez y la altura de los edificios, la belleza de los alrededores y la fertilidad de sus campos, regados por el gran río llamado Tajo. Se ve allí un acueducto muy curioso, compuesto por un solo arco, por debajo del cual las aguas corren con una gran violencia y hacen mover, en la extremidad del acueducto, una máquina hidráulica que hace subir las aguas a 90 estadales de altura y llegadas a lo alto del acueducto, siguen la misma dirección y penetran después en la ciudad".

La última noticia relacionada con actividades de los musulmanes en este puente supone una reconstrucción radical, según constaba en las famosas lápidas colocadas en la fachada posterior de la torre interior en tiempos del rey de Castilla y de León conocido como Alfonso X el Sabio (siglo XIII). En ellas se narraban algunos sucesos famosos relativos al puente y probablemente estos textos fueron copiados de los existentes en la antigua torre, antes de las reformas llevadas a cabo bajo el mandato del rey Enrique I de Castilla (años 1214-1217) y del citado rey sabio.

torre interior del puente de Alcántara en Toledo

La capitulación del Toledo hispano-musulmán en el año 1085 puso en manos del rey Alfonso VI de León el Bravo un extenso territorio en el que sobresalían numerosos recintos fortificados. Años más tarde, cuando el segundo emir almorávide, Alí Ibn Yusuf, atacó la ciudad en el año 1109, tras destruir Azecha y San Servando, llegó hasta el exterior de este puente. Del mismo modo, las narraciones de los Anales Toledanos nos acercan a los efectos de distintas crecidas del Tajo, todas ellas violentas y arrasadoras, que afectaron en menor o mayor medida al puente. Así, en el año 1113, las aguas cubrieron el arco de la puerta de la Almohada.

Después, en los años 1168, 1178 y 1181 las aguas llegaron hasta San Isidro. Tres nuevas inundaciones sacudieron la ciudad en los años 1200, 1207 y 1221. Quizá fue en el año 1211 cuando la torre defensiva interior, que guardaba la entrada a la ciudad de Toledo y la Plaza de Armas, se vino abajo. Los daños o el estado de deterioro debieron aconsejar una nueva edificación, obras ejecutadas durante el corto reinado del rey Enrique I de Castilla. Mateo Paradiso, el posible maestro de obras de la torre interior, dejó dicho "Tornado este río a crecer, la derribó un pilar por febrero de 1211 y tomó a caer el puente (...) ya estaba reparada mando Henrique I fundar en ella una torre para su mayor fortaleza y de la ciudad".

Este puente volvería a derrumbarse por las fuertes lluvias acaecidas en los años 1243 y 1249. Las últimas fueron tremendas, "fue el grand diluvio de las aguas e començo ante del mes de agosto e duro fasta el yueves XX e VI días andados de deziembre e fueron las llenas de aguas muy grandes por todas las mas de las tierras e fizieron muy grandes dannos en muchos logares e señalamientre en Espanna que derribaron las mas de las puentes que y eran e entre todas las obras fue derribada una grand partida desta puente de Toledoy así quedó reflejado en las lápidas colocadas en la torre interior después de que el rey Alfonso X el Sabio ordenase reconstruir su estructura.

Este rey castellano decidió emprender las nuevas obras con el fin de consolidar definitivamente el paso, dejando de depender de las violentas embestidas de las crecidas ocasionales. Los trabajos fueron ejecutados entre los años 1258 y 1259. Puede decirse que la fisonomía que nos ha llegado hasta hoy es la diseñada por este monarca. En el siglo XIV, en la guerra fraticida entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique, se comprobó que las alianzas del alcaide abrían el paso del puente a uno u otro según los intereses. En concreto, en el año 1355, partidarios de Enrique de Trastámara le abrieron el paso, pues San Martín no cedía.

puente de Alcántara en la ciudad de Toledo

Lo más significativo de Alcántara es que en el año 1453 era considerado jurídica y militarmente como una fortaleza. Por cédula Real, el rey Juan II de Castilla mandó a Alfonso Yañez de Valladolid "alcaide de la fortaleza del Puente de Alcántara" que la guardase en su nombre, sin que mantuviese el juramento de fidelidad con Álvaro de Luna, ni con sus partidarios, en lo que fue el último momento grave de inestabilidad política de su reinado. Poco después, en el año 1484, este puente recibía el último retoque medieval: las reparaciones efectuadas por iniciativa del corregidor Gómez Manrique, teniendo como objetivo la consolidación del arco menor y de la torre interior. 

En definitiva, el aspecto actual es el reflejo de una herencia constructiva de varios siglos. A pesar de algunas opiniones al respecto, es muy difícil precisar desde un doble punto de vista arqueológico-histórico, si Alcántara se asienta sobre un antecedente romano y todo parece indicar que no. El origen del puente es islámico, con sucesivas reconstrucciones, tanto islámicas como cristianas. Los musulmanes buscaron un lugar idóneo acorde con la nueva situación de la ciudad, que basculaba hacia Al-Hizam construyendo Alcántara en ese emplazamiento.

Hoy contemplamos un puente asimétrico, con una rasante que presenta una leve forma alomada sobre el muro. La calzada alcanza 90 m de longitud por 4,5 m de anchura media. Consta de dos arcos, el mayor de 28,40 m de luz, con una altura entre 23 y 24 m, el menor con 16 m de luz. En el lado contrario no cabe posibilidad de un tercer arco similar al menor, pues la lectura de los paramentos así lo demuestra: aquí debe darse como segura la idea premeditada de un gran muro de 45 m. Los dos arcos presentan formas apuntadas que aportan en el interior ligeras bóvedas de cañón apuntado.

La pila desde la que arrancan es rectangular, defendida por alargados tajamar y contrajamar triangulares muy apuntados. Se combina el aparejo regular en los arcos y mampostería concertada en la pila y en el resto del paramento. Toda esta parte pertenece a las obras bajo mandato del rey Alfonso X el Sabio y a las reparaciones del corregidor Gómez Manrique, exceptuando hasta los mechinales más bajos y la base de los tajamares que presenta un aparejo regular, con algo de soga y tizón, como uno de los elementos primordiales edificados por orden del califa Abd Al-Rahmán III o el conocido como Almanzor.

torre del puente de San Martín en la ciudad de Toledo

En el lado contrario y gracias a la forma del terreno pudo sustituirse el arco por un macizo muro, menos bello pero más resistente ante el Tajo. En este punto el cauce del río incide más sobre la parte de la pila, de ahí los grandes tajamares, e incluso se trabajó la roca entre ésta y la base de la torre para debilitar la fuerza de la corriente. En los paramentos de ambos lados alcanzamos a leer las sucesivas fases cronológicas, casi todas islámicas. Incluso pueden descubrirse distintos elementos romanos y visigodos reutilizados como sillares. Aquí conviven el aparejo regular, algunas apariciones de soga y tizón, la mampostería concertada y mampostería entre verdugada de ladrillo.

