Marbella

vista de tramo de muralla en Marbella

Marbella, ciudad de la provincia de Málaga, está situada a orillas del mar Mediterráneo en la conocida costa del Sol, entre la ciudad de Málaga y el Estrecho de Gibraltar, en la falda de la llamada Sierra Blanca. Debido a la proximidad de la sierra con la costa, Marbella presenta un gran desnivel entre sus partes norte y sur, propiciando así vistas del mar y la montaña desde casi todos los puntos de la ciudad. 

Marbella cuenta con restos que atestiguan que estuvo habitada desde el paleolítico y algunos autores opinan que el origen del sitio se debe a un asentamiento fenicio de los que abundaron en la costa del Sol. Igualmente, sabemos que existió un núcleo de población romana por los sillares de su muralla y por recientes descubrimientos. Posteriormente, tras arrasar los normandos las costas de Málaga, se fortificó la plaza en época islámica y su actual nombre bien puede derivar del árabe Marbil·la o مربلة.

La fortaleza de Marbella fue construida en el siglo IX califal, construyendo en el siglo X varias torres almenaras y una cerca que protegía la ciudad. La alcazaba, de forma casi rectangular y más conocida como el castillo, se construyó muy probablemente en época de Abd Al-Ramán III en la parte más alta y en el ángulo nororiental, dentro del recinto formado por las murallas y torreones que cercaban la ciudad y que cubrían en todo su perímetro una superficie aproximada de 90.000 m2. 

Muy probablemente su fábrica se adhiere en el marco de la rebelión de Ibn Hafsun, en época anterior emiral, para contar con un punto en la costa mediterránea desde donde atacar a los rebeldes. La alcazaba se dividía a su vez en dos recintos, ambos de planta rectangular, en los que se ejercían las funciones administrativas en uno y las funciones militares en el otro, ubicándose la puerta principal que daba acceso al mismo justo al final de la rampa que hoy día podemos encontrar en la calle Carmen, donde existía además, un gran arco de entrada que desgraciadamente fue demolido a mediados del siglo XIX. 

tramo de muralla en el entramado urbano de Marbella

Intramuros, Marbella era una ciudad totalmente fortificada e inexpugnable, constituida por pequeñas edificaciones que disponían de grandes patios y calles muy estrechas, siendo la alcazaba su edificio más importante. Y, aunque no existen datos fehacientes sobre la existencia de una mezquita en Marbella, se supone que debió haberla, estando ubicada en tal caso y muy posiblemente al sur de la medina, muy cerca de la Puerta del Mar y próxima a la vía de la ciudadela que comunicaba el acceso de ultramar con la entrada principal de la alcazaba.

Posiblemente, la mezquita debió de estar enclavada en el mismo lugar que en la actualidad ocupa la parroquia de Nuestra de la Encarnación donde en unas excavaciones realizadas en el año 1980 se hallaron restos de antiguas cimentaciones las cuales podrían corresponder a los cimientos de la primitiva mezquita, encontrándose también durante estos trabajos arqueológicos una abertura de ventilación que tal vez perteneciera a algunos de los pasadizos subterráneos que se suponen existen bajo el suelo de la ciudad.

En la construcción de la fortaleza los musulmanes reutilizaron elementos procedentes de edificaciones desmanteladas o arruinadas de origen romano, como se puede observar en el muro que recorre la calle Trinidad. Además, los grandes bloques prismáticos de la parte baja y los capiteles jónicos empotrados entre los sillares del testero meridional de la fortaleza dan prueba de ello. En general, en su construcción encontramos una mezcla de materiales y métodos de construcción. 

De este modo, se observan capiteles romanos empotrados, como se ha dicho, y otros sillares de obra califal. Otros estudios encuentran restos constructivos como nódulos de mortero, opus signinum, estucos, ladrillos y tégulas, junto a escasos fragmentos cerámicos. Todos estos hallazgos sitúan fechas diferentes de construcción, pero la mayoría apoya que los trabajos encontrados coinciden en su traza con la época califal, sin entrar a valorar la suposición de una construcción anterior.

tramo de la muralla defensiva de Marbella

Posteriormente, durante la época de los primeros reinos de taifas, Marbil-la fue disputada por las taifas de Algeciras y Málaga, cayendo finalmente en la órbita de la segunda, que a su vez pasaría a formar parte posteriormente del emirato nazarí. En el año 1283 el sultán meriní Abu Yusuf lanzó una campaña contra el emirato de Granada en tierras de Málaga. La paz entre meriníes y nazaríes se alcanzaría con la firma del Tratado de Marbella el 6 de mayo de 1286, mediante el cual se restituyen al emir nazarí todas las posesiones meriníes en Al-Ándalus.

Sabemos que la fortaleza de Marbella fue ampliada más tarde en el siglo XIV, siendo su emplazamiento en este período de un gran valor estratégico para la defensa del sultanato de Granada. La zona norte del castillo, pertenecía sin duda a la época nazarí y en ella se situaban tres torres de gran altura, las del Cubo, Chorrón y la torre de la Puente Levadiza, conservándose en la actualidad algunos restos de las mismas. El núcleo urbano estaba rodeado por huertas, siendo los cultivos más afamados los higos y las moreras para la producción de gusanos de seda.

