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vista general del castillo en Alcalá de Guadaíra
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Alcalá de Guadaíra, en la provincia de Sevilla, se sitúa en la actual comarca de Los Alcores, que constituye una elevación en forma de meseta inclinada de poca altura que se levanta en medio de la depresión del río Guadalquivir en la provincia de Sevilla, situándose la localidad a 17 km de la capital.
El primer nombre que se conoce de un asentamiento en las inmediaciones es Irippo, de origen tartésico que se traduce como ciudad del río. El pueblo fue denominado por los griegos como Hienipa, que significa agua subterránea, y más tarde los romanos le dieron el nombre de Ordo Hinipense. Ya en época musulmana, sus nuevos habitantes la nombraron al-Qal'at ued-xira o Qall'at Yâbir (castillo del río Ira) y de ese nombre islámico deriva la actual Alcalá de Guadaíra.
El recinto de su castillo, de época almohade, se encuentra enclavado en el extremo oeste de Alcalá, acotado físicamente por un meandro del río Guadaíra. Se trata de un extenso complejo fortificado que se ubica en el Cerro
del Castillo y comprende distintos espacios que, de oeste a este, son el castillo propiamente dicho, el recinto amurallado de la antigua villa
medieval, la alcazaba de la Torre Mocha y las corachas.
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varias torres y parte de muralla en Alcalá de Guadaíra
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El castillo es resultado de un continuo proceso de superposiciones y
transformaciones de estructuras militares y domésticas, que comenzarían
con un primer asentamiento ibérico. Hasta él se llega a través de la explanada de la desaparecida villa medieval. Presenta por el exterior una barbacana, parcialmente destruida en su flanco norte y estructuralmente está formado por un total de once torres
con sus trozos de murallas intermedios correspondientes, y en él se
distinguen tres recintos interiores independientes entre sí y bien
diferenciados.
El primer recinto es el denominado Patio de la Sima. Se
ubica al sur, junto al segundo recinto o Patio de los Silos, con el que
se comunica a través de un paso en recodo, y está delimitado por seis
torres, tres de las cuales forman también parte del segundo recinto. En
este segundo recinto, delimitado por siete torres, además de los propios
silos contiene restos de distintas estructuras (escaleras de acceso al adarve, resto de cuadras,
cocinas, etc), hoy parcialmente excavadas.
Finalmente está el tercer
recinto, más pequeño y situado más al oeste, delimitado por tres torres,
una de ellas la conocida como Torre del Homenaje. Este tercer recinto se encuentra ocupado por distintas construcciones residenciales de
cierto carácter palaciego, y su acceso era posible tras pasar el foso previo desde el Patio de los Silos.
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vista del Patio de la Sima
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La antes denominada Torre Mocha se ubica en el extremo opuesto del conjunto fortificado, al este, como un enclave donde se alza una alcazaba
con un marcado carácter defensivo respecto a la Puerta de Santa María,
la entrada directa desde el centro de la localidad. Cuenta con lienzos y
paramentos que tienen cierta complejidad en sus estructuras debido a
las numerosas superposiciones y modificaciones a lo largo del tiempo. Entre el castillo y la Torre Mocha se levantan la muralla
y, en algunos casos, los antemuros que delimitan la explanada de lo que
fue la antigua villa medieval de Alcalá.
En este tramo existen dos
torres, una de ellas ocupada por un centro de transformación. La zona más oriental de este recinto, próximo a la Torre
Mocha, cuenta con estructuras de muralla más complejas entre las que es
posible distinguir la rampa que, desde los jardines de la villa San José,
llega hasta el recinto fortificado. En el entorno de la torre pueden
verse unos primeros tramos de muro que corresponden a la barbacana
dispuesta frente a ella, a la que hoy se adosa la propia villa, con un
tramo que acaba en el torreón que flanqueaba el paso a la Puerta de Santa María.
Sobre el tramo de muralla entre la Puerta de Santa María y el torreón (de donde arranca el lienzo que baja hasta el Arquillo de San Miguel)
no hay datos de la existencia de barbacana, aunque aquí la topografía
original y sus modificaciones serían suficiente defensa. En ese tramo
hay dos torres, desde una de las cuales parte el muro y la barbacana
hasta la Puerta de San Miguel,
donde se localizan dos torres más que formarían parte de la estructura
de acceso en recodo al interior de la explanada de la villa.
