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Zaragoza. Arquitectura zagrí.

torre mudéjar en iglesia de la Magdalena

Desde que se formuló en el siglo XIX el arte mudéjar, la datación y consiguiente clasificación de la arquitectura medieval de ladrillo de Zaragoza y, por extensión, de la región central de Aragón (no menos de 300 edificios), se ha venido estableciendo entre los siglos XIII y XIV, pero en ningún caso antes, en el siglo XI o principios del siglo XII. Es decir, siempre se la adscribió por sistema a la época de dominio cristiano y nunca a la anterior, es decir, a la del Estado musulmán de Saraqusta.

Visto así, resulta paradójico que todos esos edificios, principalmente torres profusamente ornamentadas, se erigiesen bajo la tutela del Aragón cristiano, mientras que, por el contrario, los cien años de existencia del pujante Estado islámico de Saraqusta no se vieran reflejados en sus edificios conservados, con la aislada excepción de la Aljafería, a pesar del extraordinario crecimiento económico, cultural y demográfico que vivió la región, constatado en las últimas décadas gracias a las excavaciones arqueológicas del centro histórico de Zaragoza.

Según esta visión de la arquitectura medieval, Zaragoza, y más extensamente su territorio, no habría conservado ningún edificio de este floreciente período y, en cambio, sería acreedora de un extenso grupo de edificios medievales cristianos (englobados todos en la denominada arquitectura mudéjar) sin una explicación clara de su origen, muchos de los cuales vendrían a sustituir a otros supuestos de estilo románico, de los que no se tienen referencias documentales y que la arqueología ha revelado como inexistentes.

arte mudéjar con azulejos esmaltados en la Parroquieta de La Seo

Esta forma tradicional de entender la historia medieval de Aragón que podría tildarse, en términos actuales, de negacionista, se ha revisado a través del programa universitario Nuevos Territorios de la Arquitectura mediante la tesis que aborda el estudio documental y arquitectónico de cinco edificios medievales de Zaragoza como son la torre de la iglesia de San Pablo, la Torre Nueva, la Parroquieta de La Seo, la torre de la Magdalena y la capilla de San Martín del Palacio de La Aljafería.

De la Parroquieta de La Seo sólo existen fuentes documentales parciales del siglo XIV, siendo unos pagos al escultor Pere Moragues (entre los años 1376-1379), a dos azulejeros, Garcí Sánchez de Sevilla y Lop (1377-1379), al maestro de obras Miguel del Cillero (1380-1381), así como una inscripción árabe del siglo XI de su arquitecto, Saláma bn Gálib. El ábside románico inmediato (siglo XII) se estrella contra la Parroquieta, por lo que ésta es anterior y las 4 ventanas están ubicadas racionalmente respecto del espacio interior, mientras que en el exterior son ajenas a la composición decorativa de la fachada.

En cuanto a la Torre de la Magdalena, ni iglesia ni torre dispone de fuentes documentales. Se encuentra entre las mezquitas consagradas para iglesia en 1121 y la torre se cita en 1197 en un testamento. La nave de la iglesia alcanza la torre, visible por una grieta de asentamiento diferencial entre ambas. Por su parte, de la capilla de San Martín de La Aljafería sabemos que el alcázar fue construido por orden del sultán Ahmad I, Al-Muqtadir, en el siglo XI, y su arquitecto fue Al-Halifa Zuhayr, existiendo sólo fuentes documentales parciales para la capilla por una donación de La Aljafería para edificar allí una iglesia, en el año 1118.

torre zagrí en la iglesia de San Pablo

En definitiva, estos edificios tradicionalmente han sido adscritos al arte mudéjar aragonés mostrando claros indicios que delatan una mayor antigüedad a la considerada que los retrotraen hasta el siglo XI, cronología islámica acorde con su tipología, sistema estructural y constructivo, y en el contexto de un período muy floreciente de la ciudad. Tradicionalmente se ha identificado Al-Ándalus con Andalucía y, consecuentemente, el legado andalusí se ha limitado prácticamente a tres monumentos: la mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla y la Alhambra de Granada, pero los geógrafos andalusíes no lo veían así y Saraqusta, en la frontera con Balád Ifranj, el País de los Francos, era una metrópoli.

En el año 1008 estalla la fitna en Al-Ándalus y Córdoba arde. La desgracia de la capital es la suerte de las ciudades más alejadas de ella, como Zaragoza, donde se refugian los exiliados, los estratos de población más influyentes y cualificados. El crecimiento de la ciudad es contundente, y el primer sultán de Saraqusta, independiente desde el año 1018, amplía la mezquita aljama. La parte cristiana, a partir de las primeras estribaciones del Pirineo, también resulta ser una zona convulsa, por la exitosa implantación del nuevo régimen feudal que sustituye al antiguo esclavista, lo que implica desarrollo económico y crecimiento de las ciudades.

