Alhambra de Granada. Geometría fractal.

ejemplo de geometría fractal en yesería de la Alhambra

La civilización hispanomusulmana integró perfectamente, en su concepción de la vida, tres dominios fundamentales como son la ciencia, la filosofía y el arte. Portadores y continuadores de la ciencia helenística, supieron conjugarla con su visión de la creación basada en el corán, cuya creencia era extrapolada a todos los ámbitos de la vida, siendo el centro neurálgico desde el que se organiza toda la concepción islámica, basada fundamentalmente en que en la aparente multiplicidad de lo creado late la realidad única del creador.

Los constructores de la Alhambra si no tenían el conocimiento certero de la geometría fractal, podríamos decir que lo intuían o que estaba presente en sus conocimientos sin estar desarrollada y estudiada tal y como hoy la conocemos. Así, veremos preceptos fundamentales en la filosofía y religión del corán, como son la relación de las partes con el todo, la presencia de lo idéntico en lo diverso, la relación microcosmos-macrocosmos, etc. En general, su visión abstracta de lo natural adquirida a través de las matemáticas, la geometría, son conceptos que participan activamente en las pautas de la actual geometría fractal.

Al estudiar la morfología del arte y sobre todo la decoración en el arte musulmán, encontramos una geometría de líneas curvas (tauriq) con la que se expresa el mundo de la creación, la exuberante naturaleza, así como de una geometría de líneas rectas (tastir). Existe otro concepto importante que es el alif que alude a la línea recta e infinita que es Allah mismo, la voluntad creadora, la unidad en la multiplicidad, el infinito en el uno.

ejemplo de geometría fractal en alicatados de la Alhambra

Vemos de este modo, que el universo de las formas puras es el reflejo visual y conceptual en este mundo, de los atributos y cualidades universales reflejadas en la creación. Si observamos algunos ejemplos de tastir comprobamos que su construcción se desarrolla de afuera hacia dentro buscando un centro inalcanzable, puesto que toda línea material tiene grosor y el punto no tiene dimensión alguna. En esta afirmación y explicación tan gráfica del tastir podemos observar que en ella subyace el concepto de dimensión quebrada característica de los fractales.

Se podría decir que esa línea con grosor del tastir, estaría entre la dimensión uno y dos, longitud y superficie. El artista explicita el grosor de la línea, para enfatizar el hecho de que se trata ya de una geometría materializada, devuelta por el intelecto al mundo sensible. Por ello, puede contener color, limitar zonas de color o inducir a otras percepciones. Se trata de una forma repetida hasta el infinito, sin asomo de cese, de anécdota, de articulación diferente a ella misma, como si fuese una letanía visual que alcanzara su identidad en la repetición.

Podríamos decir también que el tastir es un objeto de dimensión topológica quebrada que se repite hasta el infinito. Podríamos entonces concluir que, tras la sensual y profusa decoración de la Alhambra, se muestra subyacente una estructura ordenada, una ley escondida tras lo aparente. Esta intuición o deseo de encontrar orden en el caos quizás fuese el impulso decisivo para llegar a la geometría fractal.

ejemplo geométrico en alicatado del Salón de Embajadores

Si analizamos la ornamentación de la Alhambra, concretamente uno de los alicatados que decoran las paredes del Salón de Embajadores, en el interior del Palacio de Comares, encontramos ciertas construcciones geométricas u objetos matemáticos llamados rosáceas, cuya característica principal es que poseen un grupo de simetría donde uno de los puntos permanece fijo. Si estudiamos su forma de construcción geométrica, observamos que resultan rectángulos de proporción áurea.

Si tenemos en cuenta que la construcción de la proporción áurea consiste básicamente en dividir un segmento en dos partes, de manera que la parte menor se relacione con la mayor, del mismo modo que la mayor se relaciona con el segmento completo y que esto se puede repetir indefinidamente, podemos ver que responde a las características de los fractales.

Lacerías. La construcción de las lacerías se desarrolla mediante una línea de grosor, o lazo, que a través de un profuso recorrido, tiende a cubrir toda una superficie o paño, de tal modo que en esta línea con grosor estaría presente el concepto de dimensión quebrada, concretamente entre la dimensión 1 y 2, entre la línea y la recta, una forma repetida hasta el infinito. Este tratamiento de la superficie, podemos compararlo con la curva de Giuseppe Peano (1858-1932), advirtiendo que la lacería hispano-musulmana podría tratarse de una variante de la primera.

ejemplo de simetría en lacerías de la Alhambra de Granada

Según la explicación de Pla (1994), "existe una línea que llena el cuadrado. Es decir, existe una curva que no se rompe -de trazo continuo- que pasa por todos y cada uno de los puntos del cuadrado". En este caso, la línea de la lacería, tal y como se dispone en su recorrido por los alicatados, si observamos las intersecciones de unas con otras, están dispuestas de modo que aparentemente no son continuas, se cortan en los bordes en determinados momentos, sin embargo, su construcción, es la misma que la de Giuseppe Peano, siguiendo la teoría de conjuntos, y llenando el cuadrado.