Además, se contemplan dos aristas similares a las que existen en el puente islámico de Guadalajara. La continuidad del espolón se rompe en el extremo exterior con un pasadizo de tránsito, abierto por un arco de herradura con 1,72 m de luz. También en el gran muro puede distinguirse lo que fue un pilar muy alargado, que fue inutilizado posteriormente al construirse un nuevo puente. En los extremos se levantan sendas torres-puerta, una exterior y otra interior que convierten al puente en un punto defendido fuertemente.

Por último, cabe señalar que justo debajo de la puerta construida en tiempos del rey Felipe V, descubrimos su forma, cercana a los 7 m de altura, con una anchura media de 4 m, que engarzan perfectamente con el gran muro. Los dos paramentos visibles muestran la tremenda robustez de la construcción, conservándose aún 14 hileras con aparejo regular, alternando en algunas de ellas la soga y el tizón que certifican, sin duda, una técnica claramente de época islámica.

Río Genil

meandro formado en el transcurso del río Genil

El río Genil, un largo río del sur de la península que nace en la llamada Sierra Nevada de la provincia de Granada, desemboca en el río Guadalquivir en la localidad de Palma del Río, provincia de Córdoba. Se trata del segundo río más largo de la actual Andalucía y el séptimo más largo de la península. El río Genil tiene una longitud de 359 km y puede decirse que nace a una altura de 1.846 metros sobre el nivel del mar. 

Plinio el Viejo ya mencionó en el siglo I la existencia del monte Solarius, situado en la zona fronteriza entre las provincias romanas de Hispania de la Bética y la Tarraconense. Durante la época visigoda, Isidoro de Sevilla habló del monte Solorio, derivado de mont Oriens, "monte en el que luce el sol antes de salir". Posteriormente, diversos autores islámicos lo mencionan, denominándolo unos Yabal Sulayr o Monte del Sol, otros Yabal Al-Tay o Monte de la Nieve y otros simplemente monte Sulayr. 

Los árabes finalmente lo transcribieron como Sinyil, Sanyil, Sannil y Sinnil, este último nombre que podría traducirse como Mil Nilos, poetizando este río en alusión a los numerosos afluentes que recibe el Genil de la llamada Sierra Nevada y que, en su confluencia con la vega de Granada, nada tenía que envidiar al río Nilo africano. Posteriormente se llamó Guadaxenil, para derivar a su forma traducida actual como río Genil cuya cuenca hidrográfica comprende parte de las provincias de Granada, Jaén, Córdoba, Málaga y Sevilla.

nacimiento del río Genil en las cumbres de Sierra Nevada

El río Genil nace de la unión de los ríos Real y Guarnón y otra serie de ríos de montaña más pequeños que conforman, en su conjunto, su cabecera. Más concretamente, el río tiene su origen en la laguna sita en la cara norte del Mulhacén que debe su nombre al sultán nazarí Muley Hacén, padre del sultán Boabdil. Éste, a su vez, recibe por la izquierda al río Valdeinfierno, y a partir de esta confluencia pasa a llamarse río Real. Al recibir poco más adelante al río Guarnón, que desciende por su margen izquierda, en el lugar donde se ubica la mina de la Estrella es cuando pasa ya a denominarse Genil. 

Las aguas del Genil provienen de las cumbres de los dos picos más elevados de Sierra Nevada (el Mulhacén a 3479 m siendo el pico más alto de la península, y el Veleta a 3396 m), y también la tercera altura de la Sierra Nevada, la Alcazaba, contribuye a través del Barranco de Lucía, primer afluente del río Real. Son numerosas las láminas de aguas que se encuentran diseminadas en las pequeñas cuencas glaciares situadas en las distintas vertientes de la alta montaña de Sierra Nevada. De hecho, no es raro encontrar hielo a lo largo de todo el año, sobre todo si ha sido un año bueno de nieves. 

Durante el deshielo pueden admirarse espectaculares paisajes, tanto de las chorreras de su parte alta, como de los distintos túneles de nieve en su descenso. Existen numerosos arroyos en esta zona y justo antes de encontrarse con su primer embalse, el embalse de Canales, recibe por la margen derecha al río Maitena, que proviene del paraje conocido como Lavaderos de la Reina. En general, capta aguas de la vertiente norte de las cumbres más elevadas de Sierra Nevada y de gran parte de la llamada Divisoria de Mares de los tresmiles. El Genil después atraviesa Pinos Genil y recibe al río Aguas Blancas por su margen derecha. 

curso del río Genil entre montañas andaluzas

Tras atravesar el término de Cenes de la Vega, el río entra en la ciudad de Granada por su flanco sureste. En el paso de este río por Granada destacan los llamados Jardines del Genil y la presencia del mayor afluente del Genil, el río Darro, en cuya confluencia se puede ver el llamado Puente Romano aunque, por los materiales y forma de colocación, se cree que data del siglo XII y que quizá fue elevado sobre restos anteriores. Este puente hermanaba la zona norte y el sur de la región, es decir, lo que era la localidad musulmana con la ribera del Violón, el palacio de recreo Alcázar Genil y todas las huertas de la vega en este lado de la ciudad.

Actualmente, este puente representa la unión natural de las comarcas de los Vergeles y Alminares con la zona central de Granada, de forma que con el Puente Verde y el Puente del Camino de Ronda forman un espectacular trío de puentes que unen los polos de la ciudad. A su paso por esta zona, el río Genil discurre entre frondosas alamedas, deliciosas huertas y magníficos paseos, luego de un curso de unas 8 leguas por una profunda y estrecha garganta. Dejando atrás la capital nazarí, el Genil atraviesa en sentido este-oeste toda la depresión de Granada, cuyo espacio central es la cuenca sedimentaria regada por el río y sus afluentes que han permitido el desarrollo de una agricultura altamente productiva desde muy antiguo. 