El acceso al interior del recinto era posible a través de sus tres puertas, Puerta de Ronda en el flanco norte (Plaza del Puente de Ronda); Puerta de Málaga en el este (Antiguo Puente de Málaga); y Puerta del Mar en el sur (Plaza José Palomo), siendo más de diez las torres que se alzaban en torno a la ciudad, protegiéndola durante siglos a causa de su situación fronteriza y sobre todo por los peligros derivados de la cercanía de la medina a la costa. A pesar de la escasa información disponible, parece que el espacio urbano se organiza en una serie de barrios y que existieron, subsistiendo hoy, algunas vías principales dispuestas para facilitar la conexión entre las diferentes puertas.

Algunos de los nombres cristianos de las torres fueron Torre de la Campana o Torre del Puente Levadizo, ubicada en la confluencia de las calles Portada-Solano-Escuela, la Torre del Homenaje o Torre del Chorrón, ubicada en el centro de la calle Portada, la Torre del cubo o Torre de Santa María, ubicada en la confluencia de las calles Portada y Arte a la cual se le adosa un frontis curvo con una intención pirobalística, la Torre Blanca, en la confluencia de Plaza de la Iglesia y calle Carmen, la Torre del Reloj, ubicada en la calle Carmen y la Torre de la Puerta del Hierro.

vista nocturna a restos del llamado Castillo en Marbella

Un papel esencial en la vida y en la economía de la ciudad debió de jugar el viario que conectaba la Puerta de la Mar, la mezquita principal y la alcazaba; es decir, el lugar por donde accedían las personas y productos que desembarcaban en el litoral marbellí, el centro espiritual de la ciudad y el lugar desde el que se ejercía el poder. Esta circunstancia habría dado lugar a la concentración de la actividad comercial en un sector que vendría a coincidir con las actuales calles San Juan de Dios, calle Gloria, Misericordia y calle Carmen, cuyo carácter comercial se ha mantenido a través de los siglos.

Tras la toma de la ciudad por parte del rey Fernando II de Aragón en el año 1485, una de las máximas prioridades que el monarca católico impuso a todos los moradores de Marbella y a los cristianos que quedaron a cargo de ella, fue el refuerzo de todas las defensas de la ciudad por lo que se aplicó un fuerte impuesto a los musulmanes ya moriscos que tras la guerra seguían en la comarca, destinándose parte del mismo a reparaciones y arreglos en las murallas. Tras la capitulación en junio de ese año 1485, esta fortaleza servirá para el control de la zona.

El deterioro y decadencia de la fortaleza después de la reconquista de la ciudad debió de comenzar posiblemente en el siglo XVI, hasta tal punto que en el año 1735 se estudió la forma de reconstruir y reforzar las murallas y la alcazaba, elaborándose un proyecto para tal fin. A pesar de ello, el proceso de ruina y deterioro de las murallas continuó con el paso del tiempo y mientras algunas torres se desmoronaban por la erosión y el envejecimiento de sus materiales, otras eran demolidas por intereses particulares, utilizándose en muchos casos parte de las murallas para viviendas que se fueron adosando a ellas.

Ya en el siglo XIX, concretamente en el año 1814, el ayuntamiento de la ciudad dispuso instalar en el Patio de Armas del castillo el nuevo cementerio, estando en funcionamiento hasta el año 1885 en que fue clausurado, construyéndose en el mismo lugar a mediados del siglo XX unas escuelas públicas que aún perduran, aunque hoy día esta proyectado su traslado a otro lugar y la recuperación del recinto para otros usos.

vista de muralla y Torre del Homenaje en Marbella

En 1955, los muros del castillo que lindan con la barbacana fueron coronados con unas impropias almenas carentes de rigor histórico, consiguiéndose tan solo dar una imagen errónea de la verdadera fisonomía que estas murallas tuvieron en su época original. Aunque afortunadamente, durante la década de 1990, se inició por parte del ayuntamiento la restauración del castillo con la demolición de las viviendas adosadas a sus murallas en las zonas norte y sur de la fortaleza y restaurando posteriormente todo el conjunto de torres y murallas que recorren la calle Trinidad.

Vélez-Málaga

vista de la fortaleza y parte del recinto amurallado de la medina de Vélez-Málaga

Vélez-Málaga, ciudad de la provincia de Málaga, constituye hoy uno de los núcleos más importantes de la comarca de la Axarquía, estando situada a 37 km de la capital de provincia y abarcando una superficie que se extiende por la vega del río Vélez y las montañas circundantes, abriéndose hacia el mar Mediterráneo por el sur. Los yacimientos arqueológicos prueban la existencia en este lugar de restos fenicios y romanos, aunque el núcleo fue formado realmente en el período andalusí.

En la época islámica se constituyó, por tanto, el núcleo urbano de Vélez-Málaga, cuyo nombre actual deriva de Ballax, Ballix, Aballix o Ballix-Malaca (valle de Málaga). La ciudad musulmana se estructuraba con la fortaleza en el punto más alto de la población, siendo ésta levantada en el siglo X contando con un gran valor defensivo y estratégico, extendiéndose en la falda occidental del monte, en lo que hoy se conoce con el nombre de La Villa.

