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Geometría. Arcos en la mezquita aljama de Córdoba.

arcadas en el interior de la mezquita aljama de Córdoba

La mezquita de Córdoba es un edificio fascinante tanto por su antigüedad, como por su consistencia, su belleza y la forma en que fue construida. Desde el siglo XIX, viajeros y arquitectos se vienen preguntando qué patrón siguieron sus constructores para alcanzar un equilibrio que sigue asombrando a centenares de miles de viajeros anualmente y cómo es posible que sea una especie de proporción única y singular, la famosa proporción cordobesa, diferente a la proporción áurea, siendo un patrón que además se repite y se imita en muchos edificios de la ciudad.

Actualmente, existen varias teorías sobre las proporciones de los famosos arcos de esta mezquita. La más antigua se centró en la construcción original en la época de Abd Al-Rahmán I, la más famosa y fascinante, la proporción cordobesa. La más reciente señala que el monumento sigue una proporción pitagórica. Investigadores han escaneado con un láser 3D toda la ampliación de la época de Al-Hakén II, la que desemboca en el mihrab, y los resultados han sido superpuestos a su vez sobre los dibujos y planos de las teorías de las proporciones de la mezquita de Córdoba, para tratar de determinar cuál puede ser la que más se acerca a la realidad.

bosque de columnas y arcos en la mezquita de Córdoba

Los arcos de las primitivas arcadas, siguiendo la tradición hispano-visigoda, poseen sin embargo una estructura tan sencilla que no permite evolución alguna, por lo que permanecen esencialmente inalterados en sus repeticiones posteriores. Y ya entonces se acerca a la proporción de 1,3 (la áurea, cuando la que más se repite en la arquitectura mundial es 1,6). La cifra exacta era 1,307, que proviene de la relación entre el lado y el circunradio del octágono. Y un octágono es, precisamente, lo que ve cualquier visitante que levante la vista en el mihrab de esta mezquita.

Por su parte, se cree que pueda pertenecer a la proporción pitagórica de la época clásica griega y romana que llegó al emirato omeya en el siglo VIII, y luego al arte califal, prevaleciendo en las dinastías taifas, almorávides, almohades y nazaríes. Este sistema se caracterizaría por el uso de escuadras con ángulos de 45º y 90º y con ángulos de 30º, 60 y 90º. Y la relación de 1:3, entre el ancho de la intercolumna y la altura ente las líneas de imposta de los dos niveles de arcos, es la que muestra la mayor importancia constructiva encontrada hasta el momento, denominada proporción principal, ya que no depende de las restauraciones de la planta y altura del techo.

Córdoba. Mezquita aljama. Puertas de acceso.

exterior de la Mezquita de Córdoba, esquina suroeste

El impresionante recinto de la Mezquita aljama de Córdoba está realizado en piedra caliza y rematado por almenas escalonadas de tipo sirio. El recinto cuenta con un total de diecinueve puertas al exterior, varias de ellas reconstruidas y restauradas ya en época moderna. Mientras que algunas de ellas sirven de acceso al patio de los Naranjos, gran parte del resto fueron tapiadas durante el siglo XIII, usándose como fondo de las múltiples capillas cristianas que guarda el interior de la actual mezquita-catedral.

En la fachada oeste de la Mezquita contamos siete de sus puertas. De norte a sur, encontramos la puerta de los Deanes, que comunica con el patio de los Naranjos, la de San Esteban de tiempos de Abd Al-Rahmán I, la puerta de San Miguel de la época de Abd Al-Rahmán II, así como las puertas del Espíritu Santo, el postigo de Palacio, la de San Ildefonso y la puerta del Sabat perteneciendo a la ampliación de Al-Hakén II.

vista aérea de la Mezquita aljama con orientación norte-sur

En la fachada norte, encontramos tres puertas desde el alminar o actual campanario en el ala oeste hacia el este, encontrando la puerta del Perdón bajo el alminar, la puerta de Ntra. Sra. del Pilar y la del caño Gordo. En la fachada sur, que mira al río Guadalquivir, no encontramos ninguna puerta estando compuesto el exterior de esta fachada, de oeste a este, por arcadas superpuestas, un balcón y la llamada custodia por ese orden.

En la fachada este contamos las nueve puertas restantes. De norte a sur, la puerta de la grada Redonda y la puerta de Santa Catalina son las que permiten el acceso al patio de los Naranjos. Todo el resto de puertas pertenecen a la época de Almanzor, encontrándonos con la puerta de San Juan, la del Baptisterio, puerta de San Nicolás, la de la Concepción antigua, puerta de San José, la del Sagrario y puerta de Jerusalén. 

puerta de los Deanes, fachada oeste

Comienza el recorrido por las siete puertas de acceso a la Mezquita en la fachada oeste encontrando primeramente la puerta de los Deanes, única puerta en esta fachada con acceso al interior del patio de los Naranjos. Su estructura externa corresponde a la remodelación realizada en el siglo XIV y está formada por un dintel adovelado y un arco de descarga con forma de falsa herradura, ya que se encuentra cegado justo en la curvatura del propio arco.

En la parte superior de esta entrada se sitúa una cornisa rematada con adornos, como si estuviera almenada. Su cara interna que da paso al patio es la original del siglo VIII y se ha conservado hasta nuestros días, llegando a afirmar algunos autores que puede tratarse de la entrada al patio de la primitiva mezquita de Abd Al-Rahmán I.

vista del interior de la puerta de los Deanes

Seguidamente encontramos la puerta de San Esteban, que fue construida en el siglo VIII por Abd Al-Rahmán I y reformada posteriormente en tiempos de Muhammad I.​ Es la puerta más antigua de todo el templo y sirvió de modelo para el resto de las puertas laterales construidas en época musulmana. Es también conocida como puerta de San Sebastián, puerta de los Visires o Bab Al-Wazara.

Esta puerta de San Esteban era la entrada por la que se accedía desde la calle directamente al oratorio de la mezquita de Abd Al-Rahmán I. Esta puerta sufrió una importante reforma en el siglo IX, momento en el que se le añadirían los motivos ornamentales que hoy podemos observar en ella. Esto queda patente gracias a la inscripción que hay en el arco y que señala el año 855 como fecha de los añadidos, ya en época de Muhammad I.

puerta de San Esteban, fachada oeste

Su estructura la forma un vano adintelado sobre el que hay un arco de herradura ciego en el que se alternan las dovelas, con motivos vegetales, y grupos de ladrillos colocados de canto. A los dos lados de la puerta, hay dos ventanas cerradas con sendas celosías de mármol blanco, de las que algunos autores afirman que fueron reutilizadas. Remata todo el conjunto, en la parte superior, un tejaroz de piedra sustentado por modillones y sobre el que hay una serie de almenas escalonadas.