Cuando se despide de la capital, el río parece más pequeño de lo que es y esto es debido a los canales acuíferos que se nutren de su caudal y que forman parte importante de toda la región de la vega de Granada, a través de un laberinto de surcos trazados por los pobladores musulmanes y que fertiliza choperas, huertas y jardines. El Genil también llegó a mover cuantiosos molinos de granos para proveer de harinas a la región, suministrando a su vez abundante pesca y anguilas, que eran escasas pero exquisitas. A su paso pueden verse explotaciones agrarias ya sean olivares, cultivos en regadío o secano así como espacios adehesados.

situación de la cuenca del río Genil respecto al Guadalquivir

También el río Genil pasa por el núcleo de Fuente Vaqueros (localidad natal del poeta García Lorca) y en el extremo oriental de la depresión del río se abre paso en dirección a Loja, a través de un pasillo que forma una zona intermedia entre los cursos alto y bajo. Aquí se encuentran los llamados Infiernos de Loja y recibe las aportaciones del río Frío y el río Pesquera. Poco después aparece el mayor embalse en Andalucía situado en la localidad de Iznájar. El Genil entonces marca el límite entre las provincias de Málaga y Córdoba y un poco más adelante entre las de Córdoba y Sevilla abriéndose paso hacia la campiña. 

Nos encontramos entonces ante el cuarto y último embalse del Genil. Ambos fueron declarados paraje natural por su importancia al alojar a numerosas aves durante sus vuelos migratorios. Cabe señalar que el caudal del río Genil, durante el período de Al-Ándalus, no era lo que es en la historia contemporánea. De tal manera que, según crónicas de entonces, aquel era un río caudaloso, muy valorado y de gran importancia. En época andalusí, árboles, frutos y flores se mezclaban con el agua en una simbiosis difícil de separar, puesto que todos ellos dependen del agua para su subsistencia.

Por esta razón, con mucha frecuencia jardines y huertos estaban situados a orillas del Genil, en que se reflejaban y se mezclaban los árboles y las plantas, formando con ellas hermosas combinaciones metafóricas. Podemos verlo en los versos de Hamda Ibn Ziyad Al-Muaddib, durante el siglo XII, quien fue una poetisa natural de Guadix más conocida como Hamduma. Ella se refiere al Genil donde se bañaban unas amigas, estableciendo una bella contraposición "Las lágrimas han descubierto mis secretos, junto a este río donde la belleza deja evidentes huellas. Arroyos que rodean los jardines, jardines que bordean los arroyos".

discurrir del río Genil a su paso entre olivares

También aparece este río en otro poema recogido por Al-Nubahi en la Marqaba al-'Ulyà donde se hace una descripción de la Granada nazarí y podemos leer "¡Oh jardín, con las estrellas de tus flores apareces vestido de deslumbrante belleza! En medio de ti, el río desenvaina blancas espadas, como canas que salen de la raya entre negra cabellera. Cuando va raudo por entre el verde, lo imaginas brillante de hermosura como la Luna, refulgente como relámpago; como si el susurro del agua al tropezar con las piedras, lágrimas fueran de afligido y suspiros de enamorado". 

Casi todo el tramo del río Genil, tras el cuarto embalse, tiene hoy un relieve abrupto de carácter accidentado y quebrado con pendientes. La erosión modeladora del relieve se debe al río, que en este sector de su curso se encuentra muy encajado en los materiales que atraviesa, formando un valle estrecho y abarrancadas vertientes. El resto del curso bajo transcurre por paisajes suaves de las campiñas cordobesa y sevillana a través de campos de cultivo recorriendo Benamejí, Puente Genil, Isla Redonda-La Aceñuela y Écija, donde los romanos ya establecieron un puerto fluvial con fines de traslado del aceite y cereales provenientes de la campiña hacia Córdoba y Sevilla

Aunque hoy ya no existe este puerto ni tampoco el Genil es navegable, en Écija la ribera del río constituye un bonito parque arbolado que refresca las calurosas noches de verano. En su último tramo, sus aguas forman parte junto con las de su afluente Cabra, del actual sistema de regadío Genil-Cabra que abastece una amplia zona regable entre las dos citadas provincias. El río Genil, finalmente, desemboca en la localidad de Palma del Río adentrándose en el Guadalquivir

el río Genil atravesando un valle en la provincia de Málaga

Cáceres. El Baluarte de Los Pozos.

visión frontal del Baluarte de los Pozos en Cáceres

El denominado Baluarte de los Pozos es un conjunto formado por varias construcciones del siglo XII durante la vigencia del imperio almohade en la ciudad de Cáceres. Se trataba de una prolongación de la muralla de la alcazaba y estaba defendido por dos torres principales: la Torre de los Aljibes, de la que prácticamente sólo se conserva una parte, y la Torre de los Pozos, también conocida popularmente como Torre del Gitano.

Al conjunto de las dos torres se añaden una casa típica y un jardín-mirador. La casa, de dos plantas, acoge actualmente una exposición de maquetas de los edificios más llamativos de la ciudad y reproducen la arquitectura civil, religiosa y militar del casco antiguo, con obras del famoso artista cacereño Eusebio Salgado, entre otros. En cuanto al mirador, se trata de un espacio rehabilitado de unos 550 m2 con césped y ubicado en la parte superior con acceso desde la Torre de los Pozos.

Desde la azotea o jardín-mirador, a seis metros de la barbacana (estructura defensiva situada sobre la muralla) se obtienen las mejores vistas de la ribera del Marco, la Fuente Concejo, el barrio de San Marquino, parte de la muralla o el santuario de la Virgen de la Montaña. Lateralmente son visibles la Torre Albarrana o de Hernando Pizarro y el olivar de la Judería, a sus pies. Durante las noches de verano, este jardín del Baluarte se convierte en escenario de exposiciones y eventos culturales, desarrollando actividades de diverso tipo con el objetivo de revitalizar el entorno de la Judería.

Baluarte de los Pozos, mirador y olivar de la Judería

Cuenta la leyenda que durante el dominio almohade vivía en el alcázar de Cáceres un cadí con su hija Jasmina. Esta joven, en uno de los asedios cristianos a la ciudad, se enamoró de uno de los guerreros enemigos que vio desde una de las ventanas del palacio. Contactó con él y con ayuda de su sirvienta escapaba del palacio a través de un pasadizo. Una vez fuera de la muralla, Jasmina se dirigía desde el aljibe -hoy Cisterna de San Roque- hasta el arroyo para allí reunirse con el joven. 

