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Ronda. Los baños árabes.

sala templada o al-bayt al wastaní en hammam de Ronda

Los baños árabes de Ronda, ahora conocidos como Baños árabes de San Miguel, fueron construidos a finales del siglo XIII, por lo que se trata de unos baños públicos correspondientes a la época nazarí. Están situados emplazándose junto a la Puerta del Puente, cerca de las murallas, siguiendo la costumbre de la época, para que los visitantes se purificasen en cuerpo y alma antes de entrar a la ciudad.

Estos baños obedecen a la adaptación musulmana de las antiguas termas romanas y, por lo tanto, constan de las mismas partes (sala fría, sala templada, sala caliente, hipocausto, caldera y sala de recepción), pero a diferencia de los romanos, en los que los baños se realizaban por inmersión en grandes piscinas, los construidos en época musulmana son fundamentalmente baños de vapor, aunque cuenten en ocasiones con alguna pequeña alberca.

El barrio donde se emplazan gozaba, en el período islámico de Ronda, de todo el esplendor de un arrabal de corte artesanal y agrícola, en el que se situaban industrias de transformación de materias primas como alfares o tenerías, cuya tradición ha dejado huella incluso en la toponimia menor del barrio con el Puente de las Curtidurías, la Puerta de los Esparteros, el camino de las Ollerías, etc. Así pues, debemos imaginar a toda esta zona repleta de pequeñas viviendas y talleres, de intrincadas calles y adarves, rodeada de murallas, en la que el baño suponía un elemento más del paisaje urbano.

ubicación de los baños tras el Puente de Curtidurías

Pero ni el tamaño de estos baños de Ronda ni el tratamiento de sus partes se corresponden con los de un baño destinado a satisfacer tan sólo las necesidades de un pequeño grupo de población, por lo que se cree que debe tratarse del edificio de estas características más importante de la ciudad islámica. Esencialmente porque no era el único hammam de Ronda, ya que son al menos cuatro los baños que se citan en el Libro de los Repartimientos, algunos situados en plena medina (lo que hoy es el barrio de La Ciudad), aunque de un porte sin duda mucho menor.

Su organización se basaba en dos pilares vitales: la captación de agua y su distribución interna. Para facilitar el acceso a la primera, se construye una noria que aún se conserva, situada en el extremo más cercano a la confluencia del arroyo de las Culebras y del río Guadalevín. Desde ella, el agua se conducía, a través de un pequeño acueducto, al primer habitáculo del baño, la leñera, en la que se encontraba la caldera así como un pequeño aljibe donde almacenar el líquido elemento antes de su distribución hasta la sala fría o al-bayt al barid, situada en el lado opuesto de aquella. 

recepción en el hammam de Ronda

Al tratarse, como ya se ha dicho, de un baño de vapor, lo que se calentaba no era agua (sólo se calentaba una pequeña parte en la caldera) sino aire, transmitiendo así el calor por vía subterránea (por el hipocausto) a las salas caliente (junto a la leñera) y sala templada, siendo esta última la que cuenta con mayores proporciones. El vapor se conseguía arrojando cubos de agua sobre el suelo candente de estas dos estancias, sirviendo como depósito una pequeña alberca situada junto al aljibe, desde el cual se llenarían los recipientes. 

La sala de ingreso al baño es el punto de recepción o, dicho de otra manera, el inicio y final en el proceso del aseo, estando compuesta de habitaciones de servicio, tales como la letrina o los vestuarios que se organizaban en torno a otra pequeña alberca. A estos baños de la ciudad de Ronda se tiene acceso precisamente a través de una escalera que desciende hasta llegar a este vestíbulo de ingreso. 

pequeña alberca en el vestíbulo de ingreso a los baños

En esta sala de recepción o vestíbulo se vestían y desvestían los usuarios del hammam y se entablaban las primeras charlas antes de pasar a las salas. La alberca de esta sala hacía de recepción, mientras que unas tarimas de madera cubiertas por esteras y cojines probablemente eran utilizadas como vestuarios. El edificio está cercado con un muro de arcos ciegos, que forman el acueducto, y tiene una torre al fondo con una caja de noria.