En época cristiana fue enlucida por completo, mientras que ya en el siglo XIX las sucesivas restauraciones hicieron que perdiera gran parte de su aspecto original. Sin embargo, aún es posible ver en su parte exterior numerosos restos de los atauriques que la decoraban antaño. Los modillones constituyen el elemento decorativo principal de los aleros de los tejados de esta fachada. Si bien son de época de Abd Al-Rahmán III, algunos de ellos fueron repuestos a lo largo del segundo tercio del siglo XV con ornamentación gótica.

dovelas con vegetales en el arco de la puerta de San Esteban

La siguiente puerta que vemos es la de San Miguel y se trata de la única puerta correspondiente a la época de Abd Al-Rahmán II. Es llamada así por la primera capilla de época cristiana que hubo tras ella y también es conocida como puerta de los Obispos. Está situada en lo que ya sería la ampliación de la Mezquita realizada bajo el mandato del citado Abd Al-Rahmán II.

Esta puerta de San Miguel sigue la misma estructura que la ya vista en la puerta de San Esteban, si bien ésta de San Miguel es de un tamaño ligeramente inferior, algo que podemos apreciar con mayor nitidez si observamos bien el arco. En esta ocasión, no se ha conservado la ornamentación de ataurique, además de carecer igualmente del tejaroz de la parte superior.

puerta de San Miguel, fachada oeste

Los adornos del arco fueron añadidos ya en el siglo X. En el centro de este mismo arco podemos ver el escudo del obispo Juan Daza, el cual fue añadido a esta puerta en el siglo XVI, momento en que también se incorporó el alfiz de estilo gótico a la estructura de la puerta. Cabe apuntar también que ya en tiempos de Abd Allah se construyó un sabat en este acceso para unir la maqsura con el alcázar árabe, que se encontraba donde hoy está el palacio Episcopal.

Este paso discurría por encima de la calle pública que vemos ante la puerta de San Miguel, si bien no hay que confundirlo con el que se construyó más adelante y más al sur bajo el mandato de Al-Hakén II. El que mencionamos aquí no continuaba dentro de la sala de oraciones y el motivo de su construcción se dice que fue el hecho de que, cuando Abd Allah iba a la mezquita, los fieles que se encontraban rezando se levantaban interrumpiendo así sus oraciones por lo que se decidió realizar dicho sabat.

puerta del Espíritu Santo, fachada oeste

Las siguientes y restantes cuatro puertas en el muro occidental u oeste de la Mezquita aljama de Córdoba hasta la esquina sur, en su origen daban acceso directamente a la sala de oración que erigiera el califa Al-Hakén II en la segunda mitad del siglo X. La primera de las cuatro, de norte a sur, es la llamada puerta del Espíritu Santo siendo una de las más bellas en lo que a composición se refiere.

La puerta del Espíritu Santo se trata de un acceso que se mantuvo tapiado hasta principios del siglo XX, momento en el que afrontó su restauración para devolverle su esplendor inicial. Muy parecida a ésta es la puerta de San Ildefonso, que se encuentra en esta fachada más al sur, de hecho si nos fijamos con detenimiento los esquemas compositivos de ambas son casi idénticos.

ataurique en arco polilobulado de puerta del Espíritu Santo

El vano de acceso adintelado se compone de un arco de herradura de descarga y se encuentra enmarcado por un alfiz, hecho que pasa a ser una tónica dominante a lo largo del muro occidental. Sobre él encontramos una serie de arquillos ciegos y entrelazados, dotando al conjunto de un mayor dinamismo. Cada uno de ellos está decorado en su interior con distintos motivos geométricos pintados.

Franqueando ambas portadas, se hallan dos pequeñas ventanas. Están cubiertas con celosías decoradas a base de elementos geométricos también entrelazados, envueltas cada una de ellas por arcos poli-lobulados en los que destaca su profusa decoración geométrica, detalle que se repite en todo el conjunto de la puerta.

ventana izquierda, puerta del Espíritu Santo

Entre las citadas y similares puertas del Espíritu Santo y San Ildefonso encontramos la conocida como puerta de San Pedro, por su proximidad a la antigua capilla de San Pedro y San Lorenzo. También fue llamada puerta de la Paloma, considerado un animal sagrado en el islam ya que se cree que las palomas se agruparon para proteger a Mahoma durante su hégira desde La Meca a Medina.

El tercer nombre por el que se ha conocido a esta puerta, siendo el más usado actualmente, es el de postigo de Palacio debido sin duda a su proximidad con el actual palacio Episcopal. Atendiendo a su composición, se trata de una de las puertas más interesantes, pues los elementos musulmanes (arco de herradura, alfiz) y cristianos (gablete, florón, molduras) se entremezclan con gran acierto, dotando al conjunto de gran armonía y notable originalidad.

puerta de la Paloma o postigo de Palacio, fachada oeste

El postigo de Palacio puede decirse que es un híbrido de la puerta típica califal y decoración gótica ya que, como se ha dicho, el arco de herradura y el alfiz en el que se enmarca se encuentran adornados con motivos de este estilo. Sobre el arco de herradura primitivo se ha superpuesto una tracería a base de trifolios en las dovelas mientras que en las albanegas se han dispuesto unas molduras verticales de forma ojival.

A ambos lados de este postigo de Palacio se abrieron sendos vanos, estando el de la izquierda -según nos situamos frente a la puerta- cubierto por unas rejas, mientras que el de la derecha lo está por una celosía compuesta de formas geométricas. En la parte superior, sobre la puerta, el deterioro es considerable.

fachada oeste de la Mezquita aljama de Córdoba

Si nos fijamos con detenimiento, las tres puertas mencionadas de la época de Al-Hakén II están flanqueadas por grandes machones y la distancia entre ellos es similar. Sin embargo, la distancia entre los dos siguientes o últimos es mucho menor, lo justo para poder instalar entre ellos un pequeño vano de acceso en una ubicación que, a priori, tiene poco sentido. La distancia entre esos dos machones corresponde al ancho del pasadizo de la llamada puerta del Sabat, de la que hablaremos más adelante.