Mocárabes. Esta superficie porosa, que se repliega sobre sí misma, dando lugar a numerosísimas concavidades y convexidades, daría lugar a pensar en cierta tridimensionalidad de estas complejas superficies (teniendo en cuenta, claro está, sólo la superficie que se descubre a los ojos del espectador, y no como ensamblado de piezas volumétricas). A este respecto, podríamos relacionarlos con los fractales de la pirámide de Sierpinsky y los polvos de Cantor.

Pues bien, en las cúpulas de mocárabes podríamos decir que destaca la idea de volumen unitario que se divide en un número virtualmente ilimitado de fragmentos. Esta fragmentación del espacio presenta analogías con las teorías atomistas profesadas por la mayoría de los filósofos y teólogos del islam. El universo para ellos, así como la materia, el tiempo y el espacio es un ensamblado de átomos sometido en cada objeto y en cada momento a la voluntad divina de Allah.

    
geometría fractal en la cúpula de la Sala de las Dos Hermanas

Así, podemos percibir esta fragmentación de volúmenes en las cúpulas de la Sala de las Dos Hermanas, en el Palacio de los Leones, y en la del Salón de Embajadores, en el Palacio de Comares, (aunque en esta última no sean los mocárabes los elementos ensamblados), como la manifestación arquitectónica de una concepción del universo. Los trazados de ambas cúpulas muestran la rigurosa estructura que rige esta imagen del mundo, del mismo modo que las leyes de la astronomía rigen el aparente caos del movimiento de los cuerpos celestes.

Toledo. El puente - Alcántara.

Puente de Alcántara en la ciudad de Toledo

Toledo cuenta con algunos de los mejores ejemplos de puente fortaleza. Aquí se situó uno de los pasos con mayor renombre de la península, siendo uno de los monumentos más significativos de la ciudad. Alcántara no es, sin embargo, el único modelo ya que habría que añadir el de San Martín, el más bello, y la Cava, siendo el único modelo aún en pie de este tipo. La formalista fábrica de sillares aparejados a soga y tizón impuesta por los omeyas de Córdoba y en puntos aislados de las Marcas Inferior y Media de Al-Ándalus no acabó de verse definida en Toledo, participando este puente con intensidad de esa arquitectura ambigua determinada por materiales bien labrados que no deja ver una línea constructiva continua y uniforme.

Alcántara significa la sucesión de épocas, de estilos arquitectónicos y de capacidades técnicas. Su fisonomía muestra la necesidad de comunicar la ciudad de Toledo con el exterior, defendiéndola a la vez de los enemigos. Es el resultado, por tanto, de una definición de paso vital y fortificación indispensable. Las referencias al puente son frecuentes, aunque la mayoría sean repeticiones. En el año 797, el emir Al-Hakén I -casi recién llegado al trono- reprimiría una sublevación en Toledo y los cronistas citan la puerta del Puente (en árabe القنطرة o al-qanţara), cerca de la cual el muladí Amrús levantó una fortaleza para sofocar la revuelta. 

En el año 808 fue empalado en su extremo Galib Ibn Tamman Ibn Alqama, por orden del segundo emir omeya independiente, Hixem I. Del año 858, Ibn Idari (escritor magrebí del siglo XIII) nos cuenta que el emir Muhammad I, ante una nueva revuelta de Toledo y una vez adueñado del puente, lo minó y, fingiendo la retirada, se hundirían al salir los del interior para ocuparlo llevándose por delante a los defensores toledanos. Del mismo hecho existe un poema que dice "Ha quedado Toledo despoblada, a merced de las aves de rapiña, ha quedado sin gente, desguarnecida, silenciosa como una tumba, no ha querido Allah que subsista un puente erigido para el paso de las tropas infieles".

En el año 930, se inicia un asedio a la ciudad que dura dos años, construyéndose Chalenca. Sabemos que las tropas acantonadas estaban bajo el visir y caid Said Ibn Al-Mundir Al-Qurasi. Y su hijo, Muhammad Ibn Said, estuvo apostado a la entrada de este puente. Una vez rendida la ciudad, el califa omeya Abd Al-Rahmán III ordenó reconstruir "el puente sobre el río que da a sus mismas puertas de entrada". Poco después, ya en el siglo X, Ibn Hawqal (geógrafo y cronista) visitó la península y en Toledo conoció y describió lo bello que era este puente.

vista del puente de Alcántara en Toledo

Al-Razí (siglos IX y X), siendo pionero en la medicina tradicional islámica y considerado por muchos como el padre de la pediatría, comentaría en distintos manuscritos que en esta ciudad existía "una puente rica e maravillosa e a tanto fue sotilmente labrada que nunca omne pudo asmar con verdat que otra tan buena avia fecha en toda España. E fue fecha quando reyno Mahomat Olme, e esto fue quando andava la era de los moros en dozientos e quarenta años". De igual manera harían las descripciones de la ciudad tanto Ibn Galib como Yaqut, Al-Himyari y Al-Maqqari.