La fortaleza de Vélez-Málaga llegó a ser una de las más importantes alcazabas del período nazarí gracias a su emplazamiento, que domina toda la vega de Vélez y gran parte de la Axarquía. Se trata de un recinto amurallado de 1500 m² adaptado al terreno que le proporcionaba una fácil defensa natural. Los muros originarios que se conservan son reformas llevadas a cabo entre los siglos XIII y XV y se construyeron por medio de tapial de cal y arena, revestidos al exterior por hiladas de mampostería y verdugadas de ladrillos.

jardines y Torre del Homenaje en la fortaleza de Vélez-Málaga

Vélez-Málaga se mantuvo, por tanto, como una ciudad importante durante época islámica y, sobre todo, fue una de las ciudades más importantes del emirato nazarí de Granada durante los siglos XIII y XIV, como así atestiguan autores del siglo XII como el geógrafo y cartógrafo Al-Idrisi, que además era bisnieto de Idris II (rey de la taifa de Málaga), y otros autores como el historiador y geógrafo sirio Abu Al-Fida en el siglo XIII o el explorador meriní Ibn Battuta en el siglo XIV.

En cuanto a la distribución de la ciudad, la alcazaba se localizaba en el punto más alto y, al oeste, a cierta distancia de la misma, se encontraba la medina con una planimetría irregular de laberínticas calles quebradas, estrechas y retorcidas, adaptadas a la pendiente del terreno. En ella se encontraba la mezquita aljama para el rezo del viernes y los baños públicos o hamman, así como el zoco o mercado permanente. Toda la medina quedaba cercada por un cinturón amurallado con torres y tres puertas de acceso monumentales, la Puerta de Granada, la de Antequera y la Puerta de Málaga.

El crecimiento de población en el período nazarí, con más de 5000 habitantes, provocó el desbordamiento del área fortificada y la aparición de arrabales en las zonas que hoy constituyen el barrio del Arroyo de San Sebastián y la zona del Pajarillo, en la falda del cerro de los Remedios. En estos arrabales se localizaba la Alcaicería, vinculada a la venta de productos de lujo y, muy especialmente, la afamada seda de la Axarquía. El Arrabal de Santiago, donde se encontraría la Puerta del Arrabal junto a una mezquita, era el más comercial por contar con 109 tiendas.

arco de herradura en la Puerta Real de Vélez-Málaga

En los alrededores de la ciudad de Vélez-Málaga existían pequeñas alquerías para la explotación agrícola que son el origen de los núcleos actuales de Almayate, Benajarafe, Benamocarra y Cajiz, entre algunos otros. No en vano, el historiador y gramático granadino Ibn Asim llegó a decir "es como la higuera de Ballix, todo el que llega cuelga su zurrón", reflejando que aquí se recogían deliciosos frutos de la mejor tierra acompañándose de una cálida acogida al viajero.

Ante el ya imparable avance de la corona de Castilla sobre el sultanato de Granada, en abril del año 1487 el rey Fernando II de Aragón, el Católico, consigue la toma de Vélez-Málaga tras la rendición de Abul Kasim Venegas, pasando su gobierno al corregidor Diego Arias y entrando en mayo por la Puerta de Granada. Según cuentan los cronistas de la época, el citado rey Fernando II estuvo a punto de morir en la toma del arrabal, hecho que quedó reflejado por la reina Isabel I en la carta de concesión del escudo de armas a la ciudad, en memoria de un paje que murió defendiendo al rey.

Los habitantes nazaríes fueron expulsados de la ciudad, aunque se les permitió llevar sus bienes muebles. Sin embargo, los habitantes de las alquerías pudieron permanecer en sus hogares como mudéjares, ya que las nuevas autoridades necesitaban mantener el sistema productivo nazarí, basado en avanzadas técnicas agrícolas altamente productivas. No obstante, los mudéjares fueron frecuentemente víctimas de rapiñas por parte de los nuevos señores, que se esforzaron en aumentar sus tierras, provocando el levantamiento de los mudéjares de Nerja y Torrox en 1488, ocasionando numerosas bajas a los cristianos.

representación de la fortaleza y la medina de Vélez-Málaga en época nazarí

Dado que aún no había caído Granada, una tercera parte de los 600 repobladores, procedentes de la Baja Andalucía, Extremadura, Murcia y Castilla, era personal militar y en buena parte se trataba de escuderos de los guardas reales. Estos obtuvieron tres veces la extensión de tierra destinada a los peones y el resto de las tierras fue entregado a la iglesia y a los bienes comunitarios del concejo. Torre del Mar, por su parte, fue cedida a Ruiz López de Toledo, quién rechazó el ofrecimiento y la donó, a su vez, a la ciudad de Vélez-Málaga, que además recibió las tahas de Bentomiz y Frigiliana y, posteriormente, Zalia.

En general, sin tener en cuenta tiendas ni otros establecimientos, se contabilizaron en Vélez 666 casas para repartir tras la conquista cristiana, de las cuales 562 estaban murallas adentro. En una de estas casas se ubicaban los baños árabes que fueron otorgados a Hernando de Zafra, aunque éste nunca llegó a tomar posesión de ellos. Los repobladores adaptaron, ensancharon y derribaron cuanto pudieron en una zona que era la más poblada de la ciudad y que resultaba incómoda para los recién llegados.

