Castillo de Tabernas

vista de la entrada al castillo de Tabernas

El castillo de Tabernas, en la provincia de Almería, se encuentra ubicado en lo alto de un cerro en las afueras del municipio de Tabernas y, aunque en su origen ocupaba la totalidad del cerro, actualmente sólo se conserva en parte debido a la guerra de independencia española. Alberga una superficie de 23.000 metros cuadrados y, sin duda, es el edificio más complejo y uno de los castillos más interesantes de la provincia, habiendo sido también una alcazaba casi urbana. Este castillo de Tabernas se alza en una situación estratégica inmejorable, ejerciendo el control del territorio circundante y de las vías naturales que unen Almería con Granada

Este castillo de Tabernas cerraba el acceso a la capital almeriense desde la principal vía de comunicación con el levante peninsular, que históricamente ha desempeñado un papel fundamental en las comunicaciones desde la misma capital hacia el interior y viceversa. Puede afirmarse, siempre según los resultados de dos intervenciones arqueológicas en el presente siglo, que la mayor parte de esta fortaleza de Tabernas data de mediados del siglo XII, en una época convulsa entre el poder almorávide y el poder almohade en la península. 

Anteriormente, aproximadamente entre finales del siglo IX e inicios del siglo X, en este mismo lugar se ubicaba un hisn o lugar de refugio y la siguiente fase constructiva correspondió al posterior periodo del califato de Córdoba y se enmarcó en la política defensiva de la entonces cora de Bayyana. A esta misma época califal pertenecerían los lienzos de tapial de la fortaleza, provistos de torreones rectangulares y salientes macizos que, en la actualidad, se encuentran muy erosionados. 

vista de los restos de la fortaleza de Tabernas

Estas estructuras serían recrecidas durante los reinos de taifas, construyéndose en estos momentos la torre noreste y correspondiendo al periodo nazarí parte de los refuerzos de mampostería visibles sobre el tapial. Su planta es poligonal, alargada y, tras la conquista cristiana en el año 1489, la fortaleza se dividió en dos partes, construyéndose una torre artillera circular a inicios del siglo XVI que, en la actualidad, se conserva parcialmente. La entrada es directa y está franqueada por dos torreones. Al interior del castillo muestra un patio, también de época cristiana.

En definitiva, de su origen en el siglo XI son, al menos, los trece torreones de tapia rectangulares y salientes, y la mayoría huecos en altura que jalonan la muralla. Después, se realizó una importante modificación en la misma muralla durante la segunda mitad del siglo XII, partiendo ésta de una gran torre de unos 8 m por 5,5 m de lado, quedando desfigurada por la intervención del año 1984. Del mismo modo, servían de apoyo visual al castillo las arruinadas Torre de los Ballesteros y Torre del Espeliz, siendo ambas de planta rectangular. 

La alcazaba alcanzó su mayor ocupación y relevancia durante el período nazarí en Granada. No en vano, cuando el visir Ibn Al-Jatib visitó estos lugares con el sultán Muhammad V, escribió que Tabernas contaba con mezquitas y baños, pero que era un sitio "escaso de lluvias". En la última época nazarí llegó a ser la segunda alcazaba de la provincia y un foco de resistencia muy importante en las luchas internas del sultanato. Este castillo fue el alcázar del conocido como El Zagal, Abū `Abd Allāh, penúltimo sultán nazarí, en cuya búsqueda vinieron los reyes católicos para resolver la entrega de la plaza de Almería

vista del recinto de la fortaleza de Tabernas

Durante la fase nazarí se producen toda una serie de reparaciones a lo largo del recinto original, constituidas principalmente por obras de refuerzo y mantenimiento realizadas con diversas mamposterías. Entonces también se construyen pequeñas estancias adosadas a la muralla, bordeando su interior, en los que se podrían reconocer espacios dedicados al almacenamiento, al establecimiento de una pequeña guardia, a cocinas, transformación artesanal, etc. Asimismo se construye una poterna ubicada en la parte suroeste del recinto, protegida por una nueva antemuralla que anula el flanqueo de dos torres.

La modificación sustancial de la fortaleza, que deja de funcionar como alcazaba, es decir, como fortificación urbana, para convertirse en castillo con carácter puramente militar, tiene lugar durante la época castellana, tras la conquista del territorio en 1489. En esta fase se ejecuta una transformación importante, que implica la reducción del espacio defensivo mediante un muro-diafragma y su torre artillera que parte la fortificación por la mitad, como ya se dijo. Las diversas reparaciones documentadas en la mitad este del recinto también están asociadas a este mismo momento. La técnica constructiva empleada fue la mampostería concertada.

Posteriormente, en diciembre de ese año 1489, fue residencia durante unos días de los mismos reyes católicos en su propósito de tomar la ciudad de Almería, tras lo cual Fernado el católico partió de esta misma fortaleza para tomar la capital de provincia y, posteriormente, se firmaron ese año en el mismo castillo las capitulaciones de Almería. Fue de nuevo residencia durante tres días de los mismos reyes cuando se dirigían hacia Granada para firmar las capitulaciones con el sultán Boabdil. Cabe destacar que, aun habiendo sido morada de El Zagal, en el año 1522 esta fortificación fue descrita como una ruina parcial, encontrándose en un estado lamentable.

almenas en torre del Castillo de Tabernas

El Concejo y Regimiento de Almería, en el año 1560, solicitó al emperador Carlos V la reparación de la alcazaba y éste encargó al marqués de Mondéjar su revisión, pero parece que nunca se llevó a cabo a pesar de la importancia de la plaza para controlar el territorio y defenderse de los ataques de piratas y turcos. Al principio del reinado de Felipe II, se abrieron unos portillos en las torres y muros que se mantenían en pie, para así evitar que los moriscos pusieran guarnición en el sitio. Poco después, en el año 1566, se produjo uno de los asaltos más osados de la piratería en Almería conocido como el robo de Tabernas