En el año 1035, Aragón, frente al Estado de Saraqusta, se independiza de Pamplona y el comercio europeo, que se expande por el Camino de Santiago, desarrolla su capital, Jaca. Saraqusta canaliza el comercio de Oriente con Occidente, y según el historiador George T. Beech se trataba de "una gran ciudad de grandes palacios y altas torres". Según la describió un trovador occitano que la visitó a principios del siglo XII, era una "nueva capital intelectual gracias a la fama de sus investigadores, la abundancia y riqueza bibliográfica de sus numerosas bibliotecas, su ubicación en la frontera con Europa occidental y el ambiente propicio para la indagación, la experimentación y la actividad creativa".

torre mudéjar en la iglesia de San Gil de Zaragoza

La ciudad de Zaragoza, por tanto, que con 50.000 habitantes era una de las mayores de Europa, abandonó el modelo de arquitectura omeya de piedra e implantó un nuevo lenguaje de arquitectura, representativo del nuevo Estado que nacía, la arquitectura de ladrillo y yeso traída de Bagdad e Irán, dando lugar a la llamada Arquitectura zagrí (del topónimo Tzagr o Marca Superior), que pervivió tras la conquista aragonesa del año 1118, dando lugar después a la llamada Arquitectura mudéjar de Aragón.

En definitiva, sin fuentes documentales precisas en los cinco edificios zaragozanos citados, se puede concluir que fueron construidos a lo largo del siglo XI o principios del XII, dada su posición relativa, los elementos añadidos que están bien documentados y, en especial, por su estrecha relación estructural, constructiva y formal con edificios abasíes e iraníes anteriores al siglo XII. Por tanto, una parte significativa de la arquitectura conocida como mudéjar aragonesa es de cronología islámica del siglo XI.

Así, la singular arquitectura islámica de Saraqusta forma parte, como un eslabón más, de las nuevas ideas y conocimientos que se difundieron desde Bagdad, "metrópoli del gran imperio", por todo el Dar Al-Islam. Zaragoza, como cabeza de Tzagr o Marca Superior, tras su independencia en el año 1018, o incluso antes, estaba ubicada en un medio natural semejante al de la ciudad de Bagdad e Irán (antigua Persia), teniendo la oportunidad de implantar la misma arquitectura de ladrillo y yeso de éstas que, aunque hoy estén desaparecidas, se ven reflejadas en edificios de lugares como Samarra, Uxaydir e Irán.

torre mudéjar en iglesia de San Miguel, Zaragoza

El sistema constructivo consistente en ladrillo sentado con pasta de yeso, así como el uso de arcos ojivales y túmidos y su decoración de lacerías, tienen sus antecedentes (anteriores al siglo XII) en la arquitectura de ladrillo y yeso de Oriente Próximo, así como en La Aljafería. La abasí (Bagdad, Samarra o Uxaydir), siendo la más antigua, también emplea la bóveda de cañón apuntado, mientras que la jorasaní (Na'in, Isfahán) se distingue por torres de planta octogonal y el uso de lacerías. Por último, el estilo razí (Reyy, Bujara, Kavus) también incorpora alfices, miradores de arquetes, planta estrellada, etc.

En resumen, la arquitectura de ladrillo y de yeso, expresión artística del nuevo Estado nacido en 1018, con el arco o la bóveda ojivales como principales recursos estructurales y singular por el uso del yeso como material aglomerante, en lugar del mortero de cal, se fue desarrollando a lo largo del siglo de oro saraqustí (entre los años 1018-1118), aportando innovaciones estructurales como el sistema torre-contratorre (que heredarían las torres almohades), o innovaciones decorativas como los arcos mixtilíneos del Palacio de La Aljafería.

También hay que tener en cuenta que Zaragoza fue gobernada, en primer lugar, por la dinastía de los tujibíes y, posteriormente, por los hudíes, ambas de origen yemení. Y, al dar la espalda a Córdoba, se fijaron en Bagdad, sede del califato abasí, donde se encontraba entonces el mayor progreso del mundo conocido. Atraídos por la liberalidad de sus gobernantes llegarían a estas tierras no sólo gentes procedentes de la élite cultural cordobesa huyendo de la fitna, sino también personajes del mundo oriental, en una época en la que el Mediterráneo era un fabuloso medio de comunicación y el río Ebro era navegable desde Tortosa hasta Calahorrra.

santuario de la virgen en Herrera de los Navarros

Coincide también la circunstancia de que, tanto en aquellas tierras como en estas, el paisaje es muy similar con grandes desiertos con oasis donde florece la civilización, siendo en este caso los oasis lineales, a lo largo del Ebro y sus afluentes. También coincide la escasez de piedra para construir, pero la abundancia de arcilla con la que fabricar ladrillo y yeso para material aglomerante. Esta forma de arquitectura resultaría exótica en occidente y los sultanes saraqustíes supieron aprovechar para hacer ostentación de poder, jalonando las rutas comerciales de Zaragoza con esbeltos alminares de ladrillo y yeso que causaron admiración en los viajeros que se aproximaron hasta la capital del Ebro.

En cuanto a los edificios que se erigirían en Saraqusta, la torre de San Pablo es el más antiguo de los conservados. Era una torre mausoleo como las iraníes, reflejo de la implantación del chiísmo en Tzagr. Desde la capital se extendió el nuevo estilo por las regiones donde abunda el yeso, Tarasuna (Tarazona), Qalaçat-Ayyub (Calatayud), Daruqa (Daroca) o Tirwal (Teruel), y en la segunda mitad del siglo XI las nuevas tipologías de torre-contratorre, o alminares de planta mixta cuadrada-octogonal, también se extendieron por los distritos donde la piedra siguió siendo el principal medio de construcción como en Wasqa (Huesca), Barbashtur (Barbastro) o Lárida (Lérida).