Por otra parte, como otras muchas ciudades del antiguo sultanato de Granada, Vélez-Málaga fue dotada de determinados privilegios por parte de los llamados reyes católicos y en el ámbito fiscal estuvo exenta de alcabalas a los productos básicos de alimentación, vestido y vivienda. Como sabemos, las alcabalas fueron el impuesto más importante que gravaba el comercio siendo el que más ingresos producía a la Hacienda Real.

arco del mihrab de la mezquita, actual barrio de La Gloria

A finales del siglo XV, tras los levantamientos mudéjares de Nerja y Torrox anteriormente citados, se nombró como alcaide de la ciudad de Vélez a D. Francisco Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía y tío del rey Fernando II de Aragón. Su instalación en ella produjo que sus deudos y clientes obtuvieran los primeros puestos en el Concejo municipal por nombramiento directo de la Corona, junto a guardias y criados reales, además de considerables mejoras.

Las autoridades cristianas trajeron consigo un nuevo concepto de ciudad y poco después de la conquista se produjeron cambios sustanciales en su morfología urbana. Se ordenaron plazas públicas y nuevos edificios civiles y religiosos, que transformaron espacios importantes. Así, sobre muchas de las 19 mezquitas registradas se levantaron las iglesias de Santa María, de San Juan, de San Roque y de San Juan Evangelista, el convento de San Francisco y las ermitas de San Sebastián, de San Cristóbal y de Santa Catalina. De igual forma, la fortaleza de Vélez-Málaga pasó a ser Casa Real y Capitanía General.

Durante la invasión francesa, entre los años 1808 y 1810, la fortaleza de la ciudad fue nuevamente reformada y, durante la retirada de las tropas francesas, amplias zonas fueron voladas para evitar que fuesen aprovechadas por el enemigo. Una vez perdida su función militar, la fortaleza de Vélez fue en gran medida destruida y excavada para la obtención de cal. La llamada Puerta Real (que hoy conserva su arco de herradura) y la Torre del Homenaje (de gran altura y planta cuadrada), junto con la Puerta de Antequera, eran casi lo único que quedaba en pie y fueron reconstruidas a principios de la década de 1970. 

vista de la Torre del Homenaje en la fortaleza de Vélez-Málaga

Jerez de la frontera. Mezquita aljama.

vista del alminar desde la terraza de la mezquita de Jerez
 
La organización topográfica de la ciudad de Jerez responde al eje alcázar–aljama, característico de numerosas medinas occidentales, donde el principal templo urbano se sitúa en estrecha relación con el poder y con los ámbitos centrales de la vida comunitaria. En este marco, la mezquita aljama de Jerez actuó como sede del culto colectivo del viernes y como espacio de autoridad religiosa y jurídica, documentado indirectamente por fuentes castellanas tras la conquista del año 1267 y por referencias biográficas árabes.

La mezquita aljama o mezquita mayor de Jerez en época almohade se localiza en el entorno de la actual plaza de la Encarnación, en relación directa con el inmueble conocido como Casa del Abad, entre dicha plaza y la bajada del Arroyo. Este emplazamiento coincide con el solar ocupado posteriormente por la iglesia mayor de San Salvador (consagrada tras la conquista castellana) y, más tarde, por la fábrica catedralicia moderna, lo que permite sostener una continuidad topográfica del principal espacio de culto urbano.

La identificación como aljama queda confirmada por la carta abierta del rey Alfonso X el Sabio al abad y canónigos del nuevo templo cristiano, fechada en noviembre del año 1267, donde se declara que “tomamos de los moros esta nuestra uilla de Xerez Sidonia, e de su mezquita fezimos donación a Sant Salvador”. Este testimonio se refuerza con las descripciones del estado del patio y de la iglesia mayor hechas por fray Esteban Rallón (s. XVII) y con las noticias de Bartolomé Gutiérrez sobre hallazgos durante las obras de la nueva colegial del siglo XVIII, que evidencian una secuencia de ocupación continuada.

fuente en patio de la mezquita de Jerez

Los restos mejor conservados de la aljama se integraron en la Casa del Abad, especialmente en relación con el saḥn o patio de abluciones porticado, del que se conservan muros correspondientes a las galerías existentes en el momento de la conquista cristiana en el año 1267, en particular el tramo noroeste (parcialmente destruido por la hoy torre tardogótica) y el tramo sudoeste, donde subsisten varios arcos de herradura abiertos al exterior de la plaza. En el muro trasero de la galería noroeste se documenta un arco de gran tamaño que comunica con restos de una antigua calle, siendo la posible entrada principal al conjunto, probablemente mediante rampa o escalinata.

En la parte inferior del solar se identificó una amplia estancia sostenida por potentes pilares ochavados, reutilizada como bodega de la iglesia mayor, que interpretamos como reutilización del aljibe de la mezquita aljama, espacio fundamental en un edificio de carácter militar como el Alcázar. En el mismo nivel estratigráfico se localizaron restos de un potente machón de ladrillo con basamento de sillares, apoyado sobre el terreno geológico que identificamos como la base del alminar. La torre tardogótica, único resto en pie del antiguo templo cristiano medieval, se levanta sobre un sólido edificio de piedra, utilizando como cimentación la base del minarete andalusí.
 