La sala central, sala templada o al-bayt al wastaní es la más grande y espaciosa del conjunto de estos baños. Tiene tres cuerpos unidos por cuatro pares de arcos de herradura sobre columnas de ladrillo y piedra. Éstas sostienen las bóvedas de cañón decoradas con tragaluces de estrellas de ocho puntas. Algunos de los capiteles que coronan las columnas son de factura romana. En esta sala, después de los tratamientos de las salas fría y caliente, se tomaba té mientras se charlaba o se recibían masajes.

sala templada o al-bayt al wastaní en el hammam

Las bóvedas de cañón, al ser semicirculares, conseguían que las gotas formadas por el vapor no cayeran desde el techo, sino que se deslizaran por los muros, a lo que ayudaban las estrellas de los tragaluces, que con sus cristales de colores eran puntos fríos en contraste con los cálidos muros de ladrillo y conseguían equilibrar la concentración de vapor, además de crear una sutil y agradable iluminación en esta sala.

Junto a esta sala central o templada, en la parte más interna de estos baños, está situada la sala caliente o al-bayt al sajun y junto a ésta se halla la leñera. En esta zona de servicio, como es lógico, se encuentra el horno donde se producía el fuego para calentar el baño, mediante aire caliente que circulaba por medio de las conducciones subterráneas llamadas hipocaustos, como se explicó anteriormente.

sala fría o al-bayt al sajun

Estos baños en Ronda fueron utilizados tanto por hombres como por mujeres, en horarios diferentes. Las mujeres en época musulmana disfrutaban también de esta sana costumbre purificadora que cumplía, como en el imperio de Roma, una función social y política. Eran lugares perfectos para relajarse conversando, lugares donde procurarse un disfrute para el cuerpo y el espíritu y donde entablar relaciones sociales, con todo lo que esto significaba.

A pesar de su extraordinario interés arquitectónico, estos baños fueron abandonados tras la conquista ya que la moral cristiana no permitía ciertas prácticas, y esto sumado a las crecidas del Guadalevín acabaron de sepultarlos. Las excavaciones realizadas hasta ahora han permitido rescatar las tres salas de baño (fría, templada y caliente) así como las cubiertas con bóvedas de cañón (horadadas por tragaluces en forma de estrella), que se comunican por arcos de medio punto. 

vista de sala templada y puerta de acceso a sala caliente

De este hammam se conserva, además, parte de las calderas y de los sistemas de conducción de agua, pudiendo decir que el sistema hidráulico de estos baños ha llegado intacto hasta nuestros días. Cuentan con la singularidad de conservar completa su estructura, con las diferentes estancias e instalaciones que los organizaban, siendo hoy día los baños árabes más grandes y mejor conservados de toda la península, junto a los baños públicos de Jaén.

Ronda. Abbás Ibn Firnás.

escultura de Abbás Ibn Firnás en Bagdad

Abu Al-Qasim Abbás Ibn Firnás, en árabe أبو القاسم عباس بن فرناس nació en la ciudad de Ronda en el año 810 y murió en la capital de Córdoba en el 887, por lo que su vida se desarrolló durante el califato omeya cordobés siendo conocido como precursor de la aeronáutica además de gran científico y químico andalusí nacido en una familia de origen bereber cuyos ancestros participaron probablemente en la llegada a la península.

Los biógrafos también presentan a Abbás Ibn Firnás como un brillante filósofo de su época, habiendo realizado estudios científicos de química, física y astronomía, principalmente. Sus aptitudes en el campo de la literatura y su habilidad en astrología le permitieron introducirse en la corte del emir Abd Al-Rahmán II, en Córdoba, donde también pudo mostrar sus grandes dotes en alquimia. Dentro de las artes literarias fue a la poesía a la que dedicó sus mayores esfuerzos siendo el primero en comprender el Kitab al-‘arud de Jalil.

