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Granada. El Generalife. Palacio de Dar Al-Arusa y Silla del Moro.

restos del Palacio de Dar al-Arusa

El Palacio de Dār Al-Arūsa, también conocido como Casa de la Desposada o Casa de la Novia, era una almunia real construida en el siglo XIV bajo el sultanato de Muhammad V. Está situado en la dehesa del Generalife y es el edificio más elevado construido en el reinado nazarí, siendo por ello denominado como “la corona del reino” al estar ubicado en la parte más alta del cerro del Sol, dominando las huertas y el palacio del Generalife, a poca distancia de la llamada Silla del Moro.

El gran Ibn al-Jaṭīb, visir de los sultanes Yusuf I y Muhammad V en el siglo XIV, nos dice que “ceñían a modo de brazaletes las almunias y granjas reales" haciendo referencia a los Alixares y Dār Al-Arūsa, “el Generalife no colmó el deseo de alejamiento y contemplación de vastos panoramas de los señores de Granada y levantaron otras alcazabas y pabellones. Sus contornos no están desnudos de viñas y huertos sino que, más bien al contrario, abundan en extremo con un alto rendimiento pues se recogen en un año mil monedas de oro, llenando las tiendas de verdura fresca y excelentes frutas”.

vistas de la Alhambra desde cerro del Sol

Hay que destacar que este palacio se encuentra a 900 m sobre el nivel del mar y por ello posee unas vistas extraordinarias. Por otro lado, la colina sobre la que se asientan este Palacio de Dar al-Arusa y la Silla del Moro posee una difícil orografía. Al suroeste cae sobre el llamado cerro de los Alixares, el sur mira hacia Sierra Nevada y al oeste se divisan las torres defensivas de la Alhambra y bajo ellas, se extiende la ciudad de Granada.

Todo ello le aporta a este lugar un aire de misterio, de fantasía y de huida celeste ya que al visitarlo uno debe internarse en los motivos de los reyes y cortesanos que se alejaban de las intrigas y luchas palaciegas para dejarse llevar a paraísos generados por la luz del atardecer. También cabe destacar las huertas y árboles frutales que lo circundaron, así como los jardines y surtidores que nos hablan de un paraíso pensado para el deleite y disfrute de los emires nazaríes y, después, de los sultanes.

alicatado en el palacio, hoy en museo de Alhambra

Por otra parte, los fragmentos de yesería, solerías y los diversos alicatados encontrados y rescatados de su recinto nos muestran la importancia que tuvo este Palacio de Dar Al-Arusa en la época de esplendor del reino nazarí, aunque tempranamente se abandonó su mantenimiento, debido al acoso y empobrecimiento de los últimos años del reino musulmán en Granada

fragmento de yesería en arco del palacio, museo de Alhambra

En el año 1526 el embajador de Venecia, Andrea Navaggiero, ya se refiere a este palacio constatando su estado "En tiempo de los reyes moros, subiendo todavía más, se pasaba del Generalife a otros hermosos jardines de un palacio que se llamaba los Alixares y luego a otros jardines de otro palacio que se llamaba Dar alharoza y todos los caminos por donde se iba de un lugar a otro tenían a los lados enramadas de mirtos; ahora solo se ven algunos trozos de camino, los estanques sin agua y algunas matas de arrayán que después de cortadas brotan de las antiguas raíces. Dar alharoza estaba sobre el Generalife hacia donde corre el Darro".

Apenas un siglo después aparece también reflejado en las crónicas de un historiador cristiano en el año 1632 repitiendo su deteriorado estado, diciendo “y agora está derribado y sólo se ven algunos trozos de camino y los estanques sin agua que solamente se ven los cimientos”, por lo que el Palacio de Dar Al-Arusa fue definitivamente abandonado tras la conquista cristiana de Granada. De todos modos, todavía cuenta con restos arquitectónicos importantes de lo que fue en su día.

resto de los muros del palacio de Dar Al-Arusa

Este Palacio de Dar Al-Arusa se trataba, sin ninguna duda, de un complejo residencial palatino en el que ya se han llevado a cabo varios estudios arqueológicos. Entre las partes identificadas de este palacio nazarí se incluyen los baños o hammam, varios patios y algunas estancias, así como otras estructuras conectadas con la provisión de agua.

Actualmente se mantienen en pie solamente los arranques de los muros y algunas construcciones, como la alberca del patio central. El conjunto de edificios se distribuye alrededor de un patio rectangular, enlosado con ladrillos en forma de espiga, con la citada alberca situada en su centro de la que aún permanecen visibles restos de sus canalizaciones y desagües.

alberca en el patio central del Palacio de Dar Al-Arusa

En torno al patio, la zona más construida del palacio estaba situada al sur en cuyo eje central se pueden apreciar las diversas estancias, tras la puerta de acceso, en las que aún se conservan fragmentos del pavimento y que seguramente estaban destinadas a las mujeres, los niños y el servicio. El acceso al palacio se realizaba desde esta zona sur mediante tres puertas principales y se entraría a un primer patio funcional, donde descansarían las caballerías de ahí que también entre los restos aparezca un abrevadero. La puerta principal de entrada comunicaba con el gran patio distribuidor.

abrevadero para las caballerías en la parte sur del palacio

En el extremo noroeste del conjunto se excavaron elementos constructivos pertenecientes a un sistema hidráulico de elevación de agua de un pozo que, en su momento, dispuso de una noria que sacaría el agua de la acequia y la almacenaría en el aljibe. No lejos de este dispositivo, al que se tenía acceso desde el patio principal, se encontró una pileta o pequeña fuente de mármol y cerámica vidriada que se encuentra actualmente en el museo de la Alhambra para su mejor conservación.

