El Alentejo. Portagem y Marvao.

vista del castillo de Marvao

El periodo de ocupación árabe, iniciado en el siglo VIII, tuvo en el sur de Portugal una duración de casi 500 años. De esta larga vivencia compartida se han heredado plantas y técnicas agrícolas, sistemas de recogida y reserva de agua, hábitos alimentarios, varios centenares de palabras, técnicas constructivas, gustos decorativos, estilos artísticos y ambientes urbanos. Son musulmanes los arquetipos de muchos de los castillos de la reconquista en El Alentejo y varias iglesias cristianas fueron reedificadas sobre primitivas mezquitas. 

Marvao es un pequeño pueblo medieval fortificado fundado en época andalusí. Se asienta a gran altura sobre un peñasco rodeado de paisaje de campiña, en el Parque Natural de la Sierra de São Mamede, próximo a la frontera, muy cerca de su vecina española Valencia de Alcántara. Lo que es hoy Marvão, era identificado por el historiador cordobés Isa Ibn Áhmad ar-Rázi en el siglo X como fortaleza de Ammaia-o-monte, entre otras designaciones, lo que plantea la hipótesis de que existiría fortificación en la cima del monte que habría servido a la ciudad de Ammaia, fundada en el siglo I, durante su existencia. 

puerta en el interior del castillo de Marvao

La fortaleza de aquella ciudad de Ammaia sirvió como refugio estratégico al posterior fundador de la ciudad de Badajoz, conocido como Ibn Marwan, que fue quien mandó crear el primer asentamiento defensivo en esta localidad de Marvao, allá por el año 770, manteniendo su hegemonía musulmana hasta que don Alfonso Henriques lo conquistó al mando de sus tropas cristianas en el año 1160. La mayoría de lo que se puede visitar actualmente en Marvao pertenece a la reconstrucción que se llevó a cabo en el siglo XVII. 

También en el interior de este castillo es visitable su cisterna, un antiguo aljibe abovedado de 10 m de altura que podía acumular agua para seis meses, con lo que facilitaba la recogida de agua en el caso de sufrir un asedio enemigo. Ibn Marwan, como se ha dicho, quería usar esta fortaleza cuando en la capital de Badajoz se sintiera amenazado, hecho que sucedió en el año 884 ante la aproximación de las tropas del emir Muhâmmad I de Córdoba, amenazando con destruir la ciudad del Guadiana y huir a su monte, Marvão.

columnas de época romana en el interior del castillo de Marvao

Desde el río Sever, afluente del río Tajo, se asciende hasta la actual aldea de Marvao por una calzada medieval de piedra rodeada de robles y bellos paisajes. La calzada es de época medieval, aunque hay fuentes que apuntan a que pudo ser en sus orígenes romana como el mismo puente que cruza el río Sever. El Nido de las Águilas, sobrenombre que acompaña a Marvao desde hace siglos, conserva ese aire medieval, mezclado con la ‘saudade’ portuguesa.

La muralla de la ciudad de Marvao se puede recorrer entera y visitar, en la parte más alta, su castillo. Su estrecho recinto amurallado, salpicado de garitas, miradores y matacanes, cobija todo un entramado de callejuelas tortuosas y empinadas, donde se apiñan en hilera las fachadas encaladas de sus casas rematadas con ventanas manuelinas, chimeneas alentejanas y balcones de forja. El Festival Islámico Al Mossassa, que se celebra anualmente en el mes de octubre, commemora la fundación de Marvão en época islámica y su historia hermana con Badajoz.


jardín en interior del castillo de Marvao

Por su parte, Portagem, traducido como peaje del portugués, nació por la existencia de un puente y una torre, entre los siglos XII y XIV. El peaje se cobraba para pasar el río Sever y subir hasta Marvao. Hay que detenerse en Portagem, de camino a Marvao, para tener desde la distancia una primera visión del pueblo y su castillo encaramados en lo más alto de la montaña cercana. Hoy es un pequeño pueblo y el puente y la torre aún se conservan, habiendo sido paso obligado para mercaderes y viajeros de la época. 

En el primer tercio del siglo XIII, la corona de Portugal se hacía con lo que restaba del Alentejo y del Algarve. La rápida e ingente acumulación territorial cristiana necesitaría la integración de los musulmanes andalusíes en las sociedades portuguesa, leonesa y castellana para mantener poblados y en activo económico los amplios espacios incorporados. En la región extremeño-alentejana escasearían los pobladores cristianos, por resultar más atractivo el asentamiento en las tierras del Algarve y en las grandes ciudades del río Guadalquivir.

vista de la muralla del castillo de Marvao desde Portagem

La población andalusí del antiguo reino de Badajoz pasaría a constituirse en población mudéjar y a organizarse a partir de entonces en aljamas de moros. El carácter fronterizo que había mantenido el territorio occidental de la península durante los siglos VIII y XIII, entre los ámbitos latino-cristiano al norte y arabo-musulmán al sur, no desapareció con su integración definitiva en los reinos hispánicos. Ahora se configuraría una frontera entre espacios políticos cristianos por igual, con Portugal al oeste y Castilla y León al este.

Esto acarreaba unos límites más precisos, la denominada Raya, sobre todo a partir de los tratados de Badajoz en el año 1267 y de Alcañices en 1297 y con unas características sociales y económicas más o menos comunes a ambos lados de la misma. La población musulmana que permanecería en las tierras alentejanas y extremeñas habría de adaptarse, por tanto, no sólo a la nueva realidad político-cultural portuguesa y/o castellana, sino también al determinante fronterizo en la paz y en la guerra.

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