Abbás Ibn Firnás vivió, por tanto, en la época del esplendor omeya en Al-Ándalus y construyó el primer planeador de transporte humano teniendo un vuelo exitoso con él lanzándose al vacío desde una torre de Córdoba, por tanto, tiene fama de haber intentado el primer vuelo. Gracias a sus otros numerosos inventos pudo seguir frecuentando la corte cordobesa durante el mandato de Muhammad I (años 852-886).

Abbás Ibn Firnás, primer aviador de la historia

Abbás Ibn Firnás diseñó también un reloj de agua, la clepsidra, llamado entonces al-maqata maqata. También fue el primero en desarrollar la técnica de talla del cristal de roca o cuarzo, cuando hasta entonces sólo los egipcios sabían facetar el cristal, y la puso en práctica en los hornos de Córdoba, lo que contribuyó al desarrollo de la industria del vidrio cordobesa. Por eso se le considera uno de los precursores de la cristalografía. Fue también el primero en usar en la península las tablas astronómicas de Sind Hind, originarias de la India, básicas para el desarrollo de la ciencia europea posterior.

La consecuencia de la importación a Al-Ándalus del citado arte de la talla de cristal de cuarzo -conocido unos siglos antes- y su divulgación fue una floreciente industria de la que son un ejemplo las figuras de ajedrez talladas en los siglos X y XI, algunas de las cuales se conservan en museos. Por otra parte, durante siglos la gente había usado las estrellas y la Luna como reloj, para saber el curso del día y de la noche y a Ibn Firnás -que fue ingeniero en Florencia antes de llegar a Córdoba- se le debe la realización del citado reloj anafórico, de clepsidras de flujo constante y de otros artificios que señalaban la hora con gran precisión.

Gracias a sus conocimientos astrológicos desarrolló varios inventos para medir el tiempo y el movimiento de los astros. Creó una esfera armilar para representar el movimiento de los astros, así como un planetario, que construyó en su propia casa, en el que aparecían estrellas y nubes, todo ello acompañado de un ruidoso y deslumbrador aparato mecánico que simulaba truenos y relámpagos. Las escasas reseñas que quedan de dicho planetario señalan que el visitante quedaba sobrecogido por la aparición de tormentas entre las paredes de la habitación. 

estatua de Abbás Ibn Firnás en Bagdad

Abbás Ibn Firnás era uno de los hombres de mayor sagacidad y penetración, un agudo filósofo, para captar los conceptos sutiles y los secretos de las bellas artes. También conocía perfectamente el arte de la música, tocaba el laúd y cantaba acompañándose de él con tal destreza que se le considera uno de los primeros maestros musicales andalusíes. Cabe decir también que en aquella época la música era considerada una rama de las matemáticas teóricas y que a lo largo del siglo IX ya existía en la ciudad islámica un ambiente científico y cultural muy grande donde él pudo desarrollar sus talentos.

Su nombre sería latinizado posteriormente como Armen Firman. En Occidente se habla de los hermanos Montgolfier, pero en los países musulmanes explican que el primer hombre que intentó volar fue Abbás Ibn Firnás, novecientos años antes que los hermanos Montgolfier. Actualmente, un cráter de la Luna, un aeropuerto en Irak y un puente en la ciudad de Córdoba llevan su nombre. Incluso el sistema de gestión del aeropuerto de Doha, capital de Qatar, lleva su nombre Firnás Automates Doha Airport.