El lugar donde fue excavada la fuente, al este, se ha identificado como la bayt al-maslaj o sala de camas o vestuario de un hammam, que conserva la planta de un baño completo al que se accedía desde el patio por un pasillo con doble recodo, tras el que se llegaba a una sala cuadrada -sala de camas- en cuyo centro se encontraba dicha fuente, encuadrada por un paño de alicatado siendo la pieza más importante de la decoración de este palacio de Dar Al-Arusa. Tras la sala de reposo o bayt al-maslaj se encontraba la sala fría y, en recodo, el acceso a la sala templada con una letrina en la esquina y una pila.

fuente de mármol en el hammam, hoy en museo de Alhambra

Más al este estaba la sala caliente del baño, bajo la que aparecieron los restos incompletos del hipocausto. Otros muros al sur del baño indican la existencia de construcciones prolongadas hacia este lugar. Respecto al hammam se ha identificado además la leñera, cercana a los árboles que rodean el perímetro. Casi con toda seguridad el agua que nutría sus baños provenía de la Acequia de los Arquillos, mandada construir por Muhammad V, aunque tampoco es descartable que se cogiera el agua de algún ramal de la Acequia Real.

Existen también, en el lateral oeste del patio, restos de una galería corrida abierta al patio mediante arcos y es que el patio estaría en una primera fase sin pórticos, pero luego se convirtió en rectangular al colocar uno con siete vanos, cuyos cimientos se conservan. También encontramos trazas en el recinto de lo que fue un muro perimetral y de elementos asociados a una posible muralla defensiva que forma una especie de barbacana prolongándose de norte a sur. También se aprecian diversas muestras de solería junto a los muros.

restos de muralla y barbacana en el palacio de Dar Al-Arusa

La conocida como Silla del Moro no es ajena a este palacio, ya que los arqueólogos la citan por formar parte de una segunda cerca que rodeaba al Palacio de Dar Al-Arusa, encontrándose a escasos metros del mismo y cuya acequia de suministro de agua estaba directamente vinculada a este palacio y a todo el sistema hidráulico que se conserva en el cerro del Sol.

El singular nombre de Silla del Moro con el que se conoce popularmente a estos restos arqueológicos y arquitectónicos viene dado por la forma en que se veían las ruinas desde la ciudad de Granada a mediados del siglo XVI, recordando a un asiento o banqueta. A partir del siglo XVII también se le empezó a llamar castillo de Santa Elena por cobijar a ciertos ermitaños en torno a un santuario que se encontraba bajo dicha advocación y que, aunque no está probado, ocupó el lugar de una vieja mezquita según algunos autores.

restos del castillo conocido como Silla del Moro

La historia y las descripciones que poseemos de la Silla del Moro pertenecen a épocas posteriores a la nazarí, aportando muy poco sobre su disposición medieval. Sí que puede decirse que, junto al palacio de Dar Al-Arusa, es parte fundamental de los caminos del agua al Generalife y la Alhambra por lo que, dentro del sistema hidráulico antes citado, parte del abastecimiento se realizaba con aportaciones del llamado aljibe de la Lluvia, que recogía el agua para llevarla a un gran estanque situado a doscientos metros, la alberca Rota, desde donde discurría hasta el palacio y sus estanques.

La Silla del Moro se ubica en la falda norte del cerro del Sol ejerciendo una posición de dominio sobre el río Darro, las huertas del Generalife, el conjunto de la Alhambra, la medina de Granada, los barrios del Albayzín y del Sacromonte, el cerro de San Miguel o del Aceituno, el camino que partía hacia los montes orientales de la provincia, la Vega y sus montañas limítrofes constituyendo un punto de vigilancia privilegiado de la Acequia Real para el abastecimiento de agua y de ahí que el castillo de Moclín, la torre atalaya de Albolote y algunas otras situadas en la Vega sean visibles desde este lugar.

vistas del Generalife, Alhambra y Granada desde la Silla del Moro

Se disponía de forma escalonada sobre la pendiente del cerro del Sol hacia el río Darro. Su cuerpo central, constituido por una torre realizada con hormigón de cal, se alzaba sobre una plataforma asentada sobre el terreno a la que se accedía por el lado sur, mientras que la entrada a la torre se realizaba por el norte a través de unas escaleras construidas sobre bóvedas de medio cañón.

Por estos dos espacios de época andalusí pasaron los destrozos de la guerra con la rebelión de los moriscos del año 1568, que libraron por este monte importantes enfrentamientos y después, a principios del siglo XIX, las tropas napoleónicas que horadaron toda la zona de trincheras y fosos, pusieron baterías de artillería tomando como blanco las torres de la Alhambra y modificaron estructuras medievales adaptándolas a sus necesidades defensivas volando todo en su retirada.

fragmentos del acceso a la Silla del Moro

Es curioso pensar en cómo una zona que era de completo secano, mediante un sistema de norias y acequias, se convirtió en todo un vergel con numerosas huertas que suministraban hortalizas y frutas a la fortaleza de la Alhambra y, sin embargo, tras la conquista cristiana todos esos mecanismos cayeron en el olvido y el cerro del Sol volvió a convertirse en un erial, poblado con tan sólo olivos y pinos, tal y como lo podemos encontrar hoy en día.

Granada. El Generalife. Patio del Ciprés de la Sultana.

Patio del Ciprés de la Sultana en el Generalife

Desde la llamada Sala Regia del pabellón norte del Generalife se accede por su lateral derecho, a través de unas escaleras, a una galería de doble piso renacentista cuya planta baja se abre al Patio del Ciprés de la Sultana que ahora nos ocupa. El enorme ejemplar del ciprés, ya talado, sigue encontrándose en el interior de este patio. 

La construcción del patio se llevó a cabo en la época comprendida entre finales del siglo XIII y el primer cuarto del siglo XIV, aunque hay quien sostiene que este Patio del Ciprés de la Sultana es un jardín construido en la época cristiana sobre los restos de los baños del palacio nazarí. El patio no hay duda de que fue muy modificado en época cristiana, conservando sin embargo la influencia de sus antiguos habitantes así como el encanto romántico de sus surtidores y su frondosa vegetación. 

Tronco del ciprés, a la derecha, junto a placa que resume su leyenda

Este patio y su ciprés son protagonistas de misterios en la tradición granadina y la leyenda sitúa aquí los encuentros furtivos de Morayma, la mujer de Boabdil, con un caballero miembro del clan de los Abencerrajes y pariente del último sultán nazarí. Lo cierto es que en la obra Historia de los bandos de Zegríes y Abencerrajes, caballeros moros de Granada, del año 1619, el autor Ginés Pérez de Hita narra que los malvados Zegríes calumniaron a los valerosos Abencerrajes, acusándoles ante el sultán Boabdil de dos graves delitos: conspirar contra el poder y la vida del sultán, así como los pecaminosos amores entre Morayma y el caballero Aben Hamete.