De igual modo, lo mismo que ocurría en el imperio Selyuquí con la Ruta de la Seda, las rutas comerciales que partían de Saraqusta estaban jalonadas de imponentes torres zagríes, que no sólo les daban seguridad, sino que también mostraban a los viajeros el poder y la riqueza del Estado tagarino. La ruta a Tolosa por Barbastro, contaba con las torres de Villamayor, Perdiguera, Leciñena o Alcubierre. La ruta a Toledo por Calatayud, con las torres de Ricla, Terrer o Ateca. Y la ruta a Córdoba y Valencia por Daroca y Teruel, con las torres de Longares, Encinacorba, Aguilón, Herrera de los Navarros, Mainar, Olalla o Romanos.

alminar en Tauste

Teruel. Arquitectura mudéjar de Aragón.

arcos mudéjares en la Torre del Salvador en Teruel

El desarrollo en el siglo XII del arte mudéjar en Aragón es consecuencia de las condiciones políticas, sociales y culturales particulares que prevalecieron después de la conquista cristiana. Este arte, influido por la tradición islámica, refleja también los varios estilos europeos contemporáneos, en particular el gótico. 

Presente hasta el siglo XVII, el arte mudéjar se caracteriza por un uso extremadamente refinado e inventivo del ladrillo y de los azulejos esmaltados en arquitectura, especialmente en campanarios. La ciudad de Teruel, como actual capital de provincia en Aragón, conserva varios edificios mudéjares que han sido declarados patrimonio de la humanidad bajo la denominación Arquitectura mudéjar de Aragón. 

Forman parte de este conjunto la torre, techumbre y cimborrio de la catedral de Santa María de Mediavilla, la Torre de San Martín, la torre de la iglesia del Salvador y la torre e iglesia de San Pedro. Entre ellos destaca, como elemento mudéjar mitad constructivo, mitad decorativo, la techumbre de la catedral de Teruel, que está considerada la techumbre medieval de madera más importante del mundo. 

techumbre de madera mudéjar en la catedral de Teruel

Esta catedral de Santa María de Mediavilla es una de las construcciones más características del arte mudéjar en la península y una de las escasas catedrales, junto con la de Tarazona, construidas en este estilo. La iglesia de Santa María comenzó a edificarse en estilo románico en el año 1171, año en el que el rey aragonés Alfonso II tomó la población conocida como Tirwal con la intención de reforzar la frontera meridional de su reino, protegiéndose de una Valencia o Balansiya musulmana. 

Se empezó a construir, por tanto, el mismo año de la fundación de la ciudad de Teruel, concluyéndose las obras con el levantamiento de la torre mudéjar en el año 1257. La torre mudéjar comienza a erigirse y en su cuerpo inferior se abrió un paso en forma de bóveda de cañón apuntado para uso y paso de los transeúntes. Es una de las torres mudéjares más antiguas de la península, tiene planta cuadrada y posee tres cuerpos profusamente decorados con azulejos y cerámica vidriada. Tiene una posición privilegiada, siendo la iglesia levantada en el centro de la antigua medina de la ciudad musulmana.

vista de la torre y catedral de Santa María desde la plaza

Una de las maravillas que guarda esta iglesia es la ya citada techumbre medieval, con armadura de par y nudillo y función estructural, lo cual no es habitual. Casi todos los techos mudéjares son artesonados, esto es, elementos meramente decorativos. En este caso, se trata de un cubrimiento en techumbre, cuyo armazón sostiene la parte superior de la nave y consolida la estructura. 

Se la ha llamado la capilla Sixtina del arte mudéjar, por su gran valor arquitectónico y pictórico. Mide 32 m de longitud y data de 1265 como fecha aproximada en la que se cortó la madera utilizada para su construcción. En sus casetones pueden hallarse motivos históricos, religiosos o costumbristas así como oficiales, artesanos, personajes históricos o seres fantásticos. Toda una serie de tipos humanos, una extensa variedad en la imaginería pictórica.

Esta techumbre se conservó en perfecto estado debido a que fue cubierta por un falso techo neo-clásico en siglos posteriores, dejando la pintura mudéjar a salvo de las inclemencias del tiempo. En una de las ménsulas, relativas a la pasión de Cristo, se representa a dos judíos, vestidos con ropa corta y manto largo con capucha, señalando al redentor e implicándose a propósito en su muerte. Llama la atención el expresionismo grotesco de sus rostros, con un perfil nasal exagerado.

detalles de la techumbre en la catedral de Santa María de Teruel

Tras elevar la torre mudéjar de la hoy catedral y finalizar su techumbre, en el siglo XIV se reestructuraba la antigua obra románica y en estilo gótico-mudéjar se dotaba al edificio de tres naves mudéjares de mampostería y ladrillo, que mejoraron y elevaron (en la línea del gótico de elevar los templos) la estructura románica previa del siglo XII. Los primitivos muros románicos cabe señalar que eran 3 m más bajos en altura que los que hoy podemos apreciar. Se sustituyeron los ábsides románicos por otros, como se puede observar en la cabecera de la capilla mayor. 