En estas fechas, la población del lugar era en su totalidad morisca. Y cabe señalar que el sacerdote e historiador almeriense conocido como padre Tapia, basándose en un documento del año 1567, transcribió que este lugar contaba con "media docena de barrios: Gima o barrio de la mezquita aljama, Alhara o el barrio propiamente dicho, Zoco o el barrio del mercado, Algayda o el barrio de las huertas, Axarca y Ceyea, y en el campo estaba el arrabal del Coto"

Y en plena guerra contra los moriscos, durante la rebelión de Las Alpujarras en el año 1570, esta fortaleza fue utilizada como puesto militar. Durante este conflicto, Juan de Austria, viniendo de Sorbas estuvo en Tabernas un día y ordenó (a la guarnición que allí quedaba) el cierre de los portillos con muros. Al terminar esta guerra, comenzó la repoblación de los pueblos de la provincia. A finales del siglo XVI, en Tabernas, sólo existía una población de 25 personas, 32 casas, 195 fanegas de grano, 10 molinos y 4 almazaras en ruina. La fortaleza, por su parte, estaba totalmente abandonada. 

vista de la fortaleza de Tabernas

En la década de 1970, a causa del rodaje de la película Patton, se destruyó una de las puertas de entrada y se descubrió al pie del castillo una necrópolis de época andalusí, donde se encontraron al menos siete tumbas. Años después, ya en 2021, comenzaron una serie de restauraciones para proteger y musealizar este castillo de Tabernas, reencontrándose en su fase1 un antiguo aljibe de época andalusí en muy buen estado de conservación ya que fue tapiado a finales de la década de 1970 para evitar vandalismos, aunque se desconocía su ubicación exacta.

Este castillo de Tabernas nos ofrece aún hoy una espléndida vista panorámica del paisaje desértico de Tabernas donde las tierras baldías o montes pelados se elevan majestuosamente semejando un ilusorio paisaje lunar. Puede seguirse prácticamente todo el circuito de murallas, que en algunos puntos sigue aún levantando varios metros de altura. Está construido en tapial calicostrado, particularmente visible en el extremo occidental, el que mira hacia la ciudad de Almería

A lo largo de las laderas, en los cortes realizados por el camino de acceso, son aún visibles parte de los muros de viviendas y pavimentos de mampostería y morteros de yeso así como varios silos. También son visibles los restos del cementerio en el actual camino de subida al castillo. Durante la segunda fase de excavación se han localizado dos grandes viviendas junto a la puerta principal del recinto amurallado. Únicamente se ha podido excavar una parte ellas, pero ya se puede observar que las habitaciones y estancias mantienen una distribución típica, accediendo mediante un zaguán que nos dirige hacia el patio.

vista aérea de la fortaleza de Tabernas

Antequera

vista de alcazaba en Antequera y la Peña de los Enamorados

Antequera es una ciudad situada en el norte de la provincia de Málaga, siendo el centro de la comarca que lleva su mismo nombre. Se encuentra en un enclave geográfico estratégico, por estar situada en el centro de la actual región andaluza, donde confluyen las principales vías que comunican la ciudad de Málaga con Córdoba y la ciudad de Granada con Sevilla

Además su vega, regada por el río Guadalhorce, la convierte en una zona agrícola fértil que sigue proporcionando cereales, aceite de oliva y hortalizas en abundancia. De hecho, casi todo el municipio pertenece a la cuenca del Guadalhorce, excepto algunas pequeñas zonas del norte que vierten a la cuenca del río Genil, y del sur, que lo hacen a las cuencas de los ríos Campanillas y Guadalmedina.

Su actual nombre tiene origen en Anticaria, la antigua denominación romana, cuando la ciudad era un importante centro comercial por su situación en el centro de la Bética andaluza, siendo la ciudad conocida sobre todo por la producción de aceite de oliva. Más tarde sería arrasada por los germanos y después pasaría a ser conocida como Antakira en época árabe, aunque varios yacimientos repartidos por su término municipal atestiguan que esta zona estuvo habitada desde hace más de 5000 años. 

vista aérea de la alcazaba de Antequera

Sabemos que las tropas árabes comandadas por Abd Al-Aziz Ibn Musa (hijo de Musa Ibn Nusair, gobernador del norte de África) llegaron a este lugar en el año 713, tras el tratado de capitulación que se celebró en Orihuela con el godo Todmir, más conocido como Teodomiro, el cual debía tener propiedades y funciones administrativas en este territorio. Recordemos que dos años antes, en el 711, las tropas del comandante bereber Tariq Ibn Ziyad vencieron en la Batalla de Guadalete a las tropas del rey visigodo Rodrigo. 

Durante la época andalusí se conoció a esta ciudad como Medina Antakira y se fortificó con una alcazaba y una muralla defensiva. Los orígenes de esta fortaleza pueden datar de época romana, aunque se menciona por primera vez en escritos del siglo XI por parte de Semuel Ibn Nagrela, quien fue poeta de origen judío y visir de Badis Ibn Habús, el tercer rey zirí de la taifa de Granada. Poco después, con la dominación almohade en la península, se construyeron dos anillos de murallas en tapial y enlucidos en cal que siguen actualmente en pie y que cercaban una extensión de 62.000 m2. 

Dentro del conjunto amurallado de la medina islámica se distinguían en Antakira dos recintos más o menos diferenciados. Por un lado la Alcazaba, que ocupaba todo el coronamiento del cerro. Y por otro lado un segundo anillo que, bajando desde la llamada Puerta de la Villa, continuaba hacia el Postigo del Agua y la Puerta de Málaga para volver a unirse con la Torre Blanca. Estas murallas evitaron la conquista por parte del monarca castellano Pedro I el Cruel en el año 1361, siendo denominada entonces como "ciudad fuerte".

tramo de muralla en la alcazaba de Antequera

Tras este hecho y ya bajo el dominio del reino nazarí de Granada se reforzaron las defensas de la ciudad, añadiendo estuches de piedra a las murallas para defenderse del hostigamiento cristiano y también se construyó una barbacana a modo de parapeto exterior, se reedificaron puertas y se construyó una coracha -como en el caso del castillo de Salobreña- para asegurar el suministro de agua a través del río en caso de asedio. Estos hechos se acompañaron del momento de mayor esplendor de la ciudad en época musulmana y de un importante incremento de su población.