Por su parte, Ibn Hayyan (historiador del siglo XI) tomó la descripción del cadí de la ciudad, Said Ibn Said, acerca del curso del río Tajo y dijo "Pasada esa agostura, se ensancha y su curso se hace más regular hasta llegar a la puerta de Toledo por la parte del oriente estival, y se desvía hacia el sur, metiéndose allí por debajo de su portentoso puente de un solo ojo para torcer totalmente del sur al poniente invernal casi dos tercios de círculo y luego tomar el oriente estival".

Al-Idrisi, geógrafo que visitó Al-Ándalus en el siglo XII, diría lo siguiente de la ciudad "Está situada sobre un cerro y hay pocas villas que se puedan comparar con ella por la solidez y la altura de los edificios, la belleza de los alrededores y la fertilidad de sus campos, regados por el gran río llamado Tajo. Se ve allí un acueducto muy curioso, compuesto por un solo arco, por debajo del cual las aguas corren con una gran violencia y hacen mover, en la extremidad del acueducto, una máquina hidráulica que hace subir las aguas a 90 estadales de altura y llegadas a lo alto del acueducto, siguen la misma dirección y penetran después en la ciudad".

La última noticia relacionada con actividades de los musulmanes en este puente supone una reconstrucción radical, según constaba en las famosas lápidas colocadas en la fachada posterior de la torre interior en tiempos del rey de Castilla y de León conocido como Alfonso X el Sabio (siglo XIII). En ellas se narraban algunos sucesos famosos relativos al puente y probablemente estos textos fueron copiados de los existentes en la antigua torre, antes de las reformas llevadas a cabo bajo el mandato del rey Enrique I de Castilla (años 1214-1217) y del citado rey sabio.

torre interior del puente de Alcántara en Toledo

La capitulación del Toledo hispano-musulmán en el año 1085 puso en manos del rey Alfonso VI de León el Bravo un extenso territorio en el que sobresalían numerosos recintos fortificados. Años más tarde, cuando el segundo emir almorávide, Alí Ibn Yusuf, atacó la ciudad en el año 1109, tras destruir Azecha y San Servando, llegó hasta el exterior de este puente. Del mismo modo, las narraciones de los Anales Toledanos nos acercan a los efectos de distintas crecidas del Tajo, todas ellas violentas y arrasadoras, que afectaron en menor o mayor medida al puente. Así, en el año 1113, las aguas cubrieron el arco de la puerta de la Almohada.

Después, en los años 1168, 1178 y 1181 las aguas llegaron hasta San Isidro. Tres nuevas inundaciones sacudieron la ciudad en los años 1200, 1207 y 1221. Quizá fue en el año 1211 cuando la torre defensiva interior, que guardaba la entrada a la ciudad de Toledo y la Plaza de Armas, se vino abajo. Los daños o el estado de deterioro debieron aconsejar una nueva edificación, obras ejecutadas durante el corto reinado del rey Enrique I de Castilla. Mateo Paradiso, el posible maestro de obras de la torre interior, dejó dicho "Tornado este río a crecer, la derribó un pilar por febrero de 1211 y tomó a caer el puente (...) ya estaba reparada mando Henrique I fundar en ella una torre para su mayor fortaleza y de la ciudad".

Este puente volvería a derrumbarse por las fuertes lluvias acaecidas en los años 1243 y 1249. Las últimas fueron tremendas, "fue el grand diluvio de las aguas e començo ante del mes de agosto e duro fasta el yueves XX e VI días andados de deziembre e fueron las llenas de aguas muy grandes por todas las mas de las tierras e fizieron muy grandes dannos en muchos logares e señalamientre en Espanna que derribaron las mas de las puentes que y eran e entre todas las obras fue derribada una grand partida desta puente de Toledoy así quedó reflejado en las lápidas colocadas en la torre interior después de que el rey Alfonso X el Sabio ordenase reconstruir su estructura.

Este rey castellano decidió emprender las nuevas obras con el fin de consolidar definitivamente el paso, dejando de depender de las violentas embestidas de las crecidas ocasionales. Los trabajos fueron ejecutados entre los años 1258 y 1259. Puede decirse que la fisonomía que nos ha llegado hasta hoy es la diseñada por este monarca. En el siglo XIV, en la guerra fraticida entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique, se comprobó que las alianzas del alcaide abrían el paso del puente a uno u otro según los intereses. En concreto, en el año 1355, partidarios de Enrique de Trastámara le abrieron el paso, pues San Martín no cedía.

puente de Alcántara en la ciudad de Toledo

Lo más significativo de Alcántara es que en el año 1453 era considerado jurídica y militarmente como una fortaleza. Por cédula Real, el rey Juan II de Castilla mandó a Alfonso Yañez de Valladolid "alcaide de la fortaleza del Puente de Alcántara" que la guardase en su nombre, sin que mantuviese el juramento de fidelidad con Álvaro de Luna, ni con sus partidarios, en lo que fue el último momento grave de inestabilidad política de su reinado. Poco después, en el año 1484, este puente recibía el último retoque medieval: las reparaciones efectuadas por iniciativa del corregidor Gómez Manrique, teniendo como objetivo la consolidación del arco menor y de la torre interior. 