Se redujo con ello a la mitad el número de soportes, lo que dio una mayor luminosidad y espacio a las naves de arcos apuntados. Las obras concluyeron con el desmontaje de las cimbras y con el enlucido y pintado en los mismos en el año 1335, según una relación de cuentas conservada en el archivo de la catedral. El director de estas obras fue el maestro procedente de Coglor en Zaragoza, Yuçaf de Huzmel. En el año 1423, ya con el aspecto mudéjar con que, en lo fundamental, conocemos el templo actualmente, el pontífice aragonés Benedicto XIII más conocido como Papa Luna la elevó al rango de colegiata. 

cimborrio de la actual catedral de Teruel

En estilo plateresco-mudéjar fue construido en el año 1538 el cimborrio de la nave central. Fue trazado por el maestro Botero, artífice del cimborrio sobre trompas mudéjar de Zaragoza así como el de Tarazona. Es de planta octogonal sobre trompas presentando en su exterior ventanas ajimezadas con decoraciones platerescas y conseguía iluminar el nuevo retablo mayor siendo una obra maestra del renacimiento. En el año 1587 la entonces colegiata fue promovida a catedral y consagrada como tal. Por último, en el año 1909, se abordó la edificación de la fachada en estilo neo-mudéjar.

Por otra parte, la Torre de San Martín de Teruel es una edificación del mudéjar aragonés que fue erigida en el año 1316 y reformada posteriormente en el siglo XVI cuando se le añadió un refuerzo de sillería para prevenir la degradación de su parte baja, muy erosionada por las humedades, y también se eliminaron viviendas adosadas para dejar una plaza abierta ante la torre. 

Se trata, como las otras torres de la capital turolense, de una torre-puerta de ladrillo con ornamentos de cerámica vidriada  y, bajo la bóveda ojival, pasa la cuesta de la Andaquilla que fue testigo de una de las escenas de los amantes de Teruel. Hasta la altura de la clave del arco, incluidas las albanegas, la torre de San Martín está exenta de ornamentación. A partir de aquí comienza la decoración de ladrillo resaltado y cerámica vidriada que se extiende a lo largo de los cerca de 40 m que levantan los dos cuerpos de la torre. 

arco y Torre de San Martín en Teruel

En el primer cuerpo de esta Torre de San Martín son visibles tres de sus caras, pues la cuarta está adosada a la iglesia del mismo nombre, construida en época barroca durante el siglo XVIII y que sustituyó a la anterior mudéjar. La Torre de San Martín imita la estructura del minarete almohade con dos torres cuadradas concéntricas -separadas casi 1 m-, entre las que se sitúan las escaleras y pasillos. La torre interior presenta tres pisos superpuestos cubiertos con bóveda de crucería y de muros de ladrillo hasta la segunda estancia y en adelante tapial de yeso. 

El exterior, de ladrillo, aparece decorado con cerámica vidriada en verde y blanco y paños horizontales de distintas alturas. Presenta un gran repertorio decorativo con paños en ladrillo resaltado, lazos formando estrellas de ocho, friso de arcos mixtilíneos y arcos lobulados entrecruzados, bellos apliques cerámicos, ventanas abocinadas en arco de medio punto, etc. El motivo decorativo predominante es la estrella de ocho puntas blancas y con orla verde derivando de la tradición almohade que podemos apreciar en La Giralda de Sevilla

detalle de estrellas de ocho en la Torre de San Martín

Verticalmente está dividida en franjas, con arquerías, lazos ochavados, ventanales y columnillas, en una composición semejante a la que vemos en la Torre del Salvador también en Teruel. En primer lugar dispone una banda de esquinillas que en el lado de la plaza se presentan alternando con pequeños tubos de cerámica vidriada de 20 cm de altura, mientras que en el lado contrario aparecen las esquinillas dispuestas en dientes de sierra sin complemento cerámico. 

A continuación, un primer paño se rellena con arquillos mixtilíneos entrecruzados que, siendo en número 11, apean en columnillas de cerámica verde entre los que se intercalan cuatro anillos blancos. Los arcos alternan una rama curva con otra de ángulo recto prolongándose hasta iniciar una trama de sebqa que queda interrumpida casi de inmediato dado lo corto de la altura del paño. En el arquillo central abre una estrecha y alargada ventana.

elementos decorativos en Torre de San Martín

El interior de los rombos se decora con un plato o disco cerámico de color verde, mientras que en los arcos se disponen en vertical los siguientes elementos cerámicos: en la parte baja un cuadrado en damero formado por 16 pequeños cuadrados de color blanco y verde, a continuación tres discos verdes entre los que se intercalan dos pequeñas composiciones a cartabón a base de 4 pequeños azulejos como los vistos en la parte baja dispuestos los verdes en la horizontal y los blancos en la vertical. 

