La organización topográfica de la ciudad de Jerez responde al eje alcázar–aljama, característico de numerosas medinas occidentales, donde el principal templo urbano se sitúa en estrecha relación con el poder y con los ámbitos centrales de la vida comunitaria. En este marco, la mezquita aljama de Jerez actuó como sede del culto colectivo del viernes y como espacio de autoridad religiosa y jurídica, documentado indirectamente por fuentes castellanas tras la conquista del año 1267 y por referencias biográficas árabes.
La mezquita aljama o mezquita mayor de Jerez en época almohade se localiza en el entorno de la actual plaza de la Encarnación, en relación directa con el inmueble conocido como Casa del Abad, entre dicha plaza y la bajada del Arroyo. Este emplazamiento coincide con el solar ocupado posteriormente por la iglesia mayor de San Salvador (consagrada tras la conquista castellana) y, más tarde, por la fábrica catedralicia moderna, lo que permite sostener una continuidad topográfica del principal espacio de culto urbano.
La identificación como aljama queda confirmada por la carta abierta del rey Alfonso X el Sabio al abad y canónigos del nuevo templo cristiano, fechada en noviembre del año 1267, donde se declara que “tomamos de los moros esta nuestra uilla de Xerez Sidonia, e de su mezquita fezimos donación a Sant Salvador”. Este testimonio se refuerza con las descripciones del estado del patio y de la iglesia mayor hechas por fray Esteban Rallón (s. XVII) y con las noticias de Bartolomé Gutiérrez sobre hallazgos durante las obras de la nueva colegial del siglo XVIII, que evidencian una secuencia de ocupación continuada.
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| fuente en patio de la mezquita de Jerez |
Los restos mejor conservados de la aljama se integraron en la Casa del Abad, especialmente en relación con el saḥn o patio de abluciones porticado, del que se conservan muros correspondientes a las galerías existentes en el momento de la conquista cristiana en el año 1267, en particular el tramo noroeste (parcialmente destruido por la hoy torre tardogótica) y el tramo sudoeste, donde subsisten varios arcos de herradura abiertos al exterior de la plaza. En el muro trasero de la galería noroeste se documenta un arco de gran tamaño que comunica con restos de una antigua calle, siendo la posible entrada principal al conjunto, probablemente mediante rampa o escalinata.
En la parte inferior del solar se identificó una amplia estancia sostenida por potentes pilares ochavados, reutilizada como bodega de la iglesia mayor, que interpretamos como reutilización del aljibe de la mezquita aljama, espacio fundamental en un edificio de carácter militar como el Alcázar. En el mismo nivel estratigráfico se localizaron restos de un potente machón de ladrillo con basamento de sillares, apoyado sobre el terreno geológico que identificamos como la base del alminar. La torre tardogótica, único resto en pie del antiguo templo cristiano medieval, se levanta sobre un sólido edificio de piedra, utilizando como cimentación la base del minarete andalusí.
En la parte inferior del solar se identificó una amplia estancia sostenida por potentes pilares ochavados, reutilizada como bodega de la iglesia mayor, que interpretamos como reutilización del aljibe de la mezquita aljama, espacio fundamental en un edificio de carácter militar como el Alcázar. En el mismo nivel estratigráfico se localizaron restos de un potente machón de ladrillo con basamento de sillares, apoyado sobre el terreno geológico que identificamos como la base del alminar. La torre tardogótica, único resto en pie del antiguo templo cristiano medieval, se levanta sobre un sólido edificio de piedra, utilizando como cimentación la base del minarete andalusí.
Por su parte, la orientación del edificio (Casa del Abad) se ha medido in situ, obteniéndose una dirección aproximada de 135º hacia el sudeste, siendo por tanto comparable a la orientación de 139º de la cercana mezquita del siglo X de Al-Qanāṭir en la actual localidad del Puerto de Santa María, dentro de una tendencia de orientación de la qibla ampliamente documentada en Al-Ándalus entre los siglos IX y XIV.
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| sala de oración de la mezquita de Jerez |
Por otra parte, un testimonio documental del año 1699, atribuido al maestro de obras Diego Moreno Meléndez, consigna dimensiones de la nave de la epístola de la iglesia Mayor edificada sobre el solar de la mezquita aljama y permite estimar para el oratorio principal de la mezquita una extensión transversal aproximada de unos 35 m, situando la aljama jerezana dentro de los parámetros habituales de las mezquitas mayores urbanas de rango medio en Al-Ándalus y haciendo verosímil, a partir de los restos conservados, una restitución planimétrica de entre 7 y 9 naves, con eje central de mayor anchura que las laterales.
Aunque las fuentes árabes no describen directamente la arquitectura de la aljama, sí mencionan a diversos jatibes o jutabāʾ (responsables del sermón de los viernes) de entre los siglos X y XIII, entre ellos Sulayman Ibn Muhammad Al-Hamdani (jatib de Jerez en el siglo X nombrado por el califa Al-Hakén II), Yazīd Ibn Asbāṭ Abū Jālid Al-MajzūmīI (poeta y alfaquí de Sidonia en el siglo X) o Abū Al-Ḥasan Al-Lajmī Al-Išbīlī Al-Šarīšī (almocrí y jatib, fallecido en el siglo XIII). Ello confirma su funcionamiento continuado como mezquita del viernes y su papel como espacio de culto, enseñanza y autoridad jurídica en la Jerez andalusí.
La presencia documentada de estos jutabāʾ vinculados a la ciudad,
algunos de ellos con trayectorias formativas en Oriente o en grandes
centros andalusíes, muestra que la aljama de Šarīš fue un espacio
vivo de culto y enseñanza, con capacidad de irradiar prestigio y de
atraer discípulos. Con todo, debe recordarse que la breve nómina descrita anteriormente no es
sino una muestra parcial de un elenco más amplio de personajes
relacionados con la vida de la ciudad como almocríes,
cadíes y otros cargos, a los que se suman maestros y sabios que bien
pudieron utilizar esta aljama como sede de sus oficios.
Hoy, al fondo de la estancia, se puede ver una pequeña habitación que se abre mediante un arco de herradura. Se trata del mihrab de la mezquita, un pequeño espacio que rememora la primera sala de oración que tuvo el profeta Mahoma en Medina. Hacia aquí, como bien sabemos, se dirigía la oración, que los fieles hacían arrodillados en el suelo, y de ahí que el suelo esté cubierto de esteras. Además, el espacio está tratado con un gran sentido de la
monumentalidad, al cubrirse con una cúpula sobre trompas de ocho paños,
siendo un caso bastante singular en el arte islámico de la península.
En definitiva, los restos conservados de esta mezquita aljama de Jerez (el aljibe, la base del alminar, los arcos del patio de
abluciones y distintos elementos constructivos reutilizados) evidencian que en época andalusí se trataba de un
edificio de grandes dimensiones, habiendo sido reformado y ampliado entre los siglos X
y XIII.





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