Su Torre del Homenaje, la más importante del recinto, tiene planta angular con forma de L y está situada tras el Patio de Armas. Está considerada como la de mayor anchura de las musulmanas andaluzas, a excepción de la Torre de Calahorra en Gibraltar. Fue remodelada en época nazarí y se encuentra situada al noroeste del recinto siendo maciza hasta el nivel del adarve de la muralla, con un rastrillo que ofrecía una protección adicional a su acceso.

Esta torre antequerana se corona con un templete-campanario construido posteriormente en el año 1582 para colocar la campana y el reloj de la ciudad. Su acceso se realiza a través de una puerta enmarcada por dos fustes lisos y un dintel y su interior, de una única planta, se dividía por tres estancias grandes cubiertas con bóvedas esquifadas con espejo, alrededor de un espacio central, techado con forjados de madera hoy ya desaparecidos.

puerta de acceso a la Torre Blanca

La Torre Blanca, por su parte, se encuentra unida a la anterior por un lienzo de murallas reforzado por dos contrafuertes y sorprende por la perfecta ejecución de su fábrica de sillería, siendo también maciza hasta la altura del adarve de la muralla. Tiene planta rectangular y cuenta con dos plantas de altura y terrraza. El acceso se realiza desde el paso de ronda de la muralla occidental, aunque en el lado oriental también tenía un acceso, hoy cegado. Para su construcción se utilizaron sillares rectangulares, con bóvedas interiores de ladrillo y las estancias se dividen con cajones de mampuesto delimitados entre vergaduras de ladrillo. 

La planta baja estaba destinada al uso de armamento con el objetivo de defender la torre, dividida en dos partes: un pasillo como continuación al adarve de la muralla y que comunica con la escalera para subir a la segunda planta y un segundo núcleo dividido en cinco pequeñas estancias abovedadas y dotadas de saeteras. La segunda planta tenía una función residencial, con un espacio central al cual se abren una pequeña estancia y dos grandes alcobas rectangulares, la mayor al sur y cuenta con balcones desde los que observar el paisaje. 

El interior se ilumina con troneras y ventanas en arco de herradura. Esta Torre Blanca, en definitiva, se encuentra dentro de lo que llamamos anillo de medina construido en el siglo XIV para dar cobijo a los musulmanes expulsados por la conquista castellana y estaba unida con la llamada Torre del Quiebro por el lienzo de muralla, pero el alcalde de la fortaleza ordenó su demolición en el año 1510, aunque tras los trabajos arqueológicos ha sido reedificada. 

vista del Patio de Armas y muralla del recinto en Antequera

La antes citada Puerta de Málaga conforma una de las estructuras defensivas más destacadas de la Alcazaba, situada en el extemo norte del recinto amurallado. Se trata de una puerta-torre de origen andalusí, construida probablemente entre los siglos XIII y XIV. Su nombre se debe a que se orienta hacia la ciudad de Málaga, principal vía de comunicación y enclave estratégico de Al-Ándalus y una de las rutas naturales hacia el mar Mediterráneo. Su estructura responde a un esquema típico de acceso en recodo, característico de la arquitectura militar islámica, pensado para dificultar los asaltos frontales.

Su puerta principal presentaba un arco de herradura apuntado realizado en ladrillo, sobre el cual se levanta una torre de planta rectangular, construida en mampostería y sillares. Este tipo de puertas reforzadas cumplían una doble función, por un lado controlar el acceso al recinto y por otro servir como punto de vigilancia y defensa avanzada. Tras la conquista cristiana, al igual que el resto del conjunto defensivo, ha conservado muchos de sus rasgos originales. A lo largo del tiempo ha sufrido reformas y restauraciones, pero mantiene su valor como testimonio de la ingeniería militar islámica. 

El Patio de Armas de la Alcazaba, por su parte, era rectangular y estaba destinado al acuartelamiento de las tropas nazaríes, al pie de la Torre del Homenaje y de la Torre Blanca, contando con una claustrofóbica mazmorra de unos 6 m de profundidad por 3 m de ancho. Además, contaba también con un aljibe para almacenar agua, siendo de planta rectangular con unas dimensiones de 6,20 m x 4,10 m y que se encontraba junto a una mezquita.

Torre albarrana en la muralla de Antequera

Del resto de la cerca amurallada aún se conservan el Postigo y la Torre Albarrana de la Estrella, junto a los lienzos de murallas recuperados de la Plaza del Carmen y la llamada Puerta del Agua que, en realidad, se trata de un portillo junto a otra torre albarrana. La llamada Torre Torcida, que queda desembarazada en nuestros días de las edificaciones que la ocultaban, era también una torre albarrana cilíndrica a la que le falta el arco de comunicación con la muralla.

Desde mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana de las ciudades de Sevilla y Jaén, es cuando Antakira empieza a adquirir realmente importancia como centro de operaciones militares, debido a su cercanía a la entonces frontera entre cristianos y musulmanes. La importancia que en Castilla se atribuía a la conquista de esta ciudad se evidencia por el hecho de que asumiera personalmente su realización el propio regente Fernando, que gobernaba en nombre de su sobrino el rey Juan II, que entonces contaba con muy corta edad.