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vista nocturna del llamado Arquillo de San Miguel
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Desde esa misma torre parte la llamada coracha
de San Miguel hacia el sur, incluyendo en su trazado al Arquillo de San
Miguel que da continuidad a la calle del mismo nombre y acaba en la Puerta de San Fernando, desde donde salían los lienzos de la cerca del río, ciñéndose a su cauce y englobando en su interior el arrabal de San Miguel.
Durante la época islámica se pueden distinguir en el ámbito
del castillo al menos dos grandes períodos, siendo posible suponer, con
muchas reservas, la existencia de una fortificación en torno al siglo IX, aunque no han aparecido restos arqueológicos, ni datos cronológicos. Por el contrario, no hay dudas en cuanto a la fecha, en torno a la segunda mitad del siglo XII y primer tercio del siglo XIII, de la fortificación generalizada de Alcalá en época almohade.
En concreto, los años 1162 y 1172, asociados con el gobierno de Abu Yacub Yusuf, se cree que pueden corresponder a periodos de obras significativas y en el cerro se realizan las obras con las que va adquiriendo la estructura y forma que hoy conocemos. Como ejemplo, el Patio de los Silos se amplía hacia el sur con un nuevo recinto, el de la Sima, donde se ubican unos baños. Aparte, se llevó a cabo la construcción de las dos torres ochavadas de su fachada de levante, así como también el arreglo de muros y fosos, todo ello apoyándose en las trazas y construcciones existentes.
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vista aérea del castillo en Alcalá de Guadaíra
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Alcalá de Guadaíra capituló el 21 de septiembre del año 1246, cuando el alcalde Hamet Aben Paxat se rinde entregando las llaves de la ciudad al representante del emir de Granada, que acompañaba al rey Fernando III. Las tropas del emir granadino Muhammad I o Alhamar habían acudido junto a las tropas castellanas al asedio de Carmona y Alcalá para iniciar el cerco a la ciudad de Sevilla. Posteriormente, en el año 1280, el rey Alfonso X el Sabio da al pueblo la carta de poblamiento, creándose la villa de Alcalá.
Desde mediados del siglo XIII y hasta principios del siglo XIV la fortificación toma su forma definitiva, apoyada en las construcciones y trazados anteriores (almohades
básicamente), siendo el castillo durante este tiempo el baluarte
defensivo de Sevilla en la frontera con el sultanato de Granada. Según los
datos más fiables, el núcleo de la obra actual del castillo se
construiría desde el año de la conquista castellana de Alcalá (año 1246)
hasta mediados del siglo XIV.
El
antes citado arrabal de San Miguel se amuralló, durante el siglo XIV, mediante
dos murallas corachas que bajaban por la ladera hasta el río y se unían
con otra a lo largo de la ribera del río Guadaíra. Surgió de esta manera uno
de los recintos fortificados más extensos de la región, que encerraba
unas 21 hectáreas. Y así, hasta
mediados del siglo XV, este castillo sería el más importante
baluarte para la defensa de
Sevilla y núcleo principal de la frontera, sirviendo de
contención a los benimerines que, desde
Ronda, lanzaban sus algaradas
contra la ciudad hispalense.
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vista del castillo en Alcalá de Guadaíra
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Tras algunas intervenciones para refuerzos y reparaciones,
el último gran proceso de mejora del sistema defensivo del conjunto
alcalareño llega entre los años 1471 y 1477, correspondiente a la etapa en que es
ocupado por Rodrigo Ponce de León y Núñez, conde de Arcos y marqués de Cádiz y Zahara, que se lo arrebató a los Guzmanes en un tiempo de desaveniencias y lo convierte entonces en su base de operaciones contra las poblaciones de Sevilla y Jerez.
En ese último año, 1477, la villa de Alcalá adquiere el rango de realengo por lo que pasó a depender de la corona de Castilla, y con ello, naturalmente, también el castillo. Es
entonces cuando se acometen, por última vez, nuevas obras de defensa en este lugar,
como fueron la muralla oriental del llamado Patio de la Sima y el antemuro de la Puerta de San Miguel, que unía la alcazaba con el arrabal.
Terminada la conquista de
Granada, el recinto fortificado va
deteriorándose progresivamente, al perder su función defensiva, siendo
escasas las transformaciones que se llevan a cabo sobre sus muros y
torres desde el
siglo XVI hasta el
XIX.
Con el paso del tiempo, el espacio ocupado por la desaparecida villa
medieval, encerrado en sus murallas, se encuentra muy modificado en su
parte más elevada como consecuencia de los distintos rellenos,
explanaciones y aterrazamientos efectuados hacia la mitad del
siglo XX.
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vista nocturna de varias torres del castillo en Alcalá de Guadaíra
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