"(...) Cuando en el Generalife se hacía una zambra, entró el maestre a pedir desafío y salió Muza en la suerte. Pues bien, aquel día, paseándonos por la huerta (...) vimos en una calle de arrayanes, debajo de un rosal, en deshonestos deleites a la sultana y el adúltero de Aben Hamete. Y estaban tan embebidos en sus actos libidinosos que no nos sintieron, con estar tan cerca. Yo se lo enseñé a Gomel y admirados del atrevimiento nos apartamos un poco para ver el atrevido fin. A poco espacio salió la sultana y se fue hacia la fuente de los laureles y de allí a donde estaban sus damas".

Pero la leyenda del Ciprés de la Sultana se remonta a más allá aún en el tiempo, concretamente hasta el siglo XVI, tal y como recoge el embajador de Venecia, Navaggiero, en la visita que realizó a la corte del entonces emperador Carlos V. Los botánicos que estudiaron el árbol creen que fue el ciprés más antiguo de Granada y que, por su enorme tamaño, no hay duda de que fue plantado en época musulmana y que pudo vivir más de seiscientos años muriendo ya de viejo no hace mucho tiempo. 

vista de la alberca y la fuente central renacentista

En época nazarí básicamente se modificó el cauce fluvial de la Acequia Real para que corriera por canales hasta el interior de los patios, envolviendo sus jardines de rumores y sonidos armónicos que invitaban al placer, consiguiendo que aquella almunia, el Generalife, fuese un lugar idílico para descansar del poder sin tener por ello que alejarse de la Alhambra. A día de hoy encontramos en este patio setos de arrayán así como yedras, rosas y adelfas entre otras especies.

Este intimista Patio ajardinado del Ciprés de la Sultana hoy ya lo encontramos de gusto barroco al encontrarse muy modificado. La edificación porticada de su galería data del año 1584 y del hammam o baño del Palacio, de haberlo habido en este lugar, no ha quedado aparentemente nada, excepto tal vez la entrada del caudal de agua que debió abastecerlo antes de continuar al contiguo Patio de la Acequia y que puede observarse en forma de cascada a través del hueco en el muro lateral. 

vista del portón de los Leones desde el patio

En el centro de este patio se encuentra una alberca con dibujo en planta en forma de U, rodeada de setos de arrayán y en el centro se dispuso, ya en el siglo XIX, otra alberca mas pequeña de la cual sobresale una pequeña fuente de piedra. Todo el conjunto está rodeado de surtidores que lanzan agua consiguiendo un ambiente de frescor que ya en el año 1526 impresionó vivamente al embajador de Venecia. Del ciprés que da nombre al patio se puede contemplar hoy su tronco seco, apenas una ruina de su antiguo esplendor, junto a una inscripción que recuerda su leyenda.

Desde este Patio del Ciprés de la Sultana se puede tomar la salida del conjunto palatino y continuar visitando los distintos jardines del Generalife. Frente a la galería, en el lienzo sur del patio, dos figuras de león renacentistas coronan el llamado portón de los Leones, cuyas escaleras exteriores nos trasladan hacia los llamados Jardines Altos y la Escalera del Agua.

placa y ciprés de la leyenda de Morayma

Granada. El Generalife. Mirador de Ismail I.

arco de entrada al mirador desde la sala Regia

En la ciudad de Granada, el conocido como mirador de Ismail I se encuentra situado en el pabellón norte del llamado Patio de la Acequia en el Generalife y se puede acceder al mismo a través del arco central ubicado en el muro frontal de la Sala Regia. Esta bella torre-mirador tomó su nombre al haber sido disfrutada, sobre todo, por el sultán nazarí Ismail I tras obtener su victoria militar en una batalla de la vega granadina conocida por los cristianos como Desastre de la Vega.

Abu Walid Ismail, coronado como Ismail I de Granada, procedía de una línea dinástica nazarí asentada en Málaga e inauguró el cambio de rama familiar reinante dentro de la dinastía nazarí pasando a ser sultanato. Ismail era nieto del emir Muhammad III e hijo de Fátima (hermana del emir Nasr) y de Faray, quien era arráez de Málaga. Fue criado por su abuelo el emir, quien soñaba que fuera su heredero, siendo un gran aficionado a las armas y a la caza desde su infancia. Su padre, el citado Abu Said Faray, fue uno de los hombres más poderosos e influyentes del reino nazarí, llegando a conquistar la plaza de Ceuta. 

En la levantisca ciudad de Málaga, Abu Said Faray se declaró independiente en el año 1312 y proclamó emir a su hijo Ismail I, de treinta y cinco años de edad. En 1314, y tras varias batallas en los alrededores de Granada, entraron ambos en la capital nazarí, tomando posesión de la Alhambra al destronar a su tío, el ya citado primer emir Muhammad Ibn Nasr. Ismail se convirtió en el quinto soberano de la dinastía nazarí de la Alhambra de Granada entre los años 1314 y 1325. Su ceremonia de coronación fue fría, comparada con la de su abuelo Muhammad III, el último que accedió al trono de manera pacífica, sucesoria y legítima.

La inestabilidad en el reino nazarí se agravaba y solicitó ayuda a los meriníes para luchar contra tropas cristianas. Sus antes aliados le pedían duras condiciones por lo que, sin su ayuda, Ismail I armó a su ejército. El emir Nasr, por su parte y al no resignarse a su condición de exiliado, solicitó ayuda a su amigo y entonces príncipe de Castilla Pedro I el Cruel, hijo de Alfonso XIEste rey castellano mandó a sus ejércitos a merodear las vegas y castillos fronterizos del reino nazarí, pero todo ello desembocaría en la victoria de Ismail I en el año 1319.

ventanas superiores y artesonado cubriendo el techo

En el intento por conquistar Granada, en la batalla contra Ismail I los infantes o príncipes castellanos Pedro y Juan, regentes del rey de Castilla, Alfonso XI el Justiciero, fueron derrotados y muertos junto a otros muchos caballeros cristianos. También Ismail I exilió a su antecesor Nasr a Guadix y ordenó asesinar a su abuelo, temeroso de que reclamara su legitimidad, siendo arrojado a una alberca en Almuñecar o Al-Munakkab, donde murió ahogado. Algunas fuentes señalan que envió a Córdoba el cuerpo del príncipe Juan acompañado por la escolta honorífica, sin embargo otros afirman que el cuerpo de Juan fue colgado en una de las torres de la Alhambra. 