Libia, España y las Islas Comores han emitido sellos con su efigie y en Irak también tienen una estatua suya en Bagdad, además del aeropuerto al norte de la misma capital. En Ronda, su ciudad natal, se puso su nombre a un centro astronómico y meteorológico y en el año 2011 se inauguró el citado puente sobre el Guadalquivir con su nombre, en Córdoba, en cuyo centro se encuentra la figura del pensador andalusí, desde la que se erigen dos alas, llegando hasta ambos extremos del puente.

puente de Ibn Firnás sobre el Guadalquivir en Córdoba

Sin duda, Abbás Ibn Firnás fue el más remoto pionero de la aviación del que se tiene noticia, con diseños aeronáuticos elaborados seiscientos cincuenta años antes de que el también ingenioso artista e inventor florentino Leonardo Da Vinci (años 1452-1519) plasmara el primer intento de estudio aerodinámico, el cual aparece en su obra Sobre el vuelo de los pájaros redactado por el italiano hacia el año 1505.

Ronda

vista del puente sobre el Guadalevín en Ronda

Ronda es un municipio o pequeña ciudad de Málaga situado al noroeste de la provincia, siendo también la capital de la comarca de la serranía de Ronda. Su término municipal se extiende sobre una meseta conocida como depresión de Ronda por las sierras que la circundan. Su nombre tiene su origen en la Arunda romana, que se continuaría a partir de los asentamientos ibéricos existentes. 

Los visigodos le dieron continuidad al lugar hasta la llegada de los musulmanes, quienes consolidaron su papel de cabecera comarcal así como su entidad urbana. Su emplazamiento facilitó la defensa de la ciudad y la puso en una situación estratégica para dominar los pasos y caminos hacia las bajas regiones de Al-Ándalus. Esto y la disponibilidad de tierras aptas para la agricultura le concedieron finalmente una importancia histórica notable en esa época.

La ciudad se asienta sobre una meseta cortada por un profundo tajo excavado por el discurrir del Guadalevín, afluente del río Guadiaro, al que asoman los edificios de su centro histórico, lo que confiere a la ciudad de Ronda una panorámica pintoresca que se une a la variedad de monumentos que posee, a su entorno natural y a su cercanía de la costa del Sol mediterránea. La cornisa del tajo y el puente que lo salva son la imagen por antonomasia de la ciudad.

tramo del adarve y murallas de Ronda

Ronda, como se ha dicho, está rodeada por sierras. En el interior, el relieve es suave y comprende zonas de dehesa y zonas hortícolas y cerealistas. El tajo se extiende además sobre el valle de los Molinos. Al este de la pequeña ciudad se encuentra el parque natural de la Sierra de las Nieves, al sur el valle del Genal, al oeste la sierra de Grazalema y al norte otras tierras más llanas en dirección a Campillos.

En el año 713, tras la llegada musulmana al sur de la península, la actual Ronda abrió sus puertas, sin presentar batalla, a Zaidi Ibn Kesadi Al-Sebseki. La ciudad entonces pasó a denominarse Hisn Rand Onda traducido como La ciudad del Castillo, convirtiéndose en la capital de la qura o provincia andalusí de Takurunna durante el emirato omeya.

Con la desintegración del posterior califato omeya de Córdoba, tres siglos después, la qura de Takurunna pasó a convertirse en la taifa de Ronda o Banu Ifren a comienzos del siglo XI, tratándose de un reino independiente regido por el bereber Abu Nur Hilal Ibn Abi Qurra, y sería durante este período cuando se crease la mayor parte del patrimonio monumental con que cuenta el caso histórico de Ronda así como los arrabales.

vista del tajo del Guadalevín y Casa del rey moro 

Abu Nur Hilal, bereber de la dinastía zenata, fue por tanto el fundador de la taifa de Ronda en el año 1015 y al hacerse con el trono se mostró partidario del omeya Sulaiman Al-Mustain que entonces todavía gobernaba el califato de Córdoba. Pero, al perder éste el trono en el año 1016 a manos del hammudí Ali Ibn Hamud Al-Nasir, el rey zenata de Ronda no dudó en reconocer a éste como nuevo califa. 