Encima de este paño una nueva banda de esquinillas en dientes de sierra enmarcada por una cenefa de azulejos en espiga que alternan los colores blanco y verde. Colores usados una y otra vez en la ornamentación de esta torre. Sin duda, la diversa y geométrica decoración de esta Torre de San Martín representa un hermoso ejemplo del uso del azulejo, el ladrillo y los colores en el arte mudéjar de Aragón.

La Torre de San Martín presenta planta cuadrada, aunque con ligera deformación romboidal con el paso de la calle en dirección aproximada norte-sur en su parte inferior. En el lado oeste se puede ver un refuerzo de cantería de labra basta en forma de talud que oculta todo el lateral hasta sobrepasar la altura del primer friso de arquillos. Forma parte de las obras que, en el siglo XVI, concretamente entre los años 1549 y 1551, se acometieron en la torre con el derribo de varias casas adosadas que se compraron al monasterio de la Santísima Trinidad, quedando de esta manera la plaza frente a la torre. Además se reforzaron especialmente las esquinas dándoles forma de contrafuerte en talud aumentando el saliente y la base de apoyo. 

Torre de San Martín en Teruel

Ya durante el siglo XX estas obras fueron duramente criticadas, especialmente desde el punto de vista estético y en cuanto a su ejecución técnica. En el año 1926 se acometió en esta Torre de San Martín una importante restauración y, en la posguerra, se volvió a intervenir en la torre restituyendo piezas cerámicas con un tono más tenue que el de las originales. En el siglo XXI se ha realizado una restauración completa, tanto en el interior como en el exterior, por la que fue recuperada la antigua entrada de debajo de la torre.

Por su parte, la torre de la iglesia del Salvador de Teruel fue erigida durante el esplendor del reino de Aragón en el siglo XIV, cuando aún la población musulmana pervivía en la ciudad gracias a los fueros del rey Alfonso II. La calle de su mismo nombre discurre sobre ella, utilizando el arco apuntado sobre la que se levanta y que permite que estos lados queden libres de edificios anexos, a diferencia del resto de la base, que se encajona entre viviendas.

Torre del Salvador en Teruel

Se levantó junto a la iglesia del Salvador. La similitud con la ya detallada torre de la iglesia de San Martín es evidente. La torre del Salvador imita, como aquella, la estructura del minarete almohade con dos torres cuadradas concéntricas entre las que se sitúan las escaleras. La torre interior de la iglesia del Salvador presenta tres pisos superpuestos cubiertos con bóveda de crucería y un campanario con arcos apuntados y de medio punto. 

En su ornamentación dominan los arcos mixtilíneos, los paños de sebqa y también la ya característica cerámica vidriada en colores verdes y blancos. Para el ascenso a lo más alto de esta torre del Salvador se deben subir 122 escalones y en las paredes enyesadas se pueden observar grafitos de la época de la construcción. Sus tres salas interiores, así como el campanario y mirador, albergan el Centro de interpretación de la Arquitectura Mudéjar Turolense.

Para la interpretación de la arquitectura mudéjar en este Centro se aborda el fenómeno social en que nace el mudéjar, así como los materiales y procesos constructivos que lo convierten en el único tipo de arte exclusivamente ibérico, cuyo máximo exponente se alcanzó precisamente en la ciudad de Teruel. En las salas puede hacerse un recorrido acerca de la geografía del mudéjar (espacio), los materiales constructivos (tiempo) así como contemplar una maqueta a escala de Teruel en el siglo XIV.

alminar almohade en el Salvador con doble torre

En el arte mudéjar arquitectónico de Teruel también encontramos la Torre e iglesia de San Pedro. Se trata de una iglesia del siglo XIV cuyo campanario conocido como la Torre de San Pedro, es el ejemplo más antiguo del mudéjar turolense y data del siglo XIII. El interior del templo fue decorado entre los siglos XIX y XX en estilo modernista neo-mudéjar erigiendo, además, un nuevo claustro. En una de sus capillas laterales yacieron los amantes de Teruel ya que en el año 1555 se descubrieron sus momias en el subsuelo.

La iglesia consta de una elevada nave única de cinco tramos con capillas laterales entre los contrafuertes, ábside poligonal y coro alto a los pies. Se cubre con bóvedas de crucería sencilla reforzadas por arcos. En el exterior podemos apreciar en su torre una más sencilla decoración que en las posteriores torres levantadas en la ciudad. El claustro de la iglesia de San Pedro en Teruel constituye uno de los escasos ejemplos de espacios claustrales del arte mudéjar en Aragón. Fue construido en el siglo XIV adosado a la iglesia y por encargo testamentario de un acaudalado turolense.

Torre de San Pedro en Teruel

De estilo gótico-mudéjar, el claustro está construido en ladrillo y cuenta con bóveda de crucería. Contó con un aljibe situado en el patio, aunque actualmente no se conserva. Si bien se pensaba hace varias décadas que la fábrica medieval había sido derribada y reconstruida, hoy en día está demostrado que a comienzos del siglo XX el claustro fue reformado y redecorado dándole un aspecto neo-gótico. En dicha actuación, se añadieron ventanales de tracería y ménsulas figuradas.