Tras el postigo de Palacio, la siguiente puerta que encontramos es la puerta de San Ildefonso que, como se ha dicho, posee un exterior muy similar a la puerta del Espíritu Santo. Si observamos bien, el esquema compositivo de su estructura sigue los mismos patrones que en aquella, por lo que, si bien cabe mencionar que los motivos geométricos de las celosías en las ventanas son diferentes, no es necesario describirla al completo al resultar tan sumamente similar.

puerta de San Ildefonso, fachada oeste

Finalmente, en esta fachada oeste concluimos su recorrido en la puerta del Sabat. El origen de las calles cubiertas, que eran los sabat, es sin duda del mundo árabe ya que en sus ciudades aparecen con notable frecuencia. Esos lugares entre un edificio y otro pueden, por la anchura de algunos, servir incluso de vivienda. Se trata del pasadizo o sabat  construido bajo mandato de Al-Hakén II (entre los años 970 y 972) y que se utilizaba como unión entre el alcázar del califa -que estaba situado donde hoy el palacio episcopal- y la mezquita, de forma que el paso del califa a la oración estuviese dentro de la máxima seguridad y discreción.

La puerta del sabat también fue un complemento a la maqsura de los comienzos del islam para proteger al califa de posibles atentados. Se dio la circunstancia de que, de tres califas asesinados, dos lo fueron en el lugar de oración. El pasadizo del Sabat, en definitiva, el califa lo utilizaba para entrar y salir del templo con total intimidad y el pequeño acceso que vemos fue la puerta exterior del mismo, la cual enlazaba con un pequeño puente que, destruido a comienzos del siglo XVII, conectaba la mezquita con el alcázar omeya.

puerta del Sabat, fachada oeste

En la mezquita de Córdoba se supone hubo dos sabat. El primero cuando gobernaba el emir Abd Allah (años 888-912) y unía el alcázar musulmán con la mezquita a la altura de lo que hoy es la puerta de San Miguel, como se comentó anteriormente. En el caso que nos ocupa, este pasadizo tenía unos cinco arcos a lo largo de la calle y el geógrafo ceutí Al-Idrisi nos dice que tenía ocho puertas interiores, entre el alcázar y el muro de la qibla. Estuvo en uso hasta el año 1610 que, por reformas en el palacio episcopal, el obispo Mardones ordenó destruirlo.

El pasadizo contaba al parecer con dos pisos, el primero era usado exclusivamente por el califa y el personal masculino de la casa real mientras el segundo piso estaba destinado al paso de las mujeres y los niños. De este modo, la puerta que hoy vemos es la correspondiente al primer piso, mientras que el hueco del segundo aparece tapado en la parte exterior al haber sido cubierto con una capa de sillares.

interior de la Mezquita correspondiente a la ampliación de Almanzor

Tras esta puerta del Sabat, llegamos a la esquina suroeste de la mezquita. El muro de la fachada sur corresponde con la qibla de la antigua mezquita. La parte occidental u oeste de la fachada sur fue levantada en época de Al-Hakén II estando construida a modo de muro doble, mientras que la parte oriental de la fachada sur fue construida en época de Almanzor y se trata de un muro sencillo. Como ya se dijo, en la fachada sur no existen puertas al exterior.

Rodeando la esquina sureste cabe recordar que todas las puertas exteriores de la fachada este u oriental corresponden con la época de Almanzor, en la cual bajo su gobierno se llevó a cabo una ambiciosa ampliación de todo el recinto y en este lateral de la Mezquita aljama. Nos encontramos primero, de sureste a noreste, con la llamada puerta de Jerusalén.

puerta de Jerusalén, fachada este

En la llamada puerta de Jerusalén podemos observar cómo el paso del tiempo no ha sido demasiado generoso con ella y presenta un elevado grado de deterioro, muy superior al de las puertas del muro oeste de la Mezquita. Tan sólo se mantiene parte del arco de herradura de la puerta y las celosías de las ventanas a ambos lados de la misma. El muro que la precede no nos permite acercarnos.

La puerta del Sagrario es el siguiente acceso que encontramos. Si entrásemos por ella y girásemos a la izquierda o sur, llegaríamos hasta la capilla cristiana del sagrario, lo cual nos aclara de dónde toma su nombre. Su estado de deterioro es similar a la anterior puerta de Jerusalén. Si observamos estas dos puertas más detenidamente encontramos una composición formada por tres calles verticales divididas en tres cuerpos cada una.

puerta del Sagrario, fachada este

Los dos cuerpos laterales constan de sendos vanos ciegos en los cuerpos inferior e intermedio y de una ventana cubierta por una celosía en el superior. El cuerpo central es de mayor tamaño, teniendo la puerta adintelada y cubierta por un arco de herradura. Aunque en ninguna de las dos puertas existe ningún alfiz, ni tampoco un friso de arcos ciegos sobre éste, sí podemos ver el estado de deterioro que presenta el lugar que podrían haber ocupado ambos como si de esta zona hubieran sido arrancados algunos elementos tras picar sobre ellos.

En la puerta del Sagrario sí han permanecido los arcos de las ventanas geminadas en los cuerpos laterales intermedios y restos de lo que podrían haber sido sendos arcos polilobulados sobre las ventanas del cuerpo superior. Esto nos indica una estructura similar a la que vimos antes en el muro oeste, en la puerta de San Ildefonso o la muy semejante del Espíritu Santo y que encontraremos más fielmente en la siguiente puerta de San José.

puerta de San José, fachada este

La denominada puerta de San José, si se encontrase abierta, podría conducirnos hasta la capilla cristiana de San José, de donde proviene el nombre por el que la conocemos actualmente. En esta puerta podemos ver una imagen exterior que guarda una gran similitud con las puertas del muro oeste de la Mezquita.

Esta puerta presenta un notable grado de conservación, sobre todo si la comparamos con las dos puertas anteriores, pero no debemos creer que ello sea debido a una mayor resistencia de los materiales o una menor actuación de agentes externos, sean naturales o no, sencillamente es que nos encontramos ante la primera de las cinco puertas que a partir del año 1913 fueron restauradas en la fachada este.

puerta de la Concepción antigua, fachada este

A continuación encontramos la puerta de la Concepción antigua, siendo la siguiente puerta restaurada, como comprobamos al ver su estado y su gran similitud con la anterior. Aquí, en el tercer cuerpo de la calle central, la arquería ciega tiene arcos del tipo trilobular en lugar de arcos de herradura como en la anterior, una diferencia que se irá repitiendo en las siguientes tres puertas.