En el año 1322, Ismail I recibió la noticia de la muerte del depuesto Nasr en Guadix, sintiéndolo enormemente y ordenando que sus deudos transportaran el cuerpo a Granada para honrarle, orando ante su féretro y dándole sepultura en el cementerio real de la Sabika. En definitiva, en Granada aprendieron a temer a Ismail pero no fue amado por el pueblo. Aún así, los escritores de su época narran que Ismail era un hombre guapo, generoso, serio, fuerte y activo, alejado de frivolidades y abstemio, de fe sincera y estricta moral islámica. 

Ismail estaba orgulloso y su fuerza le impulsó a embellecer y engrandecer la capital de su reino, empezando por construir su propio palacio al oeste de la Sabika, cubriendo una larga zona que llegaría a convertirse en el Palacio de Comares. En sus once años y medio de gobierno, también edificó una torre y una qubba con linterna central que hoy se conoce como la Torre de la Rawda en la Alhambra así como un gran pabellón en el adyacente jardín del este y que ahora ocupa el Palacio de los Leones. Además de embellecer la capital, se preocupó de preparar a su ejército con una caballería excelente con caballos de pura raza árabe, una fuerte infantería e introduciendo la artillería. 

Con ella se dispuso a atacar la frontera del norte, en concreto Martos, en 1324, donde los granadinos fueron despiadados. En dicha tropelía uno de sus altos mandos, un noble granadino hijo del walí de Algeciras y primo del propio Ismail I llamado Muhammad Ibn Ismail se hizo con una bella cautiva cristiana de la que Ismail se encaprichó en una parada en Colomera, de regreso a la capital. El despechado primo urdió un complot contra él y, tres días después de su regreso a Granada desde Martos, estando en su palacio acudieron a visitarle su hermano, algunos amigos y su primo.

ventana frontal en el mirador de Ismail I

Bajo la apariencia de querer tratar unos asuntos importantes con el sultán, se acercaron a él y le apuñalaron para posteriormente escapar. Todos pensaron que era un castigo divino por sus pecados, pues el sultán era insaciable y nunca le bastaron ni esposas, ni concubinas ni las esclavas. Perseguía vírgenes por todo el reino nazarí y obligaba a aquellas que resultaban de su gusto. Se encontraba herido y murió delante de la corte desangrándose entre aspavientos y exhalaciones respiratorias. Ismail I, de esta forma, fue sucedido en el trono por su hijo Muhammad IV que contaba con doce años.

Pasando al mirador que nos ocupa, hay que decir que, desde el exterior, el Generalife tiene una apariencia rural, más similar a un espacio rústico que a un palacio nazarí, pero en su interior se decoró con hermosas yeserías, mocárabes, cerámica arquitectónica así como bellas armaduras en sus techos. Aunque esta torre que contiene el ahora mirador, adosada a los muros del pabellón, fue levantada bajo mandato del emir Muhammad II (años 1273-1302), en el año 1319 el sultán Ismail I llevó a cabo una reforma en todo el complejo que cambió su aspecto reformándose, por tanto, también esta torre-mirador.

Esta torre-mirador en su interior, por tanto, se encuentra hermosamente cubierta con yeserías y con un bello artesonado en el techo que la cubre. La torre presenta forma cuadrada y está perfectamente ornamentada, tanto por yeserías de lacería como también por epigrafías, aunque por desgracia se hayan perdido los alicatados que con toda probabilidad recubrían la parte baja de sus paredes. La sala presenta tres ventanas o miradores, uno en cada uno de sus lados, y encima de estos miradores encontramos cuatro pequeñas ventanas arqueadas y cubiertas por celosías caladas en yeso. 

El mirador de Ismail I posee, sobre todo, espectaculares vistas al barrio del Albayzín y al Sacromonte. Su techo, como se ha dicho, se encuentra cubierto por una hermosa armadura de madera. La riqueza con la que se ornamentó este espacio se puede ver en unos paneles de yesería que hoy forman parte de la colección permanente del museo de Alhambra, en la que se combina con maestría la decoración vegetal, arquitectónica, geométrica y epigráfica. Estas piezas estaban ubicadas en este mirador y corresponden a la etapa constructiva bajo el gobierno de Muhammad II.

ventana lateral en el mirador de Ismail I

En la reforma de Ismail I fueron tapados para colocar encima otros paneles de yesería y, como consecuencia de ello, estuvieron menos expuestos y más protegidos. Esto ha hecho que su policromía original haya llegado a nosotros prácticamente intacta. Ornamentalmente, la composición de estos paneles se articula a través de bandas decorativas horizontales de diferente anchura y motivos. El primero de ellos, en la parte superior, está formado por una cenefa epigráfica en la que se repite cuatro veces el lema dinástico nazarí "Sólo Dios es vencedor", trasliterado como wa-lá gálib illà Alláh.

En segundo plano están presentes una serie de motivos vegetales. Esta banda conserva el color del fondo, pintado con almagra como pigmento. Una fina cenefa, con cuatro cintas lisas que se entrelazan sobre un fondo negro, hace de separación con el módulo siguiente, en el que se desarrollan una serie de vanos ciegos con arcos lobulados de palmas.

Los arcos están apoyados sobre columnas, de las que solamente una conserva la base, en las que se representa el capitel cúbico nazarí adornado con palmas. El interior de los vanos está relleno con una densa trama vegetal con eje simétrico central, compuesta por pimientos, pequeños brotes o frutos, palmas y piñas digitadas, que se completan con tallos muy finos y ondulantes. El color del fondo de los vanos alterna los tonos verde y rojo, mientras que en las albanegas de los arcos, con los mismos elementos decorativos, se usa de fondo solo el rojo almagra.