El arte almohade (siglo XII y XIII)

mezquita almohade de Tin Mal en el alto Atlas

Las construcciones durante época almohade se caracterizan por la sencillez y la austeridad a las que les predispone su doctrina. La laxitud moral y la degradación de costumbres de los almorávides dio lugar a este nuevo movimiento rigorista y los almohades acusaron a sus predecesores los almorávides de llevar una vida de lujos y molicie y por ello despreciaron sus palacios y estilo de vida. 

Sin embargo, con el tiempo su gusto y actitud cambiaron, convirtiéndose el arte almohade en uno de los más fructíferos e importantes del occidente islámico, conservándose hasta la actualidad sobre todo mezquitas de aquella época. Las mezquitas, casi siempre revocadas en blanco en el interior y generalmente tendentes a la espaciosidad y a la simetría de líneas, apenas permiten licencias decorativas, reduciéndose éstas a simples fórmulas florales o geométricas, innovando en este sentido al introducir los paneles de sebqa.

alminar de la mezquita de Salé

En el norte de África se conserva la planta, modernamente excavada, de la primera mezquita que levantaron los almohades en Marrakech en el año 1147. La mezquita de Tin Mal está bastante conservada y data del año 1153. La torre alminar Qutubiya de Marrakech precedió en diez años a la construcción de La Giralda, que comenzó a alzarse hacia el año 1172. La monumental de Rabat fue iniciada en el año 1189 y, poco más tarde, alrededor de 1196 comenzó a reconstruirse y ampliarse la mezquita de Salé. 

De las mezquitas almohades en Al-Ándalus, por desgracia, apenas quedan vestigios y ningún templo completo. La mezquita aljama de Sevilla mantiene en pie su famoso alminar, La Giralda, y parcialmente su patio de abluciones que hoy es conocido como el patio de los Naranjos. Quedan algunos elementos decorativos del mihrab de la mezquita de Almería en la actual iglesia de San Juan. De la mezquita almohade de Mértola queda en pie también su mihrab en los muros reaprovechados de la iglesia mayor. 

La Giralda en la mezquita de Sevilla

La grandeza del alminar de La Giralda de Sevilla expresa de forma perfecta la monumentalidad almohade, también presente en alminares semejantes como en la Qutubiya de Marrakech y en la torre de Hasan de la mezquita de Rabat, que quedó finalmente inacabada. Para la construcción de la Giralda, diez años después de la Qutubiya, se utilizaron ladrillo local y mármol procedente de otros monumentos omeyas, coronándose con cuatro esferas de metal para conmemorar la victoria de Al-Mansur frente a Alfonso VIII de Castilla unos años antes.

En la península, además de la Giralda, cabe señalar el alminar de Bollullos de la Mitación, en Sevilla, similar al alminar de la Giralda y que data del siglo XII. En Niebla, el alminar reconvertido en campanario de la iglesia de San Martín y los arcos lobulados sobre columnas de la actual capilla de Santa María de la Granada y antigua mezquita, en el Alcázar de Jerez de la Frontera. A primeros del siglo XIII, acusando los síntomas de la decadencia política, aún se construyó la mezquita de los Andalusíes, en la ciudad de Fez.

alminar y mezquita almohade inacabada de Hasan en Rabat

La estructura de todas las mezquitas almohades mencionadas es igual que las de épocas anteriores, pero sí son de mayores dimensiones y poseen mayor regularidad y ordenación. La representatividad de estas edificaciones almohades quedó bien expresada por el secretario Ibn Sahib al-Salá en su historia de aquella dinastía, señalando cómo el califa Abu Yaqub Yusuf "eligió como residencia la ciudad de Sevilla y en 566H/1171DC empezó a construir la mezquita aljama, grande y noble, para que la gente estuviera holgada a diferencia de lo que ocurría en la otra (aljama de Ibn Adabbas de época omeya), igualándola a la mezquita de Córdoba en amplitud".

En cuanto a los arcos, continúan con la tradición almorávide en el uso de los sistemas túmidos (de herradura apuntada), recurriendo a las formas lobuladas y mixtilíneas sólo en espacios que pretenden ser realzados jerárquicamente, caso del mihrab o la macsura de toda mezquita.

arcos almohades en mezquita de Tin Mal

El arte almohade en Al-Ándalus desarrolla los patios cruceros, que ya habían hecho su aparición en la Madinat al Zahra durante el califato de Córdoba (siglo X y XI), bajo mandato de Abd al-Rahmán III, aunque es en época almohade cuando adquieren un gran protagonismo. Sus mejores testimonios se hallan en el Alcázar de Sevilla donde se han conservado el patio de la Casa de Contratación de Indias y otro, actualmente subterráneo, conocido como el Jardín del Crucero o los Baños de María Padilla. 

Este esquema en los patios cruceros será retomado en los patios nazaríes (hasta finales del siglo XIV) y en los patios mudéjares e igual repercusión tendrá otra novedad artística, que aparece en el llamado Patio del Yeso en el Real Alcázar de Sevilla, consistente en la colocación de unas pequeñas aberturas o ventanas cubiertas con celosías de estuco sobre el vano de acceso a una estancia para permitir su iluminación y ventilación.