Sin embargo, el soldado cristiano aprovechó una de estas salidas para seguirla hasta la entrada del pasadizo y, una vez dentro, los cristianos no tardaron en tomar la ciudad. Cuando el cadí pidió el nombre del traidor Jasmina no tardó en confesar su culpa y, acto seguido, se lanzó por un balcón del palacio. Dicen que antes de caer se convirtió en una gallina de oro y que, en las noches de San Juan, se aparece en Fuente Fría. Otra teoría sugiere que la joven Jasmina bajó al aljibe y se durmió para siempre en la profundidad de sus aguas.

El pasadizo, que supuestamente comunicaba el alcázar almohade con el flanco oriental del cinturón amurallado de Cáceres, recibía el nombre de Mansaborá o Mansa Alborada, tapiado según la propia leyenda tras la caída de la ciudad, con Jasmina convertida en gallina de áureo plumaje, y cuya existencia nunca se ha podido demostrar, a pesar de descubrirse en el subsuelo del Palacio de las Veletas, surgido donde se erigía el antiguo alcázar, la entrada cegada a un desaparecido túnel, y de poderse vislumbrar una entrada a la muralla igualmente cegada cuya portada aparece abierta a los pies de la Torre de los Pozos.

Cisterna de San Roque a los pies del Baluarte de los Pozos

Es decir, a camino entre la crónica histórica y la leyenda se ubica el capítulo que narra la reconquista definitiva de la ciudad por parte de las tropas cristianas, capitaneadas por el rey Alfonso IX de León, llevada a cabo en abril del año 1229 siguiendo sus planes militares decididos a desplazar la frontera político-religiosa hacia el sur, hasta alcanzar las vegas del río Guadiana y así incorporar a su reino las tierras ubicadas al norte de este río.

La Torre de los Pozos está situada en el ala oriental de la muralla y la torre se eleva 14 m desde su base y sobre un espolón rocoso con antiguos sillares de época romana. Dicen que era la más bella de las torres de la espléndida fortaleza y estaba conectada con la torre vecina y con la muralla por diversos muros con los que formaba un espacio trapezoidal que se extendía en dirección al arroyo del Marco, fuente principal de abastecimiento de agua. Esta torre, en definitiva, da nombre a la torre de base más grande y alta de la parte antigua de la ciudad de Cáceres, asentándose sobre enormes crestones de cuarcita. 

Esta torre está adelantada con respecto a la muralla y, por sus características, bien la podemos definir con rigor como una torre albarrana. Su espigón comunicaba con un pequeño rellano desde el que se podía acceder tanto a la estancia cubierta con cuatro bóvedas de arista y arcos fajones, como a la escalera de subida al terrado. Se encontraba unida a la muralla por un paso albarrano de 26 m de longitud, desaparecido en su mayor parte al ser engullido por las posteriores viviendas y su planta trapezoidal está cercana al rectángulo. 

lienzo este de la muralla con su principal Torre de los Pozos

Desaparecido el acceso a esta Torre de los Pozos por el mencionado paso albarrano, la entrada actual se lleva a cabo por el portillo del flanco sur, dando acceso al interior de la torre y a su terraza superior o jardín-mirador. La cámara del interior de la torre está cubierta, como se ha dicho, por bóvedas de aristas apoyadas en una columna formada por tres tambores graníticos de 1,84 m de altura. 

Esta Torre de los Pozos fue decorada con complejos elementos ornamentales poco comunes en la arquitectura militar peninsular de Al-Ándalus y aún pueden verse estos diseños en forma de estrellas de ocho puntas o inscripciones con caracteres cúficos, creyéndose que podían tener un objetivo propagandístico. De hecho, la singularidad de la Torre de los Pozos estriba en que conserva esos esgrafiados tan valiosos en sus caras norte y este, al tratarse de uno de los escasos elementos artísticos de fábrica hispano-musulmana que conserva la ciudad y por constituir un legado histórico incomparable.

En el epígrafe de caligrafía cúfica andalusí los expertos intuyen la alabanza religiosa "Allah es nuestro señor", apareciendo también -como se ha dicho- dos estrellas de ocho puntas en su cara oriental y frontal así como falsos sillares y lágrimas. Varios metros debajo del esgrafiado también puede verse una cinta anudada, encasillando el falso sillarejo, procedente muy posiblemente de la decoración a base de cintas de mortero de cal que, en su momento, pudo cubrir la casi totalidad de los lados de la torre, haciéndola brillar al sol.

espolón rocoso bajo el Baluarte de los Pozos en Cáceres

Las únicas inscripciones de carácter oficial que se han identificado en arquitectura castrense andalusí son de carácter fundacional, nunca religioso. Precisamente, en la Torre de los Pozos se documenta uno de los primeros ejemplos conocidos de epigrafía religiosa en una obra militar. Si consideramos en su conjunto todos estos motivos de exorno, la torre en cuestión se nos revela como un muestrario de representaciones propagandísticas de una dinastía que ha de buscar su razón de ser y legitimidad en la yihad o guerra santa. 

El paralelo más claro de este programa ornamental se constata en las torres de flanqueo de Bab Rwah, una de las más espectaculares y significativas portadas monumentales erigidas en lo que se proyectó en Rabat, como nueva capital del imperio. Pues, al igual que en el caso cacereño, los encintados dignifican el aparejo constructivo enriqueciéndolo con diversos motivos de exorno, algunos muy parecidos a la estrella de la Torre de los Pozos, y varias inscripciones de carácter coránico. Así, pueden leerse frases como "La felicidad pertenece a Allah" y también "Bendición", en términos de protección divina. El contenido de tales inscripciones, incluida la de Cáceres, tendría además un marcado carácter profiláctico.

Por otra parte, bajo este Baluarte de los Pozos se encuentra la llamada Cisterna de San Roque, donde se almacenaba el agua para abastecer a la población de Cáceres. Por esta razón, la Torre de los Pozos y la Torre de los Aljibes fueron levantadas para proteger a la ciudad, su acceso a la ribera del Marco y a la cisterna que estaba justo debajo del Baluarte. Los cristianos oprimidos habían intentado, en distintas ocasiones, envenenar el agua almacenada en ella, en rebelión contra los gobernantes musulmanes. 

vista nocturna de Cisterna y Baluarte

La Cisterna de San Roque podía albergar hasta 130 m3 de agua y, desde la parte baja del frontal del Baluarte, sobresalía el pasadizo fortificado que llegaba hasta la misma cisterna y permitía así recoger agua de una forma segura sin tener que abandonar para ello la fortaleza. Se trataría del final del supuesto trayecto que la joven musulmana Jasmina recorría en sus salidas hacia el arroyo para encontrarse con su amante.