Por su parte, la orientación del edificio (Casa del Abad) se ha medido in situ, obteniéndose una dirección aproximada de 135º hacia el sudeste, siendo por tanto comparable a la orientación de 139º de la cercana mezquita del siglo X de Al-Qanāṭir en la actual localidad del Puerto de Santa María, dentro de una tendencia de orientación de la qibla ampliamente documentada en Al-Ándalus entre los siglos IX y XIV.

sala de oración de la mezquita de Jerez

Por otra parte, un testimonio documental del año 1699, atribuido al maestro de obras Diego Moreno Meléndez, consigna dimensiones de la nave de la epístola de la iglesia Mayor edificada sobre el solar de la mezquita aljama y permite estimar para el oratorio principal de la mezquita una extensión transversal aproximada de unos 35 m, situando la aljama jerezana dentro de los parámetros habituales de las mezquitas mayores urbanas de rango medio en Al-Ándalus y haciendo verosímil, a partir de los restos conservados, una restitución planimétrica de entre 7 y 9 naves, con eje central de mayor anchura que las laterales. 
 
Aunque las fuentes árabes no describen directamente la arquitectura de la aljama, sí mencionan a diversos jatibes o jutabāʾ (responsables del sermón de los viernes) de entre los siglos X y XIII, entre ellos Sulayman Ibn Muhammad Al-Hamdani (jatib de Jerez en el siglo X nombrado por el califa Al-Hakén II), Yazīd Ibn Asbāṭ Abū Jālid Al-MajzūmīI (poeta y alfaquí de Sidonia en el siglo X) o Abū Al-Ḥasan Al-Lajmī Al-Išbīlī Al-Šarīšī (almocrí y jatib, fallecido en el siglo XIII). Ello confirma su funcionamiento continuado como mezquita del viernes y su papel como espacio de culto, enseñanza y autoridad jurídica en la Jerez andalusí.
 
bóveda del mihrab de la mezquita de Jerez

La presencia documentada de estos jutabāʾ vinculados a la ciudad, algunos de ellos con trayectorias formativas en Oriente o en grandes centros andalusíes, muestra que la aljama de Šarīš fue un espacio vivo de culto y enseñanza, con capacidad de irradiar prestigio y de atraer discípulos. Con todo, debe recordarse que la breve nómina descrita anteriormente no es sino una muestra parcial de un elenco más amplio de personajes relacionados con la vida de la ciudad como almocríes, cadíes y otros cargos, a los que se suman maestros y sabios que bien pudieron utilizar esta aljama como sede de sus oficios.
 
Hoy, al fondo de la estancia, se puede ver una pequeña habitación que se abre mediante un arco de herradura. Se trata del mihrab de la mezquita, un pequeño espacio que rememora la primera sala de oración que tuvo el profeta Mahoma en Medina. Hacia aquí, como bien sabemos, se dirigía la oración, que los fieles hacían arrodillados en el suelo, y de ahí que el suelo esté cubierto de esteras. Además, el espacio está tratado con un gran sentido de la monumentalidad, al cubrirse con una cúpula sobre trompas de ocho paños, siendo un caso bastante singular en el arte islámico de la península.
 
En definitiva, los restos conservados de esta mezquita aljama de Jerez (el aljibe, la base del alminar, los arcos del patio de abluciones y distintos elementos constructivos reutilizados) evidencian que en época andalusí se trataba de un edificio de grandes dimensiones, habiendo sido reformado y ampliado entre los siglos X y XIII.
 
vista de pórtico en el patio de la mezquita

Alcalá de Guadaíra

vista general del castillo en Alcalá de Guadaíra

Alcalá de Guadaíra, en la provincia de Sevilla, se sitúa en la actual comarca de Los Alcores, que constituye una elevación en forma de meseta inclinada de poca altura que se levanta en medio de la depresión del río Guadalquivir en la provincia de Sevilla, situándose la localidad a 17 km de la capital.

El primer nombre que se conoce de un asentamiento en las inmediaciones es Irippo, de origen tartésico que se traduce como ciudad del río. El pueblo fue denominado por los griegos como Hienipa, que significa agua subterránea, y más tarde los romanos le dieron el nombre de Ordo Hinipense. Ya en época musulmana, sus nuevos habitantes la nombraron al-Qal'at ued-xira o Qall'at Yâbir (castillo del río Ira) y de ese nombre islámico deriva la actual Alcalá de Guadaíra.

El recinto de su castillo, de época almohade, se encuentra enclavado en el extremo oeste de Alcalá, acotado físicamente por un meandro del río Guadaíra. Se trata de un extenso complejo fortificado que se ubica en el Cerro del Castillo y comprende distintos espacios que, de oeste a este, son el castillo propiamente dicho, el recinto amurallado de la antigua villa medieval, la alcazaba de la Torre Mocha y las corachas.

varias torres y parte de muralla en Alcalá de Guadaíra

El castillo es resultado de un continuo proceso de superposiciones y transformaciones de estructuras militares y domésticas, que comenzarían con un primer asentamiento ibérico. Hasta él se llega a través de la explanada de la desaparecida villa medieval. Presenta por el exterior una barbacana, parcialmente destruida en su flanco norte y estructuralmente está formado por un total de once torres con sus trozos de murallas intermedios correspondientes, y en él se distinguen tres recintos interiores independientes entre sí y bien diferenciados.