Después de varios intentos infructuosos, el asalto final de los castellanos comenzó en abril del año 1410 y en mayo fue derrotado el ejército de socorro musulmán salido de la cercana Archidona. El asedio se prolongó durante todo el verano en medio de actos de valor, del heroísmo de los sitiados y del empleo de artillería y máquinas de sitio y hasta el cerco de Málaga (en el año 1487) no se halla pertinacia igual en la lucha. El cerco no terminó hasta septiembre del mismo año, cuando los andalusíes negociaron la entrega de la ciudad a cambio de caballerías para su retirada a Archidona. 

vista del adarve de la muralla en alcazaba de Antequera

La ciudad y su alcazaba finalmente cayeron en manos cristianas durante la llamada Toma de Antequera que duró los citados cinco meses, en el que fue considerado como "el mayor triunfo del cristiano entre la Batalla del Salado y la conquista de Granada". El regente Fernando de Trastámara, quien gobernaba Castilla en ese momento ya que el rey Juan II contaba con 5 años de edad, pronunció la célebre frase "Salga el Sol por Antequera y sea lo que Dios quiera" y desde este éxito militar fue conocido como Fernando de Antequera, siendo en 1412 ascendido al trono como Fernando I de Aragón. 
 
En esos años, en la capital nazarí, concretamente en sus colinas situadas a poniente del barranco de la Sabika y por la parte baja de la población, a ambas riberas del río, se extendía la madinat Garnata propiamente dicha, con sus tres arrabales en esa zona, conocidos como el de Al-Ramla (la Rambla) al oeste y los de Al-Fajjarin (los Alfareros) y Al-Nayd (la Loma) al sur. A estos arrabales se añadió entonces el de Antequeruela, conocido así ya que fue alzado por los emigrados de Antequera después de la pérdida de esta plaza en el año 1410.

Una vez consolidado el éxito castellano mediante la toma de tres castillos cercanos, Aznalmara, Coche y Xébar, Fernando aceptó la reanudación de treguas con los cristianos y dejó como alcaide en esta plaza a Rodrigo de Narváez, al que sucedieron sus hijos Pedro y Fernando. Poco después de este hecho, en el año 1429, se celebraron las Cortes de Aragón en la fortaleza de esta ciudad, ya con Alfonso V el Magnánimo como monarca aragonés. La tregua del año 1439 fija a Antequera como uno de los puntos fronterizos con el reino nazarí.

escultura conmemorativa a los musulmanes andalusíes, Antequera

Antequera fue declarada ciudad por una Real Cédula del 9 de noviembre del año 1441 firmada por el ya citado rey Juan II de Castilla. Durante toda la conquista castellana fue centro neurálgico y fronterizo de choque, punto de partida para conquistas posteriores, como las campañas de Álora y Casarabonela y, sobre todo, plataforma de expediciones contra el sultanato nazarí de Granada. En el año 1466, el hijo y sucesor del citado Juan II, el rey Enrique IV de Castilla el Impotente, concede el título de "muy noble" a la ciudad de Antequera por los heroicos servicios prestados por sus moradores.

Como sabemos, la conquista de Granada y la entrega de las llaves de la ciudad de la Alhambra tuvo lugar en enero del año 1492 y bajo el reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conocidos como los reyes católicos. Cabe señalar que Isabel I era hija del antes citado rey Juan II de Castilla, al igual que también lo fue su hermano paterno, el antes citado Enrique IV el Impotente y que, por su parte, Fernando II era nieto del antes citado Alfonso V de Aragón. Es decir, el afamado Fernando de Antequera fue tío-abuelo de Isabel I de Castilla y, a su vez, bisabuelo de Fernando II de Aragón. 

Para entonces, la ciudad de Antequera comienza a transformarse y a extenderse fuera de las murallas, aumentando su población al calor de sus fértiles tierras y a la ausencia de enemigos. Se sabe que a finales del siglo XV, Antequera contaba entre 2500 y 5000 habitantes. Puede decirse que, bajo el dominio castellano, la ciudad siguió siendo un importante centro comercial debido a su ubicación, su floreciente agricultura y a la labor de sus artesanos, que contribuyeron en el crecimiento cultural de la ciudad.

Loja. Alcazaba, Jaufín y Arrabal.

vista de tramo de muralla en la alcazaba de Loja
 
La Alcazaba de la ciudad de Loja fue fundada en el año 893, quedando como gobernador del sitio un miembro de la familia de los Banu Jalid quienes, junto a la propia familia omeya, jugaron un papel esencial a nivel político. Tal como nos cuenta, entre otros, el historiador del siglo XI, Ibn Hayyan, "El infante Al-Mutarrif (el hijo del emir Abd Allah I) se dirigió con su ejército cordobés a Lawsa (Loja), edificó su hisn y lo perfeccionó, y dejó en ella a Idris b. Abd Allah como gobernador".

Poco después, en el año 894, la alcazaba de Loja vuelve a citarse en los escritos como punto de apoyo de las tropas emirales que participaron en acciones contra los rebeldes al poder omeya. A comienzos del siglo X, concretamente en el año 904, vuelve a citarse a Loja como punto de acogida de las tropas emirales, donde quedó acampado el también infante Aban, siendo hijo del antes citado emir Abd Allah I de Córdoba. Más adelante, el castillo o hisn inicial se transformó en ciudad, mencionándose este lugar como Madinat Lawša en el siglo XI.

La alcazaba de Loja, situada en la parte más alta de la población, estaba conectada con las torres vigías fronterizas del reino de Granada. La alcazaba fue construida sobre una elevación rocosa y visible, prácticamente completa, desde todos los puntos cardinales. Al recinto de esta Alcazaba de Loja se accedía desde la medina, a través de una gran puerta ubicada en el interior de la llamada Torre del Homenaje, siendo ésta de planta cuadricular y con una altura conservada de 9,70 m. 
 
puerta de entrada a la Alcazaba de Loja

Esta Torre del Homenaje, del Castillo o del Reloj (siglo IX), tuvo que ser levantada en varias ocasiones debido a las frecuentes invasiones. Hoy conserva en su entrada principal, orientada al este, zaguán con buharda sobre el arco de entrada -trampa desde donde se volcaba aceite hirviendo a los enemigos- y una inscripción religiosa con caracteres cúficos en la que puede leerse "Dios es único, no engendró ni fue engendrado, no tiene compañero". Sobre dicha inscripción pueden encontrarse una llave y una mano, símbolos nazaríes.