La Cisterna se trataba, por tanto, de un gran aljibe que se encuentra conservado en buen estado y cuyo almacenaje acuífero habría dictaminado el propio diseño del entramado hidráulico y defensivo del Baluarte. Posiblemente esta Cisterna se nutre de aguas subterráneas que afloran en esta zona de la ciudad, como sucede en otros múltiples lugares del casco urbano gracias a la profusión de zonas calizas, tomándose las mismas a través de dos brocales que, en la parte baja de las torres, afloraban en una terraza fortificada. Aún hoy siempre tiene agua, aun en períodos de estiaje.

En cuanto a la otra torre principal, la Torre de los Aljibes, se trata de una torre albarrana situada a unos metros junto a la esquina sur del lienzo de muralla y cierra el lado oriental del Baluarte. Un recorrido por el adarve del mismo, coronado con seis merlones, conduce hasta el paso albarrano que unía la Torre de los Aljibes al baluarte, manteniéndose hoy en día tan solo este pasillo, cerrado como si de una menuda torre de flanqueo se tratara, así como la base de la atalaya.

restos del Baluarte de los Pozos entre las torres y la Cisterna

En la actualidad, por desgracia, sólo se conserva una pequeña parte de la Torre de los Aljibes al encontrarse en estado de ruina. Hoy en día vemos el muro con que los cristianos forraron el lienzo almohade previo, con diez merlones coronados en albardillas piramidales. Fuera de la muralla, en la parte baja del terreno, junto a la Cisterna de San Roque, se cree que hubo otra torre más pequeña, de la que sólo quedan restos de sus cimientos y es conocida como Torre Coracha. 

La demolición de varias viviendas construidas a los pies del Baluarte de los Pozos permitió descubrir no sólo los cimientos de la casi desaparecida Torre Coracha de la que se intuía su existencia, sino además recuperar la cisterna olvidada y averiguar el uso del portillo que aún se conserva, así como trazar los planos del entramado hidráulico que forma el Baluarte, diseñado por los mismos arquitectos de época almohade que habían rediseñado y reforzado el sistema amurallado cacereño.

Cabe recordar que la ciudad de Cáceres en época almohade se encontraba rodeada por una enorme muralla en la que se podían contar hasta veinte torres albarranas, siendo la mayor estructura con la que hoy cuenta la ciudad medieval, un bastión con los elementos defensivos más avanzados de la época. Este conjunto fortificado estaba dividido, a su vez, en tres zonas: la alcazaba o residencia del gobernador, el albacar que era el recinto para reunir a las tropas y refugiar a la población y la medina, que se correspondía con la ciudad almohade.

salida de la Torre de los Pozos al jardín-mirador

En resumen, la muralla de Cáceres, contando con 1,1 km de perímetro y 8,2 hectáreas intramuros, conserva aún siete de sus torres albarranas y la más adelantada de ellas forma este Baluarte de los Pozos, llevando su mismo nombre y -sin ninguna duda- debió de ser simbólica para los almohades debido a su cuidada decoración exterior. Tras la reciente restauración llevada a cabo en el Baluarte ya es posible observar las almenas recuperadas de la Torre de los Pozos, que confieren al lienzo este de la muralla la robusta presencia que siempre debió tener, ya que no en vano desde allí se protegía el acceso al agua, ese bien tan preciado.

Quizás algún día un nuevo descubrimiento permita seguir escribiendo nuevos capítulos sobre la naturaleza de este monumento, así como sobre la historia de la ciudad de Cáceres, quedando hasta entonces viva la leyenda que, desde siglos atrás, circula incansable entre los habitantes de la ciudad formando parte inseparable de su cultura y de su tradición más querida.

Cáceres. Aljibes en la ciudad monumental.

aljibe almohade en la ciudad monumental Cáceres

En el tercer conjunto monumental de Europa, en el fascinante recorrido por la llamada parte antigua de la ciudad medieval de Cáceres, en el alto barrio de San Mateo y bajo el subsuelo del actual Palacio de las Veletas, aún podemos contemplar el magnífico aljibe almohade del siglo XII, en perfecto y asombroso estado de conservación, a pesar de ser el aljibe más antiguo de la ciudad extremeña. 

Este aljibe fue excavado, en parte, en la roca natural de pizarra del mismo cerro en el que se levantó el alcázar de la ciudad. Se trata de un aljibe de planta irregular y ocupa, aproximadamente, 15 metros de largo por 10 m de ancho. Pueden aún admirarse los 16 arcos de herradura, sustentados por 12 columnas, algunas de origen romano y reaprovechadas, que forman las cinco naves de bóveda de cañón peraltado de que consta esta extraordinaria construcción. 

aljibe bajo el suelo del Palacio de Las Veletas, Cáceres
 
Aunque se hayan barajado varias hipótesis de su utilidad, como el uso para baño o mazmorra, su finalidad principal sin duda era la de servir de almacén del agua de lluvia, pues con toda seguridad el alcázar almohade de Cáceres durante el siglo XII abarcaba tanto el espacio del actual Palacio de las Cigüeñas como el solar de este mismo Palacio de las Veletas. 

Puede considerarse que este es el aljibe más importante y mejor conservado de toda la península, y por ende de todo Al-Ándalus. Tanto por sus dimensiones como por su estructura, este aljibe cacereño no tiene igual y es seguido en conservación por el de Constantinopla, en la actual ciudad de Estambul. 

Otro aljibe de época islámica que puede verse en la ciudad monumental de Cáceres posee menores dimensiones que el ya citado, pero también se encuentra gratamente conservado estando ubicado en la cripta de la actual iglesia de San Francisco Javier, también conocida como Iglesia de la Preciosa Sangre. No cabe duda que guardar agua en estos recintos era algo primordial para la ciudad.

aljibe bajo la actual Iglesia de la Preciosa Sangre, Cáceres

Este aljibe data del siglo XII, al igual que el ya citado del Palacio de las Veletas, presentando arreglos de épocas posteriores y cuya última obra de reconstrucción ha acondicionado el aljibe para poder ser visitado. Esto puede llevarse a cabo desde el año 2009, a través de unas pasarelas sobre el nivel del agua y habiendo sido acondicionado con distintas luces que iluminan las columnas que mantienen la bóveda.