El primer recinto es el denominado Patio de la Sima. Se ubica al sur, junto al segundo recinto o Patio de los Silos, con el que se comunica a través de un paso en recodo, y está delimitado por seis torres, tres de las cuales forman también parte del segundo recinto. En este segundo recinto, delimitado por siete torres, además de los propios silos contiene restos de distintas estructuras (escaleras de acceso al adarve, resto de cuadras, cocinas, etc), hoy parcialmente excavadas. 

Finalmente está el tercer recinto, más pequeño y situado más al oeste, delimitado por tres torres, una de ellas la conocida como Torre del Homenaje. Este tercer recinto se encuentra ocupado por distintas construcciones residenciales de cierto carácter palaciego, y su acceso era posible tras pasar el foso previo desde el Patio de los Silos.

vista del Patio de la Sima

La antes denominada Torre Mocha se ubica en el extremo opuesto del conjunto fortificado, al este, como un enclave donde se alza una alcazaba con un marcado carácter defensivo respecto a la Puerta de Santa María, la entrada directa desde el centro de la localidad. Cuenta con lienzos y paramentos que tienen cierta complejidad en sus estructuras debido a las numerosas superposiciones y modificaciones a lo largo del tiempo. Entre el castillo y la Torre Mocha se levantan la muralla y, en algunos casos, los antemuros que delimitan la explanada de lo que fue la antigua villa medieval de Alcalá. 

En este tramo existen dos torres, una de ellas ocupada por un centro de transformación. La zona más oriental de este recinto, próximo a la Torre Mocha, cuenta con estructuras de muralla más complejas entre las que es posible distinguir la rampa que, desde los jardines de la villa San José, llega hasta el recinto fortificado. En el entorno de la torre pueden verse unos primeros tramos de muro que corresponden a la barbacana dispuesta frente a ella, a la que hoy se adosa la propia villa, con un tramo que acaba en el torreón que flanqueaba el paso a la Puerta de Santa María.

Sobre el tramo de muralla entre la Puerta de Santa María y el torreón (de donde arranca el lienzo que baja hasta el Arquillo de San Miguel) no hay datos de la existencia de barbacana, aunque aquí la topografía original y sus modificaciones serían suficiente defensa. En ese tramo hay dos torres, desde una de las cuales parte el muro y la barbacana hasta la Puerta de San Miguel, donde se localizan dos torres más que formarían parte de la estructura de acceso en recodo al interior de la explanada de la villa. 

vista nocturna del llamado Arquillo de San Miguel

Desde esa misma torre parte la llamada coracha de San Miguel hacia el sur, incluyendo en su trazado al Arquillo de San Miguel que da continuidad a la calle del mismo nombre y acaba en la Puerta de San Fernando, desde donde salían los lienzos de la cerca del río, ciñéndose a su cauce y englobando en su interior el arrabal de San Miguel.

Durante la época islámica se pueden distinguir en el ámbito del castillo al menos dos grandes períodos, siendo posible suponer, con muchas reservas, la existencia de una fortificación en torno al siglo IX, aunque no han aparecido restos arqueológicos, ni datos cronológicos. Por el contrario, no hay dudas en cuanto a la fecha, en torno a la segunda mitad del siglo XII y primer tercio del siglo XIII, de la fortificación generalizada de Alcalá en época almohade. 

En concreto, los años 1162 y 1172, asociados con el gobierno de Abu Yacub Yusuf, se cree que pueden corresponder a periodos de obras significativas y en el cerro se realizan las obras con las que va adquiriendo la estructura y forma que hoy conocemos. Como ejemplo, el Patio de los Silos se amplía hacia el sur con un nuevo recinto, el de la Sima, donde se ubican unos baños. Aparte, se llevó a cabo la construcción de las dos torres ochavadas de su fachada de levante, así como también el arreglo de muros y fosos, todo ello apoyándose en las trazas y construcciones existentes.

vista aérea del castillo en Alcalá de Guadaíra

Alcalá de Guadaíra capituló el 21 de septiembre del año 1246, cuando el alcalde Hamet Aben Paxat se rinde entregando las llaves de la ciudad al representante del emir de Granada, que acompañaba al rey Fernando III. Las tropas del emir granadino Muhammad I o Alhamar habían acudido junto a las tropas castellanas al asedio de Carmona y Alcalá para iniciar el cerco a la ciudad de Sevilla. Posteriormente, en el año 1280, el rey Alfonso X el Sabio da al pueblo la carta de poblamiento, creándose la villa de Alcalá. 

Desde mediados del siglo XIII y hasta principios del siglo XIV la fortificación toma su forma definitiva, apoyada en las construcciones y trazados anteriores (almohades básicamente), siendo el castillo durante este tiempo el baluarte defensivo de Sevilla en la frontera con el sultanato de Granada. Según los datos más fiables, el núcleo de la obra actual del castillo se construiría desde el año de la conquista castellana de Alcalá (año 1246) hasta mediados del siglo XIV. 