La alianza de Abu Nur Hilal con los hammudíes fue una forma de hacer frente a la presión que la taifa de Sevilla comenzaba a ejercer sobre todas las taifas vecinas y se mantendría incluso cuando Yahya Al-Muhtal fue también destronado como califa de Córdoba y pasó a gobernar la taifa de Málaga en el año 1026. Así, cuando el rey taifa malagueño Idris II fue expulsado del trono, Abu Nur Hilal no dudó en ofrecerle asilo en esta ciudad.

En el año 1051, el zenata Abu Nur Hilal, llegó a un acuerdo con el rey sevillano abbadí Al-Mu'támid que, sin embargo, lo traicionó cuando tras invitarlo a la ciudad de Sevilla, junto a los reyes taifas de Morón y Arcos, los encarceló a todos. En aquella época, Ronda estaba considerada una taifa menor, al igual que eran menores las taifas de El Algarve, Algeciras, Arcos, Carmona, Huelva, Mértola, Morón, Niebla y Silves. Aún así, se considera que Ronda albergó entre 6 mil y 10 mil habitantes en época andalusí.

tramo de muralla de la ciudad de Ronda

La reinado taifa de Ronda continuó y el zenata Abu Nur Hilal fue sucedido en el trono por su hijo Abu Nars Fatuh en el año 1058 quien, tras morir emparedado en uno de los baños de su palacio en 1065, provocó que Ronda pasara a formar parte finalmente del reino sevillano abbadí de Al-Mu'támid, el cual a pesar de haber pasado a la historia como un amante de la poesía también se encontraba detrás del macabro episodio citado.
 
Según la obra de Miguel Ángel Ladero Quesada, Granada, Historia de un país islámico (1232-1571), la ciudad de Ronda, en el extremo norte de la serranía, pertenecía en época nazarí a la tercera de las grandes zonas distinguidas de la andalucía granadina, la formada por el surco intrabético y por su defensa exterior, es decir, por las cadenas béticas que bordean al valle del Guadalquivir en una sucesión de macizos separados entre sí. Sobre la peña, en su parte llana, se levantaba el alcázar, rodeado por un triple muro cuajado de almenas. 
 
Alrededor de la Torre del Homenaje de ese alcázar se distribuían las casas agrupadas al norte y al este constituyendo la medina, que se comunicaba con el interior de la fortaleza por pasadizos y minas. Dentro de las murallas había dos arrabales y entre ellos estaba la Torre de las Ochavas. Con un puente que unía la parte alta y baja de la ciudad, así como un acueducto, Ronda contaba con innumerables mezquitas, cementerio y muchas suntuosas mansiones que emulaban la belleza de la Alhambra con raudas, fuentes y tarbeas.

vista nocturna de la muralla de Ronda

El período islámico de Ronda finaliza en mayo del año 1485, cuando el rey Fernando II de Aragón, llamado el rey católico, logra tomarla tras un prolongado asedio. En este asedio apareció por vez primera la artillería castellana como cuerpo del ejército. El alcaide, Hamet Al Zegrí, huyó a Málaga y al capitular Ronda se entregaron tras ella todas las poblaciones de la serranía. La guerra final de los cristianos contra los musulmanes del reino nazarí de Granada giró en torno a Alhama y a su mantenimiento y apoyo entre los años 1482 y 1484 y, por ello, los cristianos asestaron golpes continuos a Loja y a la zona occidental del sultanato, cuyo centro era la ciudad de Ronda.
 
Tras la conquista castellana del reino de Granada en enero del año 1492, muchos de los monumentos erigidos en la ciudad de Ronda por los musulmanes son remodelados, adecuándose a la nueva situación que vive la ciudad, extendiéndose la misma en nuevos barrios y pasando a conocerse el antiguo núcleo de la medina árabe como La Ciudad. Posteriormente, entre los siglos XVI y XVII, se termina conformando el grueso de La Ciudad como se conserva en la actualidad.
 