De nuevo una cenefa fina, esta vez con dos cintas lisas que forman nudos sobre fondo negro, marcan la separación entre una zona y otra. El siguiente motivo, de desarrollo horizontal, es un motivo geométrico complejo formado por cintas que se entrecruzan para formar un lazo de ocho. Se diferencian dos tipos de cinta según los motivos decorativos, una con fondo azul, en la que se repite el lema dinástico nazarí, y otra mixtilínea, con fondo verde claro, con palmas redondeadas.

panel original de yesería del mirador - museo de Alhambra

Los espacios geométricos que se generan entre las cintas se rellenan con diversas formas vegetales de ataurique estilizado. Las formas centrales de estrellas de ocho presentan igualmente decoración vegetal en su interior. Cierra el panel por abajo un nuevo friso epigráfico similar al superior. Tanto por la complejidad y originalidad de esta decoración, como por el color conservado, estos paneles son una pieza destacada de la colección del museo de Alhambra.

Granada. El Generalife. Sala Regia.

arcos de acceso a Sala Regia en pabellón norte del Generalife

En el pabellón norte del conjunto del Generalife, al fondo del Patio de la Acequia y tras atravesar el pórtico de cinco arcos cuyas albanegas están decoradas con paños de sebka calados, entramos en una cámara con arcos decorados a ambos extremos y tres arcos en su frontal, que nos darán acceso a la llamada Sala Regia del palacio.

Esta llamada Sala Regia se encuentra hermosamente decorada con yeserías y nos conduce a través de su arco central al conocido como mirador de Ismail I, del siglo XIV, construido tras la victoria en la batalla de la Vega. La decoración, tanto de esta sala como del resto del conjunto del Generalife, es comparativamente más sobria que la de las salas del conjunto de la Alhambra

arco en lateral de antecámara de la Sala Regia

En el Generalife, como villa rural de descanso para los emires y sultanes nazaríes, la ausencia de fasto debía de ser preponderante. Tal y como dijo el prestigioso arquitecto restaurador del conjunto de la Alhambra, Torres Balbás, "En el conjunto del Generalife todo es sencillo e íntimo. No hay nada, arquitectura o naturaleza condicionada por la mano del hombre, que trate de asombrarnos con pretensiones de magnificencia o de monumentalidad".

En la Sala Regia cobran protagonismo las citadas yeserías, así como las tacas o nichos abiertos que adornan las jambas de sus tres arcos de acceso desde la cámara que la precede. Los arcos se sostienen sobre preciosos capiteles repletos de mocárabes y sobre ellos podemos leer inscripciones en árabe. Encontramos también inscripciones en las tacas, como los versos del poeta y visir Ibn al-Yayyab que nos dicen “Entra con compostura, habla con ciencia, sé parco en el decir y sal en paz” así como “A aquel cuyas palabras son hermosas debe respetársele”.

arcos y taca en acceso a la Sala Regia

Estos versos indican el carácter de las salas en la residencia del Generalife como estancias para el ocio y en el caso de que el emir o sultán debiera despachar asuntos de Estado se debía hacer a la mayor brevedad y luego abandonar la sala para descanso de sus moradores. Por otro lado, sí se permitía que los poetas visitaran y permanecieran en el palacio, para recitar poemas y ser requeridos o consultados por el sultán. 

Ibn al-Yayyab vivió unos 75 años, de los cuales ocupó durante medio siglo el puesto de visir y poeta, permaneciendo al servicio de hasta seis emires nazaríes, desde Muhammad II hasta Yusuf I. El emir Muhammad II creó la oficina de redacción o diwan al-Insha, donde visires y poetas componían qasidas en las celebraciones, fiestas o acontecimientos familiares así como alardes y loas al emir en las victorias militares. Casi todas ellas quedaron inmortalizadas en los muros de este recinto palaciego. 

detalle de mocárabes y celosías de yeso en la Sala Regia

También las albanegas de los tres arcos de la entrada están decoradas de forma bellísima, la central con ataurique calado y las laterales con paños de sebka calados. Sobre estos arcos, cinco pequeñas ventanas con celosías decoradas en yeso dejan pasar la luz procedente del Patio de la Acequia. A ambos lados de estos arcos encontramos las hojas de su puerta, realizada de madera labrada.

El mismo poeta Ibn al-Yayyab es el autor de otra inscripción en el pórtico de este pabellón norte haciendo referencia a las tacas con jarras de agua o flores en su interior, diciendo “Es un arco en el salón más feliz por servir a la majestad como mirador, ¡Por Dios, qué bello es, levantado a la derecha de un rey incomparable. Los jarrones que aparecen en él son como doncellas subidas a lo alto."

la Sala Regia en el pabellón norte del Generalife

La distribución interior de la Sala Regia responde al esquema usual, con alcobas laterales decoradas con bella yesería y enmarcadas por arcos. Sobre ellos, inscripciones en epigrafía árabe y hermosos mocárabes. Es muy destacable la cornisa volada también de mocárabes por debajo de la bella armadura que cubre el techo. En este caso no encontramos alicatados ni mosaicos de azulejos en los zócalos de la sala, como es habitual en las salas del conjunto de la Alhambra.

Desde esta Sala Regia, a través de una puerta y escalera abiertas en su costado derecho ya en época cristiana, se accede a otras dependencias del palacio del Generalife encontrando primero el llamado Patio del Ciprés de la Sultana, siendo escenario de imaginarias leyendas amorosas. Esas dependencias tienen un carácter muy diferente al hispano-musulmán al tratarse de una zona muy modificada.

pequeña cúpula de mocárabes en alcoba lateral de la Sala Regia

La visita a este recinto palaciego que forma el Generalife se convierte en una experiencia de aprendizaje, quizá no al nivel del conjunto de la cercana Alhambra, pero aún así son un verdadero deleite y un placer las sensaciones que provocan los distintos espacios de este recinto convirtiendo a este lugar en algo único en el mundo y con un valor incalculable en todos los sentidos. 

yeserías con inscripciones en pared de la Sala Regia

Granada. El Generalife. Jardines Altos y Escalera del Agua.

tramo de la Escalera del Agua en los jardines del Generalife

Actualmente se abandona con nostalgia el palacio del Generalife ascendiendo a través de la escalera barroca de los Leones del siglo XIX, llamada así por las dos figuras de este animal en loza vidriada que coronan el portón que precede a dicha escalera. De esta forma, se deja atrás el recinto palatino del Generalife donde, en tiempos nazaríes, estaríamos ya pisando la huerta de la Mercería.