La Alcazaba era el eje central de la ciudad, donde residía el poder político y militar, presentando forma triangular, conservándose cinco torres de planta rectangular y tramos de muralla intermedios, construidos con mampostería y de gran altura, apoyados sobre la roca del cerro. También se conserva el Patio de Armas, desde donde se ve el camino de ronda, con una pequeña puerta en la muralla, además del aljibe nazarí, que es la obra mejor conservada de la Alcazaba. Con una capacidad de 286 m3 de volumen, este aljibe contaba con un sistema de claraboyas por el que se filtraba el agua de lluvia y se abastecía a la población.

El actualmente conocido como Caserón de los Alcaides fue mandado construir por Pedro de Tapia en el año 1616 como sede del poder político y administrativo, también conocido como Casa Cristina. Se trata de un gran edificio de dos plantas, aparejo mixto y estructura sencilla. Está adosado por su parte este a la Torre del Homenaje o Torre del Reloj, del siglo IX, probablemente único resto de lo que debió ser el edificio residencial de la medina Lawsa.

vista de la Torre del Homenaje en la alcazaba de Loja

La Puerta del Jaufín, por su parte, ha sido utilizada como patio de acceso a una vivienda particular. Se trata de una puerta con dos arcos de medio punto perpendiculares de la época almorávide (siglos XI-XII). En tiempos de la llamada reconquista cristiana era el único acceso que había desde el barrio del Jaufín al barrio del Arrabal. El último uso que recibió fue albergar en su planta principal el camarín de la ermita de la Caridad.

Sabemos que, tras la conquista de las tropas castellanas, en el sector de la Alcazaba se repartieron entre los nuevos pobladores cristianos 41 casas en el año 1489, si bien se mencionan la existencia de otras casas derribadas, lo que indica que era un espacio capaz de albergar aún más población. Aquí encontramos, entre otros elementos destacados, dos mezquitas de época andalusí (una en la que se erigió la iglesia de Santa Cruz) así como un horno.

En el barrio del Jaufín se repartieron 191 casas en ese año 1489. Aquí se mencionan las puertas del Jaufín, de la Alfaguara y de Granada. Se citan dos hornos y tres mezquitas (en dos de ellas se consagraron la iglesia de Santiago y la primera iglesia de San Gabriel), además de un molino de aceite, tratándose probablemente de un elemento periurbano que, posteriormente, quedó intramuros. Su nombre procede del árabe Yawfí, que significa "umbría" por localizarse al norte del cerro de la Alcazaba, en la pendiente que mira hacia el río Genil. El perímetro amurallado de este sector abarcaba aproximadamente 2,7 Has. 
 
arcos en el aljibe de la alcazaba de Loja

Por su parte, el Arrabal era el barrio más poblado, repartiéndose entonces 223 casas. En él se mencionan las puertas de Alhama, Archidona y Jaufín, así como un postigo. Aunque se cita la zerca del Arrabal, varias casas lindan con huertas extramuros, de lo que se deduce que las murallas estaban muy deterioradas, sin duda por el uso de la artillería durante la conquista cristiana de la ciudad. En este barrio se situaba la que fue mezquita aljama, sobre la que se erigió la iglesia mayor de Santa María de la Encarnación, cerca de la cual se localizan unos baños. También encontramos las tiendas del Concejo, probablemente en el espacio ocupado por el antiguo zoco.

Hasta el comienzo del siglo XXI hay conservados varios restos interesantes del aljibe del siglo XI, la anteriormente citada Torre del Homenaje o del Reloj así como un cinturón de murallas. Del mismo modo se conservan, en la línea del interior de la muralla, trece torres de planta cuadrada, cuatro semicirculares y una torre de forma octogonal que es conocida como la Torre Ochavada, en la cual se instaló un reloj en el año 1576..

Loja

vista de la alcazaba de Loja

Loja es una ciudad situada en la parte occidental de la comarca del mismo nombre, en la provincia de Granada. Por su término discurren los ríos Genil, Guadalhorce, Manzanil y Frío. El municipio lojeño es el más occidental de toda la provincia y se sitúa a 54 km de la capital provincial, a 131 km de Jaén y a 207 km de Almería. La orografía es bastante variada, compuesta de una mezcolanza de valles y sierras. Destaca la cuenca del río Genil, que divide al término municipal en dos quedando al norte de éste las sierras de la Subbética, con su imponente Monte Hacho; y el sistema Penibético, representado por la sierra de Loja, al sur.
 
La realidad arqueológica sitúa la primera ocupación de su solar hacia el siglo XI a. C. Los restos de estos pobladores prehistóricos de la Edad del Bronce reposan bajo la superficie del barrio de la Alcazaba, desde sus primeros años de presencia hasta bien entrado el siglo VII a. C., en el que las aportaciones del ámbito comercial y cultural fenicio suponen un primer florecimiento de tipo urbano para aquel poblado original, conocido como la mítica Tricolia.

La existencia de canteras de piedras o losas en la sierra de Loja, cerca de la población, explotadas posiblemente desde antiguo, explicaría y justificaría el nombre de la ciudad. Por otra parte, se puede asegurar que este nombre viene derivado del que tuvo durante la época musulmana, cuando la ciudad tomó su dimensión urbana actual e incluso una gran importancia, teniendo como hijo al afamado poeta Ibn al-Jatib, de gran influencia en la corte nazarí, o a la conocida como Morayma, la esposa del sultán Boabdil.
 
homenaje a Morayma en Loja, esposa del sultán Boabdil

Todo apunta, por tanto, a que Loja adquirió su verdadera dimensión con la llegada del islam, a partir del siglo IX. Si bien Loja no se menciona en fuentes escritas hasta el año 893, cuando se construye su castillo, su territorio aparece en cambio como escenario de la historia andalusí desde muy temprano. El hecho de que los reyes visigodos tuviesen propiedades en esta zona y, además, que un hijo del rey Witiza, que por su colaboración con los invasores había recibido parte de ese patrimonio, donara algunas de esas propiedades a dos miembros del ejército árabe hacia el año 750, hace que tengamos una información excepcional sobre este territorio y sobre distintos personajes vinculados a él. 