En el siglo XVIII, Ronda vive una etapa de importantes construcciones entre las que destacaron el llamado Puente Nuevo en sillería de piedra, que ha pasado a considerarse el símbolo de la ciudad y se construyó sobre la parte más alta del tajo del río, quedando bajo él una distancia de 100 m hasta el curso del Guadalevín, uniendo hoy La Ciudad antigua musulmana con la nueva. En la parte superior del puente se sitúan las dependencias que, en otros tiempos, fueron utilizadas como prisión. También se levantó la plaza de toros de la Real Maestranza, siendo una de las plazas taurinas más antiguas y monumentales del mundo.

patio del Palacio de Mondragón, Ronda

El puente viejo original sobre el Guadalevín comunicaba la ciudad y el barroco barrio del Mercadillo, considerándose su construcción de época musulmana. Tras la conquista cristiana, ya a finales del siglo XV, el puente viejo quedó destrozado. Se restauró en el pasado siglo XX y el Puente Nuevo que hoy podemos ver se eleva a 31 m de distancia del río y su arco central mide 10 m. El puente se encuentra próximo a los Baños árabes, de los cuales hablaremos en otro apartado ya que guardan un buen estado de conservación.
 
Por su parte, el denominado Palacio de Mondragón es un edificio en estilo mudéjar-renacentista y alberga hoy el museo municipal de la ciudad de Ronda. Fue construido en el año 1314 por orden del rey benimerí Abd Al-Malik, hijo del sultán del Magreb Abu Al-Hasan Alí, quien llegó a habitarlo. Tras la muerte del rey Abd Al-Malik, la ciudad pasó a depender del reino nazarí de Granada y el palacio pasó a ser la residencia del gobernador de Ronda, siendo su último ocupante Hamed Al-Zegrí. Tras la conquista, fue utilizado más adelante como residencia de los reyes católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. 

El llamado Palacio de Mondragón es, sin duda, el monumento civil más significativo de esta ciudad y como museo municipal posee en sus instalaciones una colección permanente que ofrece un discurso sobre la historia de la comarca de la serranía de Ronda, apoyándose en las diferentes investigaciones arqueológicas desarrolladas hasta el momento en el territorio. De su época musulmana sólo queda el trazado de su planta, los cimientos y unos pasadizos subterráneos que comunicaban el jardín con el antiguo alcázar.

la Casa del rey moro desde el otro lado del tajo

El conocido como Palacio del rey moro y la mina eran, según cuenta la leyenda, la residencia del rey Almonatid, del cual se dice que bebía vino en los cráneos de sus enemigos. Desde este palacio o Casa del rey moro, situado en una zona inexpugnable sobre el escarpe del tajo, se puede bajar al fondo donde transcurre el Guadalevín a través de las escaleras de la mina y es que se trata de un palacio del siglo XVIII que alberga en su interior una mina de captación de agua de origen musulmán. 
 
La mina fue entonces una compleja obra de ingeniería hidráulica construida durante el reino nazarí de Granada, que desciende hasta el fondo del tajo donde discurre el Guadalevín. Se construyó aprovechando una grieta natural vertical donde se desarrolla una escalera tallada en la roca con más de doscientos peldaños y que desciende en vertical unos 100 m. En su interior se localizan una serie de estancias, desde aljibes a habitaciones, que fueron utilizadas como polvorín y depósito de grano.

Después del abandono de esta mina en el siglo XVI, su recuerdo de utilidad se va borrando y en el imaginario colectivo de Ronda comienzan a aparecer distintas leyendas que narran la existencia de palacios fabulosos, como la supuesta residencia del rey Almonatid así como bellas princesas y fastuosos tesoros escondidos en las profundidades de la mina.

restos de yeserías en la Casa del Gigante, Ronda

La Casa del rey moro que, como se ha dicho, alberga en su interior esta sorprendente obra, se encuentra actualmente cerrada, aunque sí son visitables tanto la mina como sus valiosos jardines en terrazas conocidos como Jardines de Cuenca. Se presentan en diferentes niveles, salvados por escalinatas decoradas con azulejos y jalonadas por fuentes y albercas cubiertas por nenúfares, con la presencia constante del agua también en canalillos, habiendo sido diseñados por el prestigioso arquitecto y paisajista Forestier, combinando la influencia del clásico jardín hispano-musulmán con el diseño geométrico del jardín francés. 
 