Sin embargo, en época nazarí, para salir del palacio había que atravesar el Patio de la Acequia, salir por la puerta alta del Generalife y seguir por el camino de ronda de las robustas murallas, rodeando el perímetro externo de los baños que hoy ocupa el Patio del Ciprés de la Sultana. Un portón abierto en las murallas permitía el acceso a un punto muy especial de la huerta de la Mercería, la bóveda de los Laureles, situada a solo unos metros de donde hoy se encuentra la escalera barroca de los Leones.

vista de los leones que coronan el portón de salida del palacio

Una vez superada dicha escalera, se abre el más extenso de los seis jardines modernos que hoy embellecen este rincón del Generalife, el llamado Jardín Magno entre los conocidos como Jardines Altos. Este espacio verde, al igual que todos los demás, respeta con precisión la vieja parcela elevada de tierra o parata que en su día fue. Es una especie de huerto fortificado convertido por arte de magia en un jardín encantado.

En general, los Jardines Altos del Generalife se asemejan hoy más a un carmen granadino de la época que a una finca rústica hispano-musulmana. Estos jardines, distribuidos en diferentes paratas, completan el área palaciega del Generalife al que sirven de cobertura en su parte más elevada, disponiendo por ello de una orientación y de una de las vistas más destacadas de la finca. Fueron en otros tiempos un olivar y en ellos hoy encontramos magnolios, abetos, cipreses, un enorme cedro y plantas aromáticas como arrayanes, jazmines y rosales.

jardín Magno en los escalonados jardines Altos

Tras recorrer este jardín romántico, el Jardín Magno, encontramos un detalle fabuloso. Se trata de una coqueta escalinata que desciende con cuidado a un pequeño jardín que ocupa lo que antaño fue el camino de ronda de las murallas nazaríes del Generalife. Se conoce hoy como Jardín de los Adarves y no siempre es posible el acceso al mismo. Sus estilizados trazos y la belleza salvaje de las buganvillas han sabido desmontar la imagen castrense de este espacio donde hoy, en vez de murallas, se alzan barandillas y, en vez de piedras, podemos contemplar el balcón panorámico del Patio de la Acequia formando un rincón delicioso.

vista del Jardín de los Adarves y Patio de la Acequia

Una vez recorridos los dos jardines mencionados, tanto el Jardín de los Adarves como el Jardín Magno, se regresa a la citada escalera de los Leones y se alcanza de nuevo la mítica bóveda de los Laureles, que tantos poetas han alabado. Se trata de una especie de templete vegetal que sabe aportarnos frescor y donde ya comenzamos a sentir de cerca el rumor de la Acequia Real de la Alhambra, estando a punto de llegar al lugar probablemente más romántico del Generalife obteniendo unas vistas espléndidas.

La llamada Escalera del Agua arranca desde esta bóveda de los Laureles con cierta pereza. Un túnel de adelfas y laureles nos protege como ya hiciera cinco siglos antes. Sus pretiles o pasamanos poseen grandes canalones que contienen el cristalino caudal de la Acequia del Tercio, llamada también del Generalife. Bien puede tratarse de un beso cristalino, una caricia de cristal, un reloj sin arena, un murmullo silencioso. Ascendiendo por esta Escalera del Agua, ingenioso artificio al servicio del disfrute de los sentidos, se accede también al resto de los Jardines Altos del Generalife.

escalera del Agua rodeada de laurel

Esta escalinata está diseñada de forma acorde con los usos del sultán medieval y el curso del agua a través de ella se mantiene hasta nuestros días en permanente funcionamiento. El acceso a lo alto de la colina, en pendiente, representaba un problema que el alarife nazarí supo salvar con singular maestría. De este modo, la escalera, interrumpida por varios descansillos de planta circular presididos por fuentes bajas, tiene como pasamanos los dos canales hechos con humildes tejas invertidas y ladrillos y encalados.

El espacio resultante, umbrío y fresco, servía a la vez para efectuar las abluciones previas a la oración, y de esa manera, se convertía en el sahn que toda mezquita requiere ya que el objetivo principal de esta escalera del Agua era comunicar el palacio del Generalife con un pequeño oratorio situado en lo alto de la colina. La escalera, por tanto, es toda una lección arquitectónica de respuesta a un condicionante sabiendo hacer de la necesidad virtud y realizada con los materiales más pobres.

fuente baja en la Escalera del Agua

Por estos canales discurre el agua de la Acequia Real, abrupta e irregularmente, produciendo una sinfonía de tranquilidad y reposo y humedeciendo el ambiente, todo ello bajo la cerrada bóveda de laureles. Quizá pudo ser en este rincón del Generalife que invita a la meditación donde el poeta Ibn al-Yayyab escribiera "Sobre este palacio de peregrina belleza, brilla la grandeza del Sultán. Brilla su armonía y sus flores, la lluvia de las nubes le cubre generosamente. Las manos de sus creadores cosieron en sus lados bordados que parecen flores de jardín (...)"

Los surtidores que hacen saltar el agua antes de caer a una de las numerosas fuentes o el transcurrir del agua a través de esta escalera son, sin duda, el hilo musical que nos acompaña durante la visita a este lugar de retiro de los grandes sultanes de la época nazarí. Como sabemos, las fuentes eran utilizadas para señalar direcciones y ejes fundamentales en el jardín, como elementos decorativos y para escuchar el sonido del agua cayendo sobre la ya acumulada en la taza.

vista de un descansillo de forma cilíndrica en la Escalera del Agua

De las fuentes circulares situadas en los descansos de la Escalera del Agua partía, en su origen, un canalillo hoy perdido similar al que todavía podemos ver en el Patio de los Leones. Puede decirse de este lugar que las pequeñas fuentes con surtidores entre los parterres cercados, algunos bellísimos ejemplares de magnolios, los arbustos olorosos así como la cuidada alternancia de ejemplares arbóreos de hoja perenne y caduca, hacen a día de hoy de estos jardines abrigados de los fríos vientos del norte, un pequeño y romántico jardín botánico, digno de la mejor tradición humanista europea.