La repetición de monumentales puertas y de tan idénticas formas, situadas de igual manera entre los contrafuertes del muro, nos puede hacer olvidar la belleza individual de cada una de ellas, pero a la par nos da una imagen de conjunto de la que carece el muro oeste u occidental de la Mezquita.

puerta de San Nicolás, fachada este

La siguiente, conocida como puerta de San Nicolás, se trata de la tercera puerta restaurada tras la de San José y la de la Concepción antigua. Debe su nombre también a la capilla cristiana de San Nicolás de Bari situada tras la puerta. Una vez llegados hasta aquí nos habremos dado cuenta ya de cómo en este lateral este u oriental aparece una abundante ornamentación de la que carece el muro occidental u oeste.

No es necesario recordar que todo el conjunto de la Mezquita constituye el monumento más importante de Córdoba, y también de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra de Granada, así como el edificio más emblemático del arte omeya hispano-musulmán. Tras la conquista de Córdoba por los cristianos, se utilizó la hasta entonces Mezquita aljama para celebrar el nuevo culto, pero en el siglo XVI los altos cargos de la iglesia ordenaron la construcción de una catedral renacentista en sus naves centrales, en pleno corazón de la mezquita, alterando la perspectiva original.

fachada este de la Mezquita de Córdoba

Continuando el recorrido nos encontramos con la puerta del Baptisterio, también restaurada. En esta puerta podemos ver la misma estructura de las otras tres anteriores, la agradable imagen lograda en algunas zonas en las que aparece una combinación de ladrillo y piedra, las diferentes sucesiones de distintos tipos de arcos y las inscripciones en piedra de motivos vegetales o geométricos en algunas y de citas religiosas o que recuerdan alguna obra llevada a cabo en la Mezquita, en otras.

Llegados hasta la siguiente puerta de San Juan, cuyo nombre lo toma de la capilla cristiana de San Juan Bautista existente tras el muro, hemos llegado hasta la última de las puertas restauradas y también la última, en este lateral, de las que se abrían a la calle desde el interior de la Mezquita. Se trata de una puerta prácticamente idéntica tras la reforma a la anterior del Baptisterio.

puerta de San Juan, fachada este

Cabe señalar que, a pesar de las similitudes, existen un par de grandes diferencias entre las puertas del muro oeste y del este. En primer lugar, en las puertas del muro este reformadas vemos cómo debajo de las ventanas laterales con arcos polilobulados se sitúan ventanas geminadas con arcos de herradura, algo inexistente en el lateral occidental. La otra gran diferencia la apreciamos en la arquería ciega del espacio superior central, ya que en las del muro este encontramos dicha arquería formada por arcos de herradura o trilobulados en lugar de arcos entrecruzados como los del muro oeste.

Las siguientes dos puertas en este muro oriental se abren al patio de los Naranjos. La primera de ellas es la puerta de Santa Catalina, situada enfrente de la plaza del mismo nombre. Esta entrada tiene su origen, al igual que todas las demás en este lateral, en la ampliación realizada en la Mezquita por Almanzor. La visión actual es una obra de estilo renacentista realizada a mediados del siglo XVI, conservando tan sólo las dos hojas de su aspecto original. La última puerta de la fachada este es la puerta de la grada Redonda, cuyas actuales formas, de estilo churrigueresco, se deben a una reforma del siglo XVIII.

fuente del caño Gordo, fachada norte

En la fachada norte encontramos primero la puerta del caño Gordo, viéndose actualmente su aspecto de época cristiana por lo que se presenta tremendamente modificada a como fue en origen. A continuación de la fuente del caño que da nombre a la citada puerta, encontramos un vano enrejado que, si bien puede pasar desapercibido, merece la atención pues se trata de la antigua puerta de Ntra. Sra. del Pilar, ubicada en el lugar en el que se unen la ampliación de Abd Al-Rahmán III y la de Almanzor. 

De trazas muy sencillas, esta puerta de Ntra. Sra. del Pilar está formada por un vano adintelado y cuenta con un arco de descarga. En su origen, su utilidad era la de servir de acceso directo a las mujeres para que entraran desde la calle a la galería norte del patio de los Naranjos. En la actualidad está hundida debido a la elevación del terreno y se encuentra cerrada con una reja. El recuento de puertas termina en la esquina noroeste de la Mezquita, dejando atrás la puerta del Perdón, bajo el alminar.

alminar y actual campanario visto desde el ala este del patio

Córdoba. Mezquita aljama.

vista de la mezquita desde el antiguo alminar

Este emblemático edificio de la ciudad de Córdoba se empezó a construir como mezquita en el año 786 y algunos autores consideran que el majestuoso monumento fue levantado por los musulmanes sobre la anterior basílica hispano-romana de San Vicente Mártir (siendo aquella una iglesia construida en el siglo VI), en cuyo solar se inició la edificación del oratorio o haram, con la reutilización de parte de los materiales y quedando reservada al culto islámico ya que la ciudad requería de un nuevo espacio.​ Se construyó entonces el primitivo oratorio musulmán que seguía un esquema basilical y que se estructuraba en once naves perpendiculares al muro de la qibla. 

Esta sería la mezquita aljama fundacional, levantada por orden del primer emir Abd Al-Rahmán I, cuya construcción finalizó en el año 788 con Hixén I como titular del emirato cordobés. Este emir ordenó el levantamiento del alminar primitivo de la mezquita. Más tarde en el siglo IX, entre los años 833 y 848, se llevó a cabo la ampliación por orden del emir Abd Al-Rahmán II. El incremento demográfico en la ciudad de Córdoba obligaba a ampliar de nuevo la mezquita. Siguiendo el esquema original, por orden del citado emir, se añadieron ocho nuevas naves hacia el sur. Al mismo tiempo, el patio de abluciones también fue ampliado.

Más tarde, a finales del siglo IX, el emir Abdalá I ordenó construir el primer sabat, un pasadizo elevado que conectaba la maqsura de la mezquita con el alcázar omeya que se situaba al otro extremo de la calle. En el siglo X, entre los años 951 y 952, el ya califa Abd Al-Rahmán III, nieto del citado emir Abdalá I, ordenó el levantamiento de un nuevo alminar, que según las fuentes alcanzaría los cuarenta y siete metros de altura. Este alminar, espléndido, sirvió más tarde como referente para los minaretes almohades en las ciudades de Sevilla, Rabat y Marrakech.

naves en mezquita aljama de Córdoba tras una de sus ampliaciones

La ciudad de Córdoba durante el siglo X se convierte en la capital más importante del saber en Al-Ándalus, por lo que la mezquita aljama se convierte también en el centro de estudios para disciplinas como la medicina o jurisprudencia y todo este trasiego hizo que fuese necesario realizar nuevas reformas y ampliaciones en su conjunto. En plena época de expansión de la ciudad, la mezquita también era un punto de encuentro de la vida diaria ya que, excepto en los momentos de oración, podía verse a vendedores ambulantes, gente que podía resguardarse de la lluvia, etc, siendo centro de cultura y del día a día de la sociedad.