Uno de estos dos miembros de los ejércitos árabes fue el fundador del linaje de los Banu Jalid, asentados en Al-Funtin (El Frontil, Loja), de entre cuyos miembros los distintos emires cordobeses, sobre todo desde Abd Al-Rahman I (años 756-787) hasta Abd Allah I (años 888-912, siendo el séptimo emir omeya cordobés), nombraron a sus más altos funcionarios, con el título de visires (consejeros o ministros de Estado) y caídes (generales del ejército), pero también de este grupo salieron gobernadores de provincias o los más destacados cargos de la propia ciudad omeya de Córdoba.
 
Existen datos de cronistas árabes, en este sentido, en relación al recibimiento del futuro emir omeya de Ál-Andalus, el antes mencionado Abd Al-Rahman I, en la costa de Ilbira en el año 755. Según cuenta Ibn al-Qutiyya, cronista sevillano del siglo X que escribió el Ta'rīj iftitāh al-Andalus  o Historia de la Conquista de Al-Ándalus “Allí salieron a rebibirle Abu Utman y Abd Allah b. Jalid, llevándoselo primero a la residencia (manzil) de Abd Allah b. Jalid en Al-Funtin, que les venía al paso, e inmediatamente después a Turrus, de la kura de Ilbira, residencia (manzil) de Abu Utman”
 
escultura en homenaje a Aliatar en Loja
 
Aún a fines del siglo IX, en concreto respecto a un suceso del año 888, se alude a este lugar de Al-Funtin como el hisn de los Banu Jalid. Cabe señalar también que, al fundarse la alcazaba de Loja en el año 893, quedó como gobernador del sitio un miembro de esta familia de los Banu Jalid. Tal como nos cuenta, entre otros, el historiador del siglo XI, Ibn Hayyan, «El infante Al-Mutarrif (hijo del emir Abd Allah I) se dirigió con su ejército cordobés a Loja (Lawsa), edificó su hisn y lo perfeccionó, y dejó en ella a Idris b. Abd Allah como gobernador».
 
En fechas posteriores, la alcazaba de Loja vuelve a citarse como punto de apoyo de las tropas emirales que participan en acciones contra los rebeldes al poder omeya. Así, en el año 894, el historiador antes citado, Ibn Hayyan, en su obra Al-Muqtabis III, nos dice que el ejército emiral, tras atacar Turrus, se retiró pasando por Loja y Frontil «cuyos habitantes permanecían en la obediencia y no fueron molestados». En el año 904, al narrar una expedición contra las fortalezas de Turrus, Al-Ruyul y Al-Jusan, se cita a Loja como punto de acogida de las tropas, donde quedó acampado el infante Aban, hijo del emir Abd Allah I.
 
Más adelante, el castillo inicial se transformó en una ciudad, mencionándose este lugar como Madinat Lawša ya en el siglo XI, en que la ciudad ya se muestra como un destacado reducto de marcado valor estratégico en el papel de custodia de la vega de Granada, concentrando probablemente la población existente en otros núcleos rurales de su entorno, como debió ser el caso de Al-Funtin, del cual permanece aún el nombre, ligeramente transformado, en referencia a un importante nacimiento de agua, el manantial de El Frontil. 

vistas de torres y tramo de muralla en la Alcazaba de Loja

No hay que olvidar que Loja era una de las ciudades más importantes pertenecientes a la qura de Ilbira, cuya cabeza era la ciudad de Granada. Por entonces, el paisaje agrario de la ciudad de Loja era peculiar, en el sentido de que -junto al caso de Alhama- al estar situadas en los bordes de la vega granadina, contaban en sus campos con algún que otro regadío y, lo que es más importante, contaban con abundantes tierras de pan llevar.
 
Cuando el historiador andalusí Al-Razi (años 888-955) habla de la ciudad de Loja, ya en época de gobierno de Abd Al-Rahman III, nos dice, según se conserva a través de la versión romanceada de su obra, que «Loxa naçe contra el poniente de Eliberan e contra el poniente de meridion de Cordova, es muy natural tierra de muy buenos lugares, de muy buenas frutas e huertas, e yaze sobre el rrio de Xenil». Aun siendo así, la familia que dominaba estas tierras, los Banu Jalid, no resistieron la caída de la dinastía omeya en Ál-Andalus, por lo que ni en Córdoba ni en el territorio de Loja volvemos a encontrar referencias a estos personajes después de comienzos del siglo XI.
 
En concreto en Loja, aunque no sabemos con certeza en qué lugar, un tesorillo fue enterrado poco después del año 1009-1010, correspondiente al año 400 de la hégira, por lo que el ocultamiento se hizo en los momentos convulsos del final del califato omeya en la península. El tesoro consistía en un collar de oro, una pulsera de plata y otras pequeñas joyas, así como seis monedas de plata (dirham/s), una norteafricana y las demás andalusíes, la más tardía fechada en el citado año.
 
escultura de Morayma en la ciudad de Loja
 
Como ciudad fronteriza, se vio envuelta en numerosos avatares militares, incluido su ataque y destrucción por parte de las tropas del rey castellano Fernando III el Santo en el año 1225, mismo año en que dicho rey decidió sitiar la ciudad fronteriza de Jaén, aunque tardó 20 años en caer en manos castellanas. El imperio almohade se desintegraba tras la derrota de las Navas de Tolosa en 1212 y, aún más, tras la muerte del emir, Abu Yaqub Yusuf, en el año 1224.
 