El antes citado arrabal de San Miguel se amuralló, durante el siglo XIV, mediante dos murallas corachas que bajaban por la ladera hasta el río y se unían con otra a lo largo de la ribera del río Guadaíra. Surgió de esta manera uno de los recintos fortificados más extensos de la región, que encerraba unas 21 hectáreas. Y así, hasta mediados del siglo XV, este castillo sería el más importante baluarte para la defensa de Sevilla y núcleo principal de la frontera, sirviendo de contención a los benimerines que, desde Ronda, lanzaban sus algaradas contra la ciudad hispalense. 

vista del castillo en Alcalá de Guadaíra

Tras algunas intervenciones para refuerzos y reparaciones, el último gran proceso de mejora del sistema defensivo del conjunto alcalareño llega entre los años 1471 y 1477, correspondiente a la etapa en que es ocupado por Rodrigo Ponce de León y Núñez, conde de Arcos y marqués de Cádiz y Zahara, que se lo arrebató a los Guzmanes en un tiempo de desaveniencias y lo convierte entonces en su base de operaciones contra las poblaciones de Sevilla y Jerez.

En ese último año, 1477, la villa de Alcalá adquiere el rango de realengo por lo que pasó a depender de la corona de Castilla, y con ello, naturalmente, también el castillo. Es entonces cuando se acometen, por última vez, nuevas obras de defensa en este lugar, como fueron la muralla oriental del llamado Patio de la Sima y el antemuro de la Puerta de San Miguel, que unía la alcazaba con el arrabal.

Terminada la conquista de Granada, el recinto fortificado va deteriorándose progresivamente, al perder su función defensiva, siendo escasas las transformaciones que se llevan a cabo sobre sus muros y torres desde el siglo XVI hasta el XIX. Con el paso del tiempo, el espacio ocupado por la desaparecida villa medieval, encerrado en sus murallas, se encuentra muy modificado en su parte más elevada como consecuencia de los distintos rellenos, explanaciones y aterrazamientos efectuados hacia la mitad del siglo XX.
 
vista nocturna de varias torres del castillo en Alcalá de Guadaíra

Castillo de Tabernas

vista de la entrada al castillo de Tabernas

El castillo de Tabernas, en la provincia de Almería, se encuentra ubicado en lo alto de un cerro en las afueras del municipio de Tabernas y, aunque en su origen ocupaba la totalidad del cerro, actualmente sólo se conserva en parte debido a la guerra de independencia española. Alberga una superficie de 23.000 metros cuadrados y, sin duda, es el edificio más complejo y uno de los castillos más interesantes de la provincia, habiendo sido también una alcazaba casi urbana. Este castillo de Tabernas se alza en una situación estratégica inmejorable, ejerciendo el control del territorio circundante y de las vías naturales que unen Almería con Granada. 

Este castillo de Tabernas cerraba el acceso a la capital almeriense desde la principal vía de comunicación con el levante peninsular, que históricamente ha desempeñado un papel fundamental en las comunicaciones desde la misma capital hacia el interior y viceversa. Puede afirmarse, siempre según los resultados de dos intervenciones arqueológicas en el presente siglo, que la mayor parte de esta fortaleza de Tabernas data de mediados del siglo XII, en una época convulsa entre el poder almorávide y el poder almohade en la península. 

Anteriormente, aproximadamente entre finales del siglo IX e inicios del siglo X, en este mismo lugar se ubicaba un hisn o lugar de refugio y la siguiente fase constructiva correspondió al posterior periodo del califato de Córdoba y se enmarcó en la política defensiva de la entonces cora de Bayyana. A esta misma época califal pertenecerían los lienzos de tapial de la fortaleza, provistos de torreones rectangulares y salientes macizos que, en la actualidad, se encuentran muy erosionados. 

vista de los restos de la fortaleza de Tabernas

Estas estructuras serían recrecidas durante los reinos de taifas, construyéndose en estos momentos la torre noreste y correspondiendo al periodo nazarí parte de los refuerzos de mampostería visibles sobre el tapial. Su planta es poligonal, alargada y, tras la conquista cristiana en el año 1489, la fortaleza se dividió en dos partes, construyéndose una torre artillera circular a inicios del siglo XVI que, en la actualidad, se conserva parcialmente. La entrada es directa y está franqueada por dos torreones. Al interior del castillo muestra un patio, también de época cristiana.

En definitiva, de su origen en el siglo XI son, al menos, los trece torreones de tapia rectangulares y salientes, y la mayoría huecos en altura que jalonan la muralla. Después, se realizó una importante modificación en la misma muralla durante la segunda mitad del siglo XII, partiendo ésta de una gran torre de unos 8 m por 5,5 m de lado, quedando desfigurada por la intervención del año 1984. Del mismo modo, servían de apoyo visual al castillo las arruinadas Torre de los Ballesteros y Torre del Espeliz, siendo ambas de planta rectangular. 