Más adelante, concretamente entre los años 962 y 966, se llevó a cabo la ampliación más innovadora por orden del segundo califa, Al-Hakén II, siendo éste hijo y sucesor de Abd Al-Rahmán III. La dirección de estas obras de ampliación estuvo a cargo de su hayib, Yafar, y se realizaron en dirección sur hacia el río Guadalquivir. Existen inscripciones en la imposta del arco del mirhab que hacen mención a este proyecto y una de ellas reza "Mandó el imán, Al-Muntansir billah, siervo de Allah, Al-Hakén, príncipe de los creyentes a su liberto y hayib, Yafar Ibn Abd Al-Rahman, Allah se apiade de él, la erección de esta construcción".
 
Esta ampliación en la mezquita aljama cordobesa es, sin ninguna duda, testimonio material del esplendor del califato, introduciendo novedosos conceptos decorativos materializados en atauriques, mármoles y mosaicos. Su intervención no sólo se concreta en la ampliación de la sala de oración añadiendo doce crujías con el diseño original de doble arcada, sino además en la construcción de las nuevas maqsura y qibla, derribando el antiguo mihrab de Abd Al-Rahmán II, y todo ello bajo una estética de gran plasticidad y riqueza.

muro sur del Patio de Los Naranjos

Se sumarían entonces al oratorio cuarenta y cinco metros hacia el sur, dando como resultado un recinto alargado que potencia a la maqsura y al mihrab como puntos de especial atención. Asimismo, el espacio es realzado con la construcción de cuatro lucernarios, el primero de ellos en el acceso a esta ampliación y los otros tres precediendo al mihrab. Su función principal era la de otorgar una mayor iluminación al recinto. Años después, concretamente entre los años 991 y 994, se llevó a cabo la tercera y última ampliación de la mezquita por orden de Almanzor, el hayib del joven califa Hisham II.
 
Uno de los accesos a esta espléndida mezquita, el denominado Patio de los Naranjos, está situado en la parte norte del templo. Tiene su origen en el primitivo patio de abluciones de la mezquita fundacional que podía contemplarse en la época del emir Abd Al-Rahmán I, del siglo VIII, siendo posteriormente ampliado y reformado durante las siguientes etapas constructivas. El Patio de los Naranjos recibe su nombre de los muchos naranjos que alberga y su muro sur, que comunica al patio con el interior del templo, está formado por diecisiete arcos de herradura que se encontraban originariamente abiertos, haciendo de la sala de oración un espacio abierto. Hoy sólo uno de ellos, la Puerta de las Palmas, comunica el interior con el patio, como antes lo hiciesen todos ellos en época de Abd Al-Rahmán III.

Todos los arcos al este de esta puerta fueron tapiados hace tiempo para alojar en ellos múltiples capillas cristianas. Los lados occidental, septentrional y oriental del Patio de los Naranjos se hallan rodeados de galerías porticadas y cuentan con seis puertas que comunican al patio con el exterior: la Puerta de los Deanes y el Postigo de la Leche en su lado oeste; la Puerta del Perdón y la del Caño Gordo al norte; y la Puerta de la Grada Redonda y la de Santa Catalina al este. La techumbre original de la mezquita contenía tablas de madera y vigas talladas y pintadas con decoración, algunos de cuyos fragmentos originales se muestran en este Patio de los Naranjos y han permitido a restauradores modernos reconstruir la techumbre en algunas secciones occidentales según su estilo original.

galerías porticadas y alminar de la mezquita, Patio de los Naranjos

La mezquita, como ya se ha dicho, era frecuentada para descanso o meditación por los ciudadanos que podían transitar por sus naves o su patio a cualquier hora del día. Se trataba del espacio público más importante de la ciudad islámica y en ese sentido el jardín de la mezquita se puede considerar también un jardín público abierto a todo el mundo, un jardín de refugio como el que cita el Corán. Un jardín que quizá recordara aquél que recibirán los musulmanes en recompensa por su fe y sus buenas obras, el jardín del paraíso, tal y como se podía leer en las inscripciones que decoran la maqsura y el mihrab de la propia mezquita aljama cordobesa.
 
En la mezquita de Córdoba se sabe de la existencia de palmeras en el patio poco después de la ubicación musulmana en la ciudad. Hoy, gracias a plantaciones sucesivas a lo largo de los siglos, este patio cordobés posee gran cantidad de naranjos, cipreses, cinamomos y palmeras. Aunque no se tengan documentados lo más probable es que, al menos tras la ampliación del patio por el califa Abd Al-Rahmán III en el siglo X, también se plantasen naranjos o limoneros que eran los árboles citados con más frecuencia en los patios de las mezquitas andalusíes.

En todo caso el número de naranjos sería mucho menor que el número que encontramos en la actualidad. Ahora se encuentran organizados en tres cuadros, con sus alcorques circulares intercomunicados por acequias rectilíneas trazadas en el suelo empedrado, que en primavera inundan el patio con el desmesurado aroma del azahar. Entre los naranjos, esbeltos cipreses apuntan al cielo mientras los penachos de las escasas palmeras, suavemente mecidos por la brisa, acentúan la nota de exotismo oriental en el patio.

Puerta del Perdón, fachada norte

Bajo la zona correspondiente a la ampliación del patio por orden de Almanzor, es decir, bajo parte de los ahora naranjos, se halla un gran aljibe cuya construcción se remonta al siglo X. Cabe señalar que, en dicha ampliación de Almanzor, ante la imposibilidad de seguir construyendo en dirección sur por la proximidad del río Guadalquivir, se opta por ampliar el oratorio hacia el lado oriental, para crear así un espacio rectangular y proporcionado. Por ello, también se amplía el patio de la mezquita, dotándolo del citado aljibe y de un pabellón de abluciones.
 
También desde la zona norte de la mezquita se puede acceder al Patio de los Naranjos atravesando la Puerta del Perdón, de estilo mudéjar ya que su reconstrucción data del siglo XIV al final del reinado de Enrique II de Castilla, primer monarca de la casa Trastámara al ser hijo de Leonor de Guzmán. Esta Puerta del Perdón está formada por un arco ojival de herradura doble, pues en el interior existe otro con la separación justa para albergar los batientes, de unos 10 x 2 m, de madera de pino forrada de hojas de bronce. 