En definitiva, el aspecto actual es el reflejo de una herencia constructiva de varios siglos. A pesar de algunas opiniones al respecto, es muy difícil precisar desde un doble punto de vista arqueológico-histórico, si Alcántara se asienta sobre un antecedente romano y todo parece indicar que no. El origen del puente es islámico, con sucesivas reconstrucciones, tanto islámicas como cristianas. Los musulmanes buscaron un lugar idóneo acorde con la nueva situación de la ciudad, que basculaba hacia Al-Hizam construyendo Alcántara en ese emplazamiento.

Hoy contemplamos un puente asimétrico, con una rasante que presenta una leve forma alomada sobre el muro. La calzada alcanza 90 m de longitud por 4,5 m de anchura media. Consta de dos arcos, el mayor de 28,40 m de luz, con una altura entre 23 y 24 m, el menor con 16 m de luz. En el lado contrario no cabe posibilidad de un tercer arco similar al menor, pues la lectura de los paramentos así lo demuestra: aquí debe darse como segura la idea premeditada de un gran muro de 45 m. Los dos arcos presentan formas apuntadas que aportan en el interior ligeras bóvedas de cañón apuntado.

La pila desde la que arrancan es rectangular, defendida por alargados tajamar y contrajamar triangulares muy apuntados. Se combina el aparejo regular en los arcos y mampostería concertada en la pila y en el resto del paramento. Toda esta parte pertenece a las obras bajo mandato del rey Alfonso X el Sabio y a las reparaciones del corregidor Gómez Manrique, exceptuando hasta los mechinales más bajos y la base de los tajamares que presenta un aparejo regular, con algo de soga y tizón, como uno de los elementos primordiales edificados por orden del califa Abd Al-Rahmán III o el conocido como Almanzor.

torre del puente de San Martín en la ciudad de Toledo

En el lado contrario y gracias a la forma del terreno pudo sustituirse el arco por un macizo muro, menos bello pero más resistente ante el Tajo. En este punto el cauce del río incide más sobre la parte de la pila, de ahí los grandes tajamares, e incluso se trabajó la roca entre ésta y la base de la torre para debilitar la fuerza de la corriente. En los paramentos de ambos lados alcanzamos a leer las sucesivas fases cronológicas, casi todas islámicas. Incluso pueden descubrirse distintos elementos romanos y visigodos reutilizados como sillares. Aquí conviven el aparejo regular, algunas apariciones de soga y tizón, la mampostería concertada y mampostería entre verdugada de ladrillo.

Además, se contemplan dos aristas similares a las que existen en el puente islámico de Guadalajara. La continuidad del espolón se rompe en el extremo exterior con un pasadizo de tránsito, abierto por un arco de herradura con 1,72 m de luz. También en el gran muro puede distinguirse lo que fue un pilar muy alargado, que fue inutilizado posteriormente al construirse un nuevo puente. En los extremos se levantan sendas torres-puerta, una exterior y otra interior que convierten al puente en un punto defendido fuertemente.

Por último, cabe señalar que justo debajo de la puerta construida en tiempos del rey Felipe V, descubrimos su forma, cercana a los 7 m de altura, con una anchura media de 4 m, que engarzan perfectamente con el gran muro. Los dos paramentos visibles muestran la tremenda robustez de la construcción, conservándose aún 14 hileras con aparejo regular, alternando en algunas de ellas la soga y el tizón que certifican, sin duda, una técnica claramente de época islámica.

Geometría. Arcos en la mezquita aljama de Córdoba.

arcadas en el interior de la mezquita aljama de Córdoba

La mezquita de Córdoba es un edificio fascinante tanto por su antigüedad, como por su consistencia, su belleza y la forma en que fue construida. Desde el siglo XIX, viajeros y arquitectos se vienen preguntando qué patrón siguieron sus constructores para alcanzar un equilibrio que sigue asombrando a centenares de miles de viajeros anualmente y cómo es posible que sea una especie de proporción única y singular, la famosa proporción cordobesa, diferente a la proporción áurea, siendo un patrón que además se repite y se imita en muchos edificios de la ciudad.

Actualmente, existen varias teorías sobre las proporciones de los famosos arcos de esta mezquita. La más antigua se centró en la construcción original en la época de Abd Al-Rahmán I, la más famosa y fascinante, la proporción cordobesa. La más reciente señala que el monumento sigue una proporción pitagórica. Investigadores han escaneado con un láser 3D toda la ampliación de la época de Al-Hakén II, la que desemboca en el mihrab, y los resultados han sido superpuestos a su vez sobre los dibujos y planos de las teorías de las proporciones de la mezquita de Córdoba, para tratar de determinar cuál puede ser la que más se acerca a la realidad.

bosque de columnas y arcos en la mezquita de Córdoba

Los arcos de las primitivas arcadas, siguiendo la tradición hispano-visigoda, poseen sin embargo una estructura tan sencilla que no permite evolución alguna, por lo que permanecen esencialmente inalterados en sus repeticiones posteriores. Y ya entonces se acerca a la proporción de 1,3 (la áurea, cuando la que más se repite en la arquitectura mundial es 1,6). La cifra exacta era 1,307, que proviene de la relación entre el lado y el circunradio del octágono. Y un octágono es, precisamente, lo que ve cualquier visitante que levante la vista en el mihrab de esta mezquita.