También cabe destacar en Ronda la denominada Casa del Gigante, así como la gran cantidad de casas-palacio, callejuelas y plazoletas presentes en la ciudad compartiendo su origen de época islámica. La llamada Casa del Gigante está situada en el centro histórico de Ronda y su construcción original fue probablemente de época nazarí, habiendo sido reconstruida en el siglo XIV con capiteles pertenecientes al siglo XIII asemejándose a edificaciones de la ciudad de Granada y el Magreb.

Esta Casa del Gigante toma su nombre de los relieves antropomorfos en piedra, tal vez de origen ibérico o fenicio, que decoraban las esquinas del edificio de los que tan sólo queda uno, muy deteriorado. En el interior del patio de esta casa se conservan partes de yeserías decoradas con motivos florales, algunas de las cuales debieron de estar ricamente decoradas por los restos de policromía que conservan recordándonos la puerta de acceso a la torre del Peinador de la reina, en  la Alhambra de Granada.  

intradós de arco en la Casa del Gigante
 
Esta sorprendente Casa del Gigante, tal y como hoy la vemos, es una interesante muestra de construcción señorial nazarí en Ronda y la única conservada en todo el reino nazarí si exceptuamos las de Granada o las de la alcazaba malagueña. Sus habitaciones se disponen en torno a un patio central con alberca. La entrada, que conduce al pórtico y a la sala norte, está decorada con ataurique e inscripciones cursivas. Por sus dimensiones, esta casa debía ser una de las más importantes de la ciudad, propiedad de un importante personaje de la nobleza benimerí.
 
Y pocas construcciones permiten comprender con tanta claridad el pasado islámico de Ronda como el alminar de San Sebastián, uno de los escasos testimonios conservados de la arquitectura religiosa nazarí en la ciudad. Su silueta, que hoy forma parte del paisaje urbano rondeño, nos recuerda una época en la que la llamada a la oración marcaba el ritmo cotidiano de la medina. Se trata, por tanto, de la torre desde la que el almuecín convocaba a los fieles a la oración y que constituía uno de los elementos más representativos de cualquier mezquita.

Este alminar pertenecía a una mezquita situada en uno de los espacios más importantes de la ciudad. Tras la conquista castellana de Ronda en el año 1485, el edificio religioso fue transformado en iglesia bajo la advocación de San Sebastián y la mezquita desapareció con el tiempo, pero su alminar sobrevivió adaptándose a los nuevos usos. Desde el punto de vista arquitectónico, la torre presenta una planta cuadrada con un núcleo central alrededor del cual asciende una escalera cubierta mediante bóvedas de medio cañón, una solución constructiva frecuente en la arquitectura islámica occidental.
 
alminar de San Sebastián en Ronda

La parte inferior está realizada con sólidos sillares de piedra. En ella destaca una magnífica puerta de arco de herradura, enmarcada por un alfiz rehundido y rematada por un dintel adovelado decorado con delicados lazos de piedra y restos de cerámica vidriada de color verde. Curiosamente, esta portada permaneció oculta durante siglos por una vivienda adosada y no volvió a contemplarse hasta las restauraciones realizadas en el siglo XX.
 
El cuerpo central, construido en ladrillo visto, constituye el elemento más característico del alminar. Su decoración alterna hiladas de ladrillos colocados a soga y tizón, creando un elegante juego de volúmenes y texturas. En cada una de sus fachadas se abre un gran paño rehundido con dos ventanas de arco de herradura. Antiguamente, sobre estas ventanas, existía una decoración de sebka, formada por una red de rombos de clara tradición almohade, que lamentablemente desapareció durante las labores de restauración. Su parte superior corresponde ya a época cristiana, quedando coronado por un tejado mudéjar a cuatro aguas. 
 