Los batientes están formados por múltiples hexágonos de bronce, horizontales y verticales. En los centros llevan un hexágono vertical que se abre en las puntas con flor de lis y algunos de los hexágonos horizontales llevan una inscripción en árabe que dice "el dominio (de todas las cosas) corresponde a Allah su custodio". Los batientes están orlados con un texto en caracteres góticos que dice "bendito sea el nombre de Dios". Esta puerta forma un amplio espacio o zaguán con una cúpula barroca antes de bajar los escalones hacia el Patio de los Naranjos.

detalles en la aldaba de la Puerta del Perdón

Junto a la Puerta del Perdón encontramos, alzando la vista, el ya mencionado alminar de la mezquita. Alminar o minarete son los nombres con que se traducen en las lenguas romances la palabra árabe minar o manâr, que designa  a las torres de las mezquitas musulmanas. Tiene una altura actual de 40 m y en su fachada se abrían por primera vez en construcciones occidentales unas bellísimas ventanas de doble arquería, sostenidas por una columna central con capitel y basa. En el primer cuerpo del alminar había una cristería o adorno calado y cerca de ella una serie de columnas y arcos de color turquesa. 
 
En el segundo cuerpo, el yamur estaba coronándolo, tratándose de un tallo que ensartaba tres manzanas, plateadas y doradas y lo remataba una azucena de plata o quizá fuese una flor de lis en lugar de la media luna que era lo habitual. El primitivo alminar de esta mezquita aljama fue levantado tras la aprobación del emir Hixén I y bajo su gobierno también se terminaron las obras en el patio. Este alminar primitivo era de planta cuadrada, que fue más tarde derribado y reconstruido en gran parte por orden del califa Abd Al-Rahmán III, como ya se dijo. 

La intervención del primer califa de Córdoba no afectó al interior, pero consolidó la fachada del oratorio que se proyecta al patio ampliando éste hacia el norte, razón por la cual el antiguo alminar fue derribado. El lugar donde se levantó dicho alminar está marcado mediante sillares de granito embutidos en el pavimento del Patio de los Naranjos, los cuales marcan la planta del mismo. Su nuevo alminar, el más alto de la ciudad, sería modelo para los minaretes almohades, como ya se ha dicho, y también para campanarios mudéjares. Este alminar se conserva actualmente desmochado y embutido en el actual campanario cristiano, aunque se conoce su alzado aproximado gracias a documentación existente.

alminar y Puerta del Perdón desde el patio

Hace unos años el alminar se reparó nuevamente y se ha dejado al descubierto la fachada este haciendo accesible un tramo de escaleras originales, de los dos que poseía. En estas escaleras se puede ver parte de la decoración interior y alguna cabecera de las vigas de madera pertenecientes al siglo X. El alminar cordobés que, como se ha dicho, fue mandado construir por el califa Abd Al-Rahmán III, era (y es, aunque no se vea) de tal belleza y envergadura que se convirtió en una maravilla de su tiempo y sería éste la aportación más importante del citado califa, marcando el devenir constructivo del edificio en mayor medida.
 
Cabe mencionar que esta mezquita aljama de Córdoba fue la segunda más grande del mundo en superficie, con 23.400 m2, sólo por detrás de la mezquita de La Meca, y siendo sólo alcanzada posteriormente por la llamada mezquita azul ubicada en la actual ciudad de Estambul, Turquía, que fue construida en el año 1588. La mezquita aljama cordobesa alberga un bosque de 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito sobre las que se apoyan trescientos sesenta y cinco arcos de herradura bicolores asemejándose a un palmeral. Las célebres dovelas rojas y blancas estuvieron inspiradas en la cúpula de la Roca del siglo VII y también recuerdan a la catedral de Aquisgrán, del siglo VIII.

Conforma once naves longitudinales orientadas hacia el río Guadalquivir, cuya anchura es idéntica a excepción de la nave central que conduce al mihrab y las dos naves de los extremos. La central es ligeramente más ancha que el resto y las laterales son ligeramente más estrechas, aunque estas leves diferencias solo son apreciables en un plano. Estas naves constan de doce intercolunios que corren en dirección al muro de la qibla. Originariamente todo el interior del edificio era una gran sala hipóstila de 19 naves, utilizada como sala de oración, con la única excepción de los habitáculos existentes en el doble muro de la qibla.

interior de la mezquita aljama de Córdoba

El edificio resultante, como ya se ha comentado, fue objeto de ampliaciones durante el emirato de Córdoba y durante el califato, a lo largo de los siglos IX y X, siendo finalmente concluida bajo mandato de Almanzor. En resumen, la más importante de las ampliaciones fue la que se realizó bajo orden del califa Al-Hakén II a la que también pertenecen los arcos del mihrab. Y es que el mihrab de la mezquita que hoy contemplamos es fruto de la gran reforma llevada a cabo durante la segunda mitad del siglo X mientras transcurría el mandato de este califa, entre los años 961-976.
 
Las columnas visigodas con sus arcos de herradura les resultaron demasiado bajas y decidieron añadir pilares sobre las columnas y disponer arcos más altos sin derribar los anteriores, policromando todos en rojo y blanco conformando la célebre y más conocida imagen de esta mezquita, la cual llegó a albergar hasta veinte mil fieles en su interior. Por otra parte, una de sus características es que el muro de la qibla no fue orientado hacia La Meca, como cabe esperar de estos templos, sino 51º grados más hacia el sur, algo habitual en las mezquitas de Al-Ándalus ya que posiblemente fuese una práctica heredada de Siria por el primer emir cordobés Abd Al-Rahmán I,  ya que la gran mezquita de Damasco también está orientada en esa dirección. 

Cabe señalar también que el profeta Muhammad declaró que "entre el este y el oeste se encuentra la qibla", lo que legitimó las alineaciones hacia el sur y esta práctica también emulaba la orientación de los muros de la Kaaba de la Gran Mezquita de La Meca cuya tradición considera que los muros de la Kaaba se asocian con las diversas localizaciones del mundo islámico, por lo que Córdoba se orientaba al sur mirando a la cara norte de la Kaaba. Mezquitas posteriores, como la mezquita de Madinat Al-Zahra del siglo X, se orientaron a La Meca, pero las expansiones posteriores en esta mezquita de Córdoba no modificaron su orientación original.

arcos polilobulados en la maqsura

Por su parte, la construcción del actual mihrab formó parte de un amplio programa que incluía la creación de una nueva maqsura, siendo todas ellas dirigidas y ordenadas por Chafar, el chambelán de palacio de Al-Hakén II, y en ellas colaboraron los más destacados artesanos de Córdoba hasta la conclusión final de las obras en el año 966. Siendo la zona reservada para el califa próxima al mihrab, la maqsura forma una zona rectangular adosada al muro de la qibla. Se encuentra rodeada y dividida en tres por espléndidas columnatas de arcos poli-lobulados entrecruzados y en el muro del espacio oriental se encuentra la puerta de la desaparecida ala del Tesoro o Bayt Al-Mal. En las columnas de la maqsura se alternan fustes rosas, de jaspe rojo de Cabra, y azules oscuros de Sierra Morena.
 