A comienzos del siglo XIV nació en la ciudad de Loja el antes citado Ibn-Al-Jatib que, con el paso del tiempo, llegaría a convertirse en un influyente personaje del reino nazarí durante los gobiernos de Yusuf I y su hijo y sucesor Muhammad V, aunque las intrigas palaciegas finalmente lo obligaron a vivir la última etapa de su vida perseguido y condenado por herejía. Aún así, hoy en día está considerado, con sus luces y sus sombras, como la figura intelectual más relevante del reino nazarí de Granada

En el mismo siglo XIV, concretamente en el año 1467, nació en Loja la hija del famoso general Aliatar o Alí Al-Attar, traducido como Alí el perfumista o el especiero. La chica, a los 15 de años de edad (en el año 1482) se unió en matrimonio con el conocido como Boabdil, quien terminaría siendo el último sultán del reino de Granada. Se sabe que el padre de Morayma, el general Aliatar, invertía toda su fortuna en la resistencia nazarí frente al avance de las tropas cristianas, por lo que Morayma se casó con joyas y ropas prestadas.
 
pintura en homenaje a Ibn Al-Jatib en Loja
 
Con la conquista por parte de los castellanos de la plaza de Alhama en ese mismo año 1482, se procedió a ocupar la ciudad de Loja, si bien solo después de dos intentonas fallidos, en los años 1482 y 1485, se pudo tomar esta ciudad el 29 de mayo de 1486, cayendo el sultán nazarí herido y prisionero. Como antesala de la capital del reino nazarí de Granada, el mismo sultán Boabdil entregó esta ciudad al rey aragonés Fernando II el Católico, tras el penoso asedio sufrido que duró varios días. Para esas fechas, la urbe ya poseía sus rasgos constructivos y podía contar entre 6 mil y 10 mil habitantes.
 
Los musulmanes salieron de la ciudad libres y escoltados hacia Granada, dándose a partir de ese momento el asentamiento de nuevos pobladores cristianos, ordenando los reyes católicos el repartimiento de casas, bienes y heredades entre los quinientos nuevos vecinos con que mandaban poblar la ciudad, según consta en el Fuero de Córdoba. En el sector de la Alcazaba se repartieron 41 casas en el año 1489, en el barrio del Jaufín se repartieron 191 casas y en el Arrabal, que era el barrio más poblado, se repartieron 223 casas en ese mismo año.
 
A partir de este momento, Medina Lawsa fue perdiendo características propias de la ciudad hispanomusulmana y transformándose en un núcleo adaptado al concepto de ciudad castellano-cristiana. La estructura básica de la ciudad en época nazarí (Alcazaba, Jaufín y Arrabal) se mantuvo, pero se redefinieron aquellos espacios organizándose en torno a parroquias, a la vez que nuevos hitos arquitectónicos, espaciales y simbólicos se desplegaban y las mezquitas se consagraron como iglesias.

Granada. Ibn Al-Jatib.

escultura de bronce en homenaje a Ibn Al-Jatib

Lisan al-Din ibn al-Jatib, en árabe لسان الدين بن الخطيب‎, nació, según el calendario islámico, el 25 del mes de rayab del año 713 de la hégira, es decir, el 16 de noviembre de 1313. También se le conoció con el nombre de Lisaneddín o "lengua de la religión", sin duda debido a su mucha elocuencia o elegancia de estilo. El linaje principal de su familia pertenecía a una estirpe de árabes sirios llamada los Banu Wazir, que después cambiaron su nombre en el de Banu Jatib o "descendientes del Predicador" y que, habiendo pasado a Al-Ándalus, se establecieron en la ciudad de Loja, donde nació Ibn Al-Jatib.

Desde Loja se trasladaron a Córdoba, después a Toledo, y por último su padre se instaló en la ciudad de Granada. La casa de los Banu Jatib alcanzó éxitos sociales, riquezas y grandes propiedades. Su abuelo Saíd fue caíd, general de caballería, y su padre Abdallah, literato y gobernador en la ciudad de Granada. Ibn Al-Jatib fue un joven aventajado y su educación fue dirigida por los doctores más sabios de su tiempo en teología y derecho, filosofía, matemáticas y medicina, sobresaliendo principalmente en los estudios históricos y en los políticos. 

Desde su primera juventud, probó graves contratiempos por haber caído su padre Abdallah en desgracia con el sultán de Granada, Muhammad IV, antecesor de su hermano menor, Yusuf I. En la batalla del Salado, en el año 1340, las tropas del ya sultán Yusuf I sufrieron una gran derrota y allí fallecieron el padre y el hermano mayor de Al-Jatib. Durante el gobierno de Yusuf I (años 1333-1354) pasó de aprendiz de la cancillería a secretario particular, acompañando al sultán en su viaje por territorios orientales como Almería, donde escribió la obra Aparición de la imagen soñada, viaje de invierno y de verano.

pintura en recuerdo de Ibn Al-Jatib en Loja

Como sabemos, el sultán nazarí era el legítimo representante de la hacienda pública en aquella época. A título privado, el sultán de Granada contaba con su propio patrimonio particular denominado mustajlas siendo las mujeres nazaríes las principales transmisoras de bienes al mustajlas. Cabe destacar que, aparte de las alquerías, existían también grandes propiedades, muchas de las cuales pertenecían también al mustajlas. Al-Jatib, en varias de sus obras, da cuenta de algunas de las propiedades pertenecientes al mustajlas del sultán y emite valoraciones de conjunto tan jugosas y excepcionales como las que siguen.

"Rodean la muralla de la ciudad vastos jardines y espesos bosques pertenecientes al mustajlas, de manera que, detrás de esa verde barrera, las blancas almenas brillan como las estrellas en medio de un cielo oscuro. No hay parte alguna de la muralla sin huertas, viñedos ni jardines. En la parte norte de la llanura hay unas almunias de majestuoso tamaño y extremado valor, que no pueden ser costeadas salvo por gente relacionada con el poder real, dado lo excesivo de su precio. Algunas de ellas producen unas cosechas al año por valor de quinientos dinares de oro, a pesar del bajo coste de las verduras en esta ciudad".