Ronda, por otra parte, siempre estuvo dividida y aún conserva esta división en tres barrios. El primer barrio, el de San Francisco, es el más antiguo en donde estuvo enclavado el Alcázar y en el interior de este barrio podemos observar la Puerta de Almocábar y la muralla musulmana que rodeaba Ronda y que llega hasta el puente, en cuyo pie -como ya se ha dicho- destacan los Baños árabes siendo unos de los mejores baños públicos conservados de todo Al-Ándalus. 

puerta de Almocábar en Ronda

El segundo barrio es el perteneciente a La Ciudad, donde se encuentran los grandes edificios, conventos, iglesias y palacios, así como tramos de muralla conformando calles muy pintorescas repletas de arcos, columnas, artesonados y arabescos que revelan su origen. Y por último, el barrio del Mercadillo que fue fundado a raíz de la conquista cristiana y es hoy notorio por su barroco caserío, deslumbrante en blancura y enriquecido por las rejas de sus ventanas.
 
En cuanto al amurallamiento urbano de la ciudad de Ronda en época islámica aún se conserva la ya citada Puerta de Almocábar, situada en el sector sur de la medina, que fue construida en el siglo XIII y reestructurada después durante el reinado del emperador Carlos V, por lo que a mediados del siglo XVI se le añadió otro cuerpo de acceso con puerta almenada de estilo renacentista, con arco de medio punto en piedra, sobre el que figura un gran escudo real sostenido por su águila imperial.
 
También destacan, en el sector este de La Ciudad, las murallas y la puerta de la Cijara. Este área se compone de una doble línea defensiva que albergaba los arrabales islámicos de Ronda, donde se localizaban los Baños públicos y cuyo amurallado fue continuación de la muralla del siglo VIII. Y por último, destacar en el sector oeste de la ciudad, las murallas de la Albacara y la puerta de los Molinos, así como la puerta del Viento. La puerta de los Molinos es una puerta árabe defensiva, en el camino de acceso a la ciudad, procedente de la vertiente oeste del tajo del Guadalevín dando acceso a la antigua medina.

puerta de los Molinos, acceso a la medina de Ronda

Por otra parte, son muy diversos los poetas y escritores que a lo largo de la historia han escrito acerca de la ciudad de Ronda, como el poeta Juan Ramón Jiménez que habló de ella como "la esencia del típico pueblo andaluz donde perderse" o el escritor Ernest Hemingway, amigo del torero Antonio Ordoñez y enamorado de esta ciudad, que hablaba de "el auténtico decorado romántico de Ronda y sus alrededores" en alguna ocasión dijo "aspiro a escribir como se torea en Ronda". El afamado escritor norteamericano le da nombre a un emblemático paseo de la ciudad.

Rafael Alberti, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Joyce o Orson Welles son solo otros de los muchos nombres que cayeron rendidos a los pies de esta bella ciudad, dejando constancia de ello con sus comentarios, en sus escritos y describiéndola en algunas de sus conocidas obras. Juan Goytisolo nos decía acerca de su llegada a esta ciudad "Avistamos Ronda. Estaba enriscada en la sierra, como una prolongación natural del paisaje y, a la luz del sol, me pareció la ciudad más hermosa del mundo"

Para Vicente Aleixandre esta era "la ciudad del paraíso" y para el checo Rilke "He buscado por todas partes la ciudad soñada y al fin la he encontrado en Ronda. No hay nada más inesperado en España que esta ciudad salvaje y montañera". Rilke posee una calle con su nombre en esta ciudad y aún se conserva -tras más de un siglo- una habitación en el hotel Victoria tras su estancia en Ronda.

El Guadalevín pasando bajo el Puente Nuevo