Por otro lado, no lejos del que fuera el alcázar almohade y como otra ayuda más para mitigar el posible problema de abastecimiento de agua en esta ciudad, destaca el baluarte que componen las llamadas Torre de los Pozos y Torre de los Aljibes que formaron entre ambas lo que hoy se conoce como Baluarte de los Pozos. Todavía hoy podemos observar cómo ambas torres albarranas sobresalen del recinto amurallado almohade en su flanco oriental y miran ambas hacia el río que discurre a unos doscientos metros.

aljibe bajo iglesia de San Francisco Javier

Río Guadalquivir

el Guadalquivir en su transcurso por la sierra de Cazorla

El Guadalquivir (del árabe الوادي الكبير al-wādi al-kabīr, el río grande) recorre gran parte de la región de la actual Andalucía. Desde la antigüedad se ha situado su nacimiento en la sierra de Cazorla y su cuenca hidrográfica abarca territorios de las provincias de Almería, Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva, Cádiz, Málaga y Granada, es decir, las ocho provincias andaluzas así como territorios de Murcia, Albacete, Ciudad Real y Badajoz. 

El Guadalquivir encierra en su cauce historia, pasión y vida, siendo la gran referencia de la región de Andalucía. De las aguas del Betis de los romanos y del Río Grande de los árabes han bebido campos y gentes y desde siempre han manado leyendas. Una fractura en el terreno de casi 700 km ha sido y sigue siendo el alma y la esencia del sur. Se trata del quinto río por longitud de la península ibérica y en su recorrido por la región de Andalucía de este a oeste, atraviesa las que fueron importantes ciudades en la época islámica como AndújarCórdoba, SevillaCarmona.

el Guadalquivir y campos de labor y monte

Desde la época tartésica pre-romana este río fue conocido como Betis, variando de nombre a partir del califal siglo X. Aunque los musulmanes fueron relativamente respetuosos con los nombres locales, cuando se estableció la capital omeya en Córdoba el río fue llamado Nahr Qurtuba o río de Córdoba.​ No obstante, en el siglo XI, la fitna revolucionaria hundió el califato y este nombre empezó a declinar por lo que pasó a ser llamado de nuevo río grande o al-wādi al-kabīr.

Al-Kabir proviene de un fenómeno hispano-árabe conocido como la imàla, que convierte en Kabir a Kibir. Cuando el rey castellano Fernando III el Santo entra a Sevilla en el siglo XIII, tras larga batalla de asedio, el río ya es conocido como Guadalquebir o Guadalquibir. Curiosamente, el geógrafo Al-Idrisi, en su mapamundi del año 1154, nombra a este gran río como Nahr Agtam. Por otro lado, otros autores árabes como Ibn Abd al-Rabinni o Ibn al-Jatib lo llamaban Nahr Isbiliya (río de Sevilla).

río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba y Torre de la Calahorra

Desciende el Guadalquivir de la sierra de Cazorla, esquivando a Baeza y Úbeda y alejándose de Linares. A la ciudad de Jaén parece que la olvida, cortejando a Andújar y sigue camino por Montoro hasta cruzar Alcolea del Río y ganar así la ciudad de Córdoba, dejando la Torre de la Calahorra y la mezquita aljama a la vista. Al atravesar la ciudad de Córdoba este río recibe por la izquierda al Guadajoz. 

Gerardo Diego escuchó en el Guadalquivir la perenne canción políglota del agua a su paso por la capital omeya "Canta que canta el Betis su sempiterna copla / en latín y ladino y rabino y arábigo". En Almodóvar del Río recibe por la derecha al río Guadiato y cuando pasa por Posadas recibe también por la derecha al río Bembezar. Tierras viejas pueblan estos terrenos repletos de campos de olivar y vides. 

En una también vieja y aislada roca se encuentra el castillo de Almodóvar del Río. A la obra de fábrica musulmana, con barbacana completa y torres cuadradas, se añadieron otras mayores en la época cristiana posterior. Cabe señalar a su Torre del Homenaje, torre albarrana hacia el lado del río donde fue muerto Don Fadrique (primer duque de Benavente a finales del siglo XIV, hijo bastardo del rey Enrique II de Trastámara), así como el baezano Abd Al-Allah Al-Bayyasi quien huía de los suyos por haber rendido sin presentar batalla varios castillos al rey Fernando III el Santo

castillo de Almodóvar del Río

Los de la fortaleza no le abrieron las puertas y le capturaron sus perseguidores ante la muralla. Y es aquí donde se cree que guardaba sus tesoros el más sevillano de los reyes castellanos, Pedro I el Cruel. Esta tierra es regada por el Pantano de Breña y los mil y un pozos del término. No se sabe desde cuando, pero desde siempre aparecen en su paisajes huertas, naranjos, algodón y ganado de lidia. 

Monte arriba, verde y piedra pizarrosa, la sierra de Hornachuelos. Es el reino de la encina, el árbol de Zeus que cantara Góngora. Se extienden los encinares por todo el paisaje y sus bellotas sirven de alimento a todo cerco ibérico y caza mayor que de ellas se alimentan. En su paisaje también habita el lince y apura su afán de resistencia el toro de lidia. Llegamos a Palma del Río, con alma cordobesa, siendo balcón sobre Sevilla y cuyos rasgos se traslucen en el caserío proclive al ladrillo, la azulejería y el color ocre.

unión del Genil y el Guadalquivir a la altura de Palma del Río

Se embriaga con el azahar de sus naranjales y tiene el privilegio de asistir al abrazo geográfico que se dan, a la sombra de sus murallas almohades, los dos grandes ríos andalusíes ya que en Palma del Río el Guadalquivir recibe a los ríos Retortillo, por la derecha, y al río Genil por la izquierda, siendo éste último el séptimo río más extenso de la península.  Por Peñaflor, el Guadalquivir ya corre por terreno sevillano, divagando por la llanura aluvial.