Por su parte, se cree que pueda pertenecer a la proporción pitagórica de la época clásica griega y romana que llegó al emirato omeya en el siglo VIII, y luego al arte califal, prevaleciendo en las dinastías taifas, almorávides, almohades y nazaríes. Este sistema se caracterizaría por el uso de escuadras con ángulos de 45º y 90º y con ángulos de 30º, 60 y 90º. Y la relación de 1:3, entre el ancho de la intercolumna y la altura ente las líneas de imposta de los dos niveles de arcos, es la que muestra la mayor importancia constructiva encontrada hasta el momento, denominada proporción principal, ya que no depende de las restauraciones de la planta y altura del techo.

Badajoz. El jardín de La Galera.

vistas del jardín de La Galera junto a la torre de Espantaperros

El llamado jardín de La Galera, ubicado en la ciudad de Badajoz, se encuentra enclaustrado a un lado de la torre de Espantaperros. Además de la propia composición de los jardines, en este lugar se pueden encontrar aún algunos restos del siglo X pertenecientes a la primera alcazaba de la ciudad, siendo el punto de unión con la muralla abaluartada y siendo a su vez un punto de comunicación con la llamada puerta del Alpéndiz.

La Galera y sus jardines, por tanto, nos ofrecen un paseo entre muy distintas flores, así como hermosas vistas de la ciudad y unos restos arqueológicos que nos hacen viajar hasta el pasado islámico de la ciudad, dándonos una idea de cómo era esta zona en aquella época. Entre los restos, también capiteles y multitud de columnas de época visigoda que servían de apoyo a las murallas. Asimismo, en estos jardines nos encontramos con el edificio de La Galera, levantado en el siglo XVI, que da nombre a esta zona de flora y restos arqueológicos.

Esta edificación de La Galera ha tenido, a lo largo del tiempo, un uso múltiple. En este sitio ha estado ubicado, desde el año 1938 hasta 1989, el Museo Arqueológico Provincial. Después, ha sido almacén del mismo, pero antes de todo esto fue ayuntamiento, escuela, cárcel de mujeres, pósito, hospicio y almacén de granos. Hoy, en la fachada de este edificio de La Galera podemos observar un escudo de Badajoz, que fue encontrado en una huerta situada en la orilla del río Guadiana.

vistas del jardín de La Galera en Badajoz

La restauración de este jardín se llevó a cabo en el año 1938, cuando se trasladó aquí la sede del Museo Arqueológico de Badajoz y en el encargo de crear el nuevo proyecto de ajardinamiento del recinto contó con la ayuda de un arqueólogo de la época, siendo hoy una de las zonas más valiosas e importantes de la ciudad islámica. Los jardines se componen de una grandísima cantidad y variedad de flores y plantas aromáticas (más de 90 distintas), contando también con algunas especies semitropicales, como es el caso del árbol del amor con hojas blancas o el árbol palo borracho o árbol de la lana.

Este jardín de La Galera ocupa una extensión aproximada de cuatro mil metros cuadrados, por lo que puede permitirse ofrecer también unas vistas panorámicas de la ciudad realmente imponentes. Y, al fondo de los jardines, nos encontramos con los restos de la llamada Torre Vieja que cuenta con una pequeña puerta que -en su momento- hacía la función de entrada hacia la alcazaba en la época de Ibn Marwan. Esta Torre Vieja, por desgracia, fue desmochada y enterrada durante la construcción del semibaluarte de San Antonio. 

Ibn Jafaya de Alcira, el llamado poeta jardinero del siglo XII, contemplando la belleza del jardín islámico andalusí dejó escrito "(...) y la sombra se extiende como trémulo pabellón, las flores son ojos que lloran al despertarse y el estanque es una sonrisa que brilla luminosa. Las acacias están embriagadas y se cimbrean ebrias mientras las palomas zurean en sus ramas; en el horizonte, nube y relámpago han dejado enseña y destacamento y así, todas las ramas de la fronda exhalan aromas y sofocan con su aliento a collados y torrentes, mientras el jardín agita graciosamente sus mantos (...)". 

vistas del jardín de La Galera

En definitiva, el recorrido por el llamado jardín de La Galera es un viaje a través de los sentidos y en muy buena medida a través del olfato con las plantas aromáticas sembradas, entre las que destaca el jazmín. También podemos encontrar otros olores con la ayuda de los laureles, madroños, granados, limoneros o naranjos. A su vez, el jardín de La Galera no es sólo un excelente viaje a través de la naturaleza, sino también a través de la historia de la ciudad con rincones y espacios de ensueño.

