Vélez-Málaga

vista de la fortaleza y parte del recinto amurallado de la medina de Vélez-Málaga

Vélez-Málaga, ciudad de la provincia de Málaga, constituye hoy uno de los núcleos más importantes de la comarca de la Axarquía, estando situada a 37 km de la capital de provincia y abarcando una superficie que se extiende por la vega del río Vélez y las montañas circundantes, abriéndose hacia el mar Mediterráneo por el sur. Los yacimientos arqueológicos prueban la existencia en este lugar de restos fenicios y romanos, aunque el núcleo fue formado realmente en el período andalusí.

En la época islámica se constituyó, por tanto, el núcleo urbano de Vélez-Málaga, cuyo nombre actual deriva de Ballax, Ballix, Aballix o Ballix-Malaca (valle de Málaga). La ciudad musulmana se estructuraba con la fortaleza en el punto más alto de la población, siendo ésta levantada en el siglo X contando con un gran valor defensivo y estratégico, extendiéndose en la falda occidental del monte, en lo que hoy se conoce con el nombre de La Villa.

La fortaleza de Vélez-Málaga llegó a ser una de las más importantes alcazabas del período nazarí gracias a su emplazamiento, que domina toda la vega de Vélez y gran parte de la Axarquía. Se trata de un recinto amurallado de 1500 m² adaptado al terreno que le proporcionaba una fácil defensa natural. Los muros originarios que se conservan son reformas llevadas a cabo entre los siglos XIII y XV y se construyeron por medio de tapial de cal y arena, revestidos al exterior por hiladas de mampostería y verdugadas de ladrillos.

jardines y Torre del Homenaje en la fortaleza de Vélez-Málaga

Vélez-Málaga se mantuvo, por tanto, como una ciudad importante durante época islámica y, sobre todo, fue una de las ciudades más importantes del emirato nazarí de Granada durante los siglos XIII y XIV, como así atestiguan autores del siglo XII como el geógrafo y cartógrafo Al-Idrisi, que además era bisnieto de Idris II (rey de la taifa de Málaga), y otros autores como el historiador y geógrafo sirio Abu Al-Fida en el siglo XIII o el explorador meriní Ibn Battuta en el siglo XIV.

En cuanto a la distribución de la ciudad, la alcazaba se localizaba en el punto más alto y, al oeste, a cierta distancia de la misma, se encontraba la medina con una planimetría irregular de laberínticas calles quebradas, estrechas y retorcidas, adaptadas a la pendiente del terreno. En ella se encontraba la mezquita aljama para el rezo del viernes y los baños públicos o hamman, así como el zoco o mercado permanente. Toda la medina quedaba cercada por un cinturón amurallado con torres y tres puertas de acceso monumentales, la Puerta de Granada, la de Antequera y la Puerta de Málaga.

El crecimiento de población en el período nazarí, con más de 5000 habitantes, provocó el desbordamiento del área fortificada y la aparición de arrabales en las zonas que hoy constituyen el barrio del Arroyo de San Sebastián y la zona del Pajarillo, en la falda del cerro de los Remedios. En estos arrabales se localizaba la Alcaicería, vinculada a la venta de productos de lujo y, muy especialmente, la afamada seda de la Axarquía. El Arrabal de Santiago, donde se encontraría la Puerta del Arrabal junto a una mezquita, era el más comercial por contar con 109 tiendas.

arco de herradura en la Puerta Real de Vélez-Málaga

En los alrededores de la ciudad de Vélez-Málaga existían pequeñas alquerías para la explotación agrícola que son el origen de los núcleos actuales de Almayate, Benajarafe, Benamocarra y Cajiz, entre algunos otros. No en vano, el historiador y gramático granadino Ibn Asim llegó a decir "es como la higuera de Ballix, todo el que llega cuelga su zurrón", reflejando que aquí se recogían deliciosos frutos de la mejor tierra acompañándose de una cálida acogida al viajero.

Ante el ya imparable avance de la corona de Castilla sobre el sultanato de Granada, en abril del año 1487 el rey Fernando II de Aragón, el Católico, consigue la toma de Vélez-Málaga tras la rendición de Abul Kasim Venegas, pasando su gobierno al corregidor Diego Arias y entrando en mayo por la Puerta de Granada. Según cuentan los cronistas de la época, el citado rey Fernando II estuvo a punto de morir en la toma del arrabal, hecho que quedó reflejado por la reina Isabel I en la carta de concesión del escudo de armas a la ciudad, en memoria de un paje que murió defendiendo al rey.