El mihrab de esta mezquita es un excelente ejemplo no tanto de las soluciones constructivas califales, ya que se trata de una pieza de reducidas dimensiones, 3x3 m, sino de las concepciones entonces existentes sobre la decoración de las partes más destacadas de edificios religiosos y, lo que es más importante, acerca de la simbología aplicable a esos elementos ornamentales ya que la religión islámica es poco amiga de representaciones figuradas y, menos aún, en las mezquitas. Además, este mihrab en la aljama es también demostrativo de cómo concepciones decorativas de muy diversa procedencia oriental como eran Bizancio, Arabia o Persia, acabaron triunfando en la arquitectura andalusí durante la época omeya. 

Pese a su reducido tamaño, el mihrab cordobés posee una gran originalidad, ya que con anterioridad a esta construcción los modelos existentes se reducían a pequeñas hornacinas abiertas en el muro de la qibla. Este mihrab ya no es una simple hornacina sino que, situado entre las portadas de la ala o cámara del Tesoro y del Sabat, se dispone como punto focal de la aportación realizada por el califa Al-Hakén II en la aljama. Y no es sólo el lugar hacia el que se orienta el rezo, sino también el enclave en el que converge el desarrollo constructivo de su ampliación y el espacio hacia el que el espectador, asombrado por la riqueza y plasticidad, dirige su mirada.

portada general del mihrab en la mezquita de Córdoba

Quizá lo más destacado del conjunto de la maqsura sea la decoración de la portada del mihrab que lo comunica con el resto de la mezquita. En sus laterales se ha dispuesto zócalo de mármol decorado con ataurique y que es recorrido por una sura coránica y una inscripción alusiva a los artífices de la obra, mientras que en el centro encontramos un gran arco de herradura sostenido en jambas del mismo material y en las cuales, hacia el intradós, se han integrado las cuatro columnas de mármol que ya estaban presentes en el anterior mihrab, levantado por orden del emir Abd Al-Rahmán II a mediados del siglo IX.
 
El arco central de esta fachada muestra todas sus dovelas decoradas y se remata con un amplio alfiz. Las albanegas van adornadas con roleos vegetales y por encima de ellas corre un friso con inscripciones cúficas que alaban a Allah. Aún más al exterior, otro friso que también corre por los laterales del arco, como si se tratase de un segundo alfiz, mantiene los mismos repertorios, esta vez en un brillante color azul. Finalmente, en su parte superior, el conjunto se remata con los siete arcos poli-lobulados ciegos en cuyos interiores podemos apreciar estilizados árboles de la vida policromados junto a una abundante decoración de ataurique. 

Sin duda, este mihrab es una obra maestra arquitectónica adornado con mosaicos azules debido a la buena relación entre el califa cordobés y el emperador bizantino. El califa Al-Hakén II redactó una carta al emperador bizantino, Nicéforo II de Constantinopla, en la cual le requería expertos en mosaicos para la tarea. El emperador aceptó y envió un maestro de obras con alrededor de 1.600 kilos de teselas musivarias multicolores y mosaicos de vidrio como regalo. De esta manera, el omeya cordobés imitó a su antepasado sirio, cuando éste realizó la misma petición al emperador para decorar la mezquita omeya de Damasco. Los mosaicos bizantinos se extienden a lo largo de las dovelas con una ornamentación geométrica y vegetal, pero también en las inscripciones que recogen los versículos del Corán. 

cúpula nervada en la maqsura en la mezquita de Córdoba  
 
Los mosaiquistas bizantinos instruyeron a algunos artesanos del propio califa cordobés, quienes adquirieron la habilidad para realizar el mismo trabajo, que fue finalizado a finales del año 970. En toda esta fachada del mihrab podemos comprobar cómo se combinan distintas técnicas artesanales como la talla del mármol, las yeserías, la cerámica, la pintura o decoración musivaria. Todo este repertorio decorativo se extendió también a las tres imponentes cúpulas nervadas situadas inmediatamente alrededor de la fachada del mihrab, cubriendo el espacio de la maqsura. En estas cúpulas la estrella de ocho está presente, haciendo del todo unidad. Un tesoro espléndido junto a un juego de luz maravilloso. 
 
Del mihrab cabe recordar que, vedado a los fieles, es el más íntimo y sagrado espacio de todo templo islámico ya que simboliza la presencia de Allah en la mezquita y, por otra parte, es el lugar junto al que se coloca el imán cuando debe dirigir la oración a los fieles. En la aljama de Córdoba nos hallamos ante una habitación de planta poligonal con siete lados y que verticalmente podemos dividir en tres zonas: un zócalo de mármol en la parte baja, un friso intermedio en el que encontramos siete arquillos ciegos poli-lobulados y, por último, una cubierta absolutamente embriagadora.

En esta cubierta sobre el mihrab encontramos una bóveda octogonal hecha en yeso y que adopta la forma de una concha, siendo conocida como bóveda avenerada. Cabe señalar que la geometría presente en las bóvedas de la mezquita cordobesa va directa a los sentidos de aquellos que las contemplan y sólo los despiertos serán capaces de observar la cantidad de estrellas de ocho como mensaje sufí que van implícitas en su mensaje. Sin duda se trata de un lugar tremendamente inspirador, sublime, que no en vano fue respetado desde que el califa omeya Al-Hakén II ordenase su construcción.

bóveda avenerada sobre el mihrab de la mezquita aljama cordobesa

El mihrab de la mezquita de Córdoba conforma, a modo de resumen, un auténtico joyel de mármol, estuco y mosaicos brillantemente coloreados sobre un fondo envuelto en agua de oro y bronce, además de cobre y plata. En el lucernario de este mihrab se conservan los arcos lobulados de los muros y la cúpula avenerada. En la cabecera destacan los arcos, los mosaicos del muro y la estructura y decoración de las cúpulas a base de arcos cruzados. Las cúpulas y el mihrab actual fueron concluidas en el año 965 y una inscripción muestra los nombres de cuatro artesanos que también colaboraron en el Salón rico de Madinat Al-Zahra.
 