Patio crucero en la Casa de Contratación de Indias, Sevilla

En el terreno decorativo aplicaron un repertorio caracterizado por la sobriedad, el orden y el racionalismo. Ello se tradujo en la aparición de motivos amplios que dejan espacios libres en los que triunfan el entrelazo geométrico y las formas vegetales lisas, como se dijo en un principio. Como rasgo ornamental más novedoso cabría mencionar la sebqa. Esta composición o sebqa decora el alminar almohade conocido como La Giralda, en Sevilla, y consiste en una doble trama romboidal en dos planos compuesta por arcos decorativos superpuestos a partir de la clave de los inferiores. 

Con posterioridad, estos delicados paños geométricos serían fuente de inspiración permanente para decorar los campanarios mudéjares de Castilla, Aragón y en otros lugares de la misma Andalucía. En el alminar de La Giralda, en definitiva, a pesar de la sobriedad y austeridad de los almohades triunfa el concepto ornamental andaluz. El poeta García Lorca la llamaba "torre Enjaezada", al comparar las labores de rombo o sebqa que tapizan sus cuatro frentes con el alegre atalaje bordado de un arnés.

decoración y sebqa en La Giralda

La decoración exterior de la Giralda se basaba, principalmente, en la sucesión de aljimeces, bien con arcos de herradura semi-circulares o poli-lobulados, rodeados siempre por un alfiz y acogidos por otro gran arco lobulado apuntado. En las calles laterales hay arcos murales y se extienden redes de sebqa, la ya citada fórmula geométrica basada en la superposición y prolongación en el espacio de arcos lobulados y mixtilíneos entrecruzados. 

Los artesanos en época almohade fueron igualmente muy hábiles tanto en el arte de la marquetería, habiéndonos dejado numerosos testimonios como mimbares (donde sube el imam a la oración) o armazones, como también en el tratamiento de la cerámica vidriada o azulejo, procedente del islam oriental como nueva decoración exterior en el mundo islámico occidental. El mimbar en la mezquita Qutubiya de Marrakech es un hermoso ejemplo de ello.

geométría en el mimbar de la Qutubiya

El uso de la cerámica durante época almohade queda patente en la torre Qutubiya de Marrakesh, primera capital almohade, así como en su hermana La Giralda de Sevilla, segunda capital durante período almohade. En ambos alminares se aplica la técnica del alicatado, es decir, piezas recortadas que, combinadas entre sí, componen un motivo decorativo. 

En cuanto a la arquitectura militar se refiere, los almohades emplearon el sillarejo y la mampostería reforzada con argamasa. Sus sistemas defensivos alcanzaron un gran perfeccionamiento ya que la sucesión de distintos perímetros fortificados, cuajados de torres albarranas y corachas, hacían sus fortalezas prácticamente inexpugnables. Cabe destacar la torre albarrana de Espantaperros en Badajoz y la Torre del Oro en Sevilla.

la octogonal torre almohade de Espantaperros, Badajoz

También cabe destacar en el arte almohade a la pintura como elemento decorativo, que se puede ver en estucos tallados y pintados o superficies pintadas con motivos geométricos. Hay que mencionar también los capiteles de estuco de la antigua sinagoga judía en la actual Santa María la Blanca de Toledo o la capilla de la Asunción en el Monasterio de las Huelgas de Burgos. 

El arte almorávide (siglo XI y XII)

mezquita almorávide de Djama'a Al-Kebir en Argel

El arte almorávide (años 1091-1147) recibe muy claramente la influencia del arte en época de los reinos de taifas (1023-1091). Sin embargo, los almorávides en un primer momento bajo el mandato de Yusuf Ibn Tasufín desarrollan un arte y una arquitectura muy austera, como corresponde con sus criterios religiosos rigoristas y ascéticos. 

No obstante, a partir de los últimos años de vida de su imperio, ya en el siglo XII, tal sobriedad se pierde al mando de su hijo y sucesor Alí Ibn Yusuf y entonces se desencadena un mayor lujo en sus obras, deslumbrado por el refinado ambiente cortesano de los reinos de las taifas andalusíes, patrocinando diversas obras cuajadas de los más bellos elementos decorativos. 

Las principales características del arte almorávide son el predominio del ladrillo, yeso y madera, así como el abandono en gran medida de la columna en favor del pilar, reservando las columnas para lugares singulares. Los muros se animan con decoración de atauriques y mocárabes, mientras que en los vanos se ensalzan formas de gran fantasía e innovación con profusión de arcos complejos y variados como los mixtilíneos, túmidos, poli-lobulados, etc. 

alminar de la mezquita de Tremecén

A pesar de hallarse el foco originario de su arte en Al-Ándalus, las principales obras almorávides conservadas se hallan en el norte de África, en el actual Marruecos y en Argelia, siendo los edificios de carácter religioso los mejor representados como es el caso de la mezquita de Tremecén y la Djama'a Al-Kebir o الجامع الكبير en Argel, ambas en Argelia y construidas en el año 1082 y 1097 respectivamente. 

En ambas construcciones aparece un tipo de cúpula denominada de muqarnas, cuyo modelo más destacado se encuentra en la mezquita Qarawiyin (construida en el año 859) en la ciudad marroquí de Fez, siendo la primera vez que aparecen esas muqarnas -o estilo de mocárabe- en esta región del occidente islámico. 