Los habitantes nazaríes fueron expulsados de la ciudad, aunque se les permitió llevar sus bienes muebles. Sin embargo, los habitantes de las alquerías pudieron permanecer en sus hogares como mudéjares, ya que las nuevas autoridades necesitaban mantener el sistema productivo nazarí, basado en avanzadas técnicas agrícolas altamente productivas. No obstante, los mudéjares fueron frecuentemente víctimas de rapiñas por parte de los nuevos señores, que se esforzaron en aumentar sus tierras, provocando el levantamiento de los mudéjares de Nerja y Torrox en 1488, ocasionando numerosas bajas a los cristianos.

representación de la fortaleza y la medina de Vélez-Málaga en época nazarí

Dado que aún no había caído Granada, una tercera parte de los 600 repobladores, procedentes de la Baja Andalucía, Extremadura, Murcia y Castilla, era personal militar y en buena parte se trataba de escuderos de los guardas reales. Estos obtuvieron tres veces la extensión de tierra destinada a los peones y el resto de las tierras fue entregado a la iglesia y a los bienes comunitarios del concejo. Torre del Mar, por su parte, fue cedida a Ruiz López de Toledo, quién rechazó el ofrecimiento y la donó, a su vez, a la ciudad de Vélez-Málaga, que además recibió las tahas de Bentomiz y Frigiliana y, posteriormente, Zalia.

En general, sin tener en cuenta tiendas ni otros establecimientos, se contabilizaron en Vélez 666 casas para repartir tras la conquista cristiana, de las cuales 562 estaban murallas adentro. En una de estas casas se ubicaban los baños árabes que fueron otorgados a Hernando de Zafra, aunque éste nunca llegó a tomar posesión de ellos. Los repobladores adaptaron, ensancharon y derribaron cuanto pudieron en una zona que era la más poblada de la ciudad y que resultaba incómoda para los recién llegados.

Por otra parte, como otras muchas ciudades del antiguo sultanato de Granada, Vélez-Málaga fue dotada de determinados privilegios por parte de los llamados reyes católicos y en el ámbito fiscal estuvo exenta de alcabalas a los productos básicos de alimentación, vestido y vivienda. Como sabemos, las alcabalas fueron el impuesto más importante que gravaba el comercio siendo el que más ingresos producía a la Hacienda Real.

arco del mihrab de la mezquita, actual barrio de La Gloria

A finales del siglo XV, tras los levantamientos mudéjares de Nerja y Torrox anteriormente citados, se nombró como alcaide de la ciudad de Vélez a D. Francisco Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía y tío del rey Fernando II de Aragón. Su instalación en ella produjo que sus deudos y clientes obtuvieran los primeros puestos en el Concejo municipal por nombramiento directo de la Corona, junto a guardias y criados reales, además de considerables mejoras.

Las autoridades cristianas trajeron consigo un nuevo concepto de ciudad y poco después de la conquista se produjeron cambios sustanciales en su morfología urbana. Se ordenaron plazas públicas y nuevos edificios civiles y religiosos, que transformaron espacios importantes. Así, sobre muchas de las 19 mezquitas registradas se levantaron las iglesias de Santa María, de San Juan, de San Roque y de San Juan Evangelista, el convento de San Francisco y las ermitas de San Sebastián, de San Cristóbal y de Santa Catalina. De igual forma, la fortaleza de Vélez-Málaga pasó a ser Casa Real y Capitanía General.

Durante la invasión francesa, entre los años 1808 y 1810, la fortaleza de la ciudad fue nuevamente reformada y, durante la retirada de las tropas francesas, amplias zonas fueron voladas para evitar que fuesen aprovechadas por el enemigo. Una vez perdida su función militar, la fortaleza de Vélez fue en gran medida destruida y excavada para la obtención de cal. La llamada Puerta Real (que hoy conserva su arco de herradura) y la Torre del Homenaje (de gran altura y planta cuadrada), junto con la Puerta de Antequera, eran casi lo único que quedaba en pie y fueron reconstruidas a principios de la década de 1970. 

vista de la Torre del Homenaje en la fortaleza de Vélez-Málaga

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