Una vez llevada a cabo la última y definitiva ampliación de esta mezquita por orden de Almanzor y tras el posterior colapso del califato cordobés a comienzos del siglo XI, no re realizaron más ampliaciones. La ausencia de autoridad tuvo consecuencias negativas en el templo, como el saqueo y daño durante la fitna de Al-Ándalus. La ciudad de Córdoba también sufrió un declive, aunque se mantuvo como un centro cultural relevante. Bajo el imperio almorávide, los talleres artesanales cordobeses fueron contratados para crear mimbares ricamente decorados para importantes mezquitas del actual Marruecos, siendo el más célebre el mimbar de Ali Ibn Yusuf en el año 1137, que fue inspirado por el mimbar de Al-Hakén II.

El ejército cristiano accedió y ocupó brevemente la ciudad en el año 1146. En esta mezquita aljama, el arzobispo de Toledo acompañado del rey Alfonso VII de León el Emperador celebró la santa misa para consagrar el edificio. Según fuentes islámicas, antes de que los cristianos abandonaran la ciudad saquearon esta mezquita, llevándose sus lámparas de techo, el yamur de oro y plata del minarete y partes ricas del mimbar. Parece ser que, como resultado de este pillaje y el anterior durante la fitna, la mezquita perdió prácticamente todo su mobiliario valioso. En el año 1162, tras un período de declive y continuos asedios, el califa almohade Abd Al-Mumin ordenó que Córdoba se instaurara de nuevo como capital de Al-Ándalus.

arco y nicho del mihrab de la mezquita aljama

Para preparar dicho evento, sus dos hijos y gobernadores Abu Yacub Yusuf y Abu Said mandaron que la ciudad y sus monumentos se restaurasen. Se desconoce qué edificios se recuperaron, aunque es casi seguro que la mezquita se encontraba entre ellos. También es posible que se restaurase el mimbar ya que se conservó hasta el siglo XVI. Dicho mimbar, construido en el año 965 en época del califa Al-Hakén II, fue destacado por varios autores debido a su gran artesanía, estaba realizado con maderas preciosas como el ébano, el boj y maderas perfumadas, tuvo incrustaciones de marfil y otras maderas coloridas como sándalo rojo y amarillo.
 
En el siglo XIII, concretamente en el año 1236, las tropas dirigidas por el rey castellano Fernando III de Castilla el Santo tomaron definitivamente la ciudad de Córdoba y se apoderaron del alcázar omeya, ubicado en el actual Palacio Episcopal y del que sólo quedaron en pie los baños califales. En ese mismo año se efectuó la dedicación de esta mezquita como templo católico a la virgen María, produciéndose su conversión a catedral. En el gran lucernario levantado por orden del califa Al-Hakén II se dispuso la primitiva Capilla Mayor, que en junio de ese mismo año 1236 acogería la misa de dedicación a la catedral de la ciudad. A pesar de la conversión, esta primera etapa como catedral apenas modificó su arquitectura, con la creación de pequeñas capillas y mobiliario cristiano. 

Más de un siglo después, en el año 1371, bajo orden del rey Enrique II de Castilla, se concluyeron las obras en la llamada Capilla Real. El rey castellano decidió construir esta capilla con la finalidad de acoger en ella panteones familiares. De este modo, el espacio de esta Capilla Real, de estética mudéjar, albergó la sepultura del abuelo del rey Enrique II, es decir, el monarca Fernando IV de Castilla el Emplazado -cuya tutoría y regencia del reino estuvo en manos del hijo del citado rey Fernando III de Castilla-. Asimismo, esta capilla acogió la sepultura del padre del rey Enrique II, el también rey Alfonso XI de Castilla el Justiciero, en el mismo siglo XIV. Ya en el siglo XVIII, ambos restos mortales serían trasladados a la colegiata de San Hipólito.

detalles de la Capilla Real mudéjar en la mezquita de Córdoba, siglo XIV

Esta Capilla Real se configura como un recinto de planta cuadrangular y en su interior destaca, sin duda, el extenso y rico programa ornamental que se desarrolla en sus muros a base de yeserías, atauriques, paños de rombos o motivos epigráficos. En este sentido, esta capilla, erigida y decorada durante el reinado del ya citado Enrique II, por su fecha tardía y decoración puede considerarse una síntesis o resumen de las yeserías islámicas y mudéjares. La solución formulada en su cubierta también resulta interesante, al optar por una bóveda que cruza cuatro arcos con otros cuatro de disposición diagonal.
 
La totalidad de estos elementos aparecen decorados mediante mocárabes de yeso que contribuyen a la densidad decorativa del espacio. Tampoco podemos olvidar que la repercusión de esta construcción mudéjar trasciende los propios límites del edificio y es que, en su concepción, llega a ejercer una clara influencia en la arquitectura de la nobleza cordobesa de la época, convirtiéndose así en el nuevo referente estilístico de los palacios y capillas de las élites locales. El antiguo alminar quedó convertido en campanario y su aprovechamiento se sucedió hasta el año 1589, cuando un terremoto afectó a su estructura y se decide la edificación de una nueva torre que envuelve parte de los vestigios califales.

La mayor quiebra del templo islámico se produciría a lo largo del siglo XVI, pues en medio de la antigua mezquita se levantó una gran nave cristiana, conformando la nueva Capilla Mayor bajo los auspicios artísticos y arquitectónicos del Renacimiento y esto sí que supuso una ruptura grave con los postulados espaciales islámicos. Finalmente, intercedió el emperador Carlos V para que se realizase la obra, aunque más tarde se lamentase diciendo "habéis destruido lo que era único en el mundo y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes". La obra comenzó en el año 1523 por iniciativa del obispo, hijo del gran comendador de la Orden de Santiago.
 
vista de la mezquita aljama de Córdoba

La mezquita de Córdoba es, en definitiva, un edificio fascinante por su antigüedad, su consistencia, su belleza y la forma en que fue construida. Desde el siglo XIX, viajeros y arquitectos se vienen preguntando qué patrón siguieron sus constructores para alcanzar un equilibrio que sigue asombrando a centenares de miles de viajeros todos los años y cómo es posible que sea una especie de proporción única y singular, la famosa "cordobesa", diferente a la proporción áurea, un patrón que además se repite y se imita en muchos edificios de la ciudad.