Albarracín

vistas de muralla de Albarracín

Albarracín, localidad situada en el suroeste de la provincia de Teruel, se divide en dos zonas: la parte antigua, la Ciudad, con sus casas colgadas sobre la hoz del río; y el Arrabal, situado en la vega del Guadalaviar. Su casco antiguo se encuentra construido sobre las faldas de la montaña, rodeada casi en su totalidad por el citado río Guadalaviar. Al norte se encuentra la sierra de Albarracín y al sur los Montes Universales. En sus alrededores nacen los ríos Tajo, Júcar, Cabriel, Jiloca y el mencionado Guadalaviar.

Albarracín, instalada en el interior de un meandro, es una ciudad de tipo espolón dentro de los tipos urbanos esenciales de Al-Ándalus. Tuvo su principal razón de ser en su posición geográfica, es decir, en la naturaleza del lugar donde se encuentra. No en vano está ubicada en un área que podemos considerar como nudo gordiano de la geografía española mientras que, a nivel hidrográfico, en estas sierras nacen ríos de las vertientes principales de la península. Además, una zona de montañas abruptas como ésta se presta a ser lugar de refugio, puesto que su accesibilidad se ve limitada por la topografía.

La puerta de la ciudad de Albarracín se abre sobre la vertiente menos abrupta, donde con el tiempo se desarrolló el ya citado arrabal. El espolón tiene la mayoría de las veces forma alargada, como también ocurre en Mértola, Cuenca o Ronda y condiciona la extensión de la ciudad. Vista desde el exterior, parece formada por un recinto único en el que una parte del trazado puede estar ausente cuando el relieve la reemplaza, pero el arrabal fortificado sigue siendo excepcional.

vistas de muralla y torre del Andador en Albarracín

Albarracín se encuentra situada cerca de la antigua ciudad romana de Lobetum. En época visigoda se denominó Santa María de Oriente. Los árabes llamaron al lugar Alcartam, que se derivaría del antiguo topónimo de Ercávida, y lo más probable es que pasara a denominarse más tarde Ibn Razín, nombre de una familia bereber de donde se derivaría su nombre actual. El topónimo procedería de Ibn o hijo de Razín, es decir, el lugar de los hijos de Razín. Esta familia bereber pertenecía a la tribu de los Hawwara, del tronco de los Butr, y debió llegar con los primeros contingentes musulmanes traídos por Tarik.

Las noticias primeras de esta ocupación son del siglo X. Hacen referencia a la lealtad de los Razín al califa cordobés, en episodios como las campañas de Abd Al-Rahmán III contra el tuyibí zaragozano, que estaba apoyado por la corte de León. El primer miembro citado de este clan de los Razín es Marwan Ibn Hudayl Ibn Razín, que aparece como jefe militar de la frontera en la campaña del año 955 contra el reino de León. Mezclados con los cristianos de estas tierras, los Razín desarrollaron la misma vida de montaña que antes tuvieron en sus tierras africanas, no impidiéndoles que el esplendor del califato les iluminara y culturizara, abriendo camino a su desarrollo posterior.

También se tiene referencia de los hijos de este primer Razín y de su hermano Yahya, cuando unos años más tarde piden al nuevo califa de Córdoba, Al-Hakén II, la renovación en la posesión del distrito que vienen gobernando. Dicho territorio puede precisarse teniendo en consideración los castillos que se referencian. En este sentido, el primero de ellos es Santa Mariyya Al-Sarqui, que llegará a ser Albarracín; otro es el de Hisn Al-Sahla o Castillo de la Llanura, identificable con la localidad de Cella, y que delimita el territorio que se extendía por la cuenca alta del Jiloca, entre esta localidad y Calamocha (hisn de Calamusa), y por el norte, el de Ródenas o Hisn de Rudinas.

panorámica de Albarracín desde la torre del Andador

En cualquier caso, el origen principal del asentamiento pudo estar en la fortificación de la peña del castillo, que sobresale de la plataforma rocosa del meandro de Albarracín. Con el crecimiento de la ciudad entorno a esta alcazaba, en el siglo X acabó amurallándose el escarpe perimetral de este meandro y se construyó al norte la torre del Andador, auténtico hito defensivo desde el que se controlaban, sobre todo, los accesos a la medina ya que dicha torre se sitúa en la parte más elevada del recinto defensivo. 

En un principio, esta torre del Andador fue una torre albarrana que no se unió al recinto amurallado hasta principios del siglo XI. Estando situada en el punto más alto, destaca por su forma, tamaño y situación visible desde cualquier ángulo. Se halla defendida por un foso artificial, excavado en la roca. Su obra es de construcción califal formando parte, junto con el Alcázar y la Torre de la Muela, del triángulo estratégico que hacía a esta ciudad difícil de tomar. Esta torre debía resistir las primeras embestidas del enemigo y hoy la encontramos sin almenas.