La alcazaba alcanzó su mayor ocupación y relevancia durante el período nazarí en Granada. No en vano, cuando el visir Ibn Al-Jatib visitó estos lugares con el sultán Muhammad V, escribió que Tabernas contaba con mezquitas y baños, pero que era un sitio "escaso de lluvias". En la última época nazarí llegó a ser la segunda alcazaba de la provincia y un foco de resistencia muy importante en las luchas internas del sultanato. Este castillo fue el alcázar del conocido como El Zagal, Abū `Abd Allāh, penúltimo sultán nazarí, en cuya búsqueda vinieron los reyes católicos para resolver la entrega de la plaza de Almería. 

vista del recinto de la fortaleza de Tabernas

Durante la fase nazarí se producen toda una serie de reparaciones a lo largo del recinto original, constituidas principalmente por obras de refuerzo y mantenimiento realizadas con diversas mamposterías. Entonces también se construyen pequeñas estancias adosadas a la muralla, bordeando su interior, en los que se podrían reconocer espacios dedicados al almacenamiento, al establecimiento de una pequeña guardia, a cocinas, transformación artesanal, etc. Asimismo se construye una poterna ubicada en la parte suroeste del recinto, protegida por una nueva antemuralla que anula el flanqueo de dos torres.

La modificación sustancial de la fortaleza, que deja de funcionar como alcazaba, es decir, como fortificación urbana, para convertirse en castillo con carácter puramente militar, tiene lugar durante la época castellana, tras la conquista del territorio en 1489. En esta fase se ejecuta una transformación importante, que implica la reducción del espacio defensivo mediante un muro-diafragma y su torre artillera que parte la fortificación por la mitad, como ya se dijo. Las diversas reparaciones documentadas en la mitad este del recinto también están asociadas a este mismo momento. La técnica constructiva empleada fue la mampostería concertada.

Posteriormente, en diciembre de ese año 1489, fue residencia durante unos días de los mismos reyes católicos en su propósito de tomar la ciudad de Almería, tras lo cual Fernado el católico partió de esta misma fortaleza para tomar la capital de provincia y, posteriormente, se firmaron ese año en el mismo castillo las capitulaciones de Almería. Fue de nuevo residencia durante tres días de los mismos reyes cuando se dirigían hacia Granada para firmar las capitulaciones con el sultán Boabdil. Cabe destacar que, aun habiendo sido morada de El Zagal, en el año 1522 esta fortificación fue descrita como una ruina parcial, encontrándose en un estado lamentable.

almenas en torre del Castillo de Tabernas

El Concejo y Regimiento de Almería, en el año 1560, solicitó al emperador Carlos V la reparación de la alcazaba y éste encargó al marqués de Mondéjar su revisión, pero parece que nunca se llevó a cabo a pesar de la importancia de la plaza para controlar el territorio y defenderse de los ataques de piratas y turcos. Al principio del reinado de Felipe II, se abrieron unos portillos en las torres y muros que se mantenían en pie, para así evitar que los moriscos pusieran guarnición en el sitio. Poco después, en el año 1566, se produjo uno de los asaltos más osados de la piratería en Almería conocido como el robo de Tabernas. 

En estas fechas, la población del lugar era en su totalidad morisca. Y cabe señalar que el sacerdote e historiador almeriense conocido como padre Tapia, basándose en un documento del año 1567, transcribió que este lugar contaba con "media docena de barrios: Gima o barrio de la mezquita aljama, Alhara o el barrio propiamente dicho, Zoco o el barrio del mercado, Algayda o el barrio de las huertas, Axarca y Ceyea, y en el campo estaba el arrabal del Coto". 

Y en plena guerra contra los moriscos, durante la rebelión de Las Alpujarras en el año 1570, esta fortaleza fue utilizada como puesto militar. Durante este conflicto, Juan de Austria, viniendo de Sorbas estuvo en Tabernas un día y ordenó (a la guarnición que allí quedaba) el cierre de los portillos con muros. Al terminar esta guerra, comenzó la repoblación de los pueblos de la provincia. A finales del siglo XVI, en Tabernas, sólo existía una población de 25 personas, 32 casas, 195 fanegas de grano, 10 molinos y 4 almazaras en ruina. La fortaleza, por su parte, estaba totalmente abandonada. 

vista de la fortaleza de Tabernas

En la década de 1970, a causa del rodaje de la película Patton, se destruyó una de las puertas de entrada y se descubrió al pie del castillo una necrópolis de época andalusí, donde se encontraron al menos siete tumbas. Años después, ya en 2021, comenzaron una serie de restauraciones para proteger y musealizar este castillo de Tabernas, reencontrándose en su fase1 un antiguo aljibe de época andalusí en muy buen estado de conservación ya que fue tapiado a finales de la década de 1970 para evitar vandalismos, aunque se desconocía su ubicación exacta.

Este castillo de Tabernas nos ofrece aún hoy una espléndida vista panorámica del paisaje desértico de Tabernas donde las tierras baldías o montes pelados se elevan majestuosamente semejando un ilusorio paisaje lunar. Puede seguirse prácticamente todo el circuito de murallas, que en algunos puntos sigue aún levantando varios metros de altura. Está construido en tapial calicostrado, particularmente visible en el extremo occidental, el que mira hacia la ciudad de Almería. 

A lo largo de las laderas, en los cortes realizados por el camino de acceso, son aún visibles parte de los muros de viviendas y pavimentos de mampostería y morteros de yeso así como varios silos. También son visibles los restos del cementerio en el actual camino de subida al castillo. Durante la segunda fase de excavación se han localizado dos grandes viviendas junto a la puerta principal del recinto amurallado. Únicamente se ha podido excavar una parte ellas, pero ya se puede observar que las habitaciones y estancias mantienen una distribución típica, accediendo mediante un zaguán que nos dirige hacia el patio.

vista aérea de la fortaleza de Tabernas