El discurrir del agua se hace perezoso para entrar por Lora del Río, en una alameda de la margen derecha de la corriente, entre campos de algodón y girasoles. Ya desde el imperio romano era conocida esta localidad por su excelente cultivo de aceituna y el tráfico fluvial, pero se conoce poco de la Lora en época andalusí. Durante esa época se fortificó el castillo y construyeron las murallas siendo conocida como Al-Lawra, debiendo ser conquistada por el rey Fernando III el Santo para entregarlo después a los caballeros de la Orden de San Juan.

atardecer sobre el Guadalquivir a su paso por Lora del Río

Poco después, se arrejunta un afluente más cuyas aguas proceden en una fantástica concentración de grutas en un salto llamado Charco del Infierno. Empuja con fuerza el Guadalquivir aguas amarillas a las que van asomándose pueblo a pueblo como amigos del camino. Los áridos rojos de las tierras fluviales suben hasta Los Alcores, el bastión rocoso que domina la gran campiña. Carmona brilla en lo más alto, como el lucero de la aurora tal cual dice su lema. Se trata de una de las ciudades más grandes de la historia andalusí; cultura y libertad se escriben en ella con letras mayúsculas de un pasado milenario. 

Por los barrios del arrabal calles largas que convergen en el paseo y la conocida como Giraldilla o campanario de San Pedro, por su semejanza con La Giralda de Sevilla. La Puerta de Sevilla o Alcázar de Abajo abre el camino de la ciudad antigua, limpia y blanca, que amurallada por tartesos, turdetanos y cartagineses tomó su forma definitiva bajo dominio romano, cercándose de muros y puertas. Fue conquistada por el rey Fernando III a mediados del siglo XIII. Durante el posterior reinado del rey castellano Pedro I el Cruel, Carmona fue una de sus ciudades residenciales favoritas por lo que dotó de mejoras a este alcázar musulmán dejando para la posteridad también su nombre en el Alcázar de Arriba.

Alcázar de abajo y Puerta de Sevilla en la ciudad de Carmona

La Carmuna árabe sostuvo siempre cierta independencia respecto a Córdoba y Sevilla hasta que en el siglo XI, convertida en bastión de rebeldes de todo signo proclamó su propio estado amparada en la belicosa fortaleza de los bizalíes que reforzaron la muralla y levantaron alcázares. La familia bereber de los Banu Birzal, perteneciente a la dinastía zenata, encabezada por Abd-Allah Ibn Ishaq se hizo con el poder de la kura provincial de Carmona y de la kura de Écija, expulsando a los gobernadores omeyas que las regían, proclamando su independencia y originando el reino taifa de Carmona en 1013, cuya capital se situó en la misma Carmona.

Alrededor, la enorme vega. Al sur, el Viso del Alcor y más allá Mairena, a la sombra de su castillo de Luna, rica en manantiales del agua que brotaban de toda la ladera de Los Alcores. Aparece Alcalá de Guadaira en los confines de la gran ciudad, con sus molinos de agua, mudéjares en su mayoría, que fueron santo y seña de la época y del lugar cuyo origen dejaron marcado. Durante siglos abasteció de bollos, albardas y molletes la hambruna de la corte, siempre a la sombra protectora de su alcazaba almohade, una de las más extensas de la península. Junto al río otra alcalá, Alcalá del Río, se queda atrás.

vista de la alcazaba en Alcalá de Guadaira

A partir de aquí comienza el valle bajo del curso fluvial y se convierte en ría por la influencia de las mareas. Último puerto del río Betis al que, según documento de época romana, llegaban naves de un importante calado. A la vista, Santi Ponce, donde anteriormente se encontraba la romana Itálica. Entra el Guadalquivir en Sevilla despacio, como perezoso, aún a 100 km del mar y aquí sus aguas se hacen puerto cambiando sal y mareas por agua dulce ante la majestuosa Torre del Oro, emblema propio del río.

Construida por los almohades para la mayor protección de la ciudad controlando su paso, esta Torre del Oro estaba unida a otra torre, de similares características, en la otra orilla mediante cadenas. Nacida del río, bien pudiera llamarse así la capital sevillana, pues gran parte de su importancia histórica surge de la posición ante la magnífica corriente llamada sucesivamente Tartesos, Betis y Guadalquivir. "Arenal de Sevilla, Torre del Oro, azulejo a la orilla del río moro. Azulejo bermejo, sol de la tarde, no mientas azulejo que soy cobarde", como dijera Rafael de León. 

Una ciudad, Sevilla, que acecha largos ritmos y los enrosca como laberintos, como tallos de parra encendidos como dijo el poeta. El Guadalquivir pasa por el lado oeste de la ciudad de Sevilla. El río se encuentra el puerto de Sevilla en su lado este y, al final de la dársena, existe un tapón de tierra en el barrio de San Jerónimo. La isla de la Cartuja en la misma ciudad, es en realidad un profundo meandro del Guadalquivir que fue lugar de alfares en época andalusí. Sevilla asimismo está llena de puentes, uniendo la ciudad a su historia y al futuro. 

la Torre del Oro de Sevilla a los pies del Guadalquivir

El barrio de Triana, frente al resto de la ciudad de Sevilla, era conocido en época andalusí como Ma-Wara-Fnahr y, desde siempre, Triana ha estado unida estrechamente a la actividad cerámica y fluvial. El río estaba lleno de actividad. Existían ordenanzas para reglar dichas actividades como el transporte de personas o mercancías, e incluso ordenanzas para preservar las aguas de la contaminación y embellecer la ribera. Una figura fundamental era el barquero y, en las proximidades de las puertas que daban al Guadalquivir, existían embarcaderos donde se podía encontrar transporte.

Principalmente el recorrido en barca era para cruzar de Sevilla a Triana o viceversa, a falta de puente. Cuentan las crónicas que "al caer la noche, los isbiliyíes menos observantes de los preceptos coránicos cruzaban el Kabir en barca hasta madinat Al-Taryana para visitar las tabernas cristianas donde se bebía el vino del Al-Xaraf". En el año 1171 se construyó el Puente de Barcas que unió Sevilla y Triana, facilitando así el paso al Aljarafe y fue inaugurado por el califa Abu Yacub Yusuf con gran solemnidad.

El río sigue su curso y prende el olivo en el suelo rojizo del citado Aljarafe, siendo una familiar trastienda de Sevilla donde la ciudad se encuentra con el campo. Este lugar está poblado por viñas, olivo, frutales, agua abundante y gentes de bien, viviendo en blancos caseríos entre campanarios mudéjares, como por ejemplo en Olivares. Prosigue el río por la comarca del Aljarafe donde deja a la derecha Camas, San Juan de Aznalfarache y Gelves. 

vista de la cuenca del bajo Guadalquivir

Sanlúcar la Mayor se asoma al valle del río y al horizonte abierto de la tierra llana que se pierde hacia la provincia de Huelva. Conocido antes como Sanlúcar de Alpechín, por su condición aceitera, es un pueblo de larga historia y experimentó su apogeo cuando el imperio almohade la dotó de un extenso perímetro amurallado y después, con el gobierno cristiano, se vio beneficiada de un buen abanico de iglesias mudéjares.