La Escalera del Agua finaliza en su parte superior dando acceso al que fuera entonces un pequeño oratorio nazarí, convertido por desgracia en mirador romántico en el año 1836. Desde el mirador pueden distinguirse los Jardines Altos en cinco de sus seis niveles escalonados, pues el sexto queda a la izquierda de la Escalera del Agua. Es muy recomendable descansar la vista contemplando este paisaje antes de abandonar el Generalife.

vista escalonada de los Jardines Altos del Generalife

Para salir de los Jardines Altos puede tomarse el Paseo de las Adelfas, un pasillo moderno y abovedado de laureles y otras plantas aromáticas, que nos conduce al principio del viejo paseo de la reina Isabel II, donde antaño finalizara el acceso cotidiano desde la huerta de Fuentepeña. Este Paseo de las Adelfas se comunica con el Paseo de los Cipreses, plantados en época de la misma reina borbónica Isabel II, y que al entrar en el Generalife abandonábamos a la derecha.

En definitiva, estos jardines son una muestra deliciosa de jardín romántico y se trazaron ya después de la invasión francesa napoleónica sobre una zona realmente degradada de lo que fueron sus jardines originales en época nazarí. Desde ahí, enredándose con la melodía que forma el agua de la Acequia de los Dos Tercios, se puede continuar caminando si nos lo permite el éxtasis que nos supone tanta belleza.

Paseo de las Adelfas en los jardines

El itinerario por todo este espacio nos permite una vez más comprobar el contraste, siempre tangible en el conjunto monumental de la Alhambra, entre los dos universos aquí presentes: el medieval y el renacentista, ambos filtrados por un tamiz de romanticismo nostálgico que tal vez se aprecie como en ningún otro sitio en este espacio abierto del Generalife. Para ello, nada mejor que ascender a la parte más elevada de los Jardines Altos a través de la Escalera del Agua y posteriormente descender mediante una pérgola escalonada, claramente europeizante.

Muchos dicen que es muy difícil recorrer de forma alegre, a la salida, el llamado Paseo de las Adelfas pues a esas alturas del recorrido y sin darnos cuenta ya somos de agua y aire y tenemos la sensación de que nuestra alma se quedó de forma perpetua en algún rincón del Patio de la Acequia. Se trata de un lugar sin retorno y una nostalgia infinita es probable que nos invada para siempre o, como mínimo, hasta la próxima visita.

Jardín Magno del Generalife

Granada. El Generalife. Patio de la Acequia.

Patio de la Acequia en el interior del Generalife

El Patio de la Acequia, también llamado Patio de la Ría, es el más emblemático de los patios en los jardines del Generalife. Responde al esquema árabe de patio cuatripartito o char-bagh de origen persa y de gran tradición andalusí, aunque condicionado por la disposición eminentemente longitudinal obligada por el terreno y potenciada por la presencia de la Acequia Real, principal arteria hidráulica del conjunto, que llevaba el agua al resto de las huertas del Generalife y posteriormente a la Alhambra.

La acequia está flanqueada con dos filas de surtidores que cruzan sus chorros de agua de forma espectacular y que fueron añadidos en el siglo XIX, por lo que habría que imaginar este patio como un lugar en silencio, sin el constante ruido del agua al caer, aunque por excavaciones arqueológicas llevadas a cabo se sabe que en su día contaba con doce caños. Su estructura original era en forma de crucero, semejante al Patio de los Leones, lo que daba lugar a cuatro parterres achaflanados. El otro brazo, siguiendo el esquema persa, queda tan solo insinuado por una interrupción en la vegetación y con la colocación de una fuente baja en el cruce de ambos.

cruce de caminos en el Patio de la Acequia

No hay que olvidar que aunque el Generalife es, al igual que la Alhambra, una construcción eminentemente musulmana, la influencia cultural cristiana de sus concepciones arquitectónicas siempre fue de gran importancia, por el constante trato con los reinos vecinos y el aislamiento respecto al resto del islam, y posteriormente, por el uso y adaptación de los espacios a las concepciones occidentales llevados a cabo por sus distintos habitantes. Otro ejemplo de lo anteriormente dicho es la apertura a lo largo del patio de un amplio belvedere abierto en el lado oeste de la Acequia, ya en época cristiana.

En este Patio de la Acequia reposan plácidamente las aguas de su viaje desde el corazón de Sierra Nevada. Lo más atrayente y mágico del Generalife es contemplar cómo el agua se convierte en una parte esencial de la belleza de esta residencia y disfrutar de sus continuos juegos con la luz, el sonido y las plantas. Básicamente, organizados a lo largo de esta acequia, encontramos flores y plantas aromáticas, setos de arrayanes, rosales, jazmines, cipreses y árboles frutales como el naranjo que forman un conjunto de aroma y gran belleza.

belvedere y mirador oeste desde el exterior

La orientación del palacio es norte-sur en su eje principal. Esta orientación es la que mejor se adapta al clima de Granada, permitiendo que el sol caliente e ilumine este patio y el pabellón principal durante los meses de invierno, mientras que en verano el sol, al estar más alto, no llega a entrar en las estancias del pabellón norte y permanece menos tiempo en este Patio de la Acequia.
En el lateral este u oriental de este Patio de la Acequia vemos un edificio de dos plantas con dos viviendas adosadas que parece ser que servían para albergar a las mujeres que, a través de las celosías, podían mirar el patio sin ser vistas. La planta alta era utilizada en invierno, mientras que la planta baja se reservaba al verano por ser más fresca. 