En el siglo XI, con la desmembración del califato cordobés, los Banu Razín se alzan como señores independientes de este territorio, ligando su nombre para siempre al de la ciudad. Santa María de Levante pasa a denominarse Santa María de los Banu Razín, para convertirse finalmente en Santa María de Albarracín. Fue éste un siglo de progreso para la ciudad, propiciado por la liberación del pago de tributos al poder central de Córdoba, aunque sus monarcas taifas se vieron obligados al mantenimiento de un precario equilibrio entre sus poderosos vecinos, con los que se aliaban según conveniencias al objeto de mantener su independencia. 

la torre del Andador en la muralla de Albarracín

Fue en este período cuando la ciudad creció hacia el norte, hasta prácticamente los actuales confines, recreciendo a su vez la muralla que cerraba esta ampliada medina, hasta converger en la construida con anterioridad, la ya citada Torre del Andador. Así, el castillo fue transformado en la alcazaba del nuevo soberano de la taifa. Las excavaciones arqueológicas han permitido descubrir en la parte más alta del castillo un edificio de grandes dimensiones con patio central que correspondería a la residencia principal de la alcazaba taifa.

El elemento urbanístico más interesante de este ámbito corresponde con el hammam, dotado de una cámara inferior para la circulación del aire caliente y una sala sobreelevada sostenida por pilarcillos. el conjunto se completa con la sala de fuego y la letrina. Su presencia dentro de la vivienda es un indicativo claro no sólo del estatus social de los inquilinos sino del propio aparato social de la corte taifa, ya que el agua tenía una gran importancia simbólica. Durante la segunda mitad del siglo XI se erige un complejo de viviendas palatinas en la ladera sur, formado por tres viviendas y una alhóndiga, contando todas con patio central enlosado y andenes, aunque destaca la casa II, dotada de un pórtico con tres arcos.

Por su parte, al haber ampliado la muralla, el primitivo Portal de Hierro quedó dentro del nuevo recinto y se abrieron tres portales: al este, el Portal de Teruel, del que no se conserva nada; al oeste, el Portal de Molina formado por dos torreones de planta cuadrada y, entre ambos, un arco de medio punto de gran dovelaje de sillería; y al sur, el Portal del Agua, construido para facilitar una salida de la ciudad en caso de asedio y para abastecimiento, quedando adosado a uno de los torreones de la muralla y protegido originalmente por la Torre de la Muela, de la que tampoco quedan hoy restos.

el portal de Molina en Albarracín

En la taifa de Albarracín se sucedieron hasta cinco soberanos independientes que gobernaron este territorio denominado Al-Sahla (La llanura). El primero, Hudayl Ibn Jalaf Ibn Lubb Ibn Razín, inició esta independencia en torno al año 1012, siendo un joven de unos 20 años cuando rompió con todo lazo de obediencia a Córdoba. Ibn Hayyan, historiador cordobés del siglo XI, le describía como "hombre guapo, de porte distinguido, noble linaje y valor a toda prueba". También sabemos que era vanidoso y que cometió la crueldad de dar muerte a su propia madre por haber sospechado de ella, sin que sepamos las razones de tal sospecha.

Al lado de tan execrable acción, son muchas las noticias que nos llegan de su valor personal y de su proverbial generosidad, así como de su trato afable que le permitía granjearse la simpatía de todos. El mismo Ibn Hayyan nos dice que mantuvo en su corte "la mejor orquesta de la época" y una prueba de su carácter generoso y su espíritu cultivado lo encontramos en el acto de pagar tres mil dinares de oro por la más bella y famosa mujer de su tiempo, a la que trasladó a Albarracín para dar entretenimiento y esplendor a su corte. 

Aquella mujer se había educado en la academia del músico cordobés Ibn Al-Qattani y de ella nos cuentan en su época "Nadie vio en su tiempo mujer de andar más gracioso, de silueta más fina, de voz más dulce, sabiendo cantar mejor, excelente en el arte de escribir, en la caligrafía, de una cultura más refinada, de una dicción más pura; estaba liberada de toda falta dialectal en lo que escribía o cantaba; tanto sabía de morfología, de lexicografía y de métrica (...)". Para acompañar a aquella beldad hasta Albarracín, Hudayl compró también un gran número de jóvenes reputadas por su talento, siendo todo ello muestra del refinamiento de su corte que le dio merecida fama.

portal del Agua en Albarracín

Desde el año 1045, en el que muere Hudayl (el primer soberano independiente), hasta el 1049, le suceden en el trono su hermano Abd al-Malik Ibn Jalaf y su hijo, el también llamado Hudayl Ibn Abd al-Malik. Sin embargo, el soberano que más tiempo permaneció en el poder fue el hijo de éste, llamado como su abuelo, Abd al-Malik Ibn Hudayl, que mantuvo su complicada soberanía, no exenta de ambiciones, hasta el año 1103. Un año más tarde, los almorávides deponen a su hijo Yahya, último de estos monarcas independientes y el panorama se ensombrece siendo la ruina de este centro cultural. 

Entre los cinco reinados taifas, destaca por su truculenta y larga gobernanza el penúltimo soberano, Abd Al-Malik Ibn Hudayl. La presión del avance cristiano en la península le llevó a pagar sustanciosos tributos tanto al rey Alfonso VI de Castilla, que acabó conquistando el territorio vecino de Toledo, como al Cid, con el que tuvo algunos encontronazos en su paso por las tierras del Jiloca en su decisiva conquista de Valencia. Fue un hábil político, que supo mantener la independencia frente a las presiones de sus vecinos y a la acción expansiva cristiana. También fue un poeta nada vulgar, que mantuvo correspondencia con otros poetas y visires de su tiempo.