En San Juan de Aznalfarache los almohades convirtieron el edificio existente en un palacio fortificado y entre sus muros celebró el califa almohade Abu Yacub Yusuf (con residencia en su capital, Sevilla) su victoria de Alarcos (Ciudad Real) sobre el rey Alfonso VIII en el año 1195. Y justo a la orilla del Guadalquivir, Gelves descansa sobre El Alfaraje, que es villa también histórica con un actual puerto deportivo de embarcaciones de recreo. 

el Guadalquivir y sus afluentes en tres CCAA de la península

Aznalcázar es la frontera limítrofe entre la meseta y el territorio marismeño del río. El Guadalquivir, en esta zona, recibe por la izquierda al río Guadaira a la altura de esta localidad de Aznalcázar, que en época musulmana se llamaba Hisn al-Qasar y es que esta localidad fue capital de uno de los cuatro distritos jurídicos en los que estaba dividida la comarca del Aljarafe. Su nombre Aznalcázar, que deriva del árabe, significa Fortaleza del Alcázar, siendo el último escarpe que domina el valle del Guadiamar, alimento de la marisma. 

El Guadalquivir recorre Coria del Río, antes romana. Ante la arboleda del paso ribereño se mecen las barcas de pesca con sus artes al aire en medio del trasiego entre una y otra orilla, de animales y personas, así como carretas romeras. El caserío blanco de La Puebla se asoma al río encaramado en una colina. Desde este lugar se ven los barcos pasar rumbo al puerto de Sevilla o camino de la mar. Los Palacios y Villafranca, en sus alrededores, se concentra un impresionante catálogo de cortijos y haciendas de diversos estilos, que en su conjunto conforman un auténtico tesoro de la arquitectura rural de la baja Andalucía.

campos y cortijos en la arquitectura rural de la baja Andalucía

En el corazón de la vega, entre suaves cerros, aparecen las tierras de labor y los olivares de la campiña. Llegamos a Utrera, con su castillo almohade siendo a su vez patria de bandoleros. Aquí en los campos de Utrera empezó la cría del toro bravo, en los valles que dibuja el río, y allá por el siglo XIII apareció la casta de Vistahermosa, el origen de las ganaderías que hoy pueblan los llanos de Utrera, las marismas y la campiña. Dueños de las dehesas, los toros enseñorean el paisaje.

El Pantano de la Torre del Águila y el complejo de Utrera atesoran aguas, con las lagunas de Zarracatín, Arjona y Alcaparrosa. Utrera cuenta en su interior con un castillo, situado en un cerro natural que comenzó como una torre de defensa y protección en el año 1253, según el Libro de Repartimiento de Sevilla y sus tierras. Este castillo fue destruido en el año 1368 tras la invasión de la villa por las tropas del sultán nazarí Muhammad V de Granada

torre andalusí en el castillo de Utrera

A esta altura del río Guadalquivir los cerros ceden ante los regadíos ganados al territorio de la marisma y así hasta Lebrija donde esteros y aguazales son una misma porción del término. El blanco caserío crea recuerdos gaditanos, asentado en torno a un cabezo hasta donde ya llegaron las antiguas naves del Lago Livustino, aquel estuario abierto al mar que frecuentaron los tartesos y comerciaron también los fenicios. 

Las marismas, con la brisa del sur avisando de su llegada, anuncian aquellas soledades donde algunas crónicas antiguas localizaron el Jardín de las Espérides, las praderas donde pastaban los bueyes del mítico rey Gerión. La llanura se hace inabarcable, bajos de arena, barros, manchas de campo salitroso, leguas de ciénaga, cauces lentos de agua plateada y brillante. El paisaje es el protagonista, la belleza del lugar resulta cotidiano y aquí la naturaleza manda. 

vista de marismas al paso del Guadalquivir

Tierra adentro se ahonda el coto del Parque Nacional de Doñana, llamado así por Doña Ana, esposa del VI duque de Medina Sidonia, que estuvo perdida entre las selvas del Guadalquivir bajo. El duque castellano había ordenado construir en el año 1585, en medio de un alcornocal, un modesto edificio para remedio de su esposa, hija de la princesa de Éboli. Después este lugar se amplió para la visita de Felipe IV en sus frecuentes cacerías. Otra duquesa de nombre Cayetana, la XIII duquesa de Alba, estuvo residiendo en Doñana una temporada junto a Francisco de Goya, su pintor favorito.

Junto a las ruinas de una factoría romana de salazón, siendo éstos los confines de Europa, encontramos las marismas, caños, brazos, encinas, pinos, alcornoques, matorrales, formando uno de los rincones más mágicos del continente. Los caminos marismeños llevan hasta el actual santuario de la Virgen del Rocío. En Almonte se venera a la blanca paloma y parece ser que fue el rey Alfonso X el Sabio el que ordenó construir la ermita en este paraje en el siglo XIII, aunque parece ser que fue un marismeño quien encontró la imagen de la virgen en el hueco de un acehuche a comienzos del siglo XV.

aves migratorias en el atardecer del Parque de Doñana

La localidad de Almonte acoge también, no sólo el Parque Nacional de Doñana y el Rocío, sino las playas del litoral de Castilla, nombre por el que se conoció durante siglos la costa del parque pues era propiedad de la corona castellana. Matalascañas o Torre de la Higuera, con su torre almenada, llama la atención de los barcos que transitan por el Guadalquivir. Donde se encuentran los caminos de agua y los vientos del océano aparece Sanlúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz, donde la vida tiene otro ritmo con su sutil y fina manzanilla y su langostino en sus barrios Alto y Bajo. 

El primero presume de recinto amurallado y el barrio Bajo se deja llevar por la vorágine en medio de la cual se levanta el palacio de los duques de Medina Sidonia. El Guadalquivir desemboca finalmente en el océano Atlántico en un amplio estuario entre Almonte (en la provincia de Huelva) y Sanlúcar de Barrameda (en la provincia de Cádiz). El río Guadalquivir se funde por fin con el océano Atlántico sin pensar en el regreso y sin más contemplaciones inicia el camino que lleva hacia Poniente y empuja hacia adelante, siempre hacia delante.

atardecer en las marismas del Guadalquivir