También es habitual encontrarse con arcos almorávides de herradura apuntados, así como trebolados y de lambrequines, formados estos últimos por pequeñas curvas, ángulos rectos y claves pinjantes. Generalmente, los arcos aparecen entrecruzados y decorados a base de atauriques y muqarnas. Por otra parte, la mezquita aljama de Tremecén y la Djama'a Al-Kebir de Argel siguen el modelo habitual de naves perpendiculares al muro de la qibla.

mezquita almorávide de Tremecén en Argelia

En la citada mezquita aljama de Tremecén, erigida en el año 1082 bajo mandato de Yusuf Ibn Tasufin, podemos encontrar grandes inspiraciones de los alarifes hispano-musulmanes. Los motivos decorativos en ella adoptan una gran variedad de formas y están inspirados en el arte taifa andalusí. Estilizadas hojas, palmetas, tallos y flores siguen los modelos de los paneles de estuco del Palacio de la Aljafería de época taifa en Zaragoza, construido inmediatamente antes que esta mezquita por lo que su influencia es innegable. Para su construcción, se trasladaron hasta Tremecén talleres artísticos hispano-árabes. 

La Qubba Barudiyyin de Marrakech, capital del imperio almorávide, es uno de los más característicos ejemplos conservados de la época de sobriedad almorávide y esto se refleja sobre todo en su cúpula. Su construcción es del año 1120 y cobijaba la fuente para las abluciones de la mezquita de la época de Alí Ibn Yusuf. La magnífica bóveda es gallonada y octogonal y su peso se traslada a los muros rectangulares mediante un complejo sistema de arcos.

exterior de la Qubba Barudiyyin

En la misma Qubba Barudiyyin encontramos uno de los mejores ejemplos de influencias en el mimbar o púlpito desde donde el imam realiza el sermón. Este mimbar tiene acento e influencia cordobesa, no hay duda, pues una inscripción lo corrobora y posteriormente encontraremos también su influencia en la mezquita almohade Kutubiya de la ciudad de Marrakech. 

La Qubba Barudiyyin, localizada en un anexo de la mezquita como planta rectangular, alberga en sus cuatro muros vanos alternantes de arcos lobulados, de herradura y mixtilíneos. El recinto interior es independiente de la bóveda gallonada. La bóveda, en forma estrellada y dividida en ocho segmentos que se apoyan en una base octogonal de arcos poli-lobulados, sigue la tradición de la bóveda central de la macsura de la mezquita aljama de Córdoba. Aparece profusamente decorada con muqarnas y fue iluminada probablemente mediante ventanas vidriadas coloreadas fijadas en parrillas de estuco.

cúpula almorávide en la Qubba Barudiyyin de Marrakech

En la construcción de la mezquita Qarawiyin de Fez, durante el emirato omeya, se emplearon naves paralelas al muro de la qibla siguiendo el modelo de la mezquita de Damasco. En ambos casos, las naves extremas se prolongan formando las galerías que enmarcan el patio, de modo que este pasa a tener unas dimensiones más reducidas. Sin embargo, en la mezquita de Tremecén y en la Djama'a Al-Kebir de Argelia se construyeron las naves perpendiculares a la qibla, como ya se dijo.

El esquema general de las mezquitas durante la época almorávide sigue, por tanto, el de la mezquita de Córdoba, levantando una nave longitudinal con una o varias arquerías transversales que, a su vez, son referentes tomados de la mezquita omeya de Damasco. Los ejes del mihrab almorávide con destacados mediante cúpulas, contando los templos con una rica decoración vegetal, geométrica y epigráfica sobre estuco.

cúpula de muqarnas en la mezquita omeya Qarabiyin de Fez

En la península ibérica son escasos los vestigios conservados de arquitectura almorávide. De todos ellos, merece ser mencionado, sin duda, el conocido como Castillo de Monteagudo, una potentísima fortaleza que preside la llanura murciana. Este hisn o castillo consta de un doble recinto, uno inferior articulado mediante torres, y uno superior adaptado a la orografía del terreno y desde el cual se ejercía la defensa tanto de la ciudad de Murcia como de su fértil campiña.

Por otra parte, la influencia de Oriente en época almorávide se deja ver en los tejidos, concretamente en los llamados tiraz (literalmente bordados), que en este período muestran dobles círculos donde, en su interior, alojan figuras de animales reales y fantásticos tanto enfrentados como dándose la espalda. Almería sobre todo, pero también Málaga, Sevilla o Murcia fueron centros de producción de estos tiraz que siempre fueron muy valorados, así como reutilizados después por los cristianos.

arcos en Aljafería de Zaragoza de época taifa

La cerámica en época almorávide, por su parte, continuó desarrollando la técnica de cuerda seca parcial o total dependiendo de que la decoración cubriese toda la superficie o parte de ella. Junto a esta técnica, hacen su aparición dos nuevas técnicas aplicadas a la cerámica no vidriada, el esgrafiado y el estampillado, cuya utilización se generalizará posteriormente en la época almohade.