Tuvo este Abd Al-Malik Ibn Hudayl en Albarracín una finca de recreo, la Almunia de las Fuentes, situada sin duda en una zona de la vega en la que abundan los manantiales. Allí, entre música, vino, cantares y bailarinas, a buen seguro se celebraban fiestas frecuentadas por poetas y artistas. Clara muestra del refinamiento de esta corte la tenemos en una hermosa joya aparecida en la propia vega, tratándose de una jarrita de plata con incrustaciones de oro, sin duda destinada a contener perfume y que, por la inscripción que porta, sabemos que fue dedicada por Abd Al-Malik a su amada Zahr o Flor.

restos de la alcazaba de época taifa en Albarracín

Ya con el gobierno almorávide, este territorio empieza a padecer las embestidas del reino de Aragón, que se harán con el corredor alto del Jiloca bajo el dominio del rey Alfonso I, en el año 1122. Ante la presión de los almohades, Albarracín acaba perteneciendo al reino musulmán de levante, con capital en Murcia, cuyo soberano Abu Abdala Muhammad Ibn Mardanis se convierte, a partir del año 1147, en el defensor de la resistencia andalusí frente al poder unificador de los almohades, y con apoyo de los reinos cristianos.

A pesar de estas circunstancias, y a juzgar por los restos hallados en las excavaciones del castillo, Albarracín continuará siendo un territorio próspero. A partir de finales del siglo XII, las viviendas de la ladera sur antes citadas son reocupadas, llevándose a cabo una amplia transformación del uso de los espacios, lo que pone de manifiesto un cambio social en los inquilinos. Y es que, cerrando el dominio islámico de Albarracín, Ibn Mardanis entregó este territorio en el año 1170 a un noble navarro, como agradecimiento en su apoyo en defensa a la causa andalusí, y truncando a la par las pretensiones del rey Alfonso II de Aragón, que acabó en ese mismo año conquistando Teruel, que no Albarracín. 

Pedro Ruiz de Azagra había estado al servicio de Ben Mardanis, el llamado Rey Lobo de Murcia y señor de todo el levante tras la desmembración almorávide. Cuando ya su reino iba a caer, Ben Mardanis debió hacer un pacto -al que seguramente no sería ajeno el arzobispo de Toledo- por el cual cedía este señorío a Ruiz de Azagra al haber estado éste a su servicio como hombre de armas. Así pasó Albarracín a ser un señorío cristiano. Para ello, Ruiz de Azagra se proclamará vasallo de Santa María y Señor de Albarracín, propiciando incluso la creación de un obispado.

vista parcial de la muralla en Albarracín

También el poderoso linaje de Lara ejerció su soberanía sobre la ciudad. Tras el fracaso de conquista por parte del rey Jaime I en el año 1220, fue el rey Pedro III de Aragón quien la conquistó en el año 1285 tras sitiarla, pasando a formar parte de la corona aragonesa en el año 1300 y otorgándole un fuero semejante al de la ciudad de Teruel. Tras el asedio al que fue sometido, el castillo será reconstruido y transformado, arrasando con todas las construcciones existentes en su interior. El nuevo alcázar, sede del nuevo poder real, se dota de dos nuevos edificios de planta rectangular junto a la muralla oeste y sur destinados a albergar la pequeña guarnición. 

El rey Pedro IV incorporará definitivamente Albarracín a la corona de Aragón en el año 1379. Por otra parte, la última ocupación del castillo de Albarracín está perfectamente atestiguada documental y arqueológicamente durante el último tercio del siglo XVI, cuando se instala un destacamento militar del rey Felipe II, que decidió acabar con sus fueros en el año 1598. Los documentos escritos testimonian la realización de obras de albañilería en el castillo, el cual había quedado abandonado. Tras este último episodio, la fortaleza de esta ciudad fue objeto de un profundo expolio y ruina.

Aún así, las calles estrechas y tortuosas, el ambiente oclusivo de los espacios urbanos y las técnicas constructivas, sobre todo en el empleo del yeso, son patente muestra de la herencia musulmana en Albarracín. También a esta herencia cultural se suman, entre otros, el cultivo de huertos y la vida en el campo. El conocido gusto del musulmán por la jardinería ha tenido su reflejo en el entorno de esta ciudad y su influjo lo encontramos aún en muchos huertos de Albarracín, tanto aprovechándose de sus frutos como para gozar del frescor y la fragancia de sus plantas en los rigores del verano.

torres circulares en el llamado castillo de Albarracín

De su influjo han quedado también los sistemas de riego y, sobre todo, las norias. Éstas, por desgracia, cada día en número más reducido. Recorriendo las márgenes del río en las inmediaciones de la ciudad, nos sorprende el sabio aprovechamiento de cada rincón de tierra cultivable que queda entre las agrestes paredes rocosas del cañón por el que discurre el Guadalaviar. Para el riego y mejor cultivo de estos minúsculos huertos, el uso de azudes, acequias y norias, dan buena muestra de una tradición heredada del pasado islámico de esta tierra.