"Treinta de estas almunias pertenecen al mustajlas. Las ciñen y se unen con sus extremos unas magníficas fincas, nunca esquilmadas, siempre fecundas, cuyas rentas alcanzan en nuestro tiempo los veinticinco dinares de oro. La hacienda pública es incapaz de saber el valor que pueden alcanzar estas fincas, debido a su extensión, el lugar envidiable donde se encuentran y la disposición de la que gozan. Todas ellas tienen casas magníficas, torres elevadas, eras amplias, palomares y gallineros bien acondicionados".

pintura dedicada a Ibn Al-Jatib en Loja

"En los alrededores de la ciudad, bordeando la muralla, se encuentra más de una veintena de fincas del mustajlas. En estas fincas vive un gran número de hombres y sementales de buena raza que se emplean para arar la tierra, para la agricultura; en muchas de ellas hay fortificaciones, molinos y mezquitas. En esta fértil posesión, que es el alma del campo y lo más selecto de este buen país, se entremezclan alquerías y poblados que están en manos de propietarios particulares".

Por otra parte, durante una epidemia de peste que azotó a la península en el año 1348, enunció por primera vez la noción de contagio y recomendó aislar a los enfermos y destruir sus sábanas. El fallecimiento de su maestro Ibn al-Yayyab, en el año 1349, cuando esta epidemia de peste negra estaba en pleno apogeo y la caída en desgracia del primer ministro Ridwan hicieron que ascendiera en el escalafón político. Según el propio Al-Jatib, "cuando murió mi maestro, Yusuf I me ciñó con el cargo de visir, me dobló el sueldo, y me adjuntó también el desempeño de la jefatura general del ejército"

En 1354, Yusuf I fue asesinado y, aunque el poderoso Ridwan fue restaurado como primer ministro, Al-Jatib se mantuvo en todos sus cargos tras la proclamación de Muhammad V. En la Alhambra se conservan inscripciones de poemas de su autoría, realizados durante el mandato de ambos sultanes, algo que comparte con Ibn al-Zayab e Ibn Zamrak. A pesar de que amasó una gran fortuna por todos sus cargos, en el año 1359 se produjo un golpe de Estado por parte de Ismaíl II, tío del sultán, por lo que éste huyó a Guadix, siendo Al-Jatib encarcelado, confiscándosele todos sus bienes. Gracias a las gestiones de un amigo, secretario del sultán meriní, fue liberado y, en vez de compartir destierro con el depuesto sultán, se instaló en Salé.
 
pintura dedicada a la figura de Ibn Al-Jatib

Muhammad V consiguió recuperar el trono granadino en 1362 y, a pesar de los recelos entre el sultán y Al-Jatib por su regreso del exilio, decidió seguir confiando en él por sus grandes habilidades como político y diplomático. Sin ir más lejos, cuando el rey castellano Pedro I el Cruel triunfó de nuevo en la segunda batalla de Nájera, en el año 1367, y restableció su autoridad sobre la mayor parte del reino castellano, Ibn Al-Jatib tuvo el genio y la fortuna de lograr para Granada la benevolencia del vencedor y su alianza gracias a una embajada famosa en los anales de la diplomacia nazarí.

La amistad establecida entre el citado rey castellano, Pedro I el Cruel, y el sultán Muhammad V, quedó reflejado en la Crónica del rey cristiano incluso en la consideración de Ibn Al-Jatib como confidente de Pedro I e intérprete de profecías. "El rey don Pedro, después que la pelea de Nájera fue vencida por su parte, envió sus cartas a un moro de Granada de quien él fiaba, e era su amigo, e grand sabidor e grand filósofo, e consejero del rey de Granada, el qual avía por nombre Benahatín". En el año 1369, el mismo Ibn Al-Jatib interpretaba una profecía previendo la inmediata muerte del rey castellano.
 
Poco después, cansado de las intrigas palaciegas e incluso de las acusaciones de traición hacia su persona, incluso por su propio alumno Ibn Zamrak, Ibn Al-Jatib decidió abandonar el reino nazarí con la excusa de vigilar la frontera occidental y cruzó hacia el Magreb. Al-Jatib mandó una misiva al sultán Muhammad V explicándole los motivos por los que huía de Granada, algo que enfureció al sultán. Finalmente, debido a las cortes tanto granadina como meriní, Al-Jatib fue arrestado y encarcelado en una prisión de la ciudad de Fez. Allí había invertido gran parte de su fortuna al tiempo que acentuaba su actitud política promeriní.

tumba de Ibn Al-Jatib en la ciudad de Fez

En esta ciudad Ibn Al-Jatib fue torturado y asesinado, siendo finalmente estrangulado en otoño del año 1374 cuando tenía 61 años. Su fiel amigo Ibn Jaldún relata que, tras su asesinato, fue enterrado en el cementerio de la puerta del Quemado y, al día siguiente, había sido exhumado y su cadáver quemado, donde se expuso durante dos días hasta que volvió a ser inhumado. Por esta horrible muerte a Ibn Al-Jatib se le conoció también como du al-mitatayn, "el de las dos muertes".

En resumen, Ibn Al-Jatib fue, sobre todo, un historiador, aunque trató igualmente sobre lexicografía y gramática, ciencias jurídico-religiosas, matemáticas, filosofía y medicina. De las más de 60 obras que se le suponen sólo una veintena ha llegado hasta hoy, y las 3 más importantes son tratados históricos y descriptivos, propios del género llamado adab, uno referente al Oriente islámico, al Magreb y a Al-Ándalus hasta el siglo XIV, y otros dos al emirato granadino hasta la época de Muhammad V: Lamha al-badriya fi l-dawla al-nasriyya y, especialmente, su obra capital Ihata fi ta`rih Garnata.