La crujía de este lado sufrió un incendio a mediados del siglo XX. Gracias a este lamentable episodio se pudieron descubrir ciertos restos que delataban su antigüedad y que se desconocían hasta el momento, por ejemplo unas escaleras que descienden hasta un punto ciego y que posiblemente conducirían hasta el hamman o baño. Este lado del patio nos conduce hasta los llamados Jardines Altos.

lateral este del Patio de la Acequia

La galería que vemos en el lado oeste de este patio era cerrada en la época nazarí y ahora es, como se dijo anteriormente, una creación de época cristiana. De hecho, en el intradós de muchos de los dieciocho arcos del corredor podemos encontrar pintados el escudo de los reyes católicos y su yugo y las flechas. El Patio de la Acequia estaba pensado hacia el jardín interior, salvo un pequeño mirador situado en este lado occidental, justo en eje con la glorieta central.

Este lateral estaba originalmente cerrado mediante un alto muro con alero corrido que fue rebajado en época cristiana, quedando como testimonio sus respectivos arranques en los extremos. Hacia el año 1670 se realizó una reforma en la que se transformó el mirador en una capilla cristiana abriéndose los dieciocho arcos ojivados que hoy encontramos en el muro, quedando abierto al paisaje a modo de belvedere.

lado oeste del Patio de la Acequia

A través del arco central del lado oeste se accede al mirador, que cuenta con tres arquillos en cada uno de sus lados. Este mirador central debió ser la única abertura original del patio al exterior. Conserva en su interior una rica decoración de yeserías de la época del sultán Ismail I (entre los años 1314-1325), parte de las cuales fueron desmontadas evidenciando que fueron superpuestas a otras de la época de su hijo y sucesor, Muhammad IV (entre los años 1325-1333).

Las ventanas bajas del mirador son características de la arquitectura nazarí y permite a quienes estén sentados en el suelo, con el brazo apoyado en el alféizar, poder contemplar y ver el paisaje del entorno del Generalife con la huerta Colorá, junto a la perspectiva de la colina de la Alhambra distinguiendo, entre otras, la Torre de la Cautiva y la Torre de las Infantas en el lienzo este de su muralla, la Torre de Comares y el Peinador de la reina en el norte, así como la ciudad baja de Granada al fondo.

mirador nazarí en el lateral oeste del Patio de la Acequia

Tras dejar a la izquierda este pasillo y el mirador con la mirada de la qubba nazarí dispuesta hacia el conjunto de la Alhambra, llegamos a una puerta situada junto al pórtico del pabellón norte, a la izquierda del mismo. A continuación de esta puerta, una escalera desciende hasta los llamados jardines bajos, situados por debajo de dicho pabellón, junto a la base de las torres y mirando hacia el barrio del Albayzín.

puerta que conduce hasta los jardines bajos

El pabellón norte , tal y como lo vemos actualmente, fue elevado ya en época cristiana, construyendo sobre su pórtico original dos miradores cubiertos que miran hacia el barrio del Albayzín y hacia el mismo Patio de la Acequia y su pabellón sur. Con estos añadidos cristianos, el pabellón opuesto o pabellón sur perdió sus vistas al Albayzín, como originalmente idearon los reyes nazaríes de Granada.

El pabellón norte era originalmente más bajo, al estar compuesto sólo por el pórtico y por la sala continua y la pequeña torre al fondo, pero en el año 1494 se le agregaron los dos pisos y otras construcciones como los aposentos que hoy vemos encalados y más cerrados a ambos lados del pórtico. A la derecha de este pabellón norte se encuentra el acceso al conocido como Patio del Ciprés de la Sultana.

vista del pabellón norte del Patio de la Acequia

El bello pórtico norte, que cuenta con cinco arcos siendo el central más ancho que los dos laterales, nos da paso a una hermosa portada de tres arcos repletos de decoración y situados sobre columnas con capiteles de mocárabes. Esta portada es conocida como cámara real y precede a la llamada Sala Regia, siendo la sala principal del pabellón norte. Posee alcobas en sus extremos y en su muro frontal se abren otros tres arcos, de los cuales el central nos permite acceder a una torre conocida actualmente como mirador de Ismail I.

Muy probablemente esta zona de la residencia del Generalife se construyera en el año 1319 y desde este mirador de Ismail I se pueden contemplar los jardines bajos, el barrio del Albayzín así como el valle del Darro. Su sala está hermosamente decorada en yeso como otras salas del conjunto de la Alhambra y está cubierta por un aljarafe de lacería. La fecha antes citada aparece en un recuadro de los tres arcos que preceden a la Sala Regia, antes de acceder al citado mirador.

pórtico del pabellón norte del Patio de la Acequia

En el centro de la larga acequia de este patio existió otro pabellón en época nazarí que ha desaparecido, aunque la vegetación que adornaba el patio en época hispano-musulmana sí se ha recuperado gracias a la labor arqueológica al obtener el polen encontrado al llegar al sustrato medieval de los jardines del patio. Sobre la que fue la base de este pabellón que se ubicaba en el centro hoy encontramos el cruce de caminos de este a oeste del Patio de la Acequia. 
El pabellón sur es el que encontramos inmediato desde la entrada principal al patio. En época nazarí se trataba del pabellón más importante de esta residencia del Generalife, pero ahora su fachada está deshecha y sólo presenta, en mal estado de conservación, cinco arcos de ladrillo sobre pilares (los arcos originales eran de yeso) así como dos columnas con capiteles cúbicos descuidadamente labrados donde aún puede leerse el emblema nazarí "No hay vencedor salvo Allah".

vista del pabellón sur del Patio de la Acequia

El piso alto de este pabellón sur está compuesto por una sala con alcobas en los extremos y un mirador que nos permite ver el exterior así como el interior de este Patio de la Acequia y que fue terraza hasta el año 1926. Eso sí, a pesar de toda su transformación, las vistas que podemos contemplar desde su mirador superior son únicas.

Colindando con este pabellón sur hay restos de una construcción que forma parte del conjunto palaciego y es conocida como la Casa de los Amigos, cuyo nombre y uso se desprende de los detalles que Ibn Luyun nos daba en su Tratado de la agricultura diciendo “en la parte baja del jardín se construirá un aposento para huéspedes y amigos, con puerta independiente, y una alberquilla oculta por árboles a las miradas de los de arriba”.

detalle de